Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

**“ EN EL PUEBLO DE LOS GINKGO BILOBA”. ANA MARÍA MANCEDA. SELECCIONADO PARA ANTOLOGÍA.EDIT.NUEVO SER.2003. 8 octubre 2016

**“ EN EL PUEBLO DE LOS GINKGO BILOBA”. ANA MARÍA MANCEDA. SELECCIONADO PARA ANTOLOGÍA.EDIT.NUEVO SER.2003.

 


El sol amenaza arder sobre las dunas. La hilera de seres harapientos se desplaza sobre la arena. Es gente aún joven y fuerte, entre ellos hay niños, de rasgos bellos, se puede distinguir en sus facciones los rasgos de las distintas etnias terrestres, pero todas esas cualidades están escondidas por la suciedad de sus cuerpos y sus ropas. Un color humo rodea la imagen de los vagabundos, a pesar del oro del desierto se ven como andrajosos mutantes que vagan sin destino. Las poblaciones rechazan su presencia, son los leprosos del siglo veintiuno. Fueron los dueños del mundo en la era de los millonarios electrónicos; el “ Capital” fluía con libertad, Las Grandes Corporaciones Transnacionales eran buques sin banderas que navegaban con sus capitales por las aguas de Internet. Fundían países y enriquecían regiones en horas, causaban el mismo desastre que la fuga de los gases tóxicos de una industria
1
pesticida, pero ellos seguían su veloz viaje de piratería con sus “ Bancos Fantasmas”. Así estaba el mundo globalizado, con políticos y burócratas corruptos e incapaces de seguir la velocidad de sus comunicaciones y transferencias. Barrieron con siglos de un orden social injusto pero con cierto equilibrio, desaparecieron la actitud ética, la moral, la dignidad. Pero la catástrofe llegó, explotó como una bomba debido a la volatilidad del Mercado Mundial, y este grupo de gente, habitantes de barrios exclusivos, de vidas privilegiadas, poseedores de riquezas inimaginadas para el hombre común, perdió la “ Espada, la Joya y el Espejo”.* Al principio, desconcertados, se unieron, se ayudaron, pero era tal la miseria que comenzaron su éxodo por el mundo, comiendo lo que encuentran y bebiendo de las aguas de escasos manantiales. La gente de los pueblos por los que pasan, los insultan, tirándoles piedras y sumiéndolos en el escarnio. Sus caras tienen la expresión de la nada, quizás llevan en sus mentes, recuerdos de los paraísos perdidos, de una vida obscena y amoral. Entre la muchedumbre van Takeo y su hija Amaterasu, siempre tomados de la mano. Sus semblantes reflejan sentimientos humanos, ausentes en los demás. Uno puede ver en ellos angustia, sorpresa, emoción. Takeo fue un poderoso Shogum financiero, amó profundamente a su esposa Kono-Hana, rica heredera, en honor a ella y para merecerla había levantado un Imperio. Cuando su mujer murió solo se asió a la vida por su hija Amaterasu, luego devino el Crak Mundial y comenzó el peregrinaje. En esa travesía sin tiempo, la niña cuida de su padre y juntos comentan la puesta del sol, la maravilla de un eclipse, el nacimiento de una flor. Reconocen los pájaros por su canto, habilidad que aprendieron de Kono- Hana, gran conocedora de la naturaleza. Esas fugaces emociones son asfixiadas ante el maltrato que reciben por los
2
pueblos que pasan, observando a la vez la pobreza y la falta de alegría de esa gente, era como si una lluvia de tristeza hubiera caído sobre el planeta. Una tarde pasan por uno de los tantos pueblos humildes, pero éste tenía algo distinto, denotaba organización y pulcritud. El padre y la niña se alejan del grupo, se adentran entre sus calles, les parece no percibir violencia entre los pobladores. Las veredas estaban arboladas de majestuosos Ginkgo Biloba, cuyas hojas en forma de abanico parecían aventar la fatiga de los forasteros. La admiración iba creciendo a medida que descubrían la peculiar vida de sus habitantes, la alegría dominaba la actitud de los mismos. Las mujeres cantaban mientras realizaban sus quehaceres, algunas familias merendaban en los patios delanteros de sus casas mientras los niños jugaban en las veredas. Al pasar los miraban curiosos, el olor de las comidas caseras era exquisito. Se veían jardines, huertas, granjas, todo amorosamente cuidado. Los muros, cual páginas de los libros, estaban pintados con imágenes de historias y leyendas, seguramente de esa región, adornados con bajorrelieves que representaban las hojas en abanico de los Ginkgo Biloba, el árbol sagrado de ese pueblo. Otra cosa sorprendente era la manera y el tipo de conversación que sostenían; hablaban de proyectos, las palabras salían musicalmente, se enlazaban, se enhebraban y confluían en sueños y utopías. Amaterasu se emocionó y más que nunca anheló estar con su madre para compartir ese lugar y esos momentos. Se detuvieron a mirar como trabajaban un carpintero y un herrero mientras tomaban un refresco y charlaban. La niña sintió la necesidad de pedirle a su padre la foto de la familia en los tiempos felices, Takeo, apesadumbrado, le contestó- Los duendes del imperio me arrebataron tan precioso tesoro. En ese momento los artesanos levantaron la vista y sonrieron al padre y a la hija, les convidaron refrescos, reconocieron en ellos cierta magia.
3
El sol se estaba ocultando. Se veía distante, cruzando las colinas, la hilera de harapientos que se alejaba. Takeo y Amaterasu fueron invitados a compartir esperanzas en el pueblo de los Ginkgo Biloba. Al pasar los días, la gente se reunió para, en ceremonia solemne, entregar al padre y a la hija, el símbolo que les correspondía como ciudadanos del lugar. El herrero y el carpintero se acercaron con un hermoso estuche de madera en cuya tapa se encontraba exquisitamente tallada la hoja del árbol sagrado. Takeo sintió un escalofrío y lo invadió el pánico, creyendo adivinar que dentro habría una joya y se dijo- Todo comenzará nuevamente. Al abrir la tapa, Amaterasu se sorprendió al ver el estuche vacío, pero su padre emocionado vio en el fondo del mismo el bello rostro de su hija reflejado en un espejo.**** *Dentro del mundo de los negocios la espada es la fuerza, la joya la riqueza y el espejo el conocimiento (Alvin Toffler)

