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Magia Negra – Capítulo 5 – Nacimiento 9 enero 2018

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Boris Oliva Rojas

 

Magia Negra
Capitulo N° 5
Nacimiento

-Juegas a la pelota como una niñita; dijo Yovanka a Roberto, quitándole el balón.

-Y tu como niño; respondió el chico a su amiga.

-Ahora vas a ver; dijo la niña dándole un fuerte puntapié a la pelota, con tan mal cálculo que atravesó medio a medio la ventana, con vidrio incluido.

-Upss, ahora si te la mandaste Yovi; dijo el niño.

-Niños, entren en seguida; dijo un carabinero. -Mi Teniente Huaiquimil está enojada.

-Recuerda que estábamos jugando los dos; dijo Yovanka a Roberto.

-Pero tú le pegaste a la pelota; contestó el niño que se comenzó a alejar despacio.

-Alto ahí jovencito; gritó la oficial.

-Aquí están los sospechosos mi teniente; informó un carabinero sujetando a ambos niños del brazo.

-Gracias cabo, puede retirarse; autorizó Fresia a su subalterno.

-¿Y bien, quién rompió el vidrio?; preguntó a los niños que tenían la cabeza baja guardando silencio sin querer confesar su falta.

-Muy bien si lo desean así, el castigo será para ambos por igual; concluyó la teniente.

-Yo fui tía Fresia; confesó Yovanka mirándola a los ojos.

-Pero los dos estábamos jugando mamá; indicó el niño. -Si castigas a Yovi también me tienes que castigar a mí.

Fresia se volvió meditando, mientras sonreía internamente, orgullosa de la actitud de su hijo al no dejar que su amiga cargara con todo el castigo.

-Está bien, van a tener que hacer el aseo a todo el cuartel, hasta que quede brillante; ordenó ella.

-Hola; saludó Milenka golpeando la puerta de la Teniente Huaiquimil al entrar. -¿Has visto a mi hija?

-Sí, estos dos diablillos están castigados por romper una ventana de mi oficina; indicó Fresia señalando a los niños.

-Hola mami; saludó Yovanka.

-Hola tía Milenka; añadió Roberto.

-Les mandé asear todo el cuartel en castigo a su delito; contó Fresia guiñándole un ojo a su amiga.

-Entonces empiecen enseguida; dijo la gitana pasándole un trapo a su hija.

-Te dije que mejor jugáramos a las bolitas; reclamó la niña a su amigo.

-¿Alguna novedad especial para que vengas a visitarme al trabajo?; preguntó Fresia.

-El jefe, refiriéndose al actual prefecto de carabineros, quiere que conozcamos la nueva oficina de la unidad especial; indicó Milenka. -Fernando y Rubén ya se encuentran ahí.

-Se me había olvidado que era hoy; reconoció la Teniente Huaiquimil.    -Vamos al tiro.

-Sargento, tengo una reunión urgente con el señor prefecto; informó Fresia. -Preocúpese de que los pequeños infractores cumplan con su penitencia.

-Así se hará mi teniente; respondió el sargento.

-Ya niños pueden descansar; dijo el carabinero, dándole una bebida a cada uno cuando ambas mujeres salieron del cuartel. -Sus mamás ya se fueron.

-Gracias sargento; contestó Yovanka con la cara llena de polvo y el cabello afirmado bajo su pañuelo como siempre.

Roberto se pasó la mano por el suyo tratando de arreglárselo.

-Tienes que enseñarme a ponerme el pañuelo así; indicó a su amiga.

-Ese es un secreto que solo conocemos las gitanas; contestó la niña. -Los paisanos son muy tontos para aprenderlo; le dijo sacándole la lengua.

-Ya están pareciendo pololos; comentó bromeando el carabinero.

-No, qué asco sargento; respondió la niña.

-Ella no es mi tipo; contestó el niño.

El carabinero no pudo evitar soltar la risa ante las ocurrencias de los niños.

Fresia y Milenka golpearon la puerta de la oficina principal de la prefectura.

-Adelante; autorizó una voz en el interior. -Señor Prefecto, Capitán Hormazabal, Capitán Espinoza; saludó Fresia cuadrándose.

-Teniente Huaiquimil, señorita Ivanovich, gracias por venir; saludó el prefecto, y en forma secreta jefe de la también secreta unidad de respuesta especial.

-Hoy es un día grandioso; continuó el oficial. -Vamos a inaugurar las nuevas dependencias de la unidad especial.

