Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

25 noviembre 2017

Filed under: Últimos post,Participa — Tiptree @ 19:30

Hola a todos, espero que puedan lees y disfrutar de este pequeño avance de una historia que sigo escribiendo, gracias de antemano por terminarla de leer, no soy un escritor profesional ni mucho menos, ni siquiera amateur, así que espero comprendan mi poca habilidad al redactar, pero aun así adoro hacerlo.

Mas allá del atardecer.

Si debiera elegir por donde iniciar a contar supongo que elegiría uno de los mejores momentos en mi vida, seria sencillo para cualquiera elegir uno, pero no para mí, desde que tengo la capacidad de recordar jamás he pasado por algo lindo o bueno, basta decir que mis padres no me quisieron al nacer, pues desde bebé he estado en orfanatos, a veces me imaginaba como era mi madre, si era igual que yo, si mi cabello rojo era por ella, o quizás por mi padre, de quien saque los ojos verdes o las mejillas rosadas, a veces me imaginaba que mis padres de verdad querían tener una hija y que todo esto solo era un mal sueño del que despertaría pronto y me pondría a llorar en los brazos de mi madre mientras me decía que todo había pasado, por supuesto eso jamás paso.

Cuando cumplí ocho años la mayoría de los niños con los que había estado en el orfanato ya habían sido adoptados por alguien, por alguna razón las familias que venían jamás me miraban ni un solo momento, en ese entonces creía que debía parecer un monstruo extraño y horrible que nadie quería cerca y por eso ni siquiera me miraban, año tras año pasaba en la ventana de aquel lugar viendo como niños iban y venían, cumplí por fin catorce años, asistía al instituto y me explicaron que al terminar de estudiar es decir a los dieciséis años el orfanato no se podría seguir haciendo cargo de mí, por lo que tendría que ser problema de alguien más, pero, ¿de quién?, estoy completamente sola en este mundo, solamente sería problema mío.

Los dos años pasaron tan rápido que aún recuerdo mi primer día en el instituto y lo que desayune esa mañana, en fin, dieciséis años cumplidos y la que hasta ahora había sido mi casa ya no lo seria nunca más, esa tarde muchas cosas pasaron por mi mente, ¿A dónde iré?,  ¿Quién se preocupara por mí?, ¿A quién le hago falta?, ¿Alguien se preguntara si aún estoy viva?, ese día, subí al techo a pensar y ver como el día terminaba con ese color rojo tan hermoso, me preguntaba si mi cabello parecía el atardecer, me pare justo en el borde sin nada en la mente, estoy lista pensé, a nadie le interesara, después de todo siempre he estado sola, ¿dolerá?,  ¿será rápido?, ¿me daré cuenta de algo?, todas esas preguntas me cruzaban por la mente mientras mi cuerpo recorría las ventanas del tercer piso, al llegar a las ventanas del segundo piso sentí que el tiempo se detuvo y caía tan lento que podía ver reflejado en las ventanas como mi cabello volaba por el aire, podía ver como las lágrimas que brotaban de mis ojos quedaban suspendidas en el aire por segundos para convertirse en una inexistente gota en el aire, cada vez estaba más cerca del frio suelo, al pasar por las ventanas del primer piso cerré mis ojos lo más fuerte que pude y estire mis brazos al cielo intentando llegar a las nubes tan altas, en un segundo sentí todo mi cuerpo frio, no podía mover ni un solo dedo, sentía mojados mis oídos, todo se comenzó a poner tan rojo como el atardecer, no me dolía nada, tenía sueño, comencé a cerrar mis ojos dispuesta a dormir, en ese instante todo se esfumo, solo quería descansar.

