Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

2011, el peor año de mi puta existencia. Capítulo 2. La salud. 8 marzo 2012

Filed under: Últimos post — andresinsiesta @ 17:11

Capítulo 2. La salud

Hacía un rato estaba echándome la siesta tan tranquilo y ahora en urgencias retorciéndome de dolor. Lo bueno es que esta vez ya sabía lo que me pasaba: un cólico en el riñón. Era el tercero que tenía, me dan cada 4 años y medio más a o menos. Primero me petó el riñón derecho y el izquierdo se puso a trabajar por dos y ese sobreesfuerzo hizo que unos años después colapsara él y tuviera que volver a trabajar más el primero… una espiral de violencia. Pero como digo esta vez ya sabía lo que pasaba, las pasé putas, porque siempre es así, hasta que los enfermeros se cansan de oírte gritar te meten el calmante de caballo que guardan en la caja fuerte, y te llevas un chute que flipas.

Pero la jodida fue la primera vez. Tenía 20 años. Por entonces jugaba al fútbol sala en el equipo de mi instituto. Era marzo o así, llovía y hacia frío pero aún así habíamos entrenado como machotes. Llegué a casa empapadito, me duché, cené y me fui a la cama. Pero ese día al ir para la ducha con el pijama que me pondría al salir decidí, muy flamenco yo, no coger camiseta interior, que ya casi es primavera. El caso es que me metí a la cama y al rato me empezó a doler un costado. Pensé que había cogido frío, y dije: vale, lo retiro, todavía no hace para dormir sin nada debajo del pijama. Me levanté, me quite la parte de arriba, saque una camiseta del cajón y me la puse, metiendo la “falda” bien por dentro del pantalón para que no me quedara nada de chicha al aire y subiéndome éste hasta los sobacos para que no se saliera (es lo bueno de la ropa de dormir, que normalmente nadie te la ve y puedes ponértela como no te pones la de salir a la calle). Me volví a poner la parte de arriba y me volví a meter en la cama, bien tapadito. Pero el dolor no remitía, todo lo contrario. Estuve revolviéndome durante bastante tiempo, y asustándome más cada minuto. Intenté quedarme muy quieto, ponerme la mano para darme calor, cambiar de lado… pero nada. Hasta que no pude más y me levanté, a duras penas, a decirles a mis padres que me tenían que llevar a urgencias. Para ese momento ya me doblaba de dolor y cuando llegué a la ventanilla donde te piden los datos en el hospital (con esa relajación tan característica que, señores: ¡no se contagia!) era tal que los dedos de las manos se me agarrotaban y se enrevesaban como tentáculos. No veas que susto. Una hora después estaba tirado en una camilla retorciéndome del dolor, y un médico vino y me dijo que estaban valorando la idea de que fuera apendicitis y que no me podían dar ningún calmante porque si se ocultaba no confirmarlo. Vamos, que para que pudieran decirme con seguridad lo que me estaba matando tenía que dejarme morir un poquito más. ¡Pues muy bien!.

Así pasé la noche, más jodido que en toda mi vida. Yendo y viniendo, o mejor dicho dejándome llevar y traer en silla de ruedas para arriba y para abajo a hacerme radiografías y ecografías… llegué incluso a estar en un sitio oscuro y silencioso que creo que era la UVI, donde no me dejaban quejarme y gritar que era lo único que me quedaba, con un señor muy viejecito en la cama de al lado que una vez se levantó y estaba en pelota picada, no sé a donde querría ir, pero a mi en ese momento ya todo me daba igual. Si me hubiera venido a castigar la cara ni la habría girado. Y para rematar la pedazo de noche me dicen que me tengo que poner un enema (lo he buscado en el diccionario porque nunca sé si se dice enema o edema) vamos, que me tengo que meter en el culo el pitorrito de una botellita y apretarla para que su contenido pase a mi intestino, y eso no es todo, porque esto me dará unas ganas tremendas de haces cacas, pero no me dejan, tengo que aguantar todo lo que pueda para que la cosa funcione y no quede nada dentro. Y me dice la enfermera que cuando termine la avise para ver como me ha salido el tema. Ya son ganas, pero vale. Pero espera, que sigo, que tengo un gotero de suero enchufado a la mano, que de momento es que ni me la miro de la cosa que me da llevar una aguja clavada en la piel (aunque al día siguiente me enteré de que no es una aguja, si no un tubito finito y flexible de plástico), y la bolsita de suero va colgada de un percha de estas con ruedas que se usan en los hospitales, que va para todos lados menos para donde quieres.

