Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

Legado de una hermana 8 febrero 2010


Legado de una hermana


De: Griselda Gamarra



Habían pasado varias semanas ya, desde que la joven Eloisa debió vivir una tragedia tan traumatizante e inesperada, en aquella ciudad a la que junto con su hermana mayor Sara, habían acudido a realizar sus cursos universitarios. Ambas eran hijas de una familia de clase media en la que hacía poco se había producido la pérdida del padre, pese a ello, el espíritu de lucha y el esfuerzo por mantener como objetivo el triunfo de sus hijas, siguió con la misma o mayor fuerza por parte de la madre, quien, aún ahora siendo viuda, consciente de que al cumplir tal propósito quedaría sola, no tuvo reparo en seguir los preparativos para tan largo e importante viaje el cual con satisfacción vio realizar.

Eloisa la menor de las jóvenes, recordando continuamente la fortaleza de su madre, se fió que ésta también podría soportar la total falta de noticias, mientras, ella sola sería capaz de sobrellevar la crítica situación por la que estaban pasando con su hermana, y así, a la espera de que todo terminara bien, pudiendo evitarle un terrible disgusto por algo que quizá solo fuera algo pasajero.

Pero así con dicha esperanza, tardó en darse cuenta que los acontecimientos iban sucediendo cada vez más rápido y a peor, llevándola a una caótica situación que escapando de sus manos llegó a un trágico e inesperado fin.

Fue entonces cuando irremediablemente, viéndose obligada a poner todo en conocimiento de su madre, ahora, el tener que hacerlo todo de una vez, le era más difícil. Pero de todas formas entendió que era su obligación y un derecho de su madre por lo cual, aunque triste y amargo debía saberlo.

Por lo que entonces, durante el período en el que no concurría a clase, aprovechando las horas libres que le dejaban sus obligaciones para con el pequeño y su hogar, se armó de coraje y junto la cuna se dispuso a escribir…

“Querida madre:

Hoy, diez de octubre, un día que podría ser como cualquier otro, he decidido comprometerme conmigo misma a cumplir firmemente, escribirte esta carta que, si bien es seguro la habrás estado esperando ansiosa ya desde hace mucho, tengo motivos más que poderosos para justificarte tal demora. Soy consciente que hace mucho tiempo mi hermana y yo nos hemos marchado, con el único objetivo de completar los estudios para mejorar nuestras expectativas en la vida, y cumplir así, con tu sueño y el de nuestro difunto padre. Pero si bien reconozco que prometimos comunicarnos más a menudo y no puedo ser, como ya te lo he dicho antes, puedo explicarte los motivos. Por favor, perdónanos.

Hemos estado muy ocupadas con los exigentes estudios y pasando por muchas experiencias, para ambas nuevas, que si bien no siempre nos fue fácil vivir o resolver, pese a todo, las cosas nos iban saliendo con resultados bastantes satisfactorios, aunque ello nos demandara gran esfuerzo y concentración, y te digo “iban”, porque en determinado momento, no sé cómo, las cosas viraron tal cual un timón sin control, y sin saber hacia dónde, nos encontramos embarcadas en situaciones que estaban fuera de nuestro rumbo original.

Como ya te he dicho, pasamos por muchas cosas, algunas buenas y otras…otras no tanto…, y quizá por ello ahora más que nunca, te estoy escribiendo con más ganas y necesidad propia.

Te contaré algo en particular que si bien ahora te preguntarás por que viene al caso, ya lo verás; ¿recuerdas aquel joven tan apuesto que se había mudado al lado de nuestra casa poco antes de nosotras viajar? Aquel que se casó con Alicia, la chica de enfrente que volvió inesperadamente de su luna de miel sola, diciendo que le había engañado y por ello le dejó, ¿lo recuerdas?, ése, no sabes la sorpresa que nos dio cuando le encontramos caminando por las calles de aquí tan tranquilo y seguro como si supiera que nos toparíamos con él. Nos dijo que había venido por trabajo, algo que me llamó la atención, yo tenía entendido que falta no le hacía, y según su suegra decía por lo menos en aquel momento, que no le interesaba tenerlo y eso y eso era lo que a ella más le fastidiaba. Pero bueno, si bien eso era algo extraño, en ese instante, no pensé que era para darle tanta importancia, después de todo, no lo conocía tanto como para juzgarlo mal, quizá fuera uno de esos chicos que, en un determinado momento de su vida (aunque sé que son muy pocos), quieren tener lo suyo por mérito propio y no solo el legado de sus padres, ¿podría ser, no? Pues bien, como te iba contando; aunque todo fue muy sorpresivo y rápido iba bien; comenzamos a salir los tres para todos lados, parecíamos amigos de toda la vida, él por su parte, era todo un caballero, nos llevaba y recogía en el Instituto durante la semana, a veces almorzaba o cenaba en casa, otras nos llevaba a la de él, o de lo contrario, nos invitaba para hacerlo fuera. Era estupendo, muy simpático y atento, estaba en todos los detalles, pero sobre todo, buen compañero, pues si bien tenía un horario muy flexible en el trabajo (o al menos así lo dijo él), a veces lo modificaba para atender algún asunto. Aunque no sé dónde trabajaba ni en qué, puesto que de ello no hablaba porque decía que una vez fuera de él, prefería disfrutar lo que no había dentro, actitud que me pareció algo inusual, pero pensándolo bien, me sonó lógico y hasta estuve de acuerdo con él, pues era todo lo contrario a lo que todas las demás personas hacen, ya sabes, llegar a la casa para seguir con el trabajo como único tema, lo que es algo un tanto masoquista que se hace sin pensar claro, pero a veces ya es algo tan normal que incluso hay casos en que si quien llega a su casa no cuenta nada, de inmediato y absurdamente, levanta sospechas de que algo está mal. En fin, ya sabes, hay de todo.

Mira, te seguiré contando; te decía que todo parecía normal, quizá extraño, por lo inesperado que era, pero normal. Y te digo “parecía”, madre, porque las cosas empezaron a cambiar a partir del día en que percibí que entre él y mi hermana, había algo más que aquella amistad, pues aquella que tan ingenuamente había comenzando contando con tres, luego, poco a poco, parecía querer ir pasando a ser solo de dos…”

De pronto, Eloisa se vio de aquella triste atmósfera que durante tanto tiempo le envolvió, sofocándola de forma desgarradora y no dispuesta a permitir que eso pasara, dejó con decisión que su bolígrafo cayera sobre el papel y mirando hacia el niño serenamente dormido, interrumpió lo que hacía para dirigirse a él diciéndole tal cual le comprendiera:

-No mi tesoro, no dejaré que nada de lo que pasó me altere, no, definitivamente, no.

Con estas palabras y creyendo conveniente interrumpir aquello que tan solo por recordarlo le producía tanto dolor, se dirigió a la cocina con la intención de preparar algo para comer y también el tibio y anhelado biberón que pronto su destinatario reclamó. De esta manera, pasando algunas horas entre una y otra cosa de las cuales todas eran rutinariamente previstas, y religiosamente cumplidas; llegó un momento en el que sin vacilar, ante el permanente recuerdo de su madre producido quizá por el gran deseo de su compañía, rodeada del murmullo proveniente del televisor tan solo encendido para no sentirse tan sola en el silencio que reinaba, como en el ingenuo rostro del niño pudo ver, que ya con su barriguita llena disfrutaba de un nuevo y dulce sueño, decidió retomar la tarea antes interrumpida:

…“Todo comenzó cuando él propuso un plan de divertimento estupendo pero contrario a lo que hacía hasta entonces, propuso realizarlo en un día y un horario que coincidía con nuestra asistencia a clases. Al principio creí se hubiera equivocado, opté recordarle los detalles con el fin de que se diera cuenta y corregí su error, pensé que lo dejaría para otro momento más oportuno, como siempre, pero fue evidente que la equivocada era yo, pues no solo él rectificó el día y la hora argumentando que dicho acontecimiento valía la pena, sino que me encontré sola defendiendo mi posición, pues mi hermana, la misma que tan firme y decidida siempre rechazó tentadoras invitaciones de diversos compañeros, recordando constantemente que no habíamos venido hasta aquí para divertirnos, en ese momento, no solo le apoyó en la idea de no asistir a clase, sino que hasta tenía ya pensada la explicación que daríamos en el Instituto. Yo no podía creer, pero así era, ella estaba de acuerdo y muy segura de hacerlo, ya que a pesar de decirle que yo no iría (convencida que se quedaría conmigo), no solo me equivoqué otra vez, sino que, como si fuera poco, para mi sorpresa, intentó convencerme para unirme a ellos y al no lograrlo, reafirmó su decisión disculpándose cariñosamente y se marchó con él. Por mi parte, absorta en mi confusión, le miraba alejarse sin saber qué hacer, no tenía más que el ya conocido argumento para convencerla, el mismo tantas veces repetido por ella misma y que ahora pasó por alto así sin más, ¿qué podía hacer?, sólo supe que sentí miedo, sin saber porqué o de qué exactamente, pero era lo que sentía, y creí que aunque solo fuera eso, tenía que decírselo, quizá ella se detuviera a pensar en el motivo de mi sentimiento y descubriera algo que le hiciera replantearse la situación, pero no, fue así; pues corrí hasta ella y una vez alcanzándola le aparté para que él no escuchara y se lo dije…fue en vano, me dijo que no me preocupara ya que no veía motivo alguno para ello, que estaría bien, y para aumentar mi tranquilidad, me prometió que por la tarde estaría en casa y se pondría al tanto de la clase perdida, luego me saludó como siempre, con un cariñoso beso en la mejilla y se marchó. Esperé por si se volteaba para algo como…no sé, saludarme otra vez, o… observar que hacía yo… no sé, algo, pero no, marchó muy ufana con él, tomados de la mano sin discreción alguna.

