Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

**“ EN EL PUEBLO DE LOS GINKGO BILOBA”. ANA MARÍA MANCEDA. SELECCIONADO PARA ANTOLOGÍA.EDIT.NUEVO SER.2003. 8 octubre 2016

**“ EN EL PUEBLO DE LOS GINKGO BILOBA”. ANA MARÍA MANCEDA. SELECCIONADO PARA ANTOLOGÍA.EDIT.NUEVO SER.2003.

 


El sol amenaza arder sobre las dunas. La hilera de seres harapientos se desplaza sobre la arena. Es gente aún joven y fuerte, entre ellos hay niños, de rasgos bellos, se puede distinguir en sus facciones los rasgos de las distintas etnias terrestres, pero todas esas cualidades están escondidas por la suciedad de sus cuerpos y sus ropas. Un color humo rodea la imagen de los vagabundos, a pesar del oro del desierto se ven como andrajosos mutantes que vagan sin destino. Las poblaciones rechazan su presencia, son los leprosos del siglo veintiuno. Fueron los dueños del mundo en la era de los millonarios electrónicos; el “ Capital” fluía con libertad, Las Grandes Corporaciones Transnacionales eran buques sin banderas que navegaban con sus capitales por las aguas de Internet. Fundían países y enriquecían regiones en horas, causaban el mismo desastre que la fuga de los gases tóxicos de una industria
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pesticida, pero ellos seguían su veloz viaje de piratería con sus “ Bancos Fantasmas”. Así estaba el mundo globalizado, con políticos y burócratas corruptos e incapaces de seguir la velocidad de sus comunicaciones y transferencias. Barrieron con siglos de un orden social injusto pero con cierto equilibrio, desaparecieron la actitud ética, la moral, la dignidad. Pero la catástrofe llegó, explotó como una bomba debido a la volatilidad del Mercado Mundial, y este grupo de gente, habitantes de barrios exclusivos, de vidas privilegiadas, poseedores de riquezas inimaginadas para el hombre común, perdió la “ Espada, la Joya y el Espejo”.* Al principio, desconcertados, se unieron, se ayudaron, pero era tal la miseria que comenzaron su éxodo por el mundo, comiendo lo que encuentran y bebiendo de las aguas de escasos manantiales. La gente de los pueblos por los que pasan, los insultan, tirándoles piedras y sumiéndolos en el escarnio. Sus caras tienen la expresión de la nada, quizás llevan en sus mentes, recuerdos de los paraísos perdidos, de una vida obscena y amoral. Entre la muchedumbre van Takeo y su hija Amaterasu, siempre tomados de la mano. Sus semblantes reflejan sentimientos humanos, ausentes en los demás. Uno puede ver en ellos angustia, sorpresa, emoción. Takeo fue un poderoso Shogum financiero, amó profundamente a su esposa Kono-Hana, rica heredera, en honor a ella y para merecerla había levantado un Imperio. Cuando su mujer murió solo se asió a la vida por su hija Amaterasu, luego devino el Crak Mundial y comenzó el peregrinaje. En esa travesía sin tiempo, la niña cuida de su padre y juntos comentan la puesta del sol, la maravilla de un eclipse, el nacimiento de una flor. Reconocen los pájaros por su canto, habilidad que aprendieron de Kono- Hana, gran conocedora de la naturaleza. Esas fugaces emociones son asfixiadas ante el maltrato que reciben por los