Recapitulamos: que me acabo de meter medio litro de un liquido que quiero pensar que es solo agua destilada por donde hasta ahora no entraba ni el pelo de una gamba, tumbado en una cama a 20 centímetros de un bisabuelo exhibicionista por lo menos, con un dolor inhumano y desconocido en el costado, que puede ser un alien comiéndome las entrañas y todavía no se han enterado, sin poder gritar porque me riñen, cagándome como un animal PERO teniendo que calcular el momento justo para que no me digan que lo he soltado demasiado pronto y me hagan volver a empezar pero sin pasarme para que no se me salga por el camino. Pero al final el ser humano es extraordinario y en los momentos más críticos se supera a si mismo y somos capaces de hacer cosas increíbles y yo conseguí levantarme de esa cama con una mano en el culito y la otra en la percha, olvidando que ahí llevaba una vía, yo que cuando me sacan sangre me tiro una hora apretando el algodón no vaya a ser que se me salga a chorro como si estuviera en Kill Bill, pasar por delante de Don Culopasa, que creo que me miró haciendome un gestito obsceno con la lengua, atravesar el pasillo, llegar al baño, abrir la puerta ¿dejo pasar primero a la percha como un caballero? ¿o será más fácil meterse de culo? de culo ya voy en general así que ¿por qué no?, meterme en la cabina del retrete, cerrar para que nadie me sorprenda en el momento más humillante de mi vida, bajarme los pantalones del pijama del hospital (esto he de reconocer que fue con diferencia lo más fácil de todo porque se caían solos), y, finalmente, por fin, sentarme, y dar rienda suelta a mi imaginación.

Y entonces salgo, aliviado, pero no muy confiado porque en estos casos siempre te queda la sensación de que aún puede haber un huevo de pascua, me dirijo a la enfermera que me había explicado lo que tenia que hacer, yo ahí ya no era capaz de recordar si era rubia o morena alta o baja… y se lo digo a la primera que pillo: que ya he hecho eso… y la tía puta me mira ¡con una cara de asco!, ¡como de a mi que me cuentas!. ¡¡¡Qué os jodan!!!. Me volví a mi cama y ya no recuerdo más. Solo sé que en algún momento de la noche me dijeron que lo que tenía era una piedra en el riñón, que me dieron una pastilla para dormir que me dejó yo creo que en coma literal durante unas cuantas horas y que cuando me desperté vino el médico que me había atendido por la noche a pedir perdón por habérmelo hecho pasar tan mal, que si llega a saber que lo que tenía era un cólico… Dicen que es como un parto, solo que en los partos te ponen la epidural.

Pasé una semana ingresado, un urulogo me examino el pito con desprecio, sin amor, y comí bastante mal, pero finalmente salí de allí sin demasiadas secuelas emocionales. Desde entonces hasta hoy he pasado por el médico innumerables veces: por una pierna que tengo como acartonada y no saben de qué, por una contractura en el hombro que me destroza cuando paso mucho tiempo en el ordenador y no hay manera de quitarme, por una espina de pescado que me clavé entre los dos paletos y al final me saqué yo solo con un sugus, por unas picaduras como de pulga que me salieron una noche mientras dormía, por un bulto en la nuca que desapareció como vino, por otro en la oreja que me salió cuando me la quemé con el sol en verano y que me tuvieron que extirpar… dicen mis amigos que es lo más parecido que voy a tener nunca a un hijo. Y dice mi madre que de recién nacido estuve muy malito y casi no salgo adelante. Y decía Ella que una vez estuvo en una bruja (Ella era así) y que le preguntó que qué podían ser unas estrías que tengo yo en la espalda y le dijo que tenían relación con mi abuela paterna, un rito de protección y una moneda que quemaba. Mi abuela paterna siempre ha sido muy normal, alegre, miedosa, trabajadora, como son todas las señoras de pueblo, pero en los pueblos a veces pasan cosas que no nos imaginamos, y quién me dice a mi que al ver que su primer nieto corría peligro no recurriera a rituales ancestrales para salvarme. Para mí sería un poco como el cuento de la bella durmiente. A ella las brujas buenas la hicieron un apaño para que en lugar de morir quedara en un sueño profundo hasta que un apuesto principe la diera un beso. Yo también sobreviví, pero estoy condenado a sufrir todas las enfermedades no mortales habidas y por haber.