De allí fui a clases y después directo a casa, aunque aún era temprano para que volviera me era imposible evitar esperarla. No podía ni comer ni dormir, mucho menos concentrarme para estudiar o hacer tarea alguna, así que, me puse a mirar la televisión esperando distraerme, sintiendo que el tiempo pasaba más rápido. Por fin llegó, y llegó bien. Me saludó, comimos algo juntas y cumpliendo con su promesa, se puso con las tareas de aquella clase perdida, yo de mientras, seguí haciendo tareas, las que había dejado para hacer al día siguiente. Se hizo tarde, y bostezo tras bostezo terminábamos con todo, pero yo me sentía un tanto incómoda, pues si bien la veía animada, el que nada me contara me seguía preocupando, entonces en el momento de acostarnos, antes de apagar la luz, no lo soporté más y le pregunté si todo había salido bien, a lo que con una gran sonrisa me afirmó que sí, sonrisa que si bien debía calmarme, no fue así, más dudas me creó y obligó a seguir preguntando. Fui directamente a lo que, algo me indicaba que era concretamente lo que quería saber para calmarme, por lo tanto, sin dudarlo más le pregunté si había iniciado otro tipo de relación con él, bueno, ya sabes, una relación amorosa en definitiva, algo más allá de la que habíamos iniciado juntas…pero no precisé más que mirarle a los ojos para saber su respuesta, el brillo de éstos la delataba, pese a ello, me lo confirmó con una sola frase… “estoy enamorada”…y ante aquella enternecedora mirada, sus dulces palabras de inexplicable y mágica entrega, y dichas envueltas en un profundo suspiro… nada… no le pude decir más nada…no había más nada que decir…” -Sin esperarlo , sus ojos acuosos no le permitían casi ver, su mano aferrada al bolígrafo comenzó a temblar permaneciendo clavada en un punto fijo de la hoja sin poder avanzar, Eloisa se dio cuenta que estaba a punto de caer bajo el dominio de un insostenible dolor, pero a pesar de ello, cerrando sus ojos durante unos segundos en los que luchaba por restablecer su equilibrio, después de varias veces respirar profundo y así ahogar al mismo con cada bocanada de aire cogido, una y otra vez secó su rostro descuidada e improvisadamente con el puño de su chaqueta, sin dudarlo continuó:

“…apagué la luz, y así pasó la noche toda, a la que le siguió un nuevo día en el que nada más se dijo, y al estar con él, ambas nos dimos por enteradas de todo lo que estaba pasando entre ellos, aunque ninguna volvió a hablar de mi infundado temor.

Pasado un tiempo ya, dejé de salir con ellos tan a menudo, entendí que no correspondía, después de todo se trataba de mi hermana mayor, pero no solo tuve que hacerme a un lado para sus encuentros sino que tuve que empezar a estar sola cada vez más seguido; ella cada vez más tiempo fuera… cada vez más seguido y cada vez salidas más extensas… hasta que una noche, faltó a dormir.

Esa noche, aunque sintiéndome un tanto ridícula, no pude dormir, estaba preocupada, me repetía una y otra vez que era algo normal, que no era una niña, pero…sino fuera él…si fuera otro…no sé, creo que hubiera sido diferente, no me hubiera pasado, pero era él…y eso era lo que no me convencía, lo que no me dejaba aceptar una situación que por supuesto, más tarde o más temprano, a una o a la otra, era de esperar que nos pasara, pues ninguna tuvo jamás en mente el llevar hábito, pero ¡maldición!, ¿por qué él?…” – Y así sorpresivamente, no pudiendo evitarlo, dominada ahora por la furia y la impotencia ante todo aquello aún le seguía afectando, arrasó violentamente con todo de un manotazo irracional, y quedando por fin durante un instante, con su cabeza sujetada entre ambas manos y presionándola contra la mesa,en un inútil intento por detener aquellos recuerdos de un inamovible pasado, pero que al menos le fue útil para recuperar la calma y con ella, volver a la realidad, una realidad en la cual no quedaba otra opción que superarlos para continuar con la mirada hacia el futuro, en la que, bien o mal, las cosas ya estaban resueltas, y no tendría que enfrentar más situaciones de tan terrible magnitud, sino por el contrario, con esfuerzo, podría hacer un giro en el presente y ver mejores resultados de todo lo malo antes ocurrido, y esto, lo lograba aquella dulce e inocente criatura que le acompañaba, la cual, como queriendo participar de su dolor, en ese momento rompió a llorar y así también el silencio que les rodeaba. De inmediato la joven lo dejó todo para acudir a él, pues evidentemente estaba primero y ante todo quien le llamaba, por lo cual se acercó rápidamente a la cuna y cogiéndole en brazos pronto le calmó, pues con tan solo verle, oírle y olerle, dejó desprender una leve sonrisa ofreciendo así tranquilidad a quien le ofrecía seguridad, demostrando de esta manera, lo mucho que se necesitaban mutuamente el uno al otro. Así, con él en brazos, fue como tras el esfuerzo de juntar todo lo que había tirado de aquel ya superado arrebato, se acomodó en el sofá sin soltarle, y se forzó a seguir, pues esa carta debía llegar cuanto antes a su madre, por lo tanto, releyendo el final de lo ya había escrito, la reanudó:

…“Cuando nos vimos al otro día, le reproché no haberme avisado que no vendría esa noche a casa, por lo que se disculpó diciendo que fue tan imprevisto para ella como para mí, pero que siendo ambas mayores, esperaba lo pudiera comprender. Yo me mostré todo lo comprensiva que debía, pero se me ocurrió darle la idea de contártelo a ti, madre, pues si era una relación evidentemente establecida, y a esas alturas, de un tiempo ya relativamente prolongado, creí merecías saberlo, ¿por qué no?, pero según ella aún era pronto, eso fue todo lo que dijo en ese día, y en el siguiente, y al otro y otros más, pasando así el tiempo hasta que empezó a faltar una y otra noche más, y ya no solo a casa, sino también al Instituto, lo que para mí, significaba que algo “andaba” o “iba a andar” mal; pero como ya se mostraba un tanto molesta con mis intervenciones preocupantes y casi ni me hablaba, preferí dejar pasar un poco más de tiempo…y ése…ése fue…ése fue quizá mi gran error, quizá el mayor madre… Después de mucho andar para arriba y abajo, salir y entrar, a hora y deshora, y siempre sin explicar más nada que lo justo, un día dejó de hacerlo para quedarse en su cama. Ese día yo fui y vine al Instituto y allí se había quedado, le invité a comer, me pidió se lo llevara a la cama y así lo hice, pero lo que comió y nada, era parecido. No soportando más dicha situación le pregunté que le sucedía aún dudando que me respondiera, pero para mi asombro, lo hizo, con una voz muy débil pero lo hizo, aunque no me sirvió para enterarme de mucho, ya que solo dijo que no lo sabía, que sólo se sentía cansada, muy cansada, y nada más quería dormir.

Ante su pedido que le dejara descansar, me retiré de la habitación, y dejando pasar esa noche de fatal incertidumbre, una de esas que te parecen interminables, al otro día, cuando debí marcharme a clase y ella aún dormía, dejándole el desayuno sobre la mesa la desperté con prisa para que lo tomara y me fui.

Si bien es verdad que estaba presente en clase, sinceramente, no sé que dieron aquel día, en mi mente solo estaba ella.

Apenas terminó el horario, salí sin pausa a casa, llegué y la encontré tirada en el sofá de la sala, su desayuno sin tocar y la televisión encendida, su intención de esforzarse era evidente, y en cuanto al desayuno, asco le había dado. Ayudándola a sentarse erguida, le sugerí ir al médico pero se negó, entonces…ya no supe que hacer…me pidió la dejara e hiciera mis tareas…no se me ocurrió otra cosa que obedecerla si eso le hacía sentirse mejor.

Así fue pasando ya varios días, comiendo poco… durmiendo demasiado…cada vez más delgada y pálida, pero incomprensiblemente lúcida para decidir sin duda alguna, el seguir soportando aquello que, aún sin yo saber contra que, evidentemente luchaba con un esfuerzo atroz ante el interminable enfrentamiento. Según ella, yo no podía ayudarla, solo me pedía que aliviara su situación cumpliendo con mis estudios, que ni por un instante, pese a todo, no los desatendiera cumpliendo como fuera; no me dejaba otra opción y así lo hice; día tras día, hasta que en uno de ellos, la sorpresa y el pánico me atraparon al llegar a casa y encontrarla vacía.

La llamé a gritos mientras la buscaba contando con la posibilidad de que quizá estuviera desvanecida por alguna parte, pero no, no estaba allí…cogí el teléfono y le llamé inútilmente una y otra vez, su teléfono móvil se hallaba fuera de servicio.

Ese día el miedo fue un horror, no podía imaginar cuanto más era yo capaz de soportar; terminé tendida en su cama superada por la desesperación, y en ella, después de mucho llorar, agotada me quedé dormida. Pasadas varias horas, desperté sobresaltada y a lo primero que atiné fue a mirar mi reloj, solo pude pensar que los estudios me llamaban, y así, robotizada, me instalé en la mesa en la que juntas solíamos hacer las tareas. Como habiendo olvidado todo lo que no fuera estudiar, me sumergí en dicho mundo sin tener en cuenta ni siquiera el pasar del tiempo, pero las horas no me dieron tregua, fueron pasando sin avisar y cuando quise darme cuenta, con la última palabra escrita, había quedado dormida allí mismo.

