Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

Wiskott 13 septiembre 2011

Filed under: Amigos autores,Página de autor — wiskot @ 18:40
Tags:


https://i2.wp.com/www.bubok.es/archivo/avatares/eb94d25085ab649f81d89e90cbe12fee.jpg



Autora de multitud de relatos, como “Mar interior”, “Otoño”, “El guardián” o “Sin collar”, que podréis encontrar en su página de autora en Bubok.


Hola a todos/as.
Solo soy una aficionada más a la lectura y a la escritura. Creo que las palabras tienen un poder enorme si están ordenadas para hacernos pensar, soñar, sentir y crear. En cierto modo son mágicas y todos aquellos que consiguen interesar a los demás con las suyas, son magos.



Mis relatos en este blog:

Escalera jubilada

Llamada perdida

Intrusos

Hogar inteligente

Protección especial

El perro de sus sueños



 

El perro de sus sueños 10 marzo 2010

Filed under: Amigos autores — wiskot @ 18:51


EL PERRO DE SUS SUEÑOS

-Grrr…arf , grarf!

El sonido de aquellos gruñidos había ido aumentando como si una jauría se estuviera acercando a toda velocidad hasta él; abrió los ojos, amodorrado aún, y la presencia de la cabeza del husky, apoyada en las dos patas delanteras, que adornaban su cama por debajo de la almohada, le hizo incorporarse de un salto.

-¡Por los huesos de Lassie! Creía que no te ibas a despertar. ¿Sabes que cuando duermes babeas más que un dogo alemán?-El tono del perro era ronco, con un deje de impaciencia.-No me mires con esa cara de sorpresa, bípedo.

-¿Cómo? Esto no…ah, ya….sólo es un sueño.

-Vale. Consideras que soy un producto de la información residual de tu cerebro. Pronto cambiarás de idea, estúpido bípedo. De momento te hago saber que la bípeda con la que estás desde hace tres años espera un hijo tuyo.

El can guardó un silencio teatral y ladeó la cabeza esperando, seguramente, una reacción.

“Bueno, sólo es un sueño, le sigo la corriente y veremos cuanto da de sí”.

-Eres más presuntuoso que un caniche. Puedo oírte, bípedo; cuando te levantes por la mañana comprobarás que todo lo que te explico ahora es cierto; prepárate para lo que te espera: tener cachorros para un macho no tiene nada que ver con las sensaciones que experimentan vuestras hembras durante el proceso; las nuestras tardan dos meses en dar a luz, pero tú vas a padecer nueve meses de espera antes de conocer la locura de la paternidad, y te aseguro que no estoy exagerando. En primer lugar, y procura no olvidarlo, no tardarás mucho en ser invisible para tu pareja; oh, claro que cuando te dé la noticia será muy emotiva y cariñosa, pero pronto verás que se centra en ese conjunto de cromosomas que habéis mezclado…. ah, por cierto, lo que le concediste aquella noche fue una Y, así que olvídate de la pequeña Vanessa, vais a tener un machote que, dado tu metro sesenta y ocho, te estampará un cabezazo donde máduele cada vez que corra a abrazarte en cuanto tenga cuatro añitos, es una pena, te recomiendo que cuando lo veas venir te pongas en cuclillas o acabarás maldiciendo para tus adentros al pequeño rompepelotas.

Los ojos celeste y verde del perro brillaban de ironía.

-Y espera, que esto sólo acaba de empezar, ya verás cuando vaya a Primaria y tengas que ayudarle a hacer los deberes. Oh, sí…. cuando te pregunte que es una célula correrás a la nevera a buscar un huevo para mostrarle núcleo, citoplasma y membrana, pero, ¿qué pasará cuando te pregunte por las mitocondrias y los ribosomas?. Pero espera, estoy adelantando acontecimientos, primero tendrás que pasar por su estado de cachorro recién nacido y aguantar noches en vela sin saber qué bigotes le pasa, porque no es un ordenador, es un bebé, y no viene con un manual de instrucciones…Arrg, arrrg!

-¿Estás riéndote de mí o te ha dado un ataque de tos?-preguntó, intrigado, el bípedo.

-Lo segundo….Arghh Arrrf….¿No vas a tener la amabilidad de ofrecerme un lametón de agua, bípedo?

-Por supuesto que sí. ¿Vaso o copa?

-¿Es que me ves cara de pertenecer al alto pedigrí? En un plato hondo,¡no te roe!

En su mesilla de noche apareció justamente eso, un plato hondo con el nivel de agua casi rebosando el borde.

-Gracias. No eres tan lento de pensamiento como pareces- gruñó el husky antes de pasear toda la longitud de su lengua por la superficie líquida, salpicando así a aquél bípedo hijo de perra.

-Eh! ¡Que luego las sábanas huelen a humedad!- protestó, indignado por las manchas de agua y baba de husky que fueron a parar a la cama.

