Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

La noche del Fénix 11 enero 2010

Filed under: Participa — catld @ 19:58



La Noche es majestuosa. Una Luna llena reluciente, que es obstruida por nubes viajeras que deambulan con pereza, permanece paciente sabiendo que en un momento preciso será la testigo más importante.

Dos sombras irreconocibles se proyectan en un piso de concreto, y que poco a poco comienzan a revelarse por el viento que las manipula. En una de ellas parece distinguirse un cabello exuberante, así como un pedazo de tela que sobresale de una silueta divinamente femenina; la otra, parece una masa viviente que se deforma a cada palpitar, exhibiendo horribles ramificaciones. Las dos sombras se funden en una, al unirse dos de sus segmentos que, por la armonía del movimiento, parecen ser propias de dos pares de brazos.

El viento se vuelve suave y se arremolina entre la sombra unificada, como susurrándoles.

−Ahora la noche es completamente hermosa, al verte aquí. Mira, hasta la Luna se asoma por entre las nubes, celoso de mí.

¡Te pido, por nuestro amor, que no lo hagas! ¡Te lo suplico! ¡Es una locura lo que vas hacer! ¡No quiero perderte!

¡Locura sería si no lo hiciera; perdiendo tu amor para siempre!replica tristemente, casi susurrando, la sombra de masa viviente que súbitamente se desune de ella, alejándose unos metros. De pronto emerge una cabeza humana de ésta, al momento que una ramificación monstruosa sobresale, quedando varios metros por encima de la cabeza, activando un inimaginado espectáculo. Emisiones incuantificables de luces, que provienen de cualquier tamaño de reflectores situados en lugares impensados, son dirigidas hacia el cielo nocturno, hacia toda la ciudad, hasta los lugares más recónditos.

Avionetas y helicópteros comienzan a surcar la noche. Una de estas naves se dirige directamente hacia donde se encuentran las sombras, provocando la intempestiva huida de la masa viviente. Después de unos segundos un helicóptero destruye la sombra femenina con sus reflectores, revelando un instante vivo de una hermosura divina golpeada por un profundo dolor. Un ruido latigante proveniente de un cable de acero, que se desliza desde la base del helicóptero, persigue desesperadamente a la masa viviente que se encuentra a escasos metros de un borde radiante. La cabeza humana se transforma en la de un ave… Se detiene abruptamente al llegar, descubriéndose su identidad: Una exuberante ave de inmaculada blancura esta rendida en el edificio más alto de la ciudad.

Gritos y exclamaciones ensordecedores la aturden por unos segundos, al tiempo que ajusta las pupilas de sus enormes ojos, reflejando el increíble panorama que yace en el fondo: Una explanada gigantesca, que junto con las avenidas adyacentes, se encuentran atiborradas de personas; entre la distancia que separa el público del monumental edificio se encuentra habilitado un colosal espacio de donde emana un fuego infernal de decenas de metros de diámetro, cuyas llamas se alzan una terrible cantidad de pisos. La exuberante ave se balancea hacia delante cayendo en total picada hacia su destino. Los gritos y exclamaciones aumentan hasta su límite. En rápidos lapsos de tiempo despliega completamente sus enormes y surrealistas alas… El público pávido atestigua que se fundió en el fuego… Pero después de unos segundos, sale de allí una bestia alada envuelta en llamas y emitiendo graznidos estridentes y exasperados que colisionan contra las construcciones cercanas, creando ecos espeluznantes que se distribuyen por todos los callejones de la ciudad. El público corre aterrorizado. Se detiene un momento en el aire, permaneciendo aleteando, y con su mirada demoníaca dirigida al público, arremete en picada hacia ellos, corrigiendo el rumbo en el último momento a escasos metros de sus cabezas, para después dirigirse hacia las alturas nuevamente. La ciudad es un completo caos. Circunda en dos ocasiones la gigantesca explanada para luego alejarse definitivamente volando en espiral por toda la ciudad y desapareciendo tras las montañas, permaneciendo visible sólo el helicóptero, terminando así “El Gran Espectáculo del Fénix”.

Carlos A. Díaz García


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