El sol de la mañana siguiente me despertó, un poco confusa, comprobé que estaba retrasada de hora para llegar al Instituto, por lo que a prisa acudí al servicio, me refresqué un poco la cara, me arreglé el pelo sin mucho detalle y cogiendo lo necesario salí corriendo a clase. Vez en mi asiento de siempre, respiré profundo y con alivio…un alivio del cual inmediatamente me pregunté: ¿aliviada de qué?, ¿por qué?, si la situación no solo seguía mal sino que estaba aún peor, pero pronto encontré una respuesta que me dio como consuelo lo necesario para ver algo de lógica en mi comportamiento; estaba cumpliendo sin falta con los estudios, y así, también con ella, como me lo había pedido, aunque si bien tan solo fuera con el simple hecho de ir y venir, y con mucho esfuerzo lograr concentrarme en estudiar y retener algo, al menos lo estaba haciendo, pues más no podía…

Madre, ahora sé que debía llamarte antes…mucho antes…el primer día que no volvió junto a mí, el primer día que dejé de saber de ella, ése, en el que ni el teléfono cogía… ¿Pero cómo iba yo a imaginar algo así?¿Cómo podía pensar que ella, la más lista y brillante de las dos, fuera tan tonta? Imposible madre, simplemente imposible”…

Así de esta manera, atrapada una vez más en el dolor, tanto de la propia incomprensión como de la impotencia, no pudo seguir, y ocultando el rostro en sus brazos entrecruzados sobre el papel en el que escribía, una lágrima cayó sobre él permitiendo el paso a unas cuantas más, lágrimas amargas que quedando plasmadas en una mancha involuntaria, permitirían ver más tarde a su madre, su más profundo dolor. De todas formas, no podía detenerse, el tiempo pasaba y la carta debía llegar cuanto antes, también cuanto antes quería terminarla y así con ella poner fin de una vez por todas, a los repetitivos recuerdos de tan tristes vivencias:

… “A pesar de ello, los hechos eran reales y debí enfrentarlos, me negué rotundamente a aceptar que me había abandonado, por lo cual mantuve mis infinitas llamadas y el contestador siempre puesto por si acaso llamara en mi ausencia. Fue dos días después, ante mi insistencia, que de pronto, su teléfono comunicó, y aunque salió el contestador, no perdí la oportunidad, le dejé un mensaje en el cual le pedía por favor que me llamara para decirme cómo y dónde estaba, o por lo menos, tan solo decirme si estaba bien, y de no hacerlo, le advertí con firmeza que decididamente iría a las autoridades a informar de su desaparición contando con el apoyo de profesores y compañeros de estudio, quienes sin dudar confirmarían imposible su desaparición voluntariamente.

A partir de entonces olvidé todo lo referente al estudio por unos días, para esperar su llamada, el suspender por un momento mi promesa era justificable, lo presentía, estaba cerca, algo pasaría y de no estar allí seguro me arrepentiría.

Después de mucho esperar, pasado ese día, no soporté dejar pasar el siguiente, y ya en un desconsuelo total, decidí ir a la policía para informar lo que estaba ocurriendo. Cogí mi chaqueta y mi teléfono móvil, y una vez en la calle comencé a caminar directo a comisaría, pero cuando solo me faltaba cruzar la plaza que de ella me separaba, y sentí que mis piernas temblaban necesitando disminuir mis pasos poco a poco hasta llegar y sentarme en un banco de la misma, saqué sin saber porque el móvil de mi bolsillo y apretándolo con todas mis fuerzas entre las manos, lo llevé hasta mi pecho y rompí a llorar… entonces me di cuenta que aún tenía una esperanza…quizá tan solo esperaba un milagro, no lo sé, pero estaba claro que de hacer aquello, significaría reconocer que a partir de allí todo lo que pudiera saber sería desagradable, y eso, no quería ni siquiera pensarlo.

Mi incansable ruego no hacía más que originar lastimeras lágrimas que corriendo sin cesar empapaban mi rostro para caer luego sobre mis manos, y estas, entre las cuales sujetaba con firmeza el móvil, lo estaban humedeciendo. Cuando me dí cuenta de ello, rápidamente intentaba secar con mi pañuelo, y como si de alguna manera le hubieran llegado mis plegarias a mi querida hermana, me llamó, transformando mis lágrimas de dolor, en lágrimas de júbilo, su nombre estaba en mi pantalla, y eso significaba ya mucho para mí. Le cogí emocionada pero al escucharla, dicha emoción pronto se desvaneció, pues si bien era ella, por ser su voz, a juzgar por el modo y el tono en que me habló no lo parecía; tan solo se limitó a decirme con mucha agresividad que estaba con él, en su casa, y que la dejara en paz y sin amenazas, luego sin más, me cortó, dejándome atónita ante el simple sonido del tono telefónico.

La confusión se apoderó de mí, no podía comprender si lo que sentía era el dolor de que “ella” me hablara así, o la sensación de que “no era ella”.

Por unos segundos quedé en blanco, luego pensativa, y así poco a poco, mi mente se fue abriendo paso al intentar encontrar una explicación a lo que podía haber sucedido; llegué a la conclusión de que sí era ella, pero no diciendo lo que hubiera querido decirme, obviamente algo era verdad, sí estaba con él, y aceptando esto me fue más fácil creer que por ese mismo motivo, obligada debió hacer lo que hizo, pues ella jamás se podría expresar de esa manera.

Una vez convencida de esto, con furia volví a llamarle y al cogerme, con la misma y extraña brusquedad con la que me había hablado, le hablé yo, le exigí que nos viéramos y que solo así, después de comprobar que sí estaba bien, me marcharía y le dejaría de molestar, o de lo contrario, seguiría con mi plan sin importarme las consecuencias. De esta forma, aunque como imaginarás no fue nada agradable, fue la única con la que logré verla, con lo que se quedó en evidencia que sea lo que sea que estuviera pasando, no era deseada la intervención policíaca, pues luego de unos minutos de silencio, asintió indicándome un bar no muy lejano de donde estaba para que la esperara por la noche, alrededor de las nueve, y así sin decir una palabra más, apagó su móvil. Ese día me resultó eterno…” -De un sobresalto, el inesperado timbre de su teléfono móvil le interrumpió, inmediatamente se fijó que nombre aparecía en la pantalla, y comprobó que era Camila, una compañera de clase con la que si bien siempre habían mantenido una relación amable, se había fortalecido mucho desde que comenzaron los malos momentos de soledad para Eloisa con la ausencia de su hermana en clase. Desde entonces, aunque ésta no lo hubiera dicho, todos conocían, o al menos sospechaban, por lo que estaba pasando, pero a pesar de ello, todo intento de aquellos que querían, inclusive Camila, acercarse a ella ofreciéndole compañía, ayuda o apoyo, era en vano. Pero no obstante, el día que se encontró ante aquel desgarrador desenlace, momento en que Eloisa se hallaba totalmente vulnerable y desolada, fue en ella, en Camila, en quien se apoyó sin dudarlo con total entrega y agradecimiento, ya que ésta se había mantenido incondicionalmente a su lado a pesar de su negativa, y así fue como desde entonces, se inició la tan especial relación de amistad y cariño que aún mantenían.

Cuando atendió aquella llamada, el escuchar su vos le trajo al presente, con lo que sintió una agradable sensación de alivio:

-Hola querida Camila, ¿cómo estás?, ¿qué haces?

-¿Qué qué hago yo? Sería más interesante saber qué es lo que haces tú, ¿o no recuerdas que hoy íbamos a ir al cine?, yo estoy esperando por ti, y mi madre por ver a ese mocoso tuyo por la cual está cada vez más atontada.

-¡Oh es verdad, perdona! Es que como te había contado, intento terminar de una vez por todas con la carta a mi madre, pero sinceramente…

-Lo imagino, es difícil, ¿verdad?

-Sí, la verdad que sí… mucho más de lo que creía.

-¿Y estás segura que no sería mejor viajar y contárselo todo personalmente como te lo he dicho? Sabes que si es por el gasto no habría problema, pues ya te hemos dicho en el Instituto que entre todos te ayudaríamos.

-Oh no, si eso ya lo sé, y les estoy muy agradecida, de veras, pero no se trata solo del gasto, sino más bien de lo difícil que sería para mí el verla, después de tanto tiempo, y llevando tan malas noticias, creo que además de ser más difícil para mí, también lo sería para ella, ¿comprendes? Imagínate, tan solo al verme se crearía todo un mundo de ilusiones y expectativas que durarían lo que tardara en responder a su pregunta por mi hermana al ver que no fue; y así lo mismo cuando quiera saber quién es el niño que va conmigo; todo se le desmoronaría tal cual castillos de arena.

-Sí, es verdad, quizás tengas razón; pues nadie al recibir una carta se haya tan predispuesto a ilusionarse por algo en especial, sino por el contrario, lo primero que imaginas son noticias inesperadas, no te haces a la idea de nada hasta no haberla leído y hasta el final.

-Gracias por comprenderme Camila, eres una buena amiga.

-Bueno eso yo ya lo sabía – contesta entre risas – pero por serlo también tengo derecho a pasar más tiempo contigo y compartir momentos más agradables, ¿no?; y que por cierto, tú también lo necesitas. ¡Oye!, hagamos una cosa, ¿qué te parece si tú te aprontas para salir, luego sigues escribiendo hasta el último momento y en lugar de venir a mi casa y dejar al “peque”, mi madre va conmigo para allí y se queda con él hasta que volvamos? Quizá a ti te valdría más la pena, pues podrías aprovechar más el tiempo para continuar tu carta, y de paso él no tendría que exponerse al frío, pues sinceramente, aunque estemos cerca, con el frío que hace, te congelas. ¿Qué me dices?

-Bueno, si a tu mamá no le importa venir hasta aquí a pesar del tiempo, creo que es una buena idea, además, una vez que estén aquí, estaría obligada a interrumpir lo que hago, que como ya te he dicho, se está haciendo un martirio.

-Entonces, no se hable más, hazme caso, dejemos ya de peroratas y vete a poner bien guapa, cuanto menos tiempo pierdas más tendrás para escribir, y apura, que cuando menos lo esperes, ambas estaremos allí, ¡ha!, y por cierto, por mi madre no te preocupes que ya no ve la hora de hacer de canguro de ese ladronzuelo de amores.

