Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

M. P. Morrigane 17 noviembre 2011

Filed under: Participa,Página de autor — morrigane06 @ 15:59
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Recibimos con todo cariño a una nueva autora del blog: M. P. Morrigane. Bienvenida, desde ahora, ésta es también tu casa.


No existe más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo
(Oscar Wilde)

Desde niña me ha gustado escribir, pero pocas veces me he sentido satisfecha de lo escrito, por lo que casi todo lo he destruido, tampoco nunca me he atrevido a enseñarlo a los demas pero creo estar ahora en el momento propicio, solo espero que me leais y me deis vuestra mas sincera opinión y aceptare las criticas siempre que sean constructivas.


Mis relatos en este blog:

El espejo

El árbol de la vida

El Torque de los reyes (Prólogo)

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EL TORQUE DE LOS REYES – (PROLOGO) 28 marzo 2011

Filed under: Últimos post,Participa — morrigane06 @ 17:58


Cuando el mundo era diferente al que conocemos, cuando las leyes del tiempo escaparían a nuestra comprensión… habitaban la tierra diferentes razas que convivían en paz; humanos mortales, seres inmortales de luz, de las aguas y de los bosques. Todos adoraban a una única y poderosa divinidad; Gaya la diosa tierra, en ella creían y a ella respetaban. Pero hasta los dioses se equivocan y de sus entrañas nació un ser abominable de maldad intrínseca y con el poder de la magia más oscura que cabe imaginar. Su lucha con Gaia se haría eterna y todos los pobladores de aquella antigua tierra sucumbieron a su poder y fueron esclavizados. Solo un Rey de la más antigua estirpe mortal podría liderar las más atroz y devastadora de las guerras…porque Thorlak que así se llamaba la encarnación del mal, tenía la noche y las tinieblas como aliados.

( De “Las crónicas de Midgaror”. Manuscrito original de Irianel  “el bardo”)


El cielo era fuego y la tierra era sangre, el caos y el horror se habían apoderado de toda la tierra de Midgaror. Inmersos en el fragor infernal de la batalla desde hacía ya varios días, las tropas del Rey Ancalión habían perdido la noción del tiempo, ya no sabían si era de día o era de noche, el cielo se había oscurecido a causa del humo de los cuerpos quemados por las llamas que lanzaban por sus fauces los terribles dragones negros de Thorlak “el mago oscuro”,  él cual  ahora se encontraba en lo alto de su torre dirigiendo la última batalla. Tras el…la nada, el abismo incandescente, el fin de la tierra.

Por los muros de la torre no paraban de descender reptando las criaturas infernales que estaba pariendo incansablemente con su magia, y los guerreros de la alianza no podrían resistir ya por mucho tiempo. El fin se acercaba, muchos  de ellos se entregaban a la muerte, incapaces de soportar más aquel horror y el hedor de la sangre y de las bestias que lo envolvía todo.

Estaba resultando imposible llegar hasta Thorlak, estaba protegido por los dragones que rodeaban la torre y sus alientos de fuego estaban causando estragos entre las tropas de Ancalión que luchaba con ferocidad y sin descanso. Su espada de luz no cesaba de cortar cabezas y hundirse en las entrañas de los engendros que escupía la lúgubre torre, pero por cada uno que mataba aparecían veinte más. Estaba cubierto de sangre de los enemigos y de la suya propia, sus heridas eran de muerte pero no sentía dolor, solo el de su corazón pues era evidente que de nada habían servido aquellos interminables años de guerra… ahora todo estaba perdido.

Hacía ya más de diez años que había empezado aquella lucha por la libertad. Aconsejado por Megliader el “mago blanco”, Ancalión había forjado una alianza con todas las razas de Midgaror, le respetaban como señor absoluto y su unión a pesar de sus diferencias era el único camino para derrotar a Thorlak . Se unieron a él los Niguirith; los altos señores de las tierras de Uringien al Oeste de Midgaror, los Gilmors habitantes de los desiertos de Dromen, las Bandruidh de los bosques de la Luna Negra y los Trolls de las montañas de Oltindar. Pero hacia demasiado tiempo que mantenían aquella lucha y las fuerzas empezaban a flaquear. Thorlak había resultado ser más fuerte de lo que pensaban, sus recursos parecían no tener fin y su magia muy potente.  A pesar  de haber llegado por fin a Darangorth, a los pies de su terrible fortaleza, el asedio no prosperaba.