-Oh, no te preocupes, dentro de poco conocerás las exquisiteces de los orines y excrementos blandos de tu cachorro y el olor a humedad te parecerá un perfume, bípedo. Como te iba diciendo,- empezó a mover alegremente la cola mientras hablaba- vienen sin manual, así que ahora seré generoso contigo y te explicaré lo que debes hacer cuando te rompa el sueño en mitad de la noche.¡Nada! Haz ver que no lo oyes y espera a que se levante ella, no me interrumpas, esto tiene su razón de ser; déjame explicártelo, como te levantes y cojas al cachorrito ella se pondrá justo detrás tuyo a vigilar cómo lo coges, si lo sostienes bien, si le hablas con dulzura… ese tipo de cosas, así que mi más sincero consejo cuando te veas en esta situación es que dejes que ella se encargue del cachorro; de todas maneras el proceso es siempre el mismo: mirar el pañal, comprobar la temperatura y acabar poniéndole el morrito delante de una teta. Así que tu intervención está de más; es mejor que sigas descansando, porque si la noche es dura con un cachorro pegado a tu flanco, el día es infinitamente peor. La única excepción la harás si es multípara; en ese caso vas a tener que apechugar con un cachorro porque si no ella va a ponerse de un humor de perros. Despídete de tus pequeños caprichos matinales; se acabó leer el diario deportivo tomando café en el bar, ahora las mañanas de los sábados las vas a ver pasar mientras vas a comprar pañales, leches de continuación, etc… ya verás, es todo un mundo.

Se miraron de nuevo en silencio.

-Estaba pensando que me recordabas a alguien y ya lo tengo- dijo el bípedo.- David Bowie.

-¡Por todas las pulgas! ¡No me digas que crees en la transubstanciación! Y luego dicen que nosotros somos raros porque nos olfateamos el trasero. Deja de divagar y presta atención; falta poco para que pase el camión de la basura y perseguirlo forma parte de mi tabla de ejercicios; ya sabes, para estar en forma.

-¿Qué narices me bebí anoche para estar alucinando tanto?- murmuró el bípedo.

-Tranquilo, bípedo, el lametón de licor que tomaste en el club nocturno sólo era eso, licor; pero ten cuidado con la camarera: es una perra de campeonato y tú ya no estás en situación de hacer de semental con pedigrí; eso es, básicamente, lo más importante, y tienes que asumirlo ya: se acabaron los vagabundeos en busca de aventuras, es hora de sentarse y vigilar tu casa y a los tuyos. Si entiendes lo que te digo ladra una vez, si no, ladra dos veces…..era broma, bípedo…Arf aaaarrgf arrrghhf!!!

-¡Chucho asqueroso…!

-Vigila como me hablas no sea que decida esterilizarte al estilo Alejandro Magno versus Nudo Gordiano- gruñó el husky al tiempo que acercaba la cabeza al bípedo para mostrarle unos colmillos de blancura reluciente.-¿Todavía no entiendes por qué soy la voz de tu conciencia? Mira, bípedo, esto no tiene nada que ver con tu madre pero eres un auténtico hijo de perra, ¿comprendes? Por eso me han encomendado este puesto tan perro; puedo ayudarte muchísimo si dejas de lamerte en cada espejo que te refleja, ¿captas la idea? Deja de rascarte el ombligo y sigue mis consejos o vas a acabar de buffet gratuito para pulgas. ¿Sabes qué significa eso? ¿No? Pues que vas a terminar como uno de esos chuchos sarnosos a los que ni te dignas apartar a patadas cuando se te cruzan en el parque.

El bípedo bajó la cabeza como un cachorrito al que acaban de golpear el morro con un periódico enrollado.

-Escucha, es hora de dejar de hacer viejos trucos y aprender alguno nuevo. Procura dormir; mañana te espera un día de perros, ah! y ve a tu médico y pídele que te recete algo para dejar de roncar como un boxer.

Wiskott


 

Protección especial

Filed under: Amigos autores — wiskot @ 18:11


PROTECCIÓN ESPECIAL

La luz del sol convertía los colores del jardín en una postal idílica, la primavera llenaba de vida todos los espacios que habían permanecido desocupados durante el invierno; era agradable volver a ver aves atravesando el aire con sus aleteos, insectos zumbando entre las flores y los saltos de alguna que otra ardilla entre los árboles frondosos.

En un banco de piedra erosionada por los elementos, una mujer que debía rondar la treintena hablaba en voz baja, mirando de vez en cuando a su interlocutor, un joven de unos diecinueve o veinte años.

-Estuve a punto de morir cuando él era un bebé; claro, yo no podía imaginar que él…aunque hubo indicios, sí, pero no los relacioné debidamente. Tenía los pezones tan doloridos que apenas podía soportar amamantarlo, siempre sangraban cuando él se dormía tras hartarse, pero ¿cómo iba yo a imaginar que mi hijo fuese una criatura de esa clase? Incluso mi marido bromeaba cuando lo veía dormido en su cuna, con los labios manchados con mi sangre: ¿Ya se ha dormido el pequeño vampiro lácteo?. Sólo que se equivocaba; no era leche lo que quería de mí, quería mi fuerza vital; para desarrollarse, necesitaba mi sangre. Así que hice caso omiso de los consejos de la pediatra y hablé con mi marido. Cuando se lo expliqué me abrazó y dijo que él se encargaría de protegerme, que encontraría un lugar donde yo pudiese estar a salvo; tardó un poco pero consiguió meterme en este centro de protección. El problema es que yo soy una de ellos también; el pequeño debió concederme esa maldición a través de su saliva; intento no atacar a nadie y de momento voy pasando con pequeñas cantidades mensuales que provienen de mí misma…

El joven la interrumpió:

-¿Quieres decir que te provocas heridas para…

-Oh, no… las mujeres tenemos… ciertos recursos naturales… ya sabes…

-Me temo que no- contestó el joven; un desconcierto sincero cruzaba su rostro.

-¡Oh, perdona, Qüert! Olvidaba que no perteneces a este mundo! Te ruego que me disculpes; a veces me centro tanto en mí misma…

-No, por favor, no hay nada que disculpar, en serio; si mi sangre no fuese ácida te daría suficiente como para que no tuvieses que preocuparte en un año, yo no la necesito; el problema es que hasta que no entienda por completo cómo funciona vuestra especie no me dejarán volver a casa, así que cuando has hecho ese comentario me he dado cuenta de lo poco que sé sobre vosotros.