-¿Ladronzuelo de amores?, ¡vaya!, ¿y así lo llamas ya, tan pequeñito?…ja ja ja…de acuerdo, haré lo que me dijiste, hasta pronto y…Camila; gracias.

-Anda tonta, no debes agradecerme nada, para mí es un placer poder hacer algo por ti, te lo mereces, y ojalá pudiera hacer mucho más. Hasta pronto, y déjate de tontos sentimentalismos que no tienes tiempo que perder, ve, deja todo ya, y además no me des tanto las gracias porque no dudes que ya algún día tendrás que devolverme el favor, ja ja ja… ¡y con creces! …ja ja ja. Anda, ve. Hasta pronto.-

Apenas terminada esta conversación, Eloisa, una vez cerciorada que el pequeño se mantenía felizmente dormido, se aseó, se vistió rápidamente con un vaquero y un grueso jersey negro, algo con lo que más de una vez salió de apuros como éste, ya que dicha vestimenta valía para toda ocasión, y recogiéndose el cabello, para lograr así un toque de elegancia, ya quedó lista para poder emplear el resto del tiempo en continuar su carta, pues ya que nunca fue de dedicarle mucho tiempo a este tipo de preparativos, se salteó la sesión de maquillaje, pudiendo reanudar así de inmediato su tarea :

“Ese día me resultó eterno…” -Fue lo último que había escrito antes de que le llamara Camila- “…cuando llegó la noche yo ya estaba más que pronta, me dirigí al lugar pero aún era temprano y no había llegado. Comencé la espera caminando de un lado para el otro una y otra vez, las horas parecían no pasar más para mí, y aún con el temor de que no se presentara, era imposible que mi angustia no creciera cada vez más. Así pues, dando vuelta para aquí y para allá, gastando la suela de mis zapatos tanto como matando la tensión de todo mi cuerpo, por fin llegó la hora, había supuesto que esperándola fuera la vería llegar, pero no siendo así y tampoco estando en las proximidades del local, decidí pasar a buscarla dentro. Al entrar recorrí el lugar con la mirada y sin tener el resultado deseado, mantuve la esperanza convenciéndome que solo se habría retrasado, entonces decidí sentarme, pedir un café y así quedarme a la espera de su aparición como lo había prometido. Dicha espera no fue en vano, unos minutos más tarde entró, estaba sola, y al ver que desde la entrada sin mirar realmente, intentaba encontrarme, me puse de pie y asiéndole señas con las manos logré que me viera. Inmediatamente se dirigió sin dudarlo hacia mí, y durante ese pequeño lapso de tiempo, mientras se acercaba, la observé. Le veía un aire extraño… le notaba algo diferente pero no podía explicarlo, quizá un rasgo de preocupación, o…no…quizás más bien de miedo; sí, si era miedo lo que reflejaba, definitivamente estaba asustada, pero de todos modos, preferí no decirle nada al respecto, y así dejarle llegar tranquila y pretendiendo tan solo que se sintiera bien, o por lo menos, cómoda.

Por su parte, ella, una vez junto a la mesa, tomó asiento mientras con un simple y rápido “hola”, dio por terminado el saludo para mantenerse a partir de entonces, sin decir ni una palabra más. Mientras observaba ese extraño cambio del que anteriormente te mencioné, esa actitud totalmente ajena a ella, le pregunté si deseaba beber algo, a lo cual respondió muy tímidamente que tomaría un café, y mientras lo esperábamos, ella seguía misteriosamente sumergida en su silencio, y yo, en el mío, intentando darme cuenta que le estaba pasando, pues era evidente que se me escapaba algún detalle y que seguramente descubrirlo por mi propia cuenta, era lo que ella necesitaba, ya que si bien es verdad que nada decía, tampoco se mostraba molesta por ser obviamente observada y analizada como yo lo estaba haciendo.

Además de mantenerse callada, permanecía con la cabeza baja y sus ojos, aunque un tanto difíciles de ver al ser cubiertos por su hermosa cabellera cobriza, tenían una mirada perdida en la nada, y solo la totalidad de su rostro, que solo estaba antes a medio ver, quedó al descubierto por un instante cuando tuvo que retirarse hacia atrás en el momento que nos vinieron a servir el café, en el que tan solo se limitó a seguir con su mirada las manos de quien nos servía, como negándose rotundamente a erguir la cabeza; y allí fue entonces cuando me di cuenta que además de su actitud tan intrigante, lo que hacía verle diferente era su peinado, tras el cual salvajemente suelto le mantenía oculta, llamando tanto la atención que hacía de aquel instante en el que era servida, un tanto inadecuado.

A pesar de ello, no quise ser indiscreta ni hacerle pasar un mal momento,ya que hasta para el camarero le observaba por su extraña actitud, entonces,esperé a quedar solas y le expresé mi sorpresa el ver que no llevaba una coleta como siempre solía hacerlo, comentario que, sin expresión alguna e ignorándolo por completo, ni siquiera se molestó en responder.

No fue difícil deducir que algo le pasaba y no era bueno, pero no me lo decía, de ahí que intenté ayudarla, y al extender mi mano para apartarle el cabello y poder acariciarle el rostro como muestra de cariño y reforzar así la confianza, me sorprendió con un brusco movimiento evitando así que la alcanzara, algo que, si bien por un momento me confundió, luego comprendí, que al igual que un niño asustado, dicha actitud respondía a un reflejo esquivo ante un ataque o agresión, lo cual de ser así, quizá hubiera dejado alguna prueba que por supuesto, debería estar protegida para no ser tocada porque dolía, o bien tan solo para ocultarla por algún motivo que solo ella sabía. Al pasar todo esto por mi mente, de inmediato lo asocié con su inusual peinado, el cual evidentemente le era útil para ocultar algo que no solo no se podía mostrar, sino que, ahora sabía tampoco se podía tocar…y con esta idea dada por cierta, para hacer las cosas más fáciles y rápidas se lo dije sin más, le pregunté si él le había golpeado y tenía allí una marca que no quería mostrar, ni confesar.

No dijo nada. Solo dejó caer un diluvio de lágrimas sobre el café que hablaron por ella, con tanta intensidad como el dolor que intentaba ocultar hasta entonces pero que ahora, liberándolas de esta manera, no solo aliviaba su pesar sino que reconocía que yo estaba en lo cierto, pero sin embargo, cerrando sus puños y atrapando el mantel con ellos muy fuerte, permaneció sin hablar. Respeté su silencio pero sin dejar de pensar en el porque su reacción, era evidente que sufría y no quería ocultarlo ya más, pero había alguna razón o motivo muy poderoso que la forzaba a hacerlo, y fuera lo que fuera, solo podría ayudarla, si ella me lo decía.

Fue entonces cuando de pronto, obligándome a abandonar mis pensamientos con la fuerza de su mirada atrayendo la mía, fijándola con gran intensidad como si quisiera penetrar en mi mente y así trasmitírmelo todo, se quedó por unos segundos, luego, la dirigió hacia el exterior como mirando la nada quedándose así hasta que le imitara, de esta manera, comprendí que si bien algo intentaba decirme, era en ese momento y solo de ese modo lo haría, por lo tanto no podía perder ni el tiempo ni la oportunidad. Ambas mirando hacia afuera permanecimos unos segundos, yo no pude hallar nada que me llamara la atención, y ella, como dándose cuenta de ello, con la desilusión de su fracaso pintada en la cara, esperaba apenas una palabra mía. No supe qué decirle hasta que una idea fugaz pasó por mi cabeza y sin pensarlo dos veces le pregunté si él estaba por allí. Aún sin estar segura de saber lo que esperaba, me sorprendió al responder con un evidente pánico de ser descubierta. Giró su rostro para volver a ocultarlo, sus ojos se inundaron otra vez por incontenibles lágrimas, y como si le obligaran, volvió a bajar la cabeza donde la taza de café, vi como clavaba su mirada en ella queriendo llegar hasta el fondo de aquel líquido oscuro y aún humeante como buscando perderse en el.

A partir de allí pensé que algo podría cambiar, al menos ahora sabía dos cosas; una que él estaba fuera, probablemente observándonos, y otra, que bajo la misma presión y temor debería estar cuando me había hablado por teléfono de tan mala manera por lo tanto, lo dicho no era lo que hubiera querido sino lo que le obligó a decir.

Pero aún no me quedaba claro el porqué me daba pistas para saber algo que, cuando lo descubro, parece demostrar arrepentimiento y hasta con deseo de, no solo haberlo dicho, sino también hasta de querer huir, o más aun, desaparecer. La única explicación para ello que encontré era el miedo, debía tener tanto que le haría dudar entre hacer lo que deseaba y lo que le obligaban, estaba confundida, presa de un doloroso terror.

Ambas nos manteníamos en silencio, dejé mis reflexiones a un lado comprendiendo que desde ese momento, lo más difícil e importante era encontrar la manera de poder ayudarla, y eso sin hacerle correr más riesgos a los que ya estaba expuesta.

De pronto se me ocurrió que si él, nos estaba mirando, debía ser desde donde, pudiera controlarla, y aunque pudiera ver que yo hablaba, si ella no lo hacía…no sé… no estaba muy segura, pero pensé que quizá, si encontraba otra forma de comunicarnos sin que ella tuviera que hacerlo…” – Timbraron a su puerta, el niño sobresaltado por aquel sonido rompió en llanto, Eloisa comprendió que su tiempo se había acabado, y debiendo volver bruscamente a la realidad del presente, suspiró profundo como queriendo tomar distancia de aquel encarnizado momento, por lo que, cogiendo al pequeño asustado, con lo que detuvo así su llanto, juntos, fueron hacia la puerta, y una vez verificar que eran Camila con su madre, abrieron para recibirlas:

-¡Hola que susto me han dado! – Dice Eloisa haciéndose pasar graciosamente por el niño- estaba yo tan plácidamente dormido…

-¿Oh sí, mi corazón? – Responde la madre de Camila siguiéndole el juego mientras lo coge y muy decidida pasa sin más al interior de la sala – Pues es una pena, yo creí que te habían avisado que vendría por ti, ¿es que no lo hicieron?…bueno no importa, ya estoy aquí y eso es lo que interesa, ¿o no? -Tanto Eloisa como Camila se limitaron a observar sin interrumpir el monólogo que hacía tan feliz a aquella mujer, hasta que ésta, una vez enterada de que ambas se habían detenido tan solo para observarla, un tanto retraída se dirigió a ellas:

– ¿Y ustedes que esperan aún allí? ¿No se estarán quedando para burlarse de esta vieja tonta, verdad?