 

ALMENDROS EN EL CREPÚSCULO. ANA MARÍA MANCEDA 4 octubre 2016

ALMENDROS EN EL CREPÚSCULO. ANA MARÍA MANCEDA

 

almendros-en-flor-h-anglada-camarasa-1

                    

            Último paseo del fin de semana en el campo. En estos días reciclé las energías para comenzar la rutina vertiginosa de la ciudad, ya mi velocidad no es la misma, la edad   tiene que ver, hago la mitad de las cosas que realizaba en la juventud, pero en realidad rindo lo mismo, todo es más reflexivo, selectivo y  obtengo a diario los resultados deseados. Pero este dejarse llevar es zafiro. El  luminoso atardecer me impulsó hacia un  sendero no transitado, de pronto los vi, repletos de frutos, desafiando, gatillando al tiempo. Y los recuerdos que estaban al acecho aparecen impunes. Los almendros me sienten a chispas, a destellos de nostalgias, me traen el aroma de una época mágica, compleja y de la conflictiva, dominante presencia de mi padre        

          Sucedió en  primavera. Con mis compañeros de facultad habíamos decidido realizar una cena con la excusa de festejar la semana del estudiante. También era una manera de exorcizar los graves acontecimientos políticos en los que estábamos inmersos, el huevo de la serpiente estaba germinando. Queríamos divertirnos. Los chicos traerían pizzas y empanadas pero yo deseaba cocinar una salsa de almendras que debía  acompañar con presas de pollo, pensé que bien los podía suplantar por unos pequeños gallos que teníamos en el gallinero— regalo del tío tano  que se le hacía insoportable que la gente no tuviera su huerta y sus propias gallinas—. Mi padre, en esas raras treguas  que tenían nuestras habituales discusiones se ofreció a colaborar con mi comida especial. Él se encargaría de entregarme listos para su cocción a los apreciados gallos, extraña especie pigmea, que esperaban  para una ocasión importante. Los preparativos me supieron a fiesta, desde las compras de elementos no comunes en la comida cotidiana; crema, especies exóticas, almendras, vino especial, hasta la puesta de la mesa.