¿Dónde se encuentra señor?; preguntó Milenka.

-Aquí mismo; respondió Fernando Hormazabal. -Casi  a la vista de todos.

-Por favor acompáñenme; solicitó el prefecto.

Los cinco caminaron por un pasillo que llagaba a unas escaleras que conducían al sótano.

-¿El sótano?; preguntó Fresia algo desilusionada.

-Casi; contestó el oficial muy emocionado, quien corriendo una foto en la pared dejó al descubierto una placa de vidrio, sobre la que puso su mano derecha. Un laser leyó sus huellas digitales y una muralla se deslizó en forma silenciosa, dando paso a una gran sala con algunas computadoras, monitores y una gran mesa de vidrio en el centro y algunas puertas que conducían a otras dependencias.

-¡Impresionante!; exclamó Milenka.

-¿Por qué no nos enteramos antes?; preguntó la teniente.

-Queríamos darles una sorpresa; reconoció Rubén.

-Pero que romántico es usted capitán; respondió Fresia.

-El sentido de sorpresa y el romanticismo no es muy grande en los hombres policías; agregó la gitana.

-Yo estoy muy emocionado; reconoció el prefecto.

-Con todo respeto, usted es un hombre jefe; agregó Milenka. -Claro que se entusiasma con estos juguetes. ¿No te parece teniente?

Pero Fresia ya no estaba prestándole atención a su amiga y miraba la mesa de vidrio con los ojos pegados a su borde.

-Es una computadora; observó Fresia.

-Creo que esto te parecerá más acogedor; dijo Hormazabal abriendo una puerta.

Una sala decorada como una tienda gitana recibió a Milenka, cuyo rostro se iluminó de gusto.

-Es como mi carpa; contestó ella llena de alegría.

-Fue idea del jefe; reconoció Fernando. -Pero yo ayudé a decorarla.

-Gracias jefe; dijo Milenka abrazando al oficial. -Lo quiero mucho.

-Me alegra que te guste Milenka; respondió él.

-Desde aquí podemos coordinar todas nuestras investigaciones y trabajos en los casos especiales; indicó Espinoza.

-Pero es un poco grande para nosotros cuatro; observó la gitana.

-Cuenta de nuevo querida; indicó Fernando.

Sin que se hubiese dado cuenta habían ingresado cinco oficiales más a la dependencia secreta.

-Este es nuestro equipo de apoyo; indicó Rubén. -Ellos han sido seleccionados especialmente y conocen nuestro secreto, comprendiendo perfectamente que somos y porque estaños aquí.

-Es un placer conocerlos; saludó Fresia.

-Es un honor trabajar junto a ustedes; respondió un sargento. -Y le prometo que haremos el mayor esfuerzo para estar a la altura de ustedes y las circunstancias.

-Estoy seguro que así será; respondió el Capitán Hormazabal.

-Sé que formaremos un gran equipo; agregó la gitana.

-Esta es una gran ocasión; opinó entusiasmado el prefecto. -Y quisiera hacer algo que hace mucho tiempo debí hacer. Creo que todos estarán de acuerdo en que usted se ha ganado con creces el derecho a recibir su placa de oficial de criminalística de la policía; dijo el alto oficial entregando un pequeño escudo de bronce a Milenka.

-No sé qué decir; contestó la gitana con los ojos llenos de lágrimas por la emoción.

-Podrías decir gracias amiga; sugirió Fresia dándole un abrazo.

-Gracias jefe, no lo defraudaré; contestó Milenka.

-Bueno, creo que ya hay que ponerse a trabajar; indicó Rubén.

-A propósito, tengo que volver al cuartel a ver cómo va un asunto oficial; recordó Fresia.

-Te acompaño; dijo Milenka. -Ese asunto nos incumbe a ambos.

-¿Cómo están los prisioneros?; preguntó Fresia cuando volvió al cuartel.

-Ya terminaron el aseo mi teniente; contestó el carabinero. -Ahora se están aseando ellos.

-Hola mami; saludaron ambos niños contentos de ver a sus madres.

-Espero que hayan aprendido la lección; dijo Fresia.

-La próxima vez tengan más cuidado; agregó Milenka.

-Sí mamá; respondió Yovanka.

-Sí tía Mily; asintió Roberto.

-¿Podemos ir un rato a la plaza?; preguntó la niña.

-Está bien, pero cuídense; autorizó Fresia.

-Que rápido han crecido esos niños; opinó Milenka.