-¡Oh no, mujer! -Responde Eloisa acercándose y rodeándole entre sus brazos – No se llame usted así por favor, pues nada tiene ni de vieja ni de tonta, ¿me oyó?

-Oh sí, claro, ve, déjate de ensalzarme, pues lo hagas o no me quedaré con él, además, no deja de ser cierto que llegarán innecesariamente tarde y la película ya habrá empezado para entonces.

-Sí es verdad Eloisa – Insiste Camila apoyada sobre el pomo de la puerta – No te negaré que mamá está deseando le dejemos sola y a su antojo con él, pero tampoco que está en lo cierto respecto al cine, pues ya tendríamos que estar en camino.

-De acuerdo, vamos, pero prométame que cualquier cosa me llamará, tendré el móvil encendido todo el tiempo.

-Si mi niña ve tranquila, y deja de preocuparte tanto por tan solo unas horas, por favor, estaremos bien. Abrígate que está muy frío, y marchen, vamos. -Dicho esto aquella mujer que bien la quería, Eloisa, cogió su bufanda y su abrigo, y una vez dispuestas a salir, con la puerta ya abierta por Camila, interrumpió la retirada al retroceder para dar las últimas indicaciones:

-¡Ah, lo olvidaba!. Por favor, no le abra la puerta a nadie. ¿Oyó? Gracias. Hasta pronto.

-No lo haré, tranquila. Hasta pronto, que se diviertan.

-¡Ah sí, claro…hasta pronto… pero…¡una cosa más!, tampoco se le ocurra coger el teléfono, aunque bueno, en realidad hay muy pocos que lo tienen, aún , pero …

-¡No chica, tampoco lo haré! Marchen ya, por favor, – Le interrumpe la mujer ya perdiendo su paciencia -¡Y cierren esa puerta de una vez por todas, que se está helando por completo la casa!.

-¡Por favor Eloisa! ¿Quieres venir ya? – Le dice Camila desde afuera también con cierto desespero al ver que la retirada de su amiga se hacía interminable.

– ¡Oh sí!, perdona es que…

-Sí, ya lo sé, no preciso que me lo expliques, pero ya está, vamos por favor, y deja de preocuparte que no pasará nada, además con lo que estamos tardando, pronto estarás de vuelta, pues llegaremos a los últimos minutos de la función.

-Anda no exageres, no será para tanto.

-¿Qué no?, ya verás…- Así fue que, a pesar de haber llegado cuando la película ya había comenzado como lo había asegurado Camila, y estando siempre pendiente de su móvil sin soltarlo ni por un segundo, nada impidió que esta fuera una noche increíble para Eloisa, como hacía muchísimo tiempo no había podido disfrutar.

Una vez haber salido del cine, Camila, mira su reloj y considerando que aún no era muy tarde y que su amiga lo estaba pasando tan bien, le propone prolongar un poco más aquel momento:

-Oye, es temprano aún, ¿qué te parece si tomamos algo por ahí para entrar un poco en calor antes de ir a casa?

-¿A qué te refieres con “tomar algo por ahí”? Sinceramente, a juzgar por la hora y tu cara que lleva escrita la palabra “fiesta”, no me parece que te refieras a un “café”. ja ja ja.

-¿Café? Pues veo que lees bien las caras y también que no te parezca lo que dices, pues es verdad que no estoy pensando en un café exactamente…ja, ja, ja… ¿Vamos, que me dices?, con lo que me ha costado lograr hacerte salir… vamos… por favor…

-Que ¿qué digo?, que estás loca chica, debemos ir a casa, el niño y tu madre esperan.

-Perdona, te equivocas; el niño estará más que dormido y en todo caso, la que podría estar esperando podría ser mi madre, pero eso no es problema porque no tiene ningún reparo en que tardemos poco más o poco menos, pues tanto ella como yo, queremos que tú estés “bien”, Eloisa, que salgas, te diviertas, que te despreocupes un poco de vez en cuando, pues no te haría nada mal.

-Oh, mira Camila, sinceramente les agradezco se preocupen por mí pero, ¿de dónde han sacado la idea de que no estoy bien? ¿Qué les hace pensar eso? Quizá estoy muy atareada, sí es verdad, pues poco tiempo tengo entre el estudio, el trabajo y…

-Y el niño, y la casa, y la, la, la, la… ¡Vamos Eloisa, por favor!, no me dirás ahora que tu vida es normal… soñada… ¿verdad?

-No sé a qué le llamas normal, ahora, en cuanto a lo de soñada, está claro que tiempo atrás no hubiera podido imaginar que sería ésta la vida que me tocaría, pero, ¿realmente crees qué alguien llega algún día a vivir la vida que siempre ha soñado?

-¡Oh no, vamos!,¡No me vengas ahora con tu filosofía barata, por favor! Tú sabes muy bien a qué me refiero cuando hablo de la vida que llevas, ¿o no?

-Creo que puedo adivinar a qué te refieres si considerara que lo normal para ti como para todo el mundo, teóricamente es jugar cuando eres pequeña, alternar los estudios con la diversión cuando eres joven hasta hartarte, y entonces después… trabajar, tener una familia e iniciar así con un nuevo círculo generacional sin fin.

¿Pero sabes algo? Hay gran diferencia entre lo que para todos es “lo normal” y lo confunden con “lo ideal”, y eso, muy pocos pueden ver y comprender, pues creen que una vida normal es la ideal, y pasan toda su vida sufriendo por alcanzar aquella que “creen” normal, sin darse cuenta que “ésa” es nada más y nada menos la que están viviendo día a día, y la dejan ir, es la que tiene cosas buenas y malas ,otras no tan buenas ni tan malas, o hasta intrascendentes, pero que son reales, son cosas que están ahí y les suceden, las están viviendo, las “tienen” que vivir y resolver, y eso… “eso es lo normal”; lo otro ya es totalmente ideal. Esto yo lo sé distinguir, lo tengo claro y lo acepto, y no solo eso, lo “disfruto” minuto a minuto Camila, porque “eso” es la vida, ¿no lo ves?, lo demás es ir en vano tras algo que no alcanzarás nunca, y lo peor de todo, es que no disfrutarás ni un segundo de lo que realmente debes vivir, porque haces de la vida una carrera contra el tiempo para buscar lo que inevitablemente te está pasando por al lado sin ni siquiera darte cuenta, ¿comprendes? – Así terminó de responder Eloisa transformando lo que debería ser una “respuesta”, en un profundo “discurso”, un discurso con el que había provocado que su amiga se mantuviera en silencio mientras caminaban en dirección a la casa, tan solo escuchándola.

Camila, así como si se le hubieran terminado las palabras, manteniendo su mirada sobre el camino sin expresión alguna, parecía que desde entonces, solo podía ir reflexionando sobre todo lo escuchado, lo cual siendo tan duradera dicha actitud, Eloisa temió haberla afectado negativamente de alguna forma, y aunque no fuese esa su intención, sintió la necesidad de preguntárselo directamente y así salir de dudas:

-Dime Camila, ¿estás bien?, ¿he dicho algo que te molestara o lastimara? Porque si lo he hecho te pido me disculpes, no era mi intención en lo más mínimo, de verdad, perdóname por favor.

-No, no tengo nada que perdonarte porque no has dicho nada por lo que deba hacerlo, sino todo lo contrario, – Respondió con voz algo temblorosa Camila – Y tiene gracia ¿sabes?, porque tu filosofía, barata o no, es muy cierta…y mucho, de veras, pero…

-¿Pero qué? Dímelo, dime qué pasa.

-Qué ¿qué pasa? Pasa que no se qué pensar…pasa que aún sabiendo que es verdad todo lo que has dicho, palabra por palabra, aunque nunca lo he escuchado tan claro como tú me lo hiciste escuchar “hoy”, “ahora”, igual no puedo comprender cómo lo haces… de dónde sacas tanta fuerza para seguir adelante con todo…sea lo que sea que se presente… con todo, lo que sea, y aún así no hagas lo que todos hacemos…porque hasta a lo más feo o malo le logras dar la vuelta para que no lo sea tanto, y sin dejar que nada te paralice o te domine, ya sea dolor o angustia lo enfrentas, le envistes, y sigues…¿qué quieres que te diga?, yo…no, yo no, perdona, pero no puedo…- De esta manera y para sorpresa de Eloisa, su amiga rompe a llorar sin poder seguir andando, dejándose caer en sus brazos mientras le sigue hablando aunque con dificultad:

-No puedo comprenderlo y tampoco sé porque me pongo así, quizá porque yo debiera hacerlo, quizá porque quiero y no puedo, o tal vez me avergüence de ello…no lo sé…

Por su parte, Eloisa, sosteniéndola sin dejar de escucharle, y aunque no logra comprender exactamente que le sucedía, ni tampoco a que se refería con todo aquello, no dejó de intentar calmarle y consolarle:

-Por favor Cami, no debes ponerte así, por favor. Las cosas no son iguales para nadie ni nadie actúa igual frente a las cosas. No debes angustiarte de esta manera, te lo ruego, quizá, ni siquiera yo sé si lo que digo es verdad, quizá me equivoque, y aún así lo fuera, está claro que no es una verdad universal; cada uno tiene y escoge su propia verdad, aquella que le permita seguir adelante, porque es “eso” lo importante Camila, “seguir”, ¿comprendes? – Y sujetándole el rostro por la perilla con suavidad pero con firmeza, la misma que pone en sus palabras a la vez que le mira a los ojos aún llorosos, le repite una vez más:

-…“seguir”, Camila, lo mejor que se pueda, pero es tan fácil como eso, compréndelo por favor, dime, ¿ comprendes lo que te digo?. -Y escuchando esto, Camila, que si bien había sido forzada por la mano de su amiga al sujetarla para decirle aquellas últimas palabras, obligandola para ello a sacar su rostro escondido entre sus brazos que contra el pecho la sujetaban, así de igual manera, volvió a ocultarlo nuevamente quedando unos minutos en silencio, y poco a poco, con esfuerzo, arrullada por su amiga y con algunas cariñosas palabras transmisoras de serenidad y ánimo que de vez en cuando ésta dejaba escapar, fue logrando detener el llanto e ir recuperando la calma suficiente para responder a la pregunta aún pendiente de Eloisa, a la cual, con el habla aún entrecortada le respondió:

-“Sí”, lo comprendo…creo que sí… que puedo entenderlo.