Si no sois muy de Iker Jiménez pensareis que la bobada que acabáis de leer es parda, pero no es este el único suceso paranormal en mi vida. Hace unos días precisamente me contaba mi madre que había estado leyendo unas notas que ella escribía cuando mi hermana y yo eramos pequeños, y que había una que decía más o menos esto:

“Hoy estaba viendo el programa de Ramón Sánchez Ocaña y Andrés estaba jugando a mi lado. Estaban hablando de los miedos y los terrores y esas cosas y de repente me dice: mamá, tienes que llamar a ese programa, porque yo tengo miedo. No le hice mucho caso. Al rato me puse a bañar a Paula y vino conmigo y cuando ya estaba secando a la niña me agarra de la bata y me dice: Ves, ahora tengo miedo, porque me están tirando del pelo…”

Qué bien, osea que cuando era pequeño había alguien en mi casa que me tiraba del pelo. Muy rico todo. Y ¿qué otras cosas me haría de las que no han quedado constancia? estupendo. Es una movida vivir en una casa en la que pasan cosas raras, que los jarrones se muevan solos o que una puerta se cierre de repente (nunca sé si es peor dormir con la puerta cerrada y que se abra sola por la noche o con la puerta abierta y que se cierre) o ver una silueta humana en la puerta, o escuchar susurros… pero esto es bastante más chungo, por el factor hostilidad. ¿Qué había hecho yo a ese ente paranormal para que me tirara del pelo? ¿por qué me odiaba? ¿qué quería? ¡joder!, ¡qué puta angustia!.

Pero en fin, que siguiendo con los médicos llegamos a la tercera jodienda del año, y la que desencadenaría a largo plazo todo el percal, como un efecto mariposa de los que hacían en El hormiguero. Fue ya a mediados de Enero, un par de semanas después de mi cólico, “estamos empezando bien el año” decían las madres. Todo muy de repente, por la mañana Ella me dijo que la dolía mucho el vientre, no se la pasaba, y después de comer estábamos en urgencias, ella sentada en un sillón de esos que ponen a los que todavía no se están muriendo para que no se les llenen las camillas. La sacaron sangre y todos esos rollos que te hacen al principio. Una o dos horas después una doctora de nuestra edad más o menos vino, la palpó casi donde la barriga pierde su nombre, la preguntó si la dolía, ella dijo que ahí no y entonces nos soltó una frase de esas que recuerdas mucho tiempo:

– Eso es buena noticia, tienes apendicitis.

Yo me quedé como de “¿qué?”. Lo primero que pensé fue que era nueva y la alegraba tener su primera ocasión de abrir a un paciente o algo así. Luego me explicaron que era buena noticia porque se temían que pudiera ser algo más chungo, algo en los ovarios o algo así. En menos de nada la estaban metiendo en el quirofano. No sé si pasaron dos horas o cuanto, pero no he tenido tanta angustia en mi vida. Sabes que se hacen de este tipo de operaciones mil al día, que los cirujanos pueden hacerlo con los ojos cerrados, que el anestesista solo se dedica a eso en todo el día, tendría huevos que se equivocara, es muy muy muy difícil que algo salga mal… pero ¿y si sale?. Llevaba con Ella ya muchos años. Fue mi primera novia y nunca nos separabamos. Estudiamos juntos, trabajábamos juntos, casi vivíamos juntos… Ya no seria triste quedarme sin ella de repente, simplemente seria… el vacío. Pero bueno, salió sin más problema que los puntos. Lo que no esperábamos es lo que esta operación iba a suponer en el curro.

Andrés InSiesta

Safe Creative #1203121289180

 

2011, el peor año de mi puta existencia. Capítulo 1. El comienzo. 6 marzo 2012

Filed under: Últimos post — andresinsiesta @ 12:51

Capítulo 1. El comienzo.

