Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

A Miguel Hernández 11 mayo 2010


A Miguel Hernández


De: Héctor Cediel



I

Hay tristeza en todas las épocas de su historia

Pocos entendieron lo que quería o de lo que hablaba

La tormentosa dialéctica de sus palaras era seductora

Como la fantasmal memoria ensangrentada de sus recuerdos

Vivió ignorando las raíces de las verdades que aprendió

Le alienaron con temores religiosos y obsoletas normas

Las absurdas falacias tempraneras del destino le atormentaron

Más que por hábito, aprendió a pastorear a la muerte

Como en mi pútrida sociedad, cinco muertos no eran una masacre

Desde entonces el castigo a los culpables se queda en el discurso

Me entristece ver como gozaron unos con el calvario de otros

Es insólito el desorden que impusieron unos pocos capitalistas

El continente y la dignidad española, se arrodillaron a los invisibles

Se sepió la sed de las esperanzas y la añeja sangre de las heridas

Desde entonces es peor el olor y el miedo, por fuera de las cárceles

La muerte arrulla a los niños huérfanos y se encargó de mal educarlos

La educación no formó hombres de acero, sino chavales sumisos


II

España como muchos países, vivió ciega y muda su calvario

El placer y la alegría de las castañuelas, se tornó en sonidos de metal

Los valles mutaron en campos de guerra y las ciudades en cementerios

El dolor agrietó para siempre al pecho y al corazón de la vida

Los cuervos se confundieron con el exceso de gemidos y de hedores

La sangre en ríos entintó al Atlántico y al Mediterráneo con tonos de muerte

Un cantor del campo, gitano de sueños, creó profundos versos

La cárcel se devoro el aliento de sus amorosos suspiros ¡jamás su dignidad!

Dicen que se lo devoró la tristeza y el desencantó. Otros, la hambruna de la tierra

Los atrevidos culpan a la España él que amaba o al amor que sentía por la vida

Bebió algo más amargo que el caldo de cebolla, que le quitó la sed a su hermoso sueño

Le sepultaron cantando nanas sepias para las ilusiones, que abonaron con su cuerpo

¡Silencio! Esta noche ha resucitado y está entre nosotros! ¡El pastor de ilusiones!

Le creyeron muerto, pero hoy está con nosotros: ¡Miguel! ¡Miguel Hernández!

¡Miguel! ¡Presente! ¡Presente! ¡Presente! ¡Miguel, Vive!

Héctor “El Perro Vagabundo” Cediel



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