         Cuando el perfume de la salsa invadió la cocina, calculé  que era el momento de dorar las aves. Ante la tardanza de mi padre, fui  en su búsqueda, no podía esperar más tiempo. El recorrido por el camino hacia el fondo de la casa me hizo sentir más feliz aún. El jardín y los frutales florecían y el atardecer aparecía como diseñado por toques de luz y pinceladas de naranjas y azules. Llegando a los últimos árboles sentí un estremecimiento, los gallos estaban colgados de las ramas, pico abajo ¡Sin pelar! Al acercarme descubro horrorizada que abrían los ojos. ¿Cómo sucedió? Desde la cocina había escuchado el gran alboroto provocado por su captura. Salí corriendo, a punto de llorar le expliqué a mi padre que los gallos no estaban muertos. Mi angustia era doble; estaban vivos y moribundos. Los sucesos que siguieron ¡ No podían haber sucedido! Trató de ahogarlos, no se murieron, por último decidió cortarles la cabeza. Horrible. Así era él, poseía una insoportable y graciosa inutilidad, no heredó la simple habilidad de mi abuela para matarlos en un segundo.

        La cena estuvo lista a las diez de la noche, las risas juveniles y las alabanzas inundaron la casa ¡Qué mano para la salsa María!¡Qué exquisitez! ¡Qué sabor le dan las almendras! ¡Muy bueno el  vino! Yo no comí, tenía la sensación que el asco derretía mi maquillaje, contaminaba mi perfume, enrojecía mi mirada.  Los queridos compañeros, cómplices de la vida, ignorantes de mi sufrimiento, alegres por el vino, la juventud, las canciones de Serrat, la  negra Sosa, y la perfecta noche de primavera,  celebraron la fiesta. ¿Alguna vez habrán recordado mis amigos esa noche? De todas maneras son sucesos que te marcan para toda la vida.   

       El tiempo regresa, el paseo  en el campo termina, los recuerdos se refugian en  las orillas de la noche. La última imagen que llevo en mi mirada de otoño, son los soberbios almendros que acompañan el crepúsculo y los sutiles reflejos de las estrellas que asoman. Luego todo se esfuma.*************

 

“ LOS JAZMINES TAMBIEN PERFUMAN LA OSCURIDAD” Mención de Honor en concurso “1° CONVERGENCIA NACIONAL DE CUENTOS JUNINPAIS 2002) Editado en antología Editorial”EDICIONES DE LAS TRES LAGUNAS”. Junín.Pvcia.Buenos Aires. autor: ANA MARÍA MANCEDA 9 octubre 2014

Filed under: Amigos autores,Últimos post — ac18 @ 17:08
Tags:

“ LOS JAZMINES TAMBIEN PERFUMAN LA OSCURIDAD”

               Mención de Honor en concurso “1° CONVERGENCIA NACIONAL DE CUENTOS JUNINPAIS 2002) Editado en antología Editorial”EDICIONES DE LAS TRES LAGUNAS”. Junín.Pvcia.Buenos Aires.

 

              autor: ANA MARÍA MANCEDA

 

 

vírgenes del caribeVírgenes del Caribe del pintor dominicano Pedro Pablo Mendez Garcia

 

                  El calor la asfixiaba. Desde el patio le llegaba el aroma de los jazmines del país, penetrando y perfumando su piel. Se oía la estridente sinfonía que producía el croar de las ranas. Corrió suavemente la cortina de encaje; la negra Tomi, como Rosarito la llamaba, cruzaba su pesada silueta por entre las vasijas repletas de flores y esquivando diestramente el aljibe, hacía equilibrio con una  gran fuente repleta de pasteles que tenuemente brillaban de almíbar  «Seguramente los lleva para las habitaciones de la servidumbre, allí entre murmullos y suspicacias sobre la vida de los patrones, entre risas pícaras y bebiendo chocolate o tés de yuyos humeantes, vaciarían la bandeja, las muy diablas» , pensó la joven.

                  La oscuridad iba cubriendo la ciudad, Rosarito apagó las velas del candelabro y con una amplia capa negra se tapó el primoroso camisón de blancas puntillas que cubría su juvenil cuerpo. Su pelo castaño quedó oculto bajo la capucha del abrigo. Salió sigilosa, la noche nublada presagiaba lluvia, nada le importaba, su ilustre Tata estaría charlando y bebiendo licores con sus amigos en la sala, dejando caer miradas lascivas sobre las caderas y pechos de las púberes esclavas. Su religiosa madre  rezaría el rosario, arrodillada ante el altar que dispuso en su cuarto, rogando por la bendición de la virtud de su hija.