Las espadas esmeraldinas de los Niguirith refulgían en todo el campo de batalla, eran especialmente valientes y rápidos, de movimientos agiles y certeros, luchaban con fiereza pero la superioridad en número del enemigo era demasiada y los estaban aniquilando. Las hermosas y valerosas Bandruidh eran ya solo despojos sangrantes y aún así se podían oír sus gritos de guerra y los furiosos relinchos de sus caballos. Los Gilmors y los Trolls habían empezado a huir….los pocos que quedaban.

El Rey extenuado no se había dado cuenta de que tenia detrás a un guerrero de Thorlak, cuando se dio la vuelta ya era demasiado tarde; sintió hundirse en su pecho el frio acero, mientras una mirada de horror se dibujaba en su rostro. Consciente de que eran sus últimos minutos lanzó un alarido de rabia, descargo su espada en la cabeza de su atacante y cayó de espaldas agonizante. Eladan, el líder de los Niguirith al oír el grito corrió a su lado para socorrerle, pero el Rey ya había muerto. En un último esfuerzo desesperado empezó a alentar a gritos a sus hombres, mientras con su espada golpeaba a izquierda y derecha abriéndose paso hacia la torre, y de pronto lo vio….Thorlak descendía de la fortaleza a lomos de un Dragón Negro, Eladan vio clara su intención; se dirigía hacia el cuerpo sin vida del Rey para apoderarse del Torque Sagrado y sí lo conseguía seria definitivamente el final. Solo le quedaba una opción, la última esperanza, invocar a los Malach. Alzó los brazos al cielo y cerrando los ojos musitó  unas breves e ininteligibles palabras, al instante sonó un estallido como si fuera a desencadenarse una tormenta y en el cielo casi cubierto por las llamas, se abrió un canal de luz y por el descendieron los siete Malach alados a lomos de los Nidhug los ancestrales Dragones Plateados que con su aliento de escarcha se iban abriendo paso rápidamente. La magia de Thorlak no tenia poder ante ellos y a Eladan le pareció ver terror en su rostro mientras los Nidhug convertian en hielo a sus Dragones Negros que caían al suelo haciéndose añicos y los Malach con los terribles rayos de sus espadas aniquilaban a las grotescas criaturas y arrasaban el campo de batalla. Las tropas enemigas se batían en retirada atropelladamente, pero iban cayendo fulminados uno a uno.

Los guerreros de la alianza no podían creer  lo que estaba sucediendo, por fin la esperanza de una victoria inundó sus corazones y con energías renovadas arremetieron de nuevo contra el enemigo mermado ya y derrotado. Sus pies chapoteaban en un barro teñido de rojo formado por la gran cantidad de sangre que se había vertido como si de una danza macabra se tratase,  mientras el fulgor de las espadas iluminaba aquel espectáculo dantesco.

Con asombrosa rapidez y agilidad, Thorlak se abalanzó sobre el cadáver del Rey y arrancó de su cuello el Torque Sagrado. Eladan intentó detenerle asestando un poderoso golpe con su espada pero solo logro herir de muerte al dragón, que moribundo se precipitó al abismo de fuego. Thorlak tuvo tiempo de de agarrarse al borde sin soltar el Torque y al instante se vio rodeado por los Malach. Tuvo entonces la certeza de que iba a morir y mirando a los ojos a Eladan que estaba de pie en el borde del abismo con la espada en alto dispuesto a darle el golpe de gracia, vertió su ira y sed de venganza en una terrible maldición.