Apoyó los codos en las rodillas y hundió la cabeza, enredando el cabello entre los dedos.

-Echas de menos tu hogar, ¿eh?

-Sí. Mucho. Allí las cosas son más sencillas.

-Por favor, cuéntame otra vez tu historia.

-Preferiría que me explicases algo acerca de esos recursos naturales primero; es importante para mí, ¿sabes?

-Pues, verás…Aquí, la reproducción de la especie, depende de que dos individuos de sexos opuestos mantengan contacto físico. De la relación carnal, llevada a cabo de forma natural, en principio, puede surgir o no un nuevo individuo. Esta sería la explicación más sencilla a tu pregunta, aunque es bastante más complicado que eso.

-¿Relación carnal?

-Sí. Relación carnal, sexual, coito….

Qwert parecía más y más sorprendido con cada palabra de la vampiresa.

-Ya veo- dijo esta.- No tienes ni idea de qué te estoy hablando.

-Lo siento-murmuró él.- Allá de donde vengo sólo quedan algunos de los nuestros en estado físico. El resto pueden comunicarse por contacto mental pero no cuentan a efectos físicos en nuestra agrupación.

-¿No os reproducís?

-Ese es el problema: hace tanto tiempo que se prohibió esa práctica, debido a la carencia creciente de recursos imprescindibles para la supervivencia, que la reproducción cayó en el olvido; no puedo volver hasta que descubra cómo llevarle el don de la multiplicación al grupo.

-Pero entonces no deberían haber dejado que vinieses solo. ¿Cómo vas a descubrirlo sin una pareja de tu especie para practicar?

Qwert la miró con espanto.

-¿Qué quieres decir?

-Bueno, había pensado que, como tu aspecto físico es tan parecido al nuestro…

-¿Quieres decir que debo mantener contacto físico con alguien de mi especie para…?

-Creo que sí; no estoy segura.

-Entonces tal vez debería iniciar una secuencia de ensayos aquí, con alguien de vuestra especie, para valorar la posibilidad de éxito.

Ella lo miró; entreabriendo la boca y rozándose el cuello con las yemas de los dedos, sin atreverse a expresar su deseo de ser su voluptuoso conejillo de Indias.

Pero no tuvo tiempo para excitarse más con la idea de prestar su cuerpo al experimento; él se había levantado y corría ya hacia el edificio privado de los miembros de seguridad.

Desencantada, la vampiresa permaneció allí, intentando recobrar una dignidad que sólo ella sabía que acababa de perder.

Pasado un rato en el que el sol decidió ocultarse tras un sauce, se oyeron gritos y carreras.

La vampiresa se levantó y caminó lo justo para poder distinguir las palabras:

-¡Jodido maricón chalado! Pues, ¿no ha intentado bajarme los pantalones mientras buscaba la merienda en la mochila? Os habéis olvidado otra vez de darles la medicación, ¿o qué?

Wiskott


 

hogar inteligente 19 febrero 2010

Filed under: Amigos autores — wiskot @ 14:28


HOGAR INTELIGENTE

Miró a su alrededor, satisfecho de haber tomado una decisión y adquirido el

programa H.I. ; los instaladores estaban colocando los últimos sensores en el

dormitorio de la planta superior y el comercial, sentado de nuevo en el sofá

junto a él , le explicaba detalladamente los aspectos más complicados del

funcionamiento de su último capricho. Bien podía extenderse el comercial en

aquellas explicaciones teniendo en cuenta la jugosa comisión que percibiría

a cuenta de su compra.

-No olvide realizar el escaneado inicial de la mañana, es básico para el buen

funcionamiento del pack de software, sin el escaneado el programa es

incapaz de realizar las funciones de información de estado de salud y

asesoramiento personalizado, aparte del problema añadido de ralentización

del sistema. Si tiene alguna duda consulte la guía de utilización y si no lo ve

claro después de hacerlo llame al servicio de atención al cliente de H.I.,

estarán encantados de ayudarle a resolver cualquier problema, ¿de

acuerdo?.

Asintió con la cabeza, mirando el destello azulado e intermitente del sensor

del salón.

-¿Tiene alguna pregunta o duda, Sr. Juncosa?-preguntó solícito el comercial.

-Ahora mismo no se me ocurre nada, pero le aseguro que si surge llamaré a

H.I. de inmediato.

El comercial le dedicó su sonrisa más profesional y se levantó del sofá de

7.000 euros de su único cliente al tiempo que extendía la mano con gesto

firme hacia éste.

-Entonces, si me lo permite, me marcho ya, tengo otra cita con un cliente

dentro de media hora y no deseo llegar tarde.

Era mentira, por supuesto; el tipo de mentira que utilizaba siempre en su

trabajo para estimular a los clientes potenciales y crear ventas por impulso,

algunas veces no funcionaba, pero muchas otras sí, sobretodo con el tipo de

persona solvente y aburrida de la que era un digno representante el Sr.

Juncosa. Supo al instante que H.I. acabaría teniendo más problemas que

beneficios con aquel cliente pero su comisión ya había sido ingresada en su

cuenta corriente y su trabajo con él había finalizado tras la instalación del

producto; los problemas resultantes a partir de ahí los solucionarían desde la

centralita de la empresa. Se dirigió hacia su coche apretando el mando a

distancia y una vez en marcha el recuerdo del Sr. Juncosa fue abandonado

en el rincón de comisiones cobradas.