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pueblos que pasan, observando a la vez la pobreza y la falta de alegría de esa gente, era como si una lluvia de tristeza hubiera caído sobre el planeta. Una tarde pasan por uno de los tantos pueblos humildes, pero éste tenía algo distinto, denotaba organización y pulcritud. El padre y la niña se alejan del grupo, se adentran entre sus calles, les parece no percibir violencia entre los pobladores. Las veredas estaban arboladas de majestuosos Ginkgo Biloba, cuyas hojas en forma de abanico parecían aventar la fatiga de los forasteros. La admiración iba creciendo a medida que descubrían la peculiar vida de sus habitantes, la alegría dominaba la actitud de los mismos. Las mujeres cantaban mientras realizaban sus quehaceres, algunas familias merendaban en los patios delanteros de sus casas mientras los niños jugaban en las veredas. Al pasar los miraban curiosos, el olor de las comidas caseras era exquisito. Se veían jardines, huertas, granjas, todo amorosamente cuidado. Los muros, cual páginas de los libros, estaban pintados con imágenes de historias y leyendas, seguramente de esa región, adornados con bajorrelieves que representaban las hojas en abanico de los Ginkgo Biloba, el árbol sagrado de ese pueblo. Otra cosa sorprendente era la manera y el tipo de conversación que sostenían; hablaban de proyectos, las palabras salían musicalmente, se enlazaban, se enhebraban y confluían en sueños y utopías. Amaterasu se emocionó y más que nunca anheló estar con su madre para compartir ese lugar y esos momentos. Se detuvieron a mirar como trabajaban un carpintero y un herrero mientras tomaban un refresco y charlaban. La niña sintió la necesidad de pedirle a su padre la foto de la familia en los tiempos felices, Takeo, apesadumbrado, le contestó- Los duendes del imperio me arrebataron tan precioso tesoro. En ese momento los artesanos levantaron la vista y sonrieron al padre y a la hija, les convidaron refrescos, reconocieron en ellos cierta magia.
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El sol se estaba ocultando. Se veía distante, cruzando las colinas, la hilera de harapientos que se alejaba. Takeo y Amaterasu fueron invitados a compartir esperanzas en el pueblo de los Ginkgo Biloba. Al pasar los días, la gente se reunió para, en ceremonia solemne, entregar al padre y a la hija, el símbolo que les correspondía como ciudadanos del lugar. El herrero y el carpintero se acercaron con un hermoso estuche de madera en cuya tapa se encontraba exquisitamente tallada la hoja del árbol sagrado. Takeo sintió un escalofrío y lo invadió el pánico, creyendo adivinar que dentro habría una joya y se dijo- Todo comenzará nuevamente. Al abrir la tapa, Amaterasu se sorprendió al ver el estuche vacío, pero su padre emocionado vio en el fondo del mismo el bello rostro de su hija reflejado en un espejo.**** *Dentro del mundo de los negocios la espada es la fuerza, la joya la riqueza y el espejo el conocimiento (Alvin Toffler)