-¡Yo Thorlak el oscuro, poderoso señor de Daranghort, te maldigo a ti Eladan príncipe de los Niguirith, a ti y a toda tu raza!….hoy ponéis fin a mis días en esta tierra pero con ello no conseguiréis la libertad, seréis inmortales para que podáis ser testigos de mi regreso cuando el tiempo sea propicio. De vuestra estirpe nacerá un príncipe que llevara mi marca en su pecho y el será el que deberá despertarme. Hasta entonces Darangorth será el negro reflejo de la maldición de Midgaror.

Dicho esto Thorlak lanzó el Torque al abismo de fuego que se abría bajo sus pies y una risa demoníaca resonó en todo el campo de batalla. Después y sin dejar de mirar a los ojos a Eladan, se dejo caer y las llamas lo engulleron. Un grito desgarrado salió de la garganta del Niguirith al comprender que se había llevado consigo el Torque, pero quedo ahogado por los potentes alientos que los Dragones Plateados lanzaron sobre el abismo para sellarlo como una tumba y convertirlo en un inmenso y eterno lago helado. A Eladan se le había helado también la sangre en las venas por el horror que le causaron aquellas palabras, cayó de rodillas con las facciones demudadas. Todo el peso de una profecía había caído sobre su pueblo….era verdad lo que había dicho Thorlak, aquella era solo una victoria a medias. De repente se sintió elevado por los aires traspasando las tinieblas que se iban extendiendo por todo Daranghort, miró hacia atrás mientras los Malach le llevaban lejos de allí pero solo pudo ver una negrura infinita y soledad. –El Torque se había perdido para siempre, ahora yacía en los hielos eternos junto a su nuevo dueño y cuando despertara de nuevo, el mal camparía a sus anchas. Cerró los ojos y se dejo llevar mientras el aire fresco calmaba su cuerpo entumecido.

Unos momentos después un objeto increíblemente brillante apareció en la superficie de hielo, parpadeo unos instantes y si alguien hubiera permanecido en el lugar habría visto una grácil sombra recogerlo y volar con él más allá de Daranghort.

M. P. Morrigane

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El arbol de la vida 18 febrero 2011

Filed under: Últimos post,Participa — morrigane06 @ 10:44

Andrés siempre se habia sentido muy unido al hermoso roble centenario que se alzaba orgulloso en las tierras de su propiedad, habia claro está otros arboles, pero ninguno tan antiguo y majestuoso. En todas las cosas importantes de su vida habia tenido un papel importante y recordaba ahora con nostalgia como de niño lo primero que hacia al levantarse por las mañanas era abrir la ventana desde la cual tenia una vista privilegiada del valle y contemplar desde allí al gran arbol que se alzaba orgulloso en la linde de las tierras de su familia, cuál centinela. Solía darle darle los buenos dias convencido como estaba de que le entendia, que le escuchaba al igual que hacia con su perro Tim, un hermoso labrador dorado que era su compañero fiel y le seguia a todas partes. Cuando volvia del colegio y si el tiempo era bueno, le gustaba hacer los deberes bajo su amado arbol con la espalda apoyada en su inmenso tronco y Tim jugueteando a su alrededor, le decia a su madre cuando ésta le regañaba por no entender su costumbre, que se concentraba mejor así.
En las calurosas tardes de verano se tumbaba bajo su fresca sombra y se adormecia con el suave susurro de sus hojas que se mecían al compás del aire. Allí escribió su primer poema de amor, alli se fumó su primer cigarrillo en la adolescencia, lejos de la mirada de sus pades y evitandose asi una más que segura regañina, y allí tambien dio el primer beso a su primer y único amor grabando siguiendo la cursi costumbre, un corazón flechado con sus nombres en el tronco.
Los problemas eran menos meditados a su sombra, casi sin darse cuenta hablaba con él y le parecia escuchar sus consejos en un idioma que solo él conocia. Pasaron los años y le llegó la hora a su otro gran amigo; Tim se marcho una mañana de Abril en silencio, tranquilo como siempre habia sido, no se le ocurrió un lugar mejor para enterrarlo que junto a las raices del roble, lo hizo a primera hora de la mañana mientras las lagrimas resbalaban por sus mejillas al igual que el rocio que caia de las hojas como si también llorara la partida de su amigo.