                   Se adentró por las calles barrosas, desoladas, apenas iluminadas. Sentía la libertad en su cuerpo y en su alma. Salía a sentir la vida. Los olores eran más fuertes lejos de las rejas y los muros de su poderosa familia. Las  risas, el sonido de los tamboriles, reemplazaban  a las tertulias de intrigas políticas que predominaban en su casa.  Quedaban en otro espacio, distantes,  el sonido de su piano, el aleteo de los abanicos  de las damas que tapaban el rubor ante un comentario indiscreto, el rum-rum de las sedas y satenes, deslizándose por los  baldosones.

                   Luego de andar unas cuadras, sintió unos pasos que se le aproximaban, su cuerpo se estremeció, creyó desfallecer y se apoyó contra un viejo portal. Los pasos se acercaban, luego el silencio. Todo era oscuro, pudo sentir el olor y la calidez de ese cuerpo tan deseado que a su vez quedó impregnado del perfume a jazmines de la joven. Las blancas puntillas resaltaban aún más entre las caricias de las oscuras manos de José. El torbellino sensual de los movimientos  y las quedas palabras amorosas fueron  aquietando la pasión, de manera sutil regresó el silencio, solo quedaba  la débil vibración de las respiraciones entrecortadas.

                   El regreso fue escondido, ligero. La llovizna cómplice atenuaba el poco ruido que producían los pasos juveniles. Ya dentro de la casa, al pasar por la habitación de la negra Tomi, escuchó la música y las risas. No soportó dejar de compartir y sin dudarlo abrió la puerta y entró. Las negras transformaron sus caras de alegría en las de terror, Rosario les hizo un gesto  de silencio con su dedo índice sobre su besada boca y un ademán como que sigan la fiesta y la fiesta siguió. La niña tomó un pastel almibarado y lo comenzó a saborear plácidamente, mientras Tomi le alcanzaba con sus morenas manos una taza de humeante té. Se miraron, Tomi le sonrió y Rosarito satisfecha de tanto placer observó que la negra tenía la misma sonrisa que su hijo José.***

 LOS+JAZMINES+TAMBIÉN+PERFUMAN

                                  

                                  

                                                                              

           

       

 

 

JARDÍN DE SABIDURÍA 6 enero 2014

Filed under: Mis relatos,Página de autor — sipabar @ 17:56
Tags:

La pesadumbre se entremezcla con las primeras luces del alba. Tamizado por la cortina, el amanecer desparrama sus madrugadores rayos sobre la cama donde duerme la hija. Unos gorriones alborozados por la clara mañana de junio, no distraen la firme determinación de Aurora. Una noche en vela, la profecía inacabada en que convirtió su vida, se refleja en un rostro sin lágrimas, abotargado, máscara de dureza y frustración en que los días han desembocado, a pesar de la planificación sin límites que llevó a cabo en la más completa soledad. Nada sabe del destino concitado, ni del azar con que se vierte la arena en la clepsidra de oro que es el tiempo.

Con repugnancia rememora las tardes en que el viento golpeaba las contraventanas de la casita de Ferrol, en aquellos encuentros que tanto repudiaba con el donante elegido de células germinales, los hombres para nada más servían. Ella, elevada a los altares de Fourier y Saint Simon, no concibe otra existencia que la pergueñada, la fatalidad del que se cree Supremo Arquitecto de vidas y haciendas, sin poder percatarse de que los dados con los que juega están trucados de antemano. La vida conspira contra sus planes. Unas manos crispadas impulsan la mecedora, el mismo frenesí que aplicó a su pedagogía extrema y con el que acunó una obra que el espejo no acierta a contemplar, más ocupado en las imperfecciones de la superficie. En su ajedrez particular, una partida perdida desde el inicio, tras decidir su juego y el de su hija, no pudo evitar que sucumbiera a las influencias externas, la maldad del mundo se le interpondría en sus mesiánicos designios. Nunca por nadie doblegada, no podía permitir que la figura de arcilla tuviera vida propia, tan arduamente modelada. La noche es larga y la misericordia se apiade, aborreces Aurora el polvo que es la vida humana.