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ALMENDROS EN EL CREPÚSCULO. ANA MARÍA MANCEDA 4 octubre 2016

ALMENDROS EN EL CREPÚSCULO. ANA MARÍA MANCEDA

 

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            Último paseo del fin de semana en el campo. En estos días reciclé las energías para comenzar la rutina vertiginosa de la ciudad, ya mi velocidad no es la misma, la edad   tiene que ver, hago la mitad de las cosas que realizaba en la juventud, pero en realidad rindo lo mismo, todo es más reflexivo, selectivo y  obtengo a diario los resultados deseados. Pero este dejarse llevar es zafiro. El  luminoso atardecer me impulsó hacia un  sendero no transitado, de pronto los vi, repletos de frutos, desafiando, gatillando al tiempo. Y los recuerdos que estaban al acecho aparecen impunes. Los almendros me sienten a chispas, a destellos de nostalgias, me traen el aroma de una época mágica, compleja y de la conflictiva, dominante presencia de mi padre        

          Sucedió en  primavera. Con mis compañeros de facultad habíamos decidido realizar una cena con la excusa de festejar la semana del estudiante. También era una manera de exorcizar los graves acontecimientos políticos en los que estábamos inmersos, el huevo de la serpiente estaba germinando. Queríamos divertirnos. Los chicos traerían pizzas y empanadas pero yo deseaba cocinar una salsa de almendras que debía  acompañar con presas de pollo, pensé que bien los podía suplantar por unos pequeños gallos que teníamos en el gallinero— regalo del tío tano  que se le hacía insoportable que la gente no tuviera su huerta y sus propias gallinas—. Mi padre, en esas raras treguas  que tenían nuestras habituales discusiones se ofreció a colaborar con mi comida especial. Él se encargaría de entregarme listos para su cocción a los apreciados gallos, extraña especie pigmea, que esperaban  para una ocasión importante. Los preparativos me supieron a fiesta, desde las compras de elementos no comunes en la comida cotidiana; crema, especies exóticas, almendras, vino especial, hasta la puesta de la mesa.

         Cuando el perfume de la salsa invadió la cocina, calculé  que era el momento de dorar las aves. Ante la tardanza de mi padre, fui  en su búsqueda, no podía esperar más tiempo. El recorrido por el camino hacia el fondo de la casa me hizo sentir más feliz aún. El jardín y los frutales florecían y el atardecer aparecía como diseñado por toques de luz y pinceladas de naranjas y azules. Llegando a los últimos árboles sentí un estremecimiento, los gallos estaban colgados de las ramas, pico abajo ¡Sin pelar! Al acercarme descubro horrorizada que abrían los ojos. ¿Cómo sucedió? Desde la cocina había escuchado el gran alboroto provocado por su captura. Salí corriendo, a punto de llorar le expliqué a mi padre que los gallos no estaban muertos. Mi angustia era doble; estaban vivos y moribundos. Los sucesos que siguieron ¡ No podían haber sucedido! Trató de ahogarlos, no se murieron, por último decidió cortarles la cabeza. Horrible. Así era él, poseía una insoportable y graciosa inutilidad, no heredó la simple habilidad de mi abuela para matarlos en un segundo.

        La cena estuvo lista a las diez de la noche, las risas juveniles y las alabanzas inundaron la casa ¡Qué mano para la salsa María!¡Qué exquisitez! ¡Qué sabor le dan las almendras! ¡Muy bueno el  vino! Yo no comí, tenía la sensación que el asco derretía mi maquillaje, contaminaba mi perfume, enrojecía mi mirada.  Los queridos compañeros, cómplices de la vida, ignorantes de mi sufrimiento, alegres por el vino, la juventud, las canciones de Serrat, la  negra Sosa, y la perfecta noche de primavera,  celebraron la fiesta. ¿Alguna vez habrán recordado mis amigos esa noche? De todas maneras son sucesos que te marcan para toda la vida.   

       El tiempo regresa, el paseo  en el campo termina, los recuerdos se refugian en  las orillas de la noche. La última imagen que llevo en mi mirada de otoño, son los soberbios almendros que acompañan el crepúsculo y los sutiles reflejos de las estrellas que asoman. Luego todo se esfuma.*************

 

JARDÍN DE SABIDURÍA 6 enero 2014

Filed under: Mis relatos,Página de autor — sipabar @ 17:56
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La pesadumbre se entremezcla con las primeras luces del alba. Tamizado por la cortina, el amanecer desparrama sus madrugadores rayos sobre la cama donde duerme la hija. Unos gorriones alborozados por la clara mañana de junio, no distraen la firme determinación de Aurora. Una noche en vela, la profecía inacabada en que convirtió su vida, se refleja en un rostro sin lágrimas, abotargado, máscara de dureza y frustración en que los días han desembocado, a pesar de la planificación sin límites que llevó a cabo en la más completa soledad. Nada sabe del destino concitado, ni del azar con que se vierte la arena en la clepsidra de oro que es el tiempo.

