Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

Terror en la avenida Constitución 11 enero 2010


Terror en la avenida Constitución


De: Carlos A. Díaz García



“Los Tapados” −así los llamaban los ciudadanos, porque todos los integrantes de ese grupo tenían sus rostros cubiertos por todo tipo de prendas para ello: paliacates, pasamontañas, mascaras de cualquier tipo, gafas oscuras exageradamente grandes, etcétera− habían obstruido la principal arteria vial de la ciudad: la Avenida Constitución. Jovencitas, casi niñas, con bebes en brazos; señoras con cartelones que aludían a la no intromisión del Ejercito Mexicano a sus colonias; jóvenes con aspecto pandillero cometían crímenes a los ciudadanos automovilistas y peatones: robándoles sus pertenencias de forma agresiva, dañando los vehículos y golpeando de manera atroz a las personas quienes se atrevían a impugnarles sus fechorías o hacerles un comentario negativo a lo que aludían los cartelones que portaban. Esta era su forma de protestar ante el abuso de la autoridad en los operativos de investigación que realizaban en sus colonias, así lo decían ellos a los medios de comunicación que en todo momento seguían esta problemática situación.

El grupo antimotines, así como otros grupos de las demás dependencias policíacas de la ciudad hicieron acto de presencia, volviendo toda la atención de ese grupo delictivo hacia ellos. Patadas, insultos y toda clase de objetos golpeaban los escudos de este grupo policíaco. Éstos aguantaron por unos minutos los salvajes embates de los criminales, para después decidirse a marchar hacia ellos  golpeando sus macanas contra sus escudos, provocando un ruido atemorizante para todos los presentes, logrando que fueran retrocediendo poco a poco esos delincuentes, hasta disponerse a huir recelosos bajando hacia el lecho de aquel grande y emblemático Río que separa en dos esa ciudad capital del Estado, en el que sólo una cuarta parte de su gran ancho lecho fluye agua, el espacio restante fluyen todo tipo de obras: deportivas, establecimientos de comercios y pavimentos de concreto que forman las bases para espectáculos errantes. Después de unos minutos la policía tomó control total de la situación: arrestó a algunas personas, mantuvo un cerco de guardia por algunos minutos en la lateral de esta importante avenida que se encuentra en la ribera de ese gran Río y que recorre por varios kilómetros. La calma comenzó a aparecer. La policía se disponía a abrir nuevamente la avenida cuando, de pronto, en un instante incuantificable de tiempo, todos fuimos victimas por la más horrible de las inmovilizaciones: la parálisis del terror. Lo que la provocó fue un largo y ensordecedor grito de una mujer… Saliendo de esa parálisis traté de aguzar todos los sentidos nuevamente, aguzándose primero el del oído, escuchando una marcha veloz, que instintivamente mi sentido de la vista enfocó hacia la dirección de donde provenía: eran “Los Tapados” que venían corriendo hacia la policía, hacia todos nosotros nuevamente, pero esta  vez sus rostros no reflejaban ira; reflejaban terror. −¡Auxilio! ¡Corran! ¡Ayúdenme!− gritos alarmantes y desgarradores despedían de sus bocas. Me paralicé de nuevo ante lo que vi. Pero antes de caer victima de este síntoma alcancé a recostarme en el auto, abarcando los asientos para el conductor y acompañante, cayendo mi cabeza y quedando apoyada en el descansa brazos de la puerta de este último, quedando mi vista restringida hacia la ventana de la puerta del conductor. Creí que todos mis sentidos habían percibido lo más desgarrador que pueden aguantar, pero no fue así. Se escuchó un rugido, que pareciera haberlo realizado un monstruo del infierno, y que hizo que aumentaran hasta el límite toda la clase de ruidos que atestaban ese atroz ambiente: ¡Éste fue el principio de lo que percibirían mis demás sentidos hasta el límite!… El rugido de aquel monstruo se hacía más estruendoso al mismo tiempo que lo modulaba de diferentes maneras. Vi velozmente que pasó la silueta de una parte de aquella bestia por la única pantalla que mi visión temblorosa tenía acceso. Oí después el más desgarrador grito de lamento; luego siguió el espeluznante sonido de carne y huesos fragmentándose. Comencé a sollozar, al momento que mi instinto espiritual me hacía decidirme a rezar, cerrando por unos momentos los ojos. Al abrirlos me quedé petrificado todo ante la imagen delante de mí: El rostro de la bestia me miraba fijamente por la ventana. El silencio de la muerte hacía su presencia; era el preludio de ser descuartizado. Un corte de cartucho de un arma irrumpió esa afonía, emitiendo la bestia su ensordecedor rugido de furia y yo el agónico grito de terror…

Un ruido motorizante hizo poco a poco despertar mi conciencia. Mi vista borrosamente comenzó a enfocar una escena. Al sintonizarla completamente, mis sentimientos ya no podían reaccionar ante aquel espeluznante panorama. Desde una perspectiva aérea, decenas de cuerpos humanos (algunos incompletos) bañados en sangre yacían en una cantidad enorme de metros cuadrados de esa importante avenida. Al desplazarse mi perspectiva, apareció, en el lecho de aquel Río, un afamado Circo Internacional, mostrándose a las afueras de éste las jaulas abiertas y desoladas donde alguna vez se encontraban las bestias carnívoras.

 

2 Responses to “Terror en la avenida Constitución”

  1. rogelio Says:

    me gusto la historia felicitaciones

    • Carlos Díaz Says:

      Muchas gracias, espero hayas pasado un ratito terroagradable… Y deseo que disfrutes mucho el leer y escribir.


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