Recordaba también como se divertian sus hijos y más tarde sus nietos en la casita que les habia contruido en sus ramas. Junto a sus raices Tim nunca estuvó solo porque allí fueron enterradas también con el pasar del tiempo un importante número de mascotas familiares; un gato, varios hamsters que su nieto mayor por alguna extraña razón no conseguia mantener con vida demasiado tiempo y algún que otro pajarillo abatido por las inclemencias del tiempo.

El gran roble habia visto pasar a su alrededor a tres generaciones de la familia, habia contemplado la vida y la muerte y allí seguia impasible desafiando tormentas, nieve y ventiscas. Pero ahora el peligro que acechaba era mucho mayor y dificil de combatir; hacía más o menos un año que Andrés habia recibido la notificación de que le expropiaban parte de sus tierras para construir una autopista y justo en medio se encontraba su viejo arbol. Ahora se encontraba allí bajo su sombra con la orden en la mano, sin saber que más podia hacer, habia luchado lo indecible para evitar su tala, hasta estaba dispuesto a que le expropiaran más acres a cambio de que lo respetaran, habia tocado a todas las puertas posibles, habia suplicado, pero todo habia sido inutil, se habían mostrado inflexibles. Pero lejos de sentirse derrotado decidio jugar sus ultimas cartas, unos dias antes de hacerse efectiva la orden de tala se encadenó al tronco del roble y anunció a su familia que iniciaba una huelga de hambre, intentaron disuadirle pero no lograron convencerle. Aguantó allí abrazado a una parte de su vida con decisión, desafiando juntos a todo y a todos con la firme decisión de no moverse de alli, de no rendirse…. pero ya era un hombre viejo. Pese a todo cuando aquella mañana llegaron los forestales con las motosierras acompañados por el alcalde intentando disuadirle no se amedentró y luchó con uñas y dientes cuando intentaron desencadenarlo, pero eran ya muchos dias resistiendo, las fuerzas le abandonaron y se desvaneció. Sus dos hijos lo desencadenaron y lo llevaron hacia la casa, cuando llegaron al porche volvió en sí y de nada sirvieron los ruegos de su familia suplicandole que entrara en casa, que evitara el dolor de ver la tala de su roble, se sentó derrotado en el balancín consciente de que ya nada más podia hacer. Vio como el alcalde daba la orden, a las motosierras les costó cortar aquel fuerte tronco, el roble tampoco iba a caer sin luchar. Tardaron varias horas hasta que el gran arbol fue abatido, por encima del estrepito que ocasionó al caer todos los presentes pudieron oir incredulos un lamento agónico de derrota que se extendio por todo el valle, al tiempo que la vida abandonaba a Andrés.

Años después, con la autopista terminada la casa de Andrés habia desaparecido, habian construido una estación de servicio en su lugar y eran muchos los niños que aseguraban haber visto a un hombre viejo y a su perro sentados a la sombra de un gran roble al caer la tarde, en medio del parking del MacDonalds.

M.P. MORRIGANE

 

EL ESPEJO 15 febrero 2011

Filed under: Últimos post,Participa — morrigane06 @ 17:32

Sentada delante del espejo, con la luz matinal entrando a borbotones por la ventana entreabierta, empezó ensimismada a contarse las arrugas. – ¿Desde cuando estaban alli?, ¿ cuando se habian instalado en aquel rostro que casi le resultaba extraño? -. Sus ojos reflejados en el espejo le devolvian una mirada de sorpresa, como cuando te encuentras con un amigo que hace muchos años que no ves y casi no le reconoces…. porque eso exactamente era lo que habia pasado, no recordaba la última vez que se habia mirado detenidamente en un espejo, simplemente habia perdido la costumbre, habia dejado de ser algo importante, aunque tiempo atras habia sido algo vital, un ritual diario e ineludible en el cual complacerse.