-Y pensar que no han pasado tantos años desde que nos conocimos; comentó Fresia.

-¿A propósito Robertito ha mostrado algún tipo de poder?; preguntó Milenka.

-Aun no, pero recuerda que en la familia de Rubén se salta una generación; explicó Fresia. -¿Y qué hay de Yovanka?

-Todavía es pequeña, pero le estoy enseñando nuestras tradiciones; contó Milenka. -Recuerda que la mayor parte de la magia es estudio.

-Excepto Rubén que la posee por genética; comentó Fresia.

-Creo que ya es hora de retirarse; opinó Milenka mirando el reloj que colgaba en la pared.

-Sargento, llamó la Teniente Huaiquimil.

-¿Sí señora?; contestó él.

-Por favor vaya a buscar a los niños para retirarnos a casa; ordenó a su subalterno.

-En seguida mi teniente; obedeció él.

En la alegre pero tranquila plaza de pueblo de campo había varias familias con niños, o parejas de enamorados que disfrutaban de la cálida tarde de verano. Había varias personas, pero menos Yovanka y Roberto.

-¿Dónde se habrán metido?; se preguntó el uniformado mientras los buscaba con la vista. -¡Qué remedio!; se dijo disponiéndose a buscarlos en los alrededores, ya  que no podía regresar sin ellos.

Después de buscarlos por media hora, decidió regresar al cuartel  en caso de que los pequeños ya hubiesen vuelto a él. Por si acaso decidió preguntar si alguien los había visto.

-Hola señora María; saludó el carabinero a la mujer que atendía el quiosco de diarios y revistas. -¿Por casualidad ha visto a dos niños, una niña de once años y un niño de diez?; la niña anda vestida como gitana.

-Hola sargento; contestó la mujer. -Sí, hace un rato los vi hablando y jugando con una niña de la misma edad, pero ya no se divisan por ningún lado. Vi que se fueron caminando los tres por esa calle.

El policía marcó los números celulares de ambos niños, pero el desagradable mensaje de fuera de área de servicio fue la única respuesta que tuvo. Consciente de que ahora cada minuto contaba, decidió regresar al cuartel y dar aviso a su superior.

Fresia y Milenka disfrutaban de  una taza de café cuando vieron regresar al sargento solo y nervioso.

-¿Y los niños sargento?; preguntó la gitana.

-No los pude encontrar señora; respondió tragando saliva. Cosas extrañas había escuchado de la oficial de criminalística y no deseaba verificar la veracidad de dichas habladurías. -Sugiero que los busquemos como a personas desaparecidas.

-¿Cómo que han desaparecido?; gritó furiosa Milenka golpeando la mesa con su mano y poniéndose de pie rápidamente.

-Es mejor que este jovencito conteste; dijo Fresia marcando el número de su hijo, pero recibió por respuesta solo la señal del buzón de voz.

-Vamos hija responde; insistía Milenka llamando a Yovanka.

-Según testigos los vieron alejarse de la plaza acompañados de una niña de la misma edad.

-¿Pero cómo es posible?; preguntó la Teniente Huaiquimil. -¿Cuántas veces se las ha dicho que no confíen en extraños?

-No exactamente mi teniente; se atrevió a corregirla el sargento. -Por lo que he escuchado, desde pequeñitos se les enseñó a desconfiar de adultos desconocidos, pero ni de niños de su edad.

-Tiene razón sargento; reconoció Fresia tratando de recuperar la calma.      -Eleve inmediatamente un boletín de búsqueda. Quiero a esos niños de vuelta hoy.

-Como ordene mi teniente; respondió el sargento.

-Yo voy a salir a buscarlos a la calle; decidió Milenka. -El pueblo  no es muy grande y mi niña anda con ropa muy vistosa.

Cuando la gitana se marchó, Fresia reparó en la mesa y puso un montón de papeles sobre la huella de la mano de la Shuvani que había quedado grabada a fuego en la madera.

-Voy contigo; dijo Fresia a su amiga siguiéndola. -Sargento desde aquí coordine la búsqueda; ordenó la teniente. -Mande a todo el, personal disponible a la calle.

-Si señora; respondió el carabinero cuadrándose.

-Separémonos para cubrir más terreno; sugirió Milenka. -No deberían estar muy lejos.

 

-¿Tu casa queda muy lejos?; preguntó Yovanka cuando notó que se acercaban al límite de la ciudad.