Irrumpe la primavera en Madrid. Cavila febrilmente, nada redime el sueño de prodigio que la sombra cobijó. Ruidos en la calle. Se despierta el propósito, nada la detiene, pues los actos de los hombres ni el fuego ni los cielos merecen. Con cálculo certero, aproxima el arma a la sien izquierda del jardín de sabiduría y descerraja dos disparos a su obra inconclusa, otro en el puro corazón, hay qye cerrar las puertas a un devenir inesperado. Lo demás es historia. Ella que de joven quiso crear un falansterio, arduo camino por el que has transitado, Aurora Rodriguez.

Safe Creative #1311249426278

 

Ángeles 6 noviembre 2013

Filed under: Amigos autores,Página de autor — cebolledo @ 18:02

ÁngelesÁngeles
Nos conocimos en la calle. Alguien nos presentó, o tal vez no nos presentó nadie. Yo buscaba tabaco y ella buscaba alcohol. Me pidió dinero y yo le di un beso. Ella no apartó la cara. Le gustó mi tatuaje y a mí sus rastas, sus ojos claros y su sonrisa desdentada. Me dio un cigarro arrugado y me acompañó al sitio donde estaban mis colegas. Le ofrecí vino de mi cartón. No le hizo ascos, aunque ella prefería la cerveza. Yo le dije que hubiera preferido un peta y ella se rió a carcajadas.

(more…)

 

El cuento de la cría sin nombre 21 enero 2013

Filed under: Amigos autores — cebolledo @ 19:23

El cuento de la cría sin nombreDSC_0436
Hoy hay un gran revuelo entre las crías. Como otras veces, uno de los ancianos nos reúne para contarnos el cuento de la cría sin nombre. Es la noche corta, en la que las crías jugamos y nos divertimos con toda la gente.
Los ancianos nos enseñan cómo es el mundo, que vivimos en la tierra y cómo nos convertimos de crías en personas.
“La cría sin nombre ya había abandonado la concha familiar. Pero sus escamas todavía no se habían endurecido del todo. No tenía nombre porque aún no había elegido su sexo. Y, por tanto no se había emparejado. Y no le había sido dado un nombre.”
El cuento es el mismo todas las veces. Todos los días de noche corta. Pero a mí esta vez no me suena igual. Tal vez porque estoy pensando en Mojo.
Mojo hace poco que ha abandonado su concha familiar para vivir su propia vida. Ha elegido sexo y como ha elegido macho, los sabios ancianos le han otorgado el nombre de “Mojo”. A mí se me están endureciendo las escamas y pronto tendré que elegir sexo.
Me da un poco de miedo elegir sexo, no por perder una parte de mi cuerpo, sino por perder una parte de mi alma.
El anciano continúa con el cuento. Las otras crías se ríen y juegan con sus escamas blandas. Igual que hacía otras veces yo, con las escamas de Mojo. Y me reía cuando el anciano hablaba de los gigantes y los monstruos, los dragones y ogros.
“La cría sin nombre desoyendo los consejos de los ancianos, quiso abandonar la tierra y cruzar el mar.” Las leyendas nos avisan de los peligros del mar. Tal vez haya otras tierras más allá del mar y tal vez haya gente allí. Pero lo que sí sabemos, porque nos lo han dicho los ancianos, es que hay gigantes y dragones, ogros y monstruos enemigos de la gente. Y muy peligrosos. El que cruza el mar no vuelve, porque los monstruos y los dragones le destruyen, los gigantes y los ogros se lo comen. Y ya no vuelve más.
Los ancianos saben todo esto y mucho más. Los ancianos tiene el poder de la visión nocturna y nos protegen de los peligros. Los ancianos tienen otros poderes y magias. Las personas adquieren esos poderes cuando se convierten en ancianos.
También comparten la visión nocturna con las personas y las crías. Eso lo hacen sólo una vez: el día de la noche corta. Esa noche todos disfrutamos de la visión nocturna y por eso podemos salir de nuestras conchas y correr y saltar por la arena y escuchar el cuento de la cría sin nombre.
La noche corta dura poco tiempo y luego viene el día largo. Es una fiesta entre la gente del poblado y sobre todo las crías. Dentro de poco abandonaré la concha de mi familia y me iré a la arena a elegir sexo. Si elijo hembra tendré que emparejarme para poder tener un nombre. Si elijo macho como Mojo, los sabios me darán nombre y podré a continuación emparejarme. Y después construiré una concha familiar como hace la gente. Y más adelante me convertiré en anciano y tal vez llegue a contar el cuento de la cría sin nombre a las crías en la noche corta.
Por el extremo del mundo empieza a clarear. Es la luz del nuevo día, el día largo después de la noche corta. Esta vez el cuento no me ha parecido tan divertido como otras veces. Me ha parecido que los ancianos nos están avisando. Nos están indicando los peligros que nos acechan fuera de la tierra. Nos dicen que no hay que salir del poblado y mucho menos cruzar el mar.
Las leyendas dicen que hay tierra al otro lado del mar, y que allí las casas son altas y tienen columnas gigantescas y crecen flores raras. Allí donde viven los gigantes y los ogros con los dragones y monstruos.
Esta noche, el anciano, después de terminar el cuento, me ha mirado. Como si supiese que se me están endureciendo las escamas. Como si me quisiera decir que tengo que abandonar la concha familiar y elegir sexo. Y yo me he acordado de Mojo y todo el tiempo que pasamos juntos de crías.
Se acaba la noche corta y creo que voy a ir a la arena. Mientras la gente y las crías y los ancianos descansan después de la frenética actividad de la noche corta. Las crías van a la arena cuando abandonan la concha de su familia y se preparan para elegir sexo. Pero yo no sé qué sexo voy a elegir. No sé si voy a elegir sexo. Tal vez oiga esa voz interna que me llama a desobedecer. Tal vez los ancianos nos ocultan algo, que más allá del mar hay otra tierra. Una tierra llena de oportunidades y plantas raras. Una tierra donde ser felices y tener visión nocturna y los poderes de los ancianos. Pero nos asustan con los monstruos y ogros, con los gigantes y dragones.
Es posible que no existan gigantes ni monstruos, ni dragones ni ogros. Si existieran y quisieran comernos ya habrían cruzado el mar. Es posible que todo sea un cuento, como el cuento de la cría sin nombre.
Está amaneciendo y todos están descansando después de la noche corta. Me iré a la arena, como todos esperan que haga. Pero no elegiré sexo. Me adentraré en el mar y lo atravesaré. Iré a la tierra del otro lado. Es posible que me encuentre con gigantes y ogros, con dragones y monstruos. Y que perezca. O es posible que encuentre un mundo nuevo lleno de riquezas. Puede que vuelva y les cuente a todos cómo es el mundo nuevo. Pero si no vuelvo, si los ogros y los dragones me comen o lo hacen los monstruos y los gigantes, al menos sabré que todos revivirán mi historia. Recordarán mi aventura todas las noches cortas, de generación en generación cuando oigan una tras otra vez el cuento de la cría sin nombre.