Con repugnancia rememora las tardes en que el viento golpeaba las contraventanas de la casita de Ferrol, en aquellos encuentros que tanto repudiaba con el donante elegido de células germinales, los hombres para nada más servían. Ella, elevada a los altares de Fourier y Saint Simon, no concibe otra existencia que la pergueñada, la fatalidad del que se cree Supremo Arquitecto de vidas y haciendas, sin poder percatarse de que los dados con los que juega están trucados de antemano. La vida conspira contra sus planes. Unas manos crispadas impulsan la mecedora, el mismo frenesí que aplicó a su pedagogía extrema y con el que acunó una obra que el espejo no acierta a contemplar, más ocupado en las imperfecciones de la superficie. En su ajedrez particular, una partida perdida desde el inicio, tras decidir su juego y el de su hija, no pudo evitar que sucumbiera a las influencias externas, la maldad del mundo se le interpondría en sus mesiánicos designios. Nunca por nadie doblegada, no podía permitir que la figura de arcilla tuviera vida propia, tan arduamente modelada. La noche es larga y la misericordia se apiade, aborreces Aurora el polvo que es la vida humana.

Irrumpe la primavera en Madrid. Cavila febrilmente, nada redime el sueño de prodigio que la sombra cobijó. Ruidos en la calle. Se despierta el propósito, nada la detiene, pues los actos de los hombres ni el fuego ni los cielos merecen. Con cálculo certero, aproxima el arma a la sien izquierda del jardín de sabiduría y descerraja dos disparos a su obra inconclusa, otro en el puro corazón, hay qye cerrar las puertas a un devenir inesperado. Lo demás es historia. Ella que de joven quiso crear un falansterio, arduo camino por el que has transitado, Aurora Rodriguez.

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Ángeles 6 noviembre 2013

Filed under: Amigos autores,Página de autor — cebolledo @ 18:02

ÁngelesÁngeles
Nos conocimos en la calle. Alguien nos presentó, o tal vez no nos presentó nadie. Yo buscaba tabaco y ella buscaba alcohol. Me pidió dinero y yo le di un beso. Ella no apartó la cara. Le gustó mi tatuaje y a mí sus rastas, sus ojos claros y su sonrisa desdentada. Me dio un cigarro arrugado y me acompañó al sitio donde estaban mis colegas. Le ofrecí vino de mi cartón. No le hizo ascos, aunque ella prefería la cerveza. Yo le dije que hubiera preferido un peta y ella se rió a carcajadas.

(more…)

 

Roberto Morcillo Moreno 17 septiembre 2012

Filed under: Página de autor — Roberto Morcillo Moreno @ 16:14


Hola a tod@s, blogeros y blogeras, escritores y lectores en general.
No conozco a muchas personas con la misma necesidad que la mía. La de tener que plasmar todo lo que pienso o siento para poder hacer participe a todos aquellos que lo deseen de ese rincón de mi mente, en el que la mayoría guardamos nuestros sentimientos; nuestros mas profundos miedos y sobre todo nuestros sueños.

 
Quien realmente me conoce sabe de la poca expresividad verbal que tengo a la hora de hablar de mi vida o mis sentimientos.
Menos mal que descubrí hace mucho tiempo que podía deshacerme de mis miedos y mis problemas con tan solo escribirlos. Es una practica que me ha ayudado mucho a lo largo de mi vida.

 
Gracias a este descubrimiento, descubrí mi mayor pasión, que es escribir… mirar a mi alrededor y cambiar detalles de mi vida cotidiana o de la gente que me rodea para así poder crear personajes e historias dispares.
La imaginación humana se rige por los sueños…muy pocas personas son capaces de vivir los suyos propios y de hacerlo solamente son capaces de vivir unos pocos. Los que escribimos somos capaces de vivirlos todos y tantas veces como queramos. Y ya no de vivirlos sino de hacer que los demás compartan nuestros sueños.

 
Hace un tiempo quise hacer participe de mi pasión a través de un grupo de facebook a un numero muy reducido de gente. No me sentía capacitado para lanzarme al vacío y que todo el mundo tuviese la posibilidad de conocerme a fondo.