De esta manera, con tan solo decir esto y soltándose del abrigo de Eloisa que con sus puños fuertemente apretaba, tomadas del brazo emprendieron el regreso a casa, donde una vez que llegaron, su madre les recibió un tanto sorprendida al ver el rostro a su hija que inevitablemente le delataba:

-Hola, ¿les ha sucedido algo?

-No, nada – Responde Eloisa permitiendo que su amiga se escurra suspicazmente hasta el servicio mientras ella continuaba – La película ha sido hermosa, aunque claro, cuando llegamos ya había empezado, bueno…la verdad, como usted dijo, estaba terminando, y entonces… – Estaba pensando qué decir cuando fue interrumpida – ¿Pero entonces por qué …

-¿Por qué nos retrasamos? – Se adelantó a decir Eloisa sin dejarla continuar para no verse envuelta en más explicaciones indeseadas – O, bueno, porque… porque decidimos ver otra y… bueno, luego fuimos a tomar algo, entonces, bueno ya sabe, entre un comentario y otro de la película se nos pasó un poco el tiempo, pero… ¿no se habrá molestado verdad? Camila me afirmó que usted lo supondría y no tendría problema.

-O, no, no; no pasa nada por eso hija, si lo pregunto es porque me pareció que Camila tenía cara de haber llorado, ¿puede ser, o me pareció?

-¡Aah!…es por eso…pues no, no le pareció, sí que lloró realmente, es que… ¡vaya!, ¿no sabía usted lo sensible que es esta chica con las historias de amor?

-¿De amor? Pero si Camila detesta las películas de amor… y de llorar menos.

-Ya mamá, fuimos porque le dejé elegir a ella y le hacía mucha ilusión – Le responde su hija acercándose hasta ellas al dejar el servicio, y sacando así a su amiga del lío en el que se había metido.

-¡Pero me hubieras dicho que te pondría así, emocionada al punto de “llorar”! -Continúa la recién salvada – Si lo hubiera sabido hubiéramos ido a ver otra…

-O por eso “no te preocupes” -Respondió su amiga entendiendo de inmediato que su madre se había preocupado y estaba haciendo preguntas al respecto – Llorar por una película no es nada, peor es llorar por “algo real”. Y ahora, si no te importa, quisiera irme a casa, es tarde, estoy agotada, y para peor aún tengo tareas del Instituto por hacer. ¿Vamos mamá? – Pregunta a la cual su madre responde afirmativamente mientras se pone el abrigo de inmediato – Sí cariño, pero… ¿estás segura qué te encuentras bien?

-Sí mamá, no te preocupes,¿no acabo de decir que estoy cansada? Bueno, pues es eso.

-Por mí no te preocupes, lo comprendo “perfectamente”- Interviene Eloisa viendo que bajo cierta tensión, la madre de Camila le quedó mirando sin decir una palabra más -Les agradezco mucho por todo, y a usted señora, no sabe cuánto por cuidar de mi pequeño, espero no le haya dado mucho trabajo.

-O no querida, si ese niño es un santo. Además ya sabes que para mí es un placer hacerlo, puedes contar conmigo cuando quieras.

-Gracias, lo tengo en cuenta. Pero si me disculpa, creo que Camila tiene razón, es muy tarde ya, y si aún tiene tareas…

-Sí, claro, mejor será que nos vayamos. Cuando tú quieras Camila. – Le dice a su hija que pacientemente espera que terminen los cumplidos para tan solo responder breve y concisa:

-Ahora mismo. – Respuesta con la cual Eloisa se dirige sin más hacia la puerta para despedirlas, saludándoles con un beso en la mejilla primero la madre y luego la hija, la cual aprovechó su acercamiento al oído de Eloisa para decirle en tono burlón:

-Gracias por tu intento pero permíteme decirte que no sabes mucho de mentir, lo haces fatal.

-¡Oh sí!, lo sé – Le responde aludida su amiga disimulando con una leve sonrisa – Pero tú“tranquila”, no te preocupes que si es necesario, eso se aprende“pronto.”

-¿De qué hablan?, ¿qué ha dicho? – Pregunta su madre a Camila – Que nos marchemos “tranquilas”, que ya nos veremos “pronto”… -De esta manera, con una mirada cómplice entre ellas, se saludan una vez más y se separan por fin.

Terminados los cumplidos y despedidas, Eloisa fue a ver al pequeño, observando con dulzura la inigualable serenidad reflejada en aquel angelical rostro, se dirigió a éste con apenas un susurro al oído, para decirle algo que, obviamente, éste sería incapaz de comprender:

-Hay mi amor… ojalá no crecieras nunca para poder disfrutar de tu pequeño y tan simple mundo que te permite ser tan feliz…

Y así, después de arroparle con cuidado de no despertarle, besándola en la frente, le dejó para preparase un té caliente con sabrosas galletas para luego irse a dormir, decisión que mantuvo con firmeza a pesar de ver la carta aún sin terminar sobre la mesa cuando se dirigía al dormitorio, a la cual, no apeteciéndole continuarla, bromeando dirige hacia ella un saludo:

-Hasta mañana mamá, lo siento, hoy ya no te seguiré contando mas nada, pues he tenido demasiadas emociones fuertes por este día con Camil… a propósito; ¿qué le habrá sucedido a Camila? ¿Qué se tendrá tan guardado que tanto le daña y nadie lo sabe? Bueno, a saber, al fin y al cabo, todos tenemos algún secreto que ocultar, pero lo peor de ello, es cuando empiezan a socavar haciendo una herida que más tarde o más temprano salen, o nos matan… Bueno, pero como te decía madre, que descanses, mañana te seguiré contando, porque ahora estoy exhausta. Te quiero.

-Y tirándole desde lejos un beso al papel que pareció responderle con un suave y delicado movimiento ondulatorio, apagó la luz de la sala. Una vez en su cama junto al pequeño que disfrutaba ya hacía rato ya del acogedor hogar que Eloisa le brindaba, solo le bastó cerrar sus ojos para caer sumergida en un profundo y reparador sueño.

Un nuevo día le despertó lleno de rutinarias tareas a realizar. Como siempre, debió desayunar a prisa y con interrupciones, mientras se vestía, aprontaba al niño y cogía todo lo necesario de ambos para llevar consigo.

Así salió, pasando por la guardería y despidiéndose rápidamente de su tesoro al cual dejaría por unas horas para dirigirse al Instituto. Una vez en él, en su asiento del aula correspondiente, fue donde pudo disfrutar de la primera pausa con un profundo suspiro. Allí, pronto pasó el horario para iniciar una nueva carrera contra el tiempo y continuar con las ya conocidas tareas y obligaciones.

No habiendo terminado de sonar el timbre de salida, Eloisa ya estaba abandonando el lugar para pasar por la guardería y permanecer allí el poco tiempo que le quedaba libre hasta tener que ir a trabajar, tiempo que para ella aunque muy breve, el mejor de la ardua carrera de todo el día. Habiendo podido llegar al acuerdo de almorzar allí con su niño, evitaba dejarle solo tanto tiempo, además, de esta manera podía ahorrar el tiempo que le llevaría ir hasta su casa a comer, así como también el dinero si comiera fuera.

Era evidente que Eloisa, a pesar de haber sido la pequeña de las hermanas y por ello solo se había limitado a obedecer a Sara, la mayor, cuando las circunstancias de la vida le obligaron a cumplir con roles y obligaciones totalmente nuevas para ella, ésta pareció no haber sido tomada de sorpresa, sino por el contrario, asumió con más responsabilidad que muchos, amoldándose y luchando con tal fuerza y tesón sin igual; a todo y con todo cuanto se le puso delante en la vida, pero si algo la caracterizó de modo singular, fue ese llegar a poder disfrutar de cuanto hacía, tomándolo todo como un desafío del cual se regocijaría luego en su victoria, la cual, además de ser el premio para ella, constituía la continua demostración de que siempre vale la pena intentar, arriesgarse, soportar, y con paciencia “seguir”, para poder vivir en paz y alegría.

Una vez terminado de comer en compañía de su niño, le permitían la dulce tarea de llevarlo a dormir, y así, dejando que fuera su rostro lo último que éste veía, le dejaba por unas horas más para cumplir con su trabajo de bibliotecaria a media jornada, que ella había logrado conseguir no muy lejos de allí por el solo hecho de tanto asistir, pasando largas horas en ella, primero con su hermana y luego también sola, o retirando material para estudiar en su casa.

Esta con visita continua, fue tenida en cuenta y valorada por el encargado del lugar, quien pudiendo comprobar el interés y cuidado que ponía en todo cuanto allí había, y habiendo comenzado una interesante relación en cuanto a temas que de tal ámbito correspondía, cuando necesitó quien le sustituya en su medio horario, se lo propuso confiando que más allá de saber que lo necesitaba, lo haría bien y con gusto. Ella de inmediato con placer lo aceptó de inmediato compartiendo las tareas con otra chica que lo hacía por la mañana.

Desde entonces, siempre puntual y metódicamente, llegaba, colgaba su abrigo, y se sentaba en su escritorio; el mismo que hubiera dejado segundos antes su compañera. Una vez instalada en él, lo primero que hacía era leer la nota que ésta le dejaba a la vista poniéndola al tanto de las novedades que hubieran surgido e indicarle en qué situación quedaba todo para que ella pudiera, a partir de ello, continuar con los correspondientes quehaceres, los que de inmediato se ponía a realizar.

Este trabajo, para Eloisa era muy agradable además de favorable, puesto que, más allá del breve y conveniente horario, le permitía por ratos, dedicarse a sus tareas de estudio, y también su función en sí le apasionaba, por el tener que mantenerse informada de lo que allí hubiera, tanto para poder orientar a quienes asistían al lugar en busca de tal o cual material, como para saber colocar al mismo debidamente cuando estuviera fuera de lugar por haber sido utilizado, prestado y devuelto, o nuevo recién recibido.

Una vez cayendo la tarde, Eloisa va acondicionando el lugar para cerrarlo en cuanto llegara la señora encargada de limpiar, a quien le dejaba las llaves. Ésta, sabiendo el anhelo de la joven por ir de inmediato a la guardería, no solo llegaba en hora sino que a veces lo hacía unos minutos antes, y una vez que se hubiesen saludado y Eloisa le hubiere dado las llaves y las gracias, sin pizca de cansancio en su rostro, a toda prisa iba en busca del pequeñajo, el cual, a pesar de su poco tiempo de vida le esperaba sabiendo exactamente cuando aparecía su hada rosa por aquella puerta por donde le dejó salir con total tranquilidad, sin dudar que volvería a su rescate para llevarle consigo a casa. De esta manera, sin equivocarse en lo más mínimo. Todo sucede así, ella llega y lo cubre de besos con los que él se regocija; le abriga y sujeta a su coche, se despide de todos hasta el otro día, y emprende la marcha sin parar directo a su casa.

Una vez allí, de inmediato lo quita del cochecito, lo coge en brazos y dejándose caer sobre el sofá, quedando frente a frente con él cómodamente apoyado a sus anchas sobre su cuerpo tendido, le mira a los ojos que frente a los de ella le esperan, y con tono victorioso le dice:

-¡Hay corazón! Por fin en casa… sanos y salvos tesoro… un día más que hemos ganado la batalla… – Actitud de la cual, Eloisa hizo una rutina para lograr obtener de quien la escuchaba atentamente, la infalible respuesta consistente en un inmediato contoneo alocado que, acompañado de expresivas sonrisas y babeos, refregaba con sus manitas por toda la cara, algo que inevitablemente desata risas y arrumacos incontenibles en ella, festejando así, la gran felicidad que vive a pesar de su alto y muy doloroso precio, el cual, recordando cual fue, en voz alta se dirige en nombre de los dos a su hermana Sara aunque allí no esté :

-Gracias querida Sara, fue la mejor decisión que tomaste, y perdóname por haber dudado, pues ahora puedo comprender y estoy segura que desde donde sea que estés, estarás tan feliz y orgullosa como yo del fruto de tu drástico amor frustrado.

-Con estas palabras, apretujando tiernamente a aquella encantadora criatura que solo al mirarle le sonreía, se dirigió a la cocina a preparar algo de comer para ambos, y una vez satisfechos de la incomparable comida hecha y disfrutada en casa, un buen baño para él que le dejó pronto para ir a su acogedora cuna, en la cual, aún sin deseos de dormir se entretendría por un rato con sus juguetes que fieles allí le esperaban, ella, después de poner todo prolijo y en orden, hizo uso del mismo privilegio disfrutando de un relajante baño caliente.

No se sorprendió cuando al salir del baño se encontró con el niño dormido aferrado a uno de sus peluches favoritos, pues ya había notado que los sonoros balbuceos con los que le había dejado habían cesado, por lo que arropándolo para pasar la fría noche, envuelta en su bata, se dirigió a la sala y tomando asiento cogió aquella carta que tanto había postergado ya desde la salida con Camila hasta entonces, y releyendo el final para recordar en que parte había quedado de ella, continuó sin dudarlo:

-“… De pronto se me ocurrió que si él, nos estaba mirando, debía ser desde donde, pudiera controlarla, y aunque pudiera ver que yo hablaba, si ella no lo hacía…no sé… no estaba muy segura, pero pensé que quizá, si encontraba otra forma de comunicarnos… sin que ella tuviera que hacerlo…entonces fue cuando revolviendo mi café con la mayor naturalidad que pude, hablándole mientras lo hacía, pues escucharme podía, le propuse una idea; que yo le haría preguntas y ella tan solo moviendo discretamente la cabeza afirmando o negando, podíamos intentar entendernos sin que él lo notara, pues con tan mínima expresión y aún cubierta por su cabellera, ni siquiera tendría que mirarme al hacerlo. Hecha la proposición del plan, solo tuve que esperar unos segundos para conocer su decisión, la cual, aún con mucho temor fue a favor para llevarlo a cabo.

Comencé diciéndole que aunque no supiera el por qué estaba soportando aquella situación, lo que sí sabía era que debía salir de ella y lo haríamos juntas.

Luego, aprovechando su silencio, le dije que suponía que él se encontraba cerca de allí, y que de algún lugar no sabía cual, nos podía ver, por lo que mi primera pregunta inevitablemente era saber si estaba en lo cierto, a lo que de inmediato lo confirmó, él nos observaba. Sabiendo esto comprobé por mí misma que dentro del local no estaba, por lo tanto debía buscarlo fuera, lo que se me hizo más difícil, ya que si bien solo tenía acceso a la vista limitada por la ventana junto a la cual me encontraba, ésta no solo era bastante amplia sino que también me produjo gran confusión la presencia de todo un gentío, que en movimiento o no, me obligaban a detener la mirada uno por uno, buscando rasgos o conductas que identificaran a quien yo pretendía hallar.

Aún así lo intenté durante largos minutos, pero al no poder encontrarlo, me vi obligada a acudir a la ayuda de Sara nuevamente pidiéndole que si ella lo sabía, tan solo dirigiera su mirada hacia el lugar donde se hallaba, entonces, ésta muy lentamente levantó su rostro y miró hacia la puerta principal del local, que encontrándose a mi espalda, no pude fijarme para corroborar, se lo pregunté esperando lo reafirmara, y ésta, olvidando mantenerse sin hablar, me contestó con un “sí, pero…no” , respuesta con la cual produjo en mí una confusión tan evidente que se arriesgó aún más al hablar para decir exactamente donde estaba, era justo “a un lado de la entrada”, en un punto que le ofrecía una perfecta vista de nosotras, y sobre todo de ella, no de mí, en algo me había equivocado, él solo podía verle a ella de frente y con claridad, y así podía controlar si hablaba o hacía algo sospechoso que le delatara. De inmediato le dije que debíamos marcharnos de allí como fuera, o al menos, intentar huir sin que nos alcanzara y así poder pedir ayuda, pero se negó rotundamente y en menos de un segundo, mientras yo le hablaba, pude ver como se fue instalando una expresión de pánico en su rostro, dejó escapar un profundo y ahogado suspiro mientras sus ojos alejaron la mirada, y cristalizándose se fueron dirigiendo cada vez más hacia arriba, mientras se dejó caer sobre el respaldo de la silla, reclinándose en ésta hacia atrás con toda la fuerza de su peso, entonces me di cuenta que no solo nos había descubierto que tramábamos algo, sino que se estaba dirigiendo hacia nosotras, lo que no me sorprendió, pues era de suponer que había notado el descuido de Sara al hablar y eso le inquietó, sospechó que algo no iba como él lo había planeado, y además, quizá hasta ya hubiera notado que solo habíamos estado hablando, bueno, al menos yo lo hacía, y que ni siquiera habíamos tomado el café para prolongar el motivo de nuestro encuentro.
Por un momento, ambas quedamos quietas y calladas, ella reflejaba tener la mente en blanco, como si estuviera imposibilitada y sin esperanzas de poder hacer algo, ni siquiera lo intentaba dejándolo así, todo en mis manos.

Yo en cambio, me esforzaba tanto que ya empezaba a dolerme la cabeza tal cual la exprimiera esperando que surgiera de ella alguna idea, las cuales pasaban unas tras otras sin parar, pero así como venían, las descartaba, las ponía en duda, o tan solo las dejaba pendientes; pero bajo tanta presión no me decidía por alguna de ellas.

Mientras tanto, sucedió lo que me temía, vi su sombra tapar la mía, era evidente que ya se encontraba justo detrás de mí, los ojos de Sara, que en un primer momento se habían dirigido hacia arriba, ya por encima de mí, tan altos como la sombra misma, descendieron de pronto perdiéndose nuevamente en aquel café ya frío que había quedado sin beber.

Después de que nos observó en silencio, manteniendo la calma con las manos en los bolsillos del pantalón, muy tranquilamente al igual que el hombre más inocente que se pudiera uno encontrar en cualquier lugar y momento, se dirigió a la barra, y pidiendo un whisky doble se instaló en un extremo de la misma con la mirada fija hacia nosotras.

En cuanto tomó distancia, le sugerí a Sara que fuéramos junto al dueño del local y le dijéramos que ese hombre nos estaba persiguiendo, que por favor llamara a la policía por nosotras porque nos vigilaba y no podíamos salir de allí ya que iría detrás nuestra; pero aunque sorprendida, me pude dar cuenta que ella daba por perdido dicho intento, con lo que no me dejó otra opción que tomar la iniciativa sin tener en cuenta su opinión, ya que no aportaba ideas ni colaboración alguna para salir de aquella situación. Olvidando por primera vez que ella era la mayor, la que habitualmente decidía y hasta actuaba casi siempre por las dos, en ese momento la cogí de la mano y así la llevé ante el hombre que se encontraba tras la barra para decirle con preocupación y temor lo que había ensayado, pero éste, sorprendido, me preguntó si estaba segura de lo que estaba haciendo, lo que inevitablemente me hizo cambiar de actitud, de ser alguien que se demostraba en peligro, pasé a estar también fastidiada al ver que era tomada por tonta, y exaltada por ello le respondí que sí, que lo sabía perfectamente.

Ay madre, no imaginas cuan grande fue mi desconcierto al ver como aquel granuja por el que estábamos metidas en tantos problemas, desde el rincón donde bebía tranquilo su trago, comenzó a reírse descaradamente.

No comprendiendo nada, quedé absorta mirándolos a los dos alternadamente, y mientras aquel no paraba de reír burlonamente, el otro, dueño del bar, tan solo me dijo que “ese” era “el marido” de Sara, y por eso no creía que le estuviese hablando enserio. Afirmó que le conocía de hace mucho tiempo y sabía que, si bien no era un buen hombre, sí era un buen cliente, y por esa razón se andaba con cuidado aún sabiendo que anduviera en alguna de sus “típicas canalladas y enredos con señoritas”.

Cuando la risa de uno terminó, el habla del otro también, y sin más explicaciones se retiró de la barra para ocuparse de sus asuntos. Yo me quedé allí parada por unos segundos sin saber qué hacer, y Sara, que hasta entonces había estado como ausente, me sorprendió cuando, mirándome a los ojos, me dijo que se iría, pero “no antes sin pasar por el servicio”, algo que, si bien me hizo recordar que aquella era la infalible recomendación de nuestro padre cuando nos retirábamos de algún lugar, en ese momento me pareció totalmente inadecuada y no le di mayor importancia, creyendo que de los nervios no sabía lo que decía. La ignoré tal cual no la hubiera escuchado, preferí seguir insistiendo en lo que más apremiaba, marcharnos de alguna manera de allí ahora y juntas, algo a lo que irremediablemente ella calificó como imposible, y cogiéndome por el hombro, con un suave apretón, me repitió que iría al servicio, pero esta vez, dijo algo más “que recordara a nuestro padre y que debería hacer lo mismo cuando ella lo dejara”, entonces descubrí que aquello tenía más importancia de la que yo le había dado.

Así fue que, ella se dirigió hasta allí mientras yo, quedándome sola con la inquietante y desagradable compañía de aquellos dos hombres, que decidiendo ignorarme por completo, les deje abandonando la barra para sentarme en la mesa más próxima y esperar me llevaran otro café que decidí pedir, y una vez allí, sacando mi pequeña y hermosa petaca, regalo de mi padre en mi último aniversario festejado junto a él, fingí retocar mi maquillaje intentando de esta forma hacer tiempo hasta que Sara regresara y pudiera explicarme algo más de lo que tramaba.

Pasado un largo rato, él comenzó a inquietarse y con un tono agresivo pidió a aquel hombre que le sirviera otro trago “para calmar los nervios”, a lo que el camarero pareció comprender de inmediato el motivo y mientras le servía, en un intento de calmarlo, le recomendó que se relajara, diciéndole que“a todas las mujeres cuando van al servicio y encuentran un espejo, lo olvidan todo y sobre todo el tiempo”.

Yo por mi parte, también había notado su excesiva tardanza, pero por supuesto que decir algo era lo menos que se me ocurriría, sino por el contrario, estaba a punto de salir para ir por detrás del bar y verificar por la rendija de ventilación que daba para afuera, para saber si aún se encontraba allí, si se encontraba bien, o si quería decirme algo; pero cuando me puse de pie para salir, un instante antes de dirigirme hacia afuera, le vi regresando,entonces le aguardé en el lugar sin saber muy bien que pasaría.

Una vez allí, ella se dirigía hacia mí cuando él se interpuso sujetándola por un brazo, y alejándonos le guió hasta donde había dejado su abrigo, señalandoselo sin decir palabra, parecía no ser necesario, solo le indicó que lo cogiera y así lo hizo, con lo que empecé a comprender la actitud abnegada de Sara, pues actuaba sin esperar siquiera que él le hablara, tan solo con un gesto ella le obedecía. Eso me produjo tal indignación, que sin quitar los ojos de los suyos, dejé dominarme por una furia que me llevó a intervenir, intente que ella reaccionara revelándose contra él pero todo fue peor, tan solo acercarme y cogerla de la mano con intención de que se dejara llevar por mí, él me lanzó una mirada exterminadora con la cual comprendí perfectamente el significado del gran enfado que me estaba transmitiendo, y ante esto, ambas calladas, sin decir ni una sola palabra, pude observar que ella ante la impotencia, eludió mi mano, bajó su cabeza, y así la mantuvo demostrando reconocimiento y sumisión, algo que yo, sintiéndome también tensa y asustada, a diferencia de ella, no le quité la mirada ni por un instante. De todos modos comprendí que en esta ocasión era mejor no insistir, entonces cedí, pero no sin dejarle bien claro con aquella impetuosa mirada, que no lo hacia por mi sino por ella.

Tan solo viéndole incapaz de no poder mantener más su mirada ante la mía, supe que había comprendido mi mensaje, y por esta vez me sentí satisfecha. Apenas Sara dio dos pasos alejándose de mí, y él convencido que yo ya no haría más nada, arriesgándose, aprovechó el instante para ordenarle que saliera del lugar, y así cuando él se marchaba detrás de ella, no se privó de decirme que “ya nos volveríamos a ver”, a lo que inesperadamente le sorprendí contestándole que “eso lo diera por echo, pues esto no quedaría así”. Al escucharme se detuvo por un instante, dio vuelta su cara para mirarme, y viendo que no se me movía ni un músculo de la cara, siguió su camino de salida poniendo fin a aquel tan extraño encuentro”.

De pronto Eloisa deja caer el bolígrafo y con un gesto de cansancio, estira sus brazos con fuerza y satisfacción lo que la lleva poco a poco, a estirar parte por parte el resto del cuerpo logrando un estiramiento total del mismo.

Una vez que gozó de dicho placer, aprovechó esta interrupción y se fue a hacerse una taza de té para luego continuar;pero cuando se dirigía a la cocina, así tal cual como si estuviera esperando que se desocupara, el niño, con un suave lloriqueo le llamó su atención, al cual de no asistirlo de inmediato, seguramente, iría creciendo progresivamente acompañándolo luego, con movimientos de brazos y piernas, retorciéndose y agitándolos para mostrar así su impaciencia que, lógicamente como la de todos los bebés con su tiempo, es por comer, dormir, o simplemente, por querer compañía, todos ellos motivos que no se pueden prorrogar. Sabiendo esto, Eloisa se dirigió hasta él sin dudarlo, ya que obviamente atenderle, le atraía mucho más que la tarea de rememorar por compromiso aquello tan amargo. Lo cogió tiernamente y comenzó a hablarle como siempre, como si le comprendiera: – ¡Vaya, vaya! – Le exclamó dulcemente – Bien claro tienes tú lo que quieres, ¿verdad? No, si ya lo sé yo que al señorito de la casa no se le pasa ni un minuto de los que le corresponde ¿verdad? – Y así haciéndole graciosas morisquetas y delicadas cosquillas, lo llevó en brazos por toda la casa mientras buscaba y preparaba todo, logrando de esta manera que pudiera soportar la espera interminable de los preparativos de forma placentera y no con llanto. Después de alimentarlo, cambiarlo y juguetear sobre su cama un buen rato, cantándole tradicionales nanas que había aprendido de su madre, (y ésta de la suya, y así sucesivamente), poco a poco fue atrapado por el murmullo arrullador de tan dulces melodías hasta que por fin, vencido por el sueño, Eloisa lo cobijó suavemente en su cama, dejándole allí dormido rodeado de blandas y acogedoras almohadas que le limitarían y protegerían de nefastas consecuencias si acaso se moviera.

Una vez libre de su agotadora pero placentera obligación como lo era el cuidado de aquel niño, el cual representaba para ella alguien muy especial, creyó más que nunca ser merecedora de aquella taza de té que había ya postergado hacía un buen rato, la cual se preparó acompañada de unas deliciosas galletitas por ella preferidas, y sentándose ante el televisor, disfrutó de dicho momento con un humorístico programa que según ella, y estaba en lo cierto, buena falta le hacía, ya que con él reía, repetía, y hacía comentarios olvidando por completo que se encontraba sola en aquella casa.

Pasado un buen rato de tan grata distracción, fue con una imprevista presentación de las noticias que, al dar a conocer un acontecimiento similar al que ella había vivido, irremediablemente le recordó lo que debía continuar, por lo que con la última galletita y trago de té, abandonando aquel cómodo sofá para dejar todo prolijamente recogido como le había acostumbrado su hermana, se dirigió a continuar la carta pendiente:

“…Una vez que Sara y él abandonaron el lugar, recordé que debía ir al servicio para sacarme aquella inquietud que ella me había dejado carcomiendo por dentro; el por qué o para qué, mi hermana me había insistido tanto con el hecho de no irme sin pasar por el. ¿Qué quiso decirme?, algún sentido, debía tener aquello, y puesto que si hasta utilizó la memoria de nuestro padre para que lo hiciera, debía ser importante que fuera hasta allí, además, ¿por qué ella se tardó tanto en él?… ¿o para qué?… evidentemente que solo yendo, podría quizá, y solo quizá, llegar a comprender.

Fue entonces que decidí dirigirme hasta él de inmediato obedeciéndola. Por suerte estaba desocupado y no debí esperar. Entré y trancando con el cerrojo, eché una mirada general al lugar y no viendo nada que me llamara la atención, me quedé pensativa intentando averiguar que estaba buscando