 

Sueño o Realidad 24 octubre 2012

Filed under: Amigos autores,Últimos post — mariajosehs @ 19:23

Cuando el día llega a su fin me gusta sentarme en un banco del parque a llenar de aire puro y limpio todo mi cuerpo, es mi  momento mágico, ese en el que el sol me abraza con sus últimos rayos al caer la tarde, justo en ese instante, “cierro o abro mis ojos”  que  hoy, se posan en la fachada de una casa antigua, señorial, puede ser del pasado siglo.

Al mirarla siento que me invita a entrar para contarme la historia que se esconde entre sus paredes, con tantos años, pienso, cuantas vidas, cuantos amores, cuantos desengaños se ocultaran en su interior….ensimismada en mis pensamientos no me he fijado que en la fachada también está escrito el nombre de la calle “Esmeralda Cervantes” y comprendo entonces que es ella la que me invita a pasar para contarme su historia, para decirme que vino de una tierra muy lejana en busca de una vida mejor, con muchos sueños e ilusiones  y que había sido tan feliz en esta casa que había decidido quedarse en ella para siempre.

De pronto, abro mis ojos y comprendo que me he quedado dormida y que todo ha sido un sueño, sonrío y renovada me dispongo a marcharme no sin antes volver la vista atrás para verla sonreír al trasluz de la ventana y siento que un pacto, una promesa silenciosa nos une y pienso:

-mañana volveré y te seguiré escuchando mi querida amiga-

Ella vuelve a asentir con una sonrisa y observó como su imagen se diluye en la ventana como una brisa de aire que ha pasado y nunca regresa.

De cualquier forma cada día volveré y me sentaré a esperarla con la esperanza de que vuelva a visitarme.

 

María José Henríquez.

Safe Creative #1210232557503