-Solo un poco más; contestó la niña cuando estaban llegando cerca del cementerio.

-Nuestras mamás ya deben estar preocupadas por nosotros; comentó Roberto.

-Es cierto, mejor volvemos a jugar contigo otro día; agregó la pequeña gitana.

-¿Siempre hacen caso a todo lo que les dicen sus papás y mamás?; preguntó la niña.

-Claro, ellos son policías; respondió Roberto.

-¿Vives en el cementerio?; preguntó Yovanka de la mano d Roberto.

-¡Que tonta!, claro que no; rió la niña. -Vivo al otro lado, en la casa que se ve allá.

La casa gris, antigua y espeluznante no era precisamente el lugar más atractivo para visitar.

-Mejor volvemos a verte otro día; dijo Roberto tirando de la mano a su amiga.

-Sí, mi mamá me va a castigar si no vuelvo luego; apoyó Yovanka.

-Insisto en que vayan ahora a mi casa; dijo la niña con una voz más ronca que la de un adulto, sujetando fuerte del brazo a ambos amigos.

En vista de que aun no encontraba a su hijo, Fresia llamó a Rubén para avisarle.

-Roberto y Yovanka han desaparecido; dijo por teléfono a su marido con ganas de llorar, pero sabía que no podía perder la calma.

-Fernando está conmigo, pongo el altavoz; respondió el Capitán Espinoza.

-¿Qué ocurre Fresia?; preguntó Hormazabal.

-Los niños están perdidos, Milenka y yo los estamos buscando; informó ella. -Ya ordené un operativo de búsqueda.

-Vamos para allá; contestó Rubén.

-Pasemos al cuartel de investigaciones primero; aconsejó Fernando.  -Vamos a dar vuelta todas las piedras hasta encontrarlos.

Aunque la distancia al cuartel de la policía civil era corta, al Capitán Hormazabal esta vez le pareció interminable.

-Teniente emita un boletín de búsqueda inmediatamente por Yovanka Hormazabal Ivanovich y por Roberto Espinoza Huaiquimil, de once y diez años respectivamente.

-Si señor; respondió el detective escribiendo en su computador; reflejamente miró a su jefe cuando se dio cuenta de que se trataba de la hija de éste y su amigo. -El boletín está emitido señor; contestó el oficial poniéndose de pie. -Permítame hacerme cargo del caso personalmente.

-Gracias teniente; aceptó Hormazabal.

Yovanka dio una fuerte  patada en una de las pantorrillas de su captora y tiró de Roberto para huir.

-¡Corre!; gritó la niña a su amigo.

-¡Inmovilícense!; ordenó la extraña niña, que ahora se veía como una mujer adulta.

-¿A dónde creen que van?; preguntó burlona la mujer al ver que los niños habían quedado clavados al suelo, incapaces de escapar.

-Mejor deje que nos vayamos, porque si no nuestros papás se van a enojar mucho con usted; advirtió Roberto.

-No sabes el  miedo que me da; se burló la mujer del niño.

-¡Mamá!; gritó Yovanka con toda la fuerza de su voz.

-Grita todo lo que quieras; agregó la mujer. -Aquí nadie los oirá.

La tenebrosa construcción ahora parecía estar más cercana y la mujer arrastró a los niños a su interior. Lo que en un principio parecía una casa vieja, ahora se levantaba como un antiguo mausoleo.

-¿Por qué nos trajo aquí?; preguntó Yovanka asustada.

-¿Estos son los niños?; preguntó una anciana de cabellos grises.

-Pronto volveremos a ser jóvenes y hermosas; agregó otra mujer decrépita por la avanzada edad.

-La belleza y juventud no son gratis; agregó una de las ancianas. -Cuesta uno o dos niños cada cierto tiempo.

Una de las mujeres encendió un caldero, mientras que otra tomó un gran cuchillo y se acercó con él a Yovanka.

-¡No le haga daño!; gritó Roberto recuperando el movimiento de sus piernas.

-¿Cómo es que te soltaste niño?; preguntó intrigada una de las brujas.  -Bueno, eso no cambia nada las cosas; dijo poniendo de rodillas a Roberto.

Yovanka recordó un extraño poema que recitaba su madre a veces.

-“Yo te maldigo bruja,

por la llama, por el viento,

por la maza, por la lluvia,

por el barro, por el rayo y por el fuego,

por lo que vuela, por lo que repta,

por el ojo, por la mano,

por la espada y por el látigo.