Los instaladores acabado su trabajo comenzaron a limpiar lo poco que

habían ensuciado y le pidieron algo para recoger el polvo resultante de la

aplicación del centro de datos a la pared de su dormitorio; les indicó donde

estaba la aspiradora desde el sofá y abrió la gruesa guía de utilización del

programa. Un ejército de letras formando escuadrones de palabras le

presentó combate a las dos páginas y él se batió en retirada cerrando la

guía, tranquilizándose a sí mismo con la excusa de un “después de cenar”.

Pero después de cenar no lo hizo, ni tampoco al día siguiente, así que no se

enteró de que debía pulsar la tecla que mostraba un pequeño rayo surgiendo

de una nube, la tercera de las diez que presentaba el panel de mandos, en

caso de tormenta, para evitar que un pico de electricidad afectase el

rendimiento del software.

Tras dos días sin prestar atención al programa decidió empezar a utilizarlo;

se acercó al panel y colocó su mano derecha en el relieve superior,

ocultando la forma hundida de una mano azul oscuro. El sistema se puso en

marcha y una luz celeste fosforescente iluminó el contorno de su mano. De

inmediato surgió una voz femenina que, con una dicción impersonal empezó

a escupir datos:

-Su presión arterial sistólica indica…- pequeña pausa y cambio de tonodoce.

Su presión arterial diastólica indica… ocho. Su temperatura corporal

indica… treinta y seis…con…cuatro. La lectura de su estado de ánimo le

recomienda…chill out… piano…o…clásica. El pronóstico meteorológico

facilitado por… Meteosat… es…soleado…con…riesgo de… chubascos… hacia

el…atardecer. Que tenga un buen día.

La luz celeste se apagó bajo su mano y el Sr Juncosa miró su reloj de

pulsera, marcaba las nueve y once de un sábado soleado.

Acabó de vestirse, impresionado aún por el escaneo, y cuando bajó al salón,

inconscientemente puso el CD The Piano de Michael Nyman en el

reproductor. Los cortes se fueron sucediendo entre pausas mientras él

desayunaba café con un par de tostadas. Una vez recogida la mesa de la

cocina se dispuso a salir para correr los dos kilómetros diarios que se había

impuesto para mantener el tipo hasta que su gimnasio volviese a abrir tras

las obras de reforma.

Cuando estaba a mitad de camino de regreso a casa el cielo empezó a

oscurecer y unos gruesos goterones lo empaparon en pocos minutos;

aceleró la marcha y cuando llegó a la puerta insertó la llave húmeda en la

cerradura. Un hilo zigzagueante de color azulado trepó a su mano y recorrió

su cuerpo varias veces con una velocidad chispeante.

En su habitación la voz femenina hablaba con la lentitud de un juguete sin

pilas:

-Su presión arterial sistólica indica…cero. Su presión arterial diastólica

indica…cero. Su temperatura corporal indica…cuatro…con…dos. La lectura

de su estado de ánimo le recomienda…visitar a su psicólogo. El pronóstico

meteorológico facilitado por…Meteosat…es…lluvioso…con…riesgo

de…tormenta eléctrica. Que tenga un buen día.

Wiskott


 

INTRUSOS 10 febrero 2010

Filed under: Amigos autores — wiskot @ 12:16


INTRUSOS

-Estás muy seguro de lo que dices. ¿Te has parado a pensar que, dependiendo de a quién le expliques lo que me cuentas, acabarás con una camisa de fuerza?

-Ese no es el tema. Lo que pasa es que tú, como muchos otros, te niegas a apartarte de lo que das por hecho para no tener que cuestionarlo. Reconoce que tiene su parte de lógica.

-Solamente si me dices que es material para tu trabajo de investigación, Iris. Y aún así, seguiría siendo demasiado arriesgado.

-Vale. Olvídalo.

Se levantó y se fue.

Era imposible discutir si ya de entrada el tema era rebatido.

Pero él sabía que podía ser, ¿por qué no?

Ellos eran los únicos que alteraban el entorno en vez de adaptarse, los únicos que debían fabricar sus métodos de defensa o ataque porque no los llevaban incorporados, ellos eran los que modificaban, contaminaban, agotaban recursos que utilizaban mal y demasiado deprisa.

Ellos eran la pieza que no encajaba, la pieza que el planeta intentaba quitarse de encima a toda costa porque no la reconocía como suya, la enfermedad que estaba matando todo lo que se cruzaba en su camino.

De hecho solo eran células gigantes que se reproducían vertiginosamente, formas de vida compuestas de proteínas pero diferentes de los otros, que solo modificaban mínimamente su entorno para protegerse, sin destrozarlo.

Y él lo notaba simplemente mirando a su alrededor.

Los bosques se le antojaban gigantes agrupaciones de moho, el mar citoplasma escurriéndose del interior del sitio en que debía permanecer, salado y viscoso como clara de huevo. No reconocía aquel mundo como suyo.

Él entendía los desastres naturales como ataques a los invasores; los terremotos sólo eran las sacudidas del perro intentando deshacerse de las molestas pulgas,las frecuentes inundaciones intentos de limpiar la piel granulosa sobre la que caminaban y los vendavales suspiros de impaciencia y desesperación.

El problema era hacérselo ver a los demás.

Y lo que habían desenterrado en la zona Gris… él soñaba con eso desde hacía años; el mismo sueño ininterrumpido, noche tras noche, las mismas imágenes, grabadas en su retina.

Él sabía que fue su llegada lo que precipitó a la muerte a la especie que dominaba este mundo.