Nuestro cerebro a veces es un cabrón, se ríe de nosotros, nos toma el pelo de mala manera, y el tío no tiene límite, no dice “bueno, aquí ya me voy a cortar un poco, que no quiero hacer sangre”, qué va. Un ejemplo de su maldad son los “sueños crueles”. Tu novia de nueve años (no que vaya a hacer la comunión, si no que llevas nueve años con ella) un día te deja. Sufres, lo pasas fatal, no duermes bla bla bla… pasados un par de días el sueño te vence y consigues sobar un par de horas. Ese día sueñas que unos monos gigantes han invadido la tierra o algo por el estilo, nada que tenga que ver con lo que te atormenta por el día. Pero tu cerebro es un dañino de la hostia, es malo, espera unos días más, para que sea mucho más doloroso. Espera a esos días en los que empiezas a asimilar lo que ha pasado, en los que tus pensamientos ya vuelven a ser un poco más variados, espera a que seas capaz de pensar en algo durante 2 ó 3 minutos sin volver a lo de siempre. Y esa noche te acuestas y coges el coma profundo en dos minutos y es entonces cuando el hijoputa se pone manos a la obra y te prepara el sueño más currado y menos Buñuel de vuestra puta vida en el que Ella te pide que volváis, que te quiere muchísimo y se arrepiente de todo lo que ha dicho, que no puede vivir sin ti. Y tú te lo crees, y hace que dure ¡horas!, te pasas la noche en esa nube, tragándote absolutamente todo, sintiendo como tu corazón se vuelve a inflar con una energía ansiada. Y en el mejor momento despiertas. Y estiras los brazos como queriéndote agarrar a esa realidad que se va. Por un segundo quieres creer que lo que realmente estás soñando es que un día te has despertado y estás solo, en casa de tus padres. Pero no, enseguida vuelves a la realidad y vuelven las ganas de llorar. Y encima te tienes que levantar.

Pero ahí no queda la cosa. El cabrón no tiene límites como ya he dicho, esto es solo un aperitivo. La noche siguiente es peor. Te hace soñar otra vez que volvéis a estar juntos, pero ahora estáis en la cama, ella desnuda, y más buenorra de lo que recordabas (no escatima en puñaladas el mariconazo) y hacéis el amor. Y otra vez te despiertas, y te da más rabia que la anterior, es así, no me voy a hacer el romántico a estas alturas. Pero aún queda la tercera, la que se guarda para el día en que decides que quieres estar otra con otra chica, que un mundo de posibilidades se ha abierto ante ti, como te dijo tu cuñada, que hay muchos peces en el mar, que vas a ser un vividor follador. Esa noche te acuestas y sueñas que conoces a una chica maravillosa, que no sabes cómo pero has ligado, y ha sido fácil, aunque te coloca un poco más adelante en el tiempo para saltarse esa parte difícil de explicar, que seguramente resultaría poco realista y te haría sospechar, como hacen los guionistas de medio pelo en las malas películas. Tu vida vuelve a tener sentido, ves la luz al final del túnel, todo lo que ha pasado ya no importa, lo pasé mal, pero ha merecido la pena, voy a volver a ser feliz. Puto cerebro Freddy Krueger.

Pero aquí estamos, aguantando el tirón, esperando a que acabe un año de mierda en el que me ha pasado todo lo malo. Los últimos de mi vida los puedo considerar tiempos felices. No me considero una persona exigente y menos aún ambiciosa. Desde bien joven solo he querido tener un trabajo decente y una profesión que me gustara, que me dejara tiempo libre (que no fuera muy esclava, algunos me llaman vago) y que me diera el dinero suficiente para vivir modestamente (como decía un personaje de la peli Erin Brockovich). Y durante un tiempo conseguí esa meta. Vale que el trabajo estaba muy inestable, por la crisis y tal, el futuro era incierto, y también tenía mis peleas con Ella, pero durante nueve años siempre había sido así, nunca habíamos estado más de dos días sin vernos pero tampoco habíamos estado más de tres sin enfadarnos, ni más de 24 horas sin dirigirnos la palabra. Pero yo había llegado a un pacto con el techo de mi habitación por el que no le iba a pedir nunca nada más de lo que tenía, es más, podía aguantar cualquier cosa mala que me pasara, hasta las muertes. Solo pedía que de mis seres más cercanos, familia y amigos, no muriera nadie antes de haberse ido todos los miembros de su generación anterior. Pero los techos son traidores, lo tengo comprobado, y aún entonces lo sospechaba, y pensé que como los genios de lámpara maravillosa burlones podría jugar con el enunciado de mi deseo y hacer que un día muriera la última de mis abuelas y al día siguiente mi padre. No ha sido así, de momento, pero me ha hecho darme cuenta de que no solo la muerte de alguien cercano puede producir un dolor extremo. No sé si todo esto es aleatorio, o si las cosas malas que nos pasan son buenas a la larga, y al final resulte que me ha hecho un favor, posiblemente nunca lo sepamos, pero ¿qué más da en realidad?.