Yo te maldigo”

Un fuerte ventarrón se desató dentro de la casa haciendo caer algunos objetos.

-¡Aléjense!; grito Roberto. La mujer que lo sostenía cayó lejos de espalda.

-¿Pero cómo es posible?; preguntó la bruja que engaño a los niños.

-Los encontré; dijo Fresia con la vista perdida en la distancia.

-El poder de estos brujitos nos hará más fuertes; dijo una de las mujeres.

La puerta de la casa se abrió de golpe y una de las brujas quedó inmovilizada contra la pared. Fresia furiosa la aplastaba  cada vez más impidiéndole moverse.

-Continúa recitando el poema hija; ordenó Milenka. -Repítelo junto conmigo.

-“Fuerzas oscuras del inframundo,

acudan en ayuda de su servidora”.

-“Por la fuerza del rayo,

por lo que muere y está por nacer,

doblégate ante el poder de las Shuvanis”.

La bruja que sostenía el cuchillo quedó rígida en su lugar, mientras el arma se soltaba de sus dedos y permanecía flotando en el aire.

-“Antiguos Pillanes de las montañas,

traigan su muerte  helada a mis enemigos”;

conjuró Fresia.

La temperatura cayó de golpe y la bruja que estaba inmóvil se convirtió en forma instantánea, en un bloque de hielo que se rompió en miles de pedazos.

Al cambiar la atención de Fresia, la bruja que estaba inmovilizada contra la pared pudo soltarse e intentó escapar. Un muro de fuego le cortó el paso cuando Rubén entró a la casa.

-Pagarás con tu vida y con tu alma tu osadía maldita bruja; dijo él cuando las llamas envolvieron a la mujer, en medio de gritos de dolor.

Milenka llena de odio miró a la bruja que se disfrazó de niña para engañar a su hija.

-“Por el poder oscuro del Triunvirato Caído,

 cae bajo el poder de mi voz y de mi mano”;

dijo Milenka mientras el cuchillo voló y se ensartó en el abdomen de la bruja.

-“Conjuro el poder de la Profana Trinidad y ordeno que ardas en las llamas eternas del infierno”; sentenciaron Fresia y Milenka al mismo tiempo.

Una gran grieta donde se podían ver los fuegos infernales, se abrió bajo la bruja, tragándosela por toda la eternidad.

-Mamá, papá; gritaron ambos niños al ver que sus padres ya estaban con ellos.

-Disculpa mami; dijo Roberto agachando la cabeza.

-La niña nos engaño; agregó Yovanka. -¿Era una bruja?

-Sí hija, lo era; respondió Milenka. -Igual que nosotros.

-Pero con la diferencia de que nosotros ayudamos a los demás; aclaró Fresia.

-Creo que ya es hora de que estos niños conozcan toda su herencia; opinó Rubén.

-Tienes razón, parece que ya ha llegado el momento; asintió Fernando.

-Entonces los invito a la parcela; opinó Fresia.

 

Aunque en varias ocasiones los niños habían estado en esa parcela, esta vez sin embargo, se notaba algo distinta pero no sabían exactamente cómo explicarlo.

-Vamos a cambiarnos de ropa y después vamos a caminar niños; indicó Milenka.

Los seis iban vestidos con túnicas negras por un camino que se abrió hacia abajo, dejando ver una escalinata de piedra por cuyos peldaños descendieron hasta una gran cueva, en cuyo centro un caldero ya estaba hirviendo.

-Formemos un círculo en torno al caldero; ordenó Rubén.

-“Espíritus de ayer y mañana

acudan al llamado de su hermana.

Shuvanis de tiempos pasados

dennos su poder y sabiduría”;

invocó Milenka.

-“Pillanes de mi pueblo y Pillanes Supremos

liberen el poder de nuestro gente en estos niños”;

conjuró Fresia.

Espíritus con el rostro de fallecidas Shuvanis y sombras traslúcidas volaban entre los seis en torno al caldero.

-“Que hierva el caldero y se mezcle la magia.

Que el poder supremo del inframundo

bendiga a estos niños”;

concluyó Rubén.

El caldero hirvió con fuerza y las sombras y espíritus se mezclaron en una sola nube que los envolvió a todos como una neblina negra, que pronto se disipó.

-Bien venidos hijos; los saludó Fresia.

-Han nacido de nuevo con la bendición de nuestra herencia; agregó Milenka.

-Ahora somos todos una familia; concluyó Fernando.

 

 

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