Habia sido una mujer hermosa de tez nívea e inmaculada, de bellos y enígmaticos ojos negros y rasgados, tenia todos los hombres a sus pies y podria haber elegido a cualquiera, pero no eligió al mejor y su vida cambio radicalmente. A veces se preguntaba como habria sido su vida si se hubiera casado con aquel timido muchacho que la esperaba invariablemente todos los dias al salir de la universidad, pero se enamoró de Gabriel;  alto, guapo y con aquel punto canalla que tanto le atraia y esto era algo que nunca sabria. Se dedico en cuerpo y alma, primero a su marido, despues llegaron los hijos, tres y uno que murio al poco tiempo de nacer, se volcó en ellos y en su propio dolor, no existia nada más alla de los muros de su hogar, no tenia tiempo para nada más y su marido empezó a perder interes en ella lejos de comprenderla y ayudarla, no era ya la mujer de la que se habia enamorado,  ya no la consideraba su amante y compañera, era solo alguien que atendia a todas las necesidades familiares. Hasta que ella un dia encontró sobre la mesa de la cocina una escueta nota de despedida, fria e impersonal, sus ojos se detuvieron largo rato en la palabra “adios”, en ésto se resumian veinte años compartidos, en ésto y en la cobardia de no decirselo a la cara, de dejarle una simple nota que la arrrastro al hundimiento total. Tuvo que sacar fuerzas de donde ya no las habia para seguir adelante, fueron años dificiles en los que apareció también su madre; una mujer enferma y autoritaria a la que tuvo que cuidar postrada en la cama, sin ninguna ayuda, con solo la visita de su hermana una vez a la semana, una mujer frivola y despreocupada que disfrutaba de una vida regalada y a la que llegó a odiar profundamente.

De Gabriel nunca más tuvo noticias, tampoco le importaban, su vida se habia convertido en una sucesión de horas y dias monótonos. Sus hijos fueron creciendo y se marcharon de casa uno tras otro, ya no la necesitaban, solo le quedaba la tortura de cuidar a su madre que por mucho que hiciera por ella, solo recibia reproches. Por la noche se acostaba rendida y con la mente tan abotargada que ni siquiera podia soñar, asi se consumio su juventud, se marchitó su belleza y ella ni se dio cuenta.

Su madre habia fallecido tan solo unas horas antes y ahora se encontraba sola consigo misma enfrentada al espejo, intentaba hacer balance de los ultimos años, pero los recuerdos estaban envueltos en brumas, solo le llegaban algunos retazos como los de estos sueños inconclusos que a la mañana siguiente quieres recordar. De repente el ruido de la calle, los bocinazos de los coches, y la sirena siempre alarmente de una ambulancia la sacaron del sopor y la devolvieron a la realidad, un escalofrio de liberación le recorrio todo el cuerpo y no iba a sentirse culpable por ello, ni ahora ni nunca más por ninguno de sus actos. El rostro que la contemplaba desde el otro lado del espejo le sonrio, y en sus ojos le parecio ver un atisbo de esperanza, poco importaban ahora unas arrugas más o menos alrededor de sus ojos, ésto se podia mejorar, lo importante ahora era volver a ser ella, tener una nueva oportunidad para vivir y le pareció que su imagen del espejo asentia y que incluso le guiñaba un ojo con complicidad.

Se habia hecho tarde, debia arreglarse para el entierro, pero no iba a vestirse de negro…. se vestiria de blanco porque hoy renacia a la vida y se lo haria saber a todo el mundo, no le importaba ya lo que pensaran los demas, desde éste preciso instante seria siempre ella misma y ya no habia vuelta atras. Antes de salir por la puerta se aplicó un leve carmin en los labios y plantó un beso en los de su de su imagen del espejo, quedando alli impreso cuando ella se fue, como un recordatorio de su renovada autoestima.

M.P.  Morrigane