Evolución…. mentira. La evolución no cae del cielo en llamas creando oscuridad y destrucción.

Pero seguro que preferían llamarle loco a tener que investigar su hipótesis.

El problema era que el método del resto del grupo era transitar siempre por el camino principal sinmolestarse en recorrer atajos y desviaciones, pero si lo pensaran con detenimiento notarían que nada les conectaba con las otras formas de vida existentes.

No, ellos no pertenecían a ese lugar y él descubriría si podía su punto de origen inicial y el motivo por el cual se trasladaron aquí.

Se dirigió a la zona de recuperación y paseó por el límite barriendo con la mirada los pequeños grupos de trabajo en busca de Suti. No le costó mucho encontrarlo, apartado de los demás, revisaba un cilindro estrecho y alargado de color ámbar.

Se acercó y miró por encima del hombro de su amigo lo que sujetaba.

Suti giró la cabeza, sobresaltado.

-No hagas eso.-susurró.

-¿Qué?

-Acercarte con tanto sigilo. Sígueme, aquí ya no hago nada.

Apretaron el paso en dirección a las barracas donde dormían y Suti comenzó a hablar en tono conspirador.

-Creo que he encontrado algo que puede servirte.

-Bien.

No dijeron nada más hasta haber cerrado la puerta tras ellos.

Suti se sentó en un inmenso cojín y le lanzó al otro el cilindro.

-Dentro hay algo escrito.

-¿Y has esperado para que lo abra yo?- preguntó con un hilo de voz.

-No exactamente. Lo haremos juntos. ¿Preparado?

Iris cabeceó de arriba a abajo.

-Bien.

Suti retiró la tapa de uno de los extremos del cilindro que Iris sostenía en las manos; un polvillo azul brillante salió del interior y quedó suspendido en el aire entre ellos.

-Está bien conservado-comentó Iris.

-Aún no lo has visto. ¿Cómo puedes saberlo?

-He visto otros y el polvo era color cobre en todos los que se corrompieron.

-Bueno. Todo tuyo.¿Crees que podrás interpretarlo?

-Sí. He estado haciendo prácticas y ejercicios de alteración de la lengua para un supuesto caso de aplicación de recursos y la máquina me ofreció las traducciones básicas que nos negaba cuando tecleábamos investigación.

-Ingenioso. Empieza, pues. ¿Necesitas material de escritura para hacerlo?

-No. Lo tengo todo aquí.- Se tocó la frente por encima de un ojo.

-Perfecto.

Iris se sentó junto al reflector de luz y comenzó a pasar lentamente el índice por las líneas del documento. La textura rugosa le acarició la yema del dedo.

Empezó a leer en silencio, moviendo los labios.

Al cabo de unos minutos levantó la cabeza y miró a Suti.

-Lo hemos encontrado.

No se atrevió a añadir nada más pero en su cerebro empezaron a girar las palabras en un tornado de nerviosismo feliz.

“Tenía razón. Yo he sido el que ha hecho el descubrimiento más importante de todo este sistema de trabajo. Tendrán que escucharme, por fin.”

Enfocó de nuevo la mirada en Suti al oír su voz.

-¿Qué dice exactamente sobre el origen de nuestro pueblo?. Suponiendo que estés seguro al cien por cien de que trata sobre nosotros.

-Lo primero de lo que habla es de una revuelta entre iguales como consecuencia de una lucha de poder entre dos clanes. Explica como uno de ellos desterró al otro tras un asesinato de crueldad insuperable. Mediante una proposición de diálogo un grupo encerró al otro en un transporte y los pusieron en secuencia de búsqueda de entorno habitable. Los desterrados despertaron de la hibernación inducida aquí. Deliberaron sobre las consecuencias de sus actos y decidieron tomar ejemplo de las diversas formas de vida que hallaron a su llegada. Todo encaja.

-Pues no logro ver cómo.

Iris se levantó con el documento en la mano y miró a Suti con una expresión entre el excepticismo y el enojo.

-Por eso estamos encontrando tantas referencias a híbridos.

-¿Qué?

-Recuerda las mujeres con cabeza de rana o hipopótamo. El hombre chacal, el hombre águila, la mujer que lleva un escorpión sobre la cabeza.

-Sigo sin entender nada, Iris.¿Dónde encajan esos híbridos en nuestro origen?

-En la culpa. Recuerda, Suti, que acabaron desterrados aquí por cometer un asesinato en el lugar al que pertenecían. Cuando despertaron aquí estaban demasiado avergonzados de ellos mismos por ello y decidieron cambiar su cultura, tomando como referencia los seres vivos que medraban en este sitio.

Alguien golpeó la puerta haciendo que saltaran al unísono.

-Iris. ¿Estás ahí dentro?

El aludido respiró aliviado.

-Sí. Estoy revisando mi trabajo de investigación.-contestó mientras abría la puerta con aire de triunfo.

-Ubis quiere verte. Será mejor que le expliques todo lo que me contaste esta mañana. Han encontrado algo que apoya tu teoría y Ubis habló conmigo sobre ti. Va en serio. No se te ocurra usar con él ese tono de voz conque me abriste la puerta o lo echarás todo a perder.

-¿Ubis ha hablado contigo de mí?

-Es lo que he dicho.

Iris se apoyó en una pared, sin poder creer el cambio en el curso de los acontecimientos.

Suti lo devolvió a la realidad con un empujón al tiempo que hablaba.

-Si no te das prisa todavía mandará alguien a buscarte. Ve.

Iris lo miró.

-¿Vienes?

-No es a mí a quien llama. Ya hablaremos más tarde. Suerte.