Pero debería empezar por el principio, y un año empieza en Nochevieja, la noche más especial del año. Esa noche que queremos que sea perfecta, que todo salga a pedir de boca, en la que nos ponemos como Jesús Vázquez para acabar Ortega Cano. Bueno, yo de lo primero paso bastante, pero a muchos se les va. Es curioso verles ahí todo angustiados y angustiadas sobretodo angustiadas y a las pocas horas con todo el pedal en la puerta de la churrería, la típica llorona sentada en un portal, con los pies descalzos y la cabeza entre las rodillas y sus amigos alrededor que ya podían cantarla “No será nada grave, no será nada grave” como Shinchan. La noche más corta del año porque entre pitos y matasuegras saliste de casa a las dos y media, guapa. Chocolate, el sustituto de mojar el churro. En fin, que pedimos demasiado a esa noche, y cuando esperas mucho de algo el batacazo es mayor, y es una noche, un simple periodo de tiempo, y los periodos de tiempo no hacen milagros, al menos los cortos, los más largos ya lo comprobaré.

Y a las 6 ó las 7 de la mañana el efecto Massiel se va pasando y es cuando empiezas a pensar en lo divino y lo humano, en qué estás haciendo con tu vida, la bajona madre, que lo que no has hecho antes de los treinta no lo vas a hacer nunca, recuerdas lo que hiciste en las 15 nocheviejas anteriores, en todas desde la primera que saliste, un ratito, hasta las 4, que a tus 17 era lo más tarde que habías estado despierto en tu vida, quitando algún viaje a urgencias por haber bebido demasiado Kas Manzana en el cumple de tu primo. Era tan tarde que te daba hasta vergüenza estar por ahí y querías irte a casa. Recuerdas que estuviste en un antro que hoy no existe, eres un puto viejo, como precisamente el que os acompañaba a ti y a tus amigos en aquel garito que si no fuera por vosotros estaría vacío ¿por qué tenía abierto aquella mujer? ¡qué importa ya!.

Y una vez repasado el pasado, viendo que el presente ya no tiene interés y que es tan breve que ni siquiera existe, miramos hacia el futuro, y vemos que la Navidad ha pasado volando, que en 5 días vienen los Reyes y otra vez a la rutina de siempre, que viene el frío y que no hay una fiesta hasta dentro de tres largos meses… y ahí ya es cuando te quieres morir. Y este año va a ser aún peor.

Y luego llega el día 1 de enero, el día más triste del año, da depresión salir a la calle y ver la ciudad desierta. Todo el mundo está durmiendo la mona. Y si eres como yo que no me gusta mucho dormir, que aunque me haya metido en la cama a las 10.00 a.m. a las 12.00 a.m. estoy como un búho imbécil… pues te pasas el primer día del año más aburrido que el copón bendito.

Pero bueno, este 1 de Enero fue diferente, entretenidillo, por lo menos a partir de las 7 de la tarde.

 

Andrés InSiesta

Safe Creative #1203051248936

 

Andrés InSiesta 29 febrero 2012

Filed under: Participa,Página de autor — andresinsiesta @ 20:49
Tags:



Hola, me llamo Andrés y creo que para empezar debería aclarar que no me considero escritor ni tan siquiera aficionado. Yo no empecé a escribir desde pequeñito, tenía un diario pero en él solo contaba lo que me pasaba cada día, que era más bien poco. Nunca he sido capaz de inventarme una historia y terminarla. Mi profesión y mis aficiones siempre han ido por otro lado, cercanos, como el dibujo, el cine, la música… pero nunca me he llegado a sumergir en el mundo de la literatura. Lo más largo que había escrito hasta hace poco era una entrada en algún blog, algún mail gracioso a los amigos y poco más.


Pero hace un año y pico la vida empezó a darme palos a diestro y siniestro y, no sé porqué, empecé a escribirlos para desahogarme, como terapia, reflejando mi forma de hablar con la gente de la calle y buscando solo un poco de frescura en los textos, para no aburrirme cuando algún día los volviera a leer. Con el tiempo me di cuenta de que ese .rtf daba para un libro y le había cogido el gustillo a esto de teclear mis tonterías. Releí, retoqué, cambié algunos nombres por otros ficticios, adorné algunas historias, moví otras de sitio para darles más gracia, falseé y mezclé algo de ficción en mi vida para despistar en definitiva y como resultado hoy tengo un librillo ahí mirándome a la espera de que haga algo con él. Mandarlo a Editorial Planeta así de primeras me parecería pretencioso, por eso creo que el primer paso es que lo lean algunos desconocidos que me puedan decir si mejor sigo con mis dibujos o si tengo una pizca de talento para esta movida. Así que ahí va esto, a ver qué pasa.


Mis páginas web:

andresinsiesta


Mis relatos en este blog: