Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

Potro salvaje 19 febrero 2010


Potro salvaje


De: Griselda Gamarra




Siento en mi cuerpo algo inquietante.

Así tal cual como si fuera un potro salvaje

al que siempre sujeto una vez que puede liberarse,

corre enérgicamente sin siquiera mirar a donde

yendo de un lado a otro dando tumbos.

Es una inquietud tan grande,

que ni respirar bien me permite;

pues el aire entrecortado que aspiro me ahoga

y el expulsarlo aún lo empeora…

Es una molestia que pasa por todo mi cuerpo,

por varias y diferentes partes de él;

va presionando a veces mi estómago

o pone mi cabeza a punto de estallar.

Pero no es peor cuando se apodera de mi garganta,

haciendo que ésta tanto se llegue a oprimir

que ni saliva me permite tragar;

y más tarde, no sé cómo,

a mis ojos hace doler

haciendo que se retuercen sin parar,

hasta que en desconsolado llanto les hace romper.

Y así, parece ser la única manera de alivio encontrar,

liberando tanta fuerza y energía transformada

dichas lágrimas ni por húmedas y transparentes que sean

no cesan de quemar mi rostro que aunque empapado, enardece.

Todo hace creer imposible que algo lo calme,

que algo detenga dicho torbellino que por sí solo aflora

tal cual un manantial natural y caprichoso;

pero así solo se detiene, dando libertad a tan ardiente llanto,

con el que al ir cesando también cesa el dolor de mis ojos,

mi garganta se relaja permitiéndome volver a tragar

y poco a poco el respirar toma su regular compás.

De la misma manera llega el alivio a mi estrujado estómago

mientras se desvanece el estallido de mi pobre cabeza,

y siendo así abandonada por la causante de tanto dolor

la tan por mí conocida aunque inexplicable molestia,

solo en mi pecho queda inevitablemente instalada.

Lugar dónde, sintiéndole así, tal cual un potro salvaje,

atrapado allí aparece alojado, brincando y pateando;

y si bien sus rebeldes y desesperados golpes duelen

puedo soportarlos porque creo que parte de mí fueran,

como una molestia dolorosa y conocida, pero prohibida

molestia que al ritmo de mi corazón late

y así cómo éste no cesa, no me deja;

molestia, la de fuertes patadas inquietas y furiosas

secretamente tan rebeldes y ariscas…

Enérgico potro salvaje que llevo dentro,

tan fuerte como hermoso, tan resistente como sufrido…

Siempre fiel a mis ideales, sentimientos y emociones

aunque por ello has de esconderte, refugiarte, ser inadvertido,

pero no por ello dejas de ser mi orgullo, allí firme y defensivo

que por tales tesoros compartidos el día a día vivo.

Conceptos atesorados que por ser tan etéreos y confusos

pocos saben lo que valen, por importantes, fundamentales…

capaces de hacer, transformar o deshacer a las personas

al mundo, y la humanidad entera.

Comprendo querido potro tu agonía por liberarte,

comprendo necesites salir de vez en cuando a desahogarte

y por ello soportar molestia y dolor porque sé que igual fiel a mi corazón te

mantienes

vigilando su latir con recelo, el que sabes que de ti depende.


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