Entonces desperté, abrí mis ojos de par en par, estaba en un lugar en el que  jamás había estado, el sol de la mañana entraba por una ventana junto a la cama en la que estaba recostada, una cama que jamás había visto, llevaba puesto un vestido teñido de un color azul hermoso, vestido que jamás había visto en mi vida, entonces recordé que había saltado del techo del instituto, las escenas de eso llegaron a mi memoria como la luz llega a una bombilla y de un momento a otro enciende su luz, revise mi cuerpo, no tenía roto nada, no me dolía nada, entonces pensé, estoy muerta, este debe ser el cielo, es por eso que mi cuerpo no tiene herida alguna, sin embargo ¿porque estoy sola?, si este es el cielo ¿en dónde están mis padres?, ¿Por qué incluso aquí sigo sola?, las lágrimas surgieron solas de mis ojos y entonces, la puerta de la habitación se abrió lentamente, por ella pasaba lentamente un hombre al que jamás había visto en mi vida, viste un traje negro muy elegante, su cabello es tan negro que en la oscuridad de la esquina en donde no da el sol no se distingue dónde empieza la oscuridad y donde termina su cabello, es muy alto, jamás había visto a alguien tan alto, se acercó a la cama y con una voz suave y gentil pregunto si podía acercarse, no podía ni contestar, me quede sin voz y solo asentí con la cabeza, se acerco a los pies de la cama, se sentó en ella y me miró fijamente, justo cuando algo iba a salir de mis labios el pregunto -¿Por qué siendo tan hermosa, alguien como tu decidió terminar con su vida de una forma tan rápida?-, ¿yo?, ¿hermosa?, pensé, toda mi vida creí que era verdaderamente fea, un monstruo deforme y horrible pues nadie se había fijado en mi ni una sola vez, quería decirle eso pero por alguna razón de mi boca no salía palabra alguna, de nuevo volvió a hablarme, -supongo que no importa, tus motivos debes haber tenido, no comprendo por qué los humanos toman ese tipo de decisiones, por cierto, mi nombre es Elías, te traje aquí después de ver como saltaste de ese edificio, estaba intrigado porque lo hiciste, pero tampoco necesitas decírmelo, aunque lo que si me interesaría saber es tu nombre, ¿Podrías decírmelo?- pasaron unos segundos de silencio, por fin pude sacar un sonido de mi boca, -Tanya…- mi voz no había cambiado para nada, tan baja que nadie podía escucharla con claridad, entonces se levantó de la cama y busco en sus bolsillos, saco un reloj, miro la hora y salió de la habitación, no sabía qué hacer, ni en donde estaba, solo estaba segura de que quería saber ¿Por qué alguien se había fijado en mi por primera vez? , ¿Quién era él?, ¿Cómo estoy viva?, ¿En dónde estoy?,  me levante de la cama, descalza salí de la habitación y cruce un pequeño pasillo hasta una habitación que parecía el recibidor, cruce a la derecha y estaba el comedor seguido de la cocina, era una casa pequeña pero estaba tan hermosa que aun las palabras no me alcanzan para describirla, en la cocina estaba el, Elías, parado frente a un horno, volteo hacia mí y dijo –Que bueno que puedes levantarte, iba a llevarte a la habitación un poco de pan recién echo pero ya que estas aquí, toma asiento Tanya, debes tener hambre- jamás alguien me había llamado por mi nombre  y me había ofrecido comer algo preparado especialmente para mí, no puedo evitar que las lágrimas desborden de mis ojos, ¿Quién es él?, por ahora lo único que quiero es quedarme aquí y averiguarlo.

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One Response to “”

  1. Boris Oliva Rojas Says:

    Excelente que nos atrevamos a escribir, no dejando el oficio solo para aquellos que han hecho de esto una profesión. Aunque yo no soy un experto, quisiera sugerirte que revises el uso de los signos de puntuación; no te apoyes solo el uso de comas (,), también recurre al punto y coma (;) y a los puntos seguidos (.). De esa forma podrás separar las ideas, o agregar una idea relacionada, pero que complementa a las otras dentro de un párrafo, evitando que la lectura se torne cansadora y en en ciertos puntos tediosa. También el uso de signos de exclamación (¡!) te permitirá dar énfasis a las palabras de tus personajes, pudiendo propiciar una descarga de adrenalina en el lector, lo cual resulta muy estimulante y dan ganas de continuar leyendo.

    Atentamente Boris Oliva (Brujo Negro)


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