 
Ahora y con algo mas de madurez, siento que es el momento óptimo para hacerlo. Por ello os agradezco a todos que me leáis, y sobre todo un agradecimiento mas personal y superlativo para Catalina Gómez Parrado, por hacer de un blog algo fascinante y por darme la oportunidad de formar parte de esta familia blogera.

 
De ahora en adelante iré colgando aquí a modo de post, relatos y capítulos sueltos de varios libros que llevo en danza.

 
Os dejo mi blog personal en el que encontrareis además de todo lo publicado aqui, textos de otra naturaleza.

El Blogger de Ro

Si usáis dispositivo móvil podéis entrar a partir del siguiente código BIDI.

Mis relatos y capítulos de mis libros aquí publicados.

El lector de la terraza. Capítulo 1.

 

El lector de la terraza. Capítulo 2. Primer encuentro

 

UNA HISTORIA PARA SOFIA 10 mayo 2012

Filed under: Últimos post,Participa,Página de autor — mariajosehs @ 19:37

Sofía se ha preparado con mimo y esmero, nunca antes lo había hecho. Ha elegido su mejor vestido, a juego con guantes y sombrero del mismo color que sus grandes ojos verdes, la ocasión así lo requiere. No todos los días se tiene una cita con la única y más importante persona de tu vida.

El lugar de encuentro es la esquina de la calle de los sueños, en el momento en el que la farola de tenue luz amarilla empieza a alumbrar las sombras de la noche.

Llega pronto y mientras espera comienza a recordar como ha llegado hasta este momento, vienen a su mente imágenes de días sombríos, siempre iguales con la misma rutina que se había instalado en su vida desde que dejó de soñar, de creer en si misma y en los demás. Se convirtió sin saberlo en un ser sin esperanza que transitaba por la vida sin rumbo, siguiendo siempre los mismos pasos día tras día; despertar para trabajar, comer para subsistir y dormir para no pensar.

 Los mismos pasos que la llevaban de casa al trabajo, siempre con la cabeza gacha, sin pensar en nada, como una marioneta guiada por hilos invisibles que la llevaban de ida y vuelta a su refugio donde no la esperaba nadie, solo su soledad. Así era su vida.

Sofía a su manera se sentía bien, no  quería cambiar nada, de esta forma no sufría.

Un día, que parecía ser igual al resto de los demás, llegó a su vida ese ser especial al que espera hoy, con su mejor vestido, en la esquina de la calle de los sueños.

“que casual, el nombre de la calle” pensó Sofía

Todavía no sabía que nada era casual, que todo formaba parte de un plan especial diseñado para ella.

Un nuevo compañero de trabajo llegó un día cualquiera, no le presta atención, todos a su alrededor son sombras sin rostro que transitan a su alrededor.

No contó con que él se fijara en ella de hecho, para él no parecía existir nadie más.

Marcelo con su actitud despertó su curiosidad, porque cuanto más trataba de esquivarlo más lo encontraba, lo miraba a hurtadillas y le devolvía la sonrisa más sincera que hubiese visto jamás.

Sofía se desconcierta no sabe que le pasa, un cosquilleo constante se instala en su cuerpo y se da cuenta de que no puede dejar de pensar en él. Ni siquiera sabe su nombre, pero también sabe que nunca tendrá el valor suficiente de preguntárselo, su timidez se lo impide.

“Tengo que borrarlo de mi cabeza” piensa “y así todo volverá a ser como antes”.

 Un nuevo día amanece con la misma rutina para Sofía, o tal vez no, ya nada parece ser como antes. Se mira al espejo y por primera vez se regala una sonrisa, sale a la calle y levantando la cabeza deja que la luz del sol  le ilumine el rostro mientras sigue sonriendo.

 Llega al trabajo y sus compañeros ya no son sombras, son sonrisas que la saludan al pasar diciendo:

-Buenos días, Sofía- mientras ella les devuelve una tímida sonrisa.

