Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

Samanta Queen 15 noviembre 2013

Filed under: Últimos post — Eduardo Oliveira @ 7:09

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-Podría esperar la media noche -se imagino- esperar el juego del tiempo. Donde termina un día e inicia otro. Donde empieza el viernes, aun no es martes, pero podemos burlarnos de la semana-Después del sueño pensó.

Ella es como el Martes Ruby de los Stone. Pero la recuerdo tarareando  I Want To Break Free. Cuando conocí a Samanta era su cumpleaños. Besé dos veces su mejilla, los hubiera cambiado por ese momento, cuando estés dibujando un riff en el aire. El aroma del jardín invada tus sentidos, quizás ese riff repose en ti, se diluya, y lo dibujes en el vacío del tiempo. Tres segundo junto a ti, cuando empiece a recitar en tus delirios poemas exactos de un tal Oliveira. Hoy tal vez quieras un nuevo tatuaje. Impregnado de humo. Quieres subir como un zeppelín.

 

10:34 p.m.

A esta hora siempre es bueno un café, para oscurecer más el tiempo, para engañar un poco la realidad. Han notado ese montón de universos que lleva un sorbo de café, explotan en una coalición de titanes cuando se une con las de la nicotina. El café es un poco cómplice de este laberinto de irrealidades, otro alocado viaje hacia las horas más bizarras del día. El café debió salir de un riff de velvet underground, el café es una inyección de canciones un poco ácidas. El mejor café de mi vida me lo tome en el bulevar  con Samanta, pagina 145 ¿Cómo puedes llegar? Doble una esquina de la hoja, por la avenida Barrett en el capítulo del vagabundo sobre el teatro. Escuché algo de Charly García. Samanta lucia tan particularmente de un encanto desarreglado, de esos atributos y su casa que suena a Queen todo el día, pero tenia su frescura que me encantaba, hoy veríamos desde la terraza, la interpretaciones de los 24 caprices de Paganini, pues el teatro de la ciudad está a una calle de su casa. Se fumó otros dos cigarrillos más. Ya atardecía. Estuvimos esperando. Fumar. Besarte. Terminar el capitulo del vagabundo sobre el teatro. Volver a escuchar.  Ver tus ojos. Paganini era un genio. No quiero leer más sobre el violinista sobre el teatro, interpretando desafinado tan desastroso como aquel fracasado escritor que leo en la frustración del día. No quiero escuchar a Paganini, quiero quedarme en este capítulo contigo y con mi café- Después imagino:

Luego de pasarme más de 20 minutos de la hora debida, pude ver la marioneta que soy del tiempo, debió morir con mi despido hace muchos minutos. Pero en medio de su milenaria sabiduría, soy su agujero de gusanos para trascender en su tiempo, acortejar a su amada, porque cuando me retire, lo asesinare, morirá con mi despido y mi desdicha-al reaccionar su café se derramaba y volvió al trance-¿Te gusta Led Zeppelin? Dime si te gusta. Dime una canción, porque debo irme. No sé cómo despedirme. Es paradójico, debo irme pero aún no he llegado. No he llegado a ti. Me prometes escuchar la canción. Nuestra charla paso de tus clases de filosofía al propósito de los lunares, de descubrirlos y besarlos. Te dejaré una canción ¿Te gusta Led Zeppelin? Dímelo porque debo irme. Me es necesario dejarte algo de mí. Que más que esa canción. Dijiste que era perturbador, pero severo, genial, pero carechimba. ¿Te gusta Led Zeppelin? Me dices Since I´ve Been Loving You, genial nena, deberías ir conmigo. Ahora escucha Ten Years Gone. Prométeme que la escucharas-Despertó al otro día algo confundido.

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