-Si no te importa a mí si me gustaría estar presente.

-De acuerdo, Orus. Pero que conste -los miró a ambos- que si alguien tiene realmente derecho a estar en esa conversación es Suti, no tú.

-Me doy por aludido.

-No seas rencoroso, Iris- contestó Suti-. Sabes de sobras que incluso a mí me costó plantearme esa cuestión desde tu punto de vista.

-Tienes razón. Lo siento, Orus. Vamos.

Ubis permanecía sentado en su cojín mientras daba las órdenes finales.

Sabía que Iris no tardaría en llegar pero no le preocupaba, hasta que él no lo ordenase no podría acceder a la sala y ya estaba todo preparado de todas formas.

No era la primera vez que interpretaba esa pequeña función y no sería la última, estaba seguro de ello.

Lo que le molestaba era el trajín que comportaba la escenificación de su interés por el supuesto “descubrimiento” de Iris y el posterior trabajo de limpieza.

Un observador casual lo hubiese descrito como un viejo cocodrilo al acecho. Su persona era el único elemento carente de belleza en la estancia que ocupaba, como si se hubiese rodeado de cosas hermosas para acentuar más la fealdad rayana en la repugnancia de su rostro.

Ante las puertas de la sala Iris apretó el brazo de Orus.

-¿Cómo es?

-Oh. Como una serpiente.

Iris lo miró en silencio tratando de interpretar bien el tono de Orus.

Como de costumbre Orus interpretó mal su falta de respuesta.

-Venga, sabes que todos lo llamáis así en las barracas. No te hagas el tonto conmigo.

Dos hombres lanza arrastraban un pesado objeto compuesto de metal dorado y diversos colores lacados delante de Ubis.

-Ahí- dijo este.

Los lanza dejaron de empujar.

-Podéis marcharos.-Su voz era arrugada y rasposa como la tierra de las excavaciones situadas al este.

Las puertas se abrieron sin previo aviso e Iris se encontró delante del recinto más grande que hubiera visto jamás en toda la zona del pueblo.

Orus lo empujó disimuladamente y de forma automática encaminó sus pies al encuentro del anciano al que todos temían.

A medio camino se detuvo ante un objeto de tonos dorado y multicolor con una tapa plateada que reflejaba la luz del atardecer.

-Puedes acercarte a observarlo- graznó Ubis.

Iris extendió la mano y tocó aquella superficie resbaladiza.

-¿Qué es?- preguntó.

-Un regalo.

Se miraron.

-En reconocimiento a la labor a la que te has dedicado con tanta obstinación.

Iris sonrió. Era la primera vez que interpretaba mal algo que se le decía.

-¿Qué es?- preguntó de nuevo.

-Es la respuesta a todas tus preguntas. Solo tienes que entrar.

Como si reaccionase a las palabras de Ubis la tapa se deslizó mostrando un hueco del tamaño y forma exactos al cuerpo de Iris, forrado en un suave terciopelo de color granate. Iris se descalzó e introdujo un pie dentro, una sensación mullida se adaptó a él; metió el otro pie y se estiró de espaldas en el interior, el terciopelo se adaptó a la totalidad de su cuerpo ejerciendo primero una presión muy leve que fue aumentando a medida que la tapa se movía, tapando de nuevo el objeto.

Al cabo de unos instantes un líquido granate y espeso mostró un sinfín de puntos en los laterales del sarcófago que empezaron a convertirse en gruesas líneas que chorreaban a cámara lenta hacia el suelo. Los gritos de Iris sólo ensordecieron sus propios oídos mientras en el silencio de la sala la voz de Ubis ordenaba a los hombres lanza que recogiesen las sandalias que esperaban manchadas en el suelo y empezasen a limpiar.

Wiskott


 

Llamada perdida 29 enero 2010

Filed under: Amigos autores — wiskot @ 15:22



Llamada perdida

Era un móvil de última generación pero más bien parecía un portátil en miniatura.
Por supuesto tenía acceso a Internet, y un montón de aplicaciones diversas que hacían de él una golosina muy apetecible, incluso dejando aparte su color chocolate a la taza, por parte de cualquier entusiasta de esos que están siempre a la última.
Estaba claro que el tipo lo había robado, si lo había sustraído de un establecimiento o de la mochila de un incauto sería lo que decidiera si valía la pena o no comprarlo.
No le gustaba pagar el precio que imponían fabricantes y distribuidores pero tampoco soportaba comprar objetos de segunda mano, usados a medias por otros.
Le preguntó al tipo si le dejaba ver el manual de instrucciones y cuando le tendió dos libretos de papel envueltos junto al cable de conexión al puerto USB, unos auriculares, un pequeño lápiz táctil, una tarjeta de memoria y el cable de alimentación de la batería supo que iba a comprarlo.
Una ganga, menos de la mitad de su precio en tienda.


Ya en casa estiró el plástico hasta romperlo y empezó a curiosear el contenido.
Olió el papel del manual pasando las hojas ante su nariz con rapidez, el aroma a papel impreso nuevo trepó por sus conductos nasales y cuando llegó al cerebro la conocida sensación de felicidad lo inundó.
Estuvo leyendo durante el resto de la mañana haciendo una pequeña pausa para mordisquear un bocadillo. El resto de la tarde lo dedicó a hacer pruebas introduciendo contactos inventados en la agenda, configurando la alarma para que sonara a las ocho y leyendo, con fastidio resignado, el mensaje “Configuración necesaria. Para más info. contacte con su operador o http://www.Zonyerikson.com/support ¿Configurar ahora?”
Apretó la tecla bajo la palabra no y volvió a la pantalla Menú.