 Cuando llega a su mesa se encuentra una sola flor con una tarjeta que dice:

Te deseo una vida llena de felices días y nos encontramos la  noche que quieras en la esquina de la calle de los sueños, en el momento en el que la farola de tenue luz amarilla empiece a alumbrar las sombras de la noche. Siempre tuyo, Marcelo.

 Sofía no puede creer lo que le está sucediendo, su vida ha dado un giro de 180 grados. Hay menos sombras a su alrededor y mucha más luz. Es como si su vida hubiera estado atrapada en una pesadilla de la cual no podía escapar y de pronto hubiera despertado en otro lugar, con otras personas. Hasta ella misma era otra.

Guardó la tarjeta y la flor y se marchó a casa para tratar de poner en orden sus ideas y sobre todo decidir que hacer.

Cuando al fin toma la decisión de  acudir a la cita que ha pospuesto una y mil veces, piensa que es demasiado tarde. Marcelo nunca volvió al trabajo, no le había vuelto a ver desde entonces y habían pasado meses hasta que ella había reunido el valor necesario de acudir.

 Cuando llega se da cuenta de que ha olvidado el bolso donde guardaba la tarjeta y ahora está allí, asustada, sus ojos denotan tristeza y miedo porque ha pasado el tiempo y  él se habrá olvidado de ella, nadie es capaz de esperar tanto.

-debo irme esto solo ha sido una ilusión, un sueño-

Empieza a llover y Marcelo sigue sin aparecer.

Sofía se de la vuelta y empieza a caminar con la cabeza gacha mientras lagrimas de desilusión empiezan a rodar por su rostro, levanta la cabeza hacia el cielo y la lluvia sigue empapando su cara, su pelo. Pero una sensación de alegría la inunda, porque siente sin ver que cuando se dé la vuelta Marcelo estará allí esperándola con su eterna sonrisa igual de empapado de lluvia y felicidad que ella.

Cuando se gira y lo ve apoyado en la farola tal y como lo había imaginado, corre hacía él y se funden en un tierno beso, sonríen, no hacen faltan palabras, caminan cogidos de la mano mientras deja de llover y la oscuridad de la noche se torna luz con miles de estrellas, que brillan como nunca, esperando la salida de una esplendorosa luna llena de color amarillo, que sonríe con la alegría de haber cumplido el plan creado para Sofía.

 Ilustración: María José Hernández

Texto: María José Henríquez.

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Pedro Marchán 10 octubre 2011

Filed under: Amigos autores,Página de autor — Pedro Marchán @ 15:23
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Autor de la novela “Donde todo se acaba”. Podréis encontrar ésta y sus futuras obras en su página de autor en Bubok.



Pedro Marchán nació en Reus en 1979 y desde pequeño siempre fue amante de la pintura, el dibujo y la literatura, consiguiendo varios galardones y publicando ilustraciones en revistas infantiles. En el año 2000 fue seleccionado en el Concurso de Cómic Murcia Jóven por su obra “Mundo-Violencia”, la cual formó parte de una exposición nacional que finalizó en el Saló del Cómic de Barcelona. El año siguiente repitió selección y exposición con la obra “Esta vida perdida”.

Con su trabajo “Hosppital central” consiguió una Mención Especial en el Concurso contra las Desigualdades Barcelona 2004 (por una vivienda digna) y colaboró fugazmente en el fanzine Cinco de la Asociación Dogma Cómics de Almería, publicando “El jardín del Edén”.

En 2008 participó con la venta de sus originales en el proyecto “Reinventando lo fantástico” de la página web “Es la hora de las tortas” para recaudar fondos a favor de la Asociación Española de lucha contra el Cáncer y ese mismo año se hizo con una Mención Especial en el II Premio de relatos mínimos Diomedea por su cuento “El ascensor”.

Donde todo se acaba es su primera incursión literaria.



Mis relatos en este blog:

China ha despertado

Estrellas