Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

La Canción Secreta 24 enero 2010

Archivado en: Participa — catld @ 19:52



Me encontraba encerrado en mi recámara viendo en un televisor un documental muy interesante. Una música a todo volumen interrumpió mi concentración, provocándome un sentimiento mezclado de ira y desilusión. Sabía quien era la persona que lo había creado, y que la estaba disfrutando intensamente. Apagué el televisor, me recosté en la cama, y poniéndome mi antebrazo izquierdo sobre mis ojos, me dispuse a invocar con desesperación algún remanente de sueño que no había aprovechado durante la noche anterior. Lo único que logré fue aguzar mi atención en esa música que emanaba del estéreo ubicado en el recibidor de la casa. Estaba sintonizado en un popular programa de radio, en el que anunciaban dos títulos de canciones antes de reproducirlas. No alcancé a oír el título de la primera, pero sí el de la segunda, que me hizo esbozar una sonrisa por lo que a continuación sucedería… Una exclamación gloriosa sobresalió de aquel “antro” en que se había transformado la casa. Durante unos breves comerciales se abrió la puerta de mi recámara, al tiempo que una voz dulce me hizo reaccionar: “Buelo, me das para comprar unas papitas”. Sin descomponer mi figura metí la mano a uno de mis bolsillos, y saqué un manojo de monedas; escogí una de diez pesos, la cual me arrebató sin completar la extensión de mi brazo. −A ver si llego antes de que toquen mi canción favorita, dijo desesperada mi nieta antes de cerrar la puerta.

Comenzó a reproducirse la primera canción. Mi instinto me hizo ponerle total atención. Un ritmo lento tropical comenzó a armonizar mis sentidos; la incursión de una voz femenina hizo que mi rostro reflejara un gesto reconfortante; a la quinta frase, hizo que palmoteara despacito la cama. De pronto, el ritmo cambió drásticamente volviéndose más aprisa; la voz de la mujer, así como la letra, tomaron un ritmo divinamente contrastante, al volverse muy dramática. Un ruido de monedas que se impactaron contra el piso, me hizo volver en mí. Aparecía sentado en el borde de la cama. Sin haber recogido todas las monedas traté de dirigir mi atención nuevamente hacia aquella fascinante canción, pero ya había terminado. Y justo cuando comenzaba a escucharse la segunda canción, la puerta de la entrada se abrió intempestivamente, entrando mi nieta desenfrenada: lanzando la bolsa de papitas sin ver a donde, desprendiéndose de sus sandalias para disponerse a bailar cómodamente su canción favorita que reproducen ene veces durante el día. Traté de preguntarle acerca de la primera canción, pero me desanimó hacerlo: la niña estaba en total trance musical. Me dispuse a esperar a que terminara su glorioso momento, admirándola. Al sentir que la miraba no se cohibió ni mucho menos, todo lo contrario: comenzó a imitar movimientos sensuales, que su inocente y temprana conciencia creyó que serían “inocentemente” bien vistas por las demás personas. Y a la voz de “¡qué movimientos son esos, niña!” logré que la conciencia inocente de mi nieta concluyera con éxito su primera clase de sexualidad que le impartió su abuelo.

Terminando la canción, me dispuse de inmediato a preguntarle sobre la primera canción reproducida:

¿Hija, no te acuerdas el nombre de la primera canción?

No Buelo, no me acuerdo respondió exhausta y dejándose caer en un sillón, apachurrando la bolsa de papitas que había lanzado anteriormente.

¿Pero no sabes ni quién la toca, o la canta, ni nada? insistí alterado, manoteando.

No, no sé… A ver, ¿Cómo va? A ver, ¡Cántela! volvió a responder con una sonrisa burlesca.

Manifestando vergüenza, pregunté lo mismo más tranquilamente, tratando de convencerla de aguzar su memoria hasta el límite para provocar que desistiera de sus alentadores deseos.

Manipulando su actitud, con intención malévola, expresó sus insistentes deseos con suma dulzura, doblegándome por completo, emprendiendo a exhibir mis humildes dotes de cantante. Sin embargo, ante la emoción escénica que me invadía, no podía reproducir la canción. Comencé a tararear, provocando a mi ávida espectadora una expresión desconcertante… Pero, a los seis segundos, reviví la canción en mí. Fue tanto mi fervor que me atreví a bailar: coreografiando algunos pasos que lenta y torpemente realizaba y que fue lo suficiente para lograr la invitación involuntaria de mi espectadora para que pasara al imaginativo escenario a acompañarme a bailar… Detuve abruptamente el espectáculo. ¿Entonces ya te acordaste de la canción? pregunté emocionado a aquella “pinga”.

−No, ¡pero esta bien chida, Buelo! −contestó sorprendida− Pero no se preocupe, que al rato la vuelven a pasar. La van a repetir cada rato. Va ver.

Me dio un poco de consuelo su comentario, y decidimos esperar, escuchando todo el día la radio, sintonizando todos los programas existentes

………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………

Paso el tiempo y la canción no la volvimos a escuchar en ninguna otra parte. Nunca volvimos hablar al respecto. Nuestras memorias habían guardado esa canción en el baúl de los secretos.

Carlos A. Díaz García


About these ads
 

One Response to “La Canción Secreta”

  1. Alberto Rivera Dice:

    ¡Que excelente! debo decir que realmente me ha encantado, puesto que, algunas cosas que para unos pudieran ser monótonas o simples, como una canción por la radio, para otros son sencillamente mágicas. Debo confesar que he pasado por esta experiencia de tratar de conocer el nombre de la canción o el artista y simplemente nunca lo he sabido, quizá sea mejor nunca conocer la identidad de aquel destello musical de magia. ¡muchísimas felicidades!


Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 143 seguidores