Los cuatro dígitos del reloj en pantalla marcaban las 23:11 en blanco sobre fondo negro.
Dejó el móvil encima del sofá de tres plazas y fue a la cocina.
Después de aliñarse una ensalada de queso fresco con tomates cherry y servirse un trago de vino blanco en una copa de pie largo se dispuso a cenar en la mesa de la cocina mirando la oscuridad cuadrada asomada a la ventana.
Dejó los platos fregados en el escurridor y se metió en la cama con el móvil.
Buscó los juegos y pasó media hora haciendo girar y saltar a la figura del juego de snowboard por la pista.
Luego se fijó en que la única fuente de luz en su habitación provenía del móvil y decidió fotografiar esa semi-oscuridad.
Buscó la cámara y enfocó; el móvil, situado entre su cara y la negrura, le mostró una pantalla llena de diminutos puntos grises que zigzagueaban veloces en su interior, apretó la tecla correspondiente y los puntos quedaron inmóviles.
-Bien, muy bien- susurró-. Ahora de perfil.-Otra foto.- Las manos en el pelo y dále a la cámara tu mirada más sensual.-Otra foto.- Lo haces muy bien, nena. Sigue así.-Otra foto.

Al cabo de un rato de divertirse con la cámara empezaron a pesarle los párpados.
Bloqueó el móvil antes de ponerlo en la mesita de noche y se dispuso a descansar.


El móvil permaneció en esa mesita durante dos días con sus noches mientras él intentaba adelantar en un trabajo que le habían endosado en la empresa.
El segundo día la pantalla se iluminó durante unos segundos a las 17:28 y otra vez a las 19:42 pero él tenía toda su atención puesta en el trabajo.
Tras eso llegó el fin de semana.
El sábado se le escurrió en un club de carretera, regado de cava y acariciado por unas manos tan expertas como públicas.
El domingo lo empujó en una discoteca con la ayuda de una veinteañera para encontrar a la madrugada en el coche de ella aparcado junto a la playa.
Experiencias ambas igualmente insatisfactorias aunque por lo menos la segunda no le costó un euro.


De vuelta a casa, ligeramente ebrio a causa de los combinados ingeridos en la disco, se metió desnudo en su cama después de darse una ducha de quince minutos.
Entonces ocurrió.


Permanecía con los ojos abiertos pensando en la veinteañera cuando advirtió que el móvil se iluminaba.
Lo tomó de la mesita y miró la pantalla.
El cilindro que representaba el nivel de carga de batería tenía una pequeña línea roja.
A oscuras sacó el cable de alimentación del cajón superior y lo conectó a la base del móvil en un extremo y a la toma de corriente entre la mesita y la cama en el otro, sin reparar en el pequeño sobre amarillo que esperaba cerrado en la parte superior izquierda.


A eso de las cinco de la mañana del lunes despertó sobresaltado por un tableteo constante.
Cuando consiguió abrir los ojos localizó el origen del ruido y cogió el móvil con una sensación de confusión abriéndose paso en su mente.
Estaba seguro de haber desactivado la vibración.
Entonces vio el sobre.
-¡Joder!
Desbloqueó y entró en Mensajes.
Había dos envíos cuyo destinatario se anunciaba como M.
Abrió el primero.
“Presta mucha atención a lo que voy a explicarte, egocéntrico hijo de puta. Que viniera a visitarte hace unas noches no significa que renuncie a mis derechos de imagen, ¿entiendes?. Tienes cuatro fotos mías que te pertenecen tanto como el móvil conque las hiciste así que mueve ese asqueroso culo de gimnasio pijo y bórralas ya.”
-¡Oh, mierda!
Con dedos temblorosos abrió el segundo.
“Creo que no entiendes que está pasando así que te daré otra oportunidad. Te aconsejo que no la desaproveches o vas a lamentarlo más de lo que alcanza tu imaginación”
Mientras miraba la pantalla tratando de entender lo inexplicable llegó otro mensaje.
Lo abrió.
“Bien. Se acabó el tiempo. Ha sido tu decisión, no la mía.”
Mientras se levantaba de la cama el móvil emitió un chasquido y el cable de alimentación de la batería, aún conectado por ambos extremos, chisporroteó al tiempo que un hormigueo dolorosísimo le recorría el brazo desde la mano hasta el hombro.
Eso lo cogió por sorpresa y trastabilló en la alfombra, que se deslizó bajo su pie derecho mientras caía a plomo con todo el peso de su cuerpo impidiéndole recobrar el equilibrio.
La parte posterior de su cabeza golpeó violentamente la esquina afilada de la mesita de noche y quedó inconsciente tirado en el suelo, el móvil en su mano, chamuscada la pantalla.
Como en sueños oyó una voz que parecía arrastrarse en su conciencia en un murmullo quedo.
“Si que tenías ganas de verme, cabrón”.

Wiskott


 

Escalera jubilada 25 enero 2010

Filed under: Amigos autores — wiskot @ 13:01

Es curioso cómo el entorno acaba copiando el aspecto de los moradores, usuarios o propietarios.

Cuando se instaló en aquel piso nunca hubiera imaginado que le tocaría ver, oler y escuchar las vidas casi caducadas de unos vecinos a los que apenas conocía de vista. Algunas veces les había cedido el paso para mirar la manera en que acarreaban con lentitud penosa sus cuerpos en un bloque que carecía de ascensor. Siempre llevando bolsas casi vacías y las llaves en la mano, la cabeza gacha, apenas conscientes de su presencia junto a ellos, como si se movieran en otra dimensión y no la vieran hasta el momento justo de murmurar un saludo o un agradecimiento por dejarles pasar primero.

Era la más joven en aquella escalera, junto con otra mujer, viuda ya, que solo le llevaba siete años y que le explicó de cabo a rabo los entresijos de los vecinos y los sucesos más interesantes del edificio.

Así fue como supo que el bloque, víctima del fuego en dos ocasiones estaba habitado por una anciana que ejerció el oficio más viejo del mundo durante su juventud, (“tiene un hijo que fue a un colegio de pago, interno, es muy buena persona.” ), un matrimonio que no se hablaba con la familia de él,( ” él está casi ciego.”) dos hermanas que tenían el televisor a un volumen escandaloso que solo enmudecía cuando se equivocaban de botón y lo apagaban, ( “la mayor tiene un ojo de cristal” – le susurró.) , otra anciana a la que le hacía la compra y que llevaba años sin salir a la calle, ( “cuando le subo la bolsa siempre me dice que se sentará en una silla a esperar a la muerte, que no se me ocurra llamar a una ambulancia.”)

El resto de pisos esperaba vacío la llegada de alguien nuevo.

La primera ocasión la propició el televisor.

Oyó que picaban a su puerta, no al interfono sino a la puerta del piso.

Cuando abrió se encontró a una anciana de pelo amarillento, vestida con ropas oscuras que delataban mejor la caspa y los cabellos y que despedía el olor de amoníaco inconfundible de un sexo húmedo y una ropa interior tan sucia como gastada.

– Buenos días.

-Buen día, joven. Es que no está la señora del tercero y mi hermana ha apagado la tele y no podemos encenderla. ¿ Le sabría mal entrar un momento a mirar el mando?

No quería hacerlo pero no se le ocurría nada convincente para negarse.

Cogió las llaves, cerró su puerta y siguió a la mujer un piso más arriba.

Un recibidor minúsculo con dos figuras de porcelana pasadas de moda conducía a una salita de estar con una mesa a un lado y un televisor que, pese a su antigüedad, aún era demasiado moderno y sofisticado para ellas, y que ocupaba su sitio frente a un sofá maloliente, cubierto parcialmente por la manta con la que debían taparse mientras lo miraban.

Le pusieron el mando en la mano, mirándola con una expresión de cachorro juguetón. Todos los botones estaban cubiertos por celo, excepto los que permitían cambiar de canal y los de encendido y apagado. Este último tenía rastros de goma y supuso que debía estar tapado también.

Apretó el botón ” On” y le preguntó a la anciana si tenía celo. Cuando se lo trajo volvió a tapar la tecla de apagado y le devolvió el mando.

La hermana ” Ojo de cristal” no apareció en todo el rato, cosa que agradeció, devolvió un ” No hay de qué” a la anciana y bajó a su casa.

Se metió en la ducha de inmediato y puso toda su ropa en la lavadora.

Horas después, aún tenía ese olor en la memoria.

Pasadas tres semanas del incidente del mando, bajó la viuda del tercero a pedirle ayuda.

-Es que vengo de hacerle la compra y no me abría, así que la he llamado a voces y me ha contestado que se ha caído y no puede levantarse. Yo tengo llaves pero no me hace gracia entrar sola.

-¿Por qué?- preguntó.

-Ya sabes como es la gente mayor de desconfíada.

Cuarto piso. Diferente televisor, diferente anciana, olor idéntico.

Había entrado al excusado y tropezado y caído al suelo del mismo. Tenía la ropa a la altura de las rodillas y un charco amarillo transparente delataba lo ocurrido.

Tuvieron que alzarla entre las dos y sentarla en la cama, limpiarla, cambiarle la ropa y las sábanas y después de eso, sin saber por qué, se encontró mirando su reloj de pulsera y preguntándole a la anciana si había desayunado algo. Un no tembloroso la obligó a calentarle un vaso de leche en el fogón más despejado de grasa que pudo hallar en la cocina. Tuvo que sostenerle el vaso como a un niño porque temblaba tanto que la leche bailaba salvaje junto al borde. La mujer lagrimeaba y hacía gestos de dolor. Miró a la vecina del tercero y le sugirió en un susurro llamar al médico.

-Dirá que no.

-No le pregunte. Llame y cuando lleguen ya veremos.

Lo que vieron fue la transformación de una anciana desvalida en una caricatura de sí misma, gritona y malhablada.

-¡¡¡ No quiero ir a morirme al hospital!!! ¡¡¡ Quiero morirme aquí en mí casa!!! ¡¡¡¿ Por qué los has llamado, mala p…?!!!

Los dos de la ambulancia la calmaron para examinarla pero cuando acabaron y expusieron la necesidad de ingresarla para ver en profundidad el estado de las caderas y otros huesos volvió a enloquecer. La acarrearon hasta el vehículo de todas formas y no volvió a saber más del asunto hasta cinco días después, cuando la del tercero bajó a informar de la muerte de la anciana.

-Fuí a verla todos los días, los tres primeros aún me insultaba pero al cuarto ya ni me conocía.

-¿ Le dijo algo el especialista que la llevaba?

-Que sufrió una parada cardíaca.En paz descanse.

-Sí, en paz descanse.

Volvió a entrar mientras la del tercero emprendía el ascenso a su casa, con un punto de tristeza y la pregunta a medio formar en su cerebro.

¿Puede una persona, estresada y fuera de su escenario cotidiano, apagar su vida como quien apaga una luz? Las hormigas pueden parar su corazón si se ven en una situación de peligro. ¿Puede hacerlo una persona? ¿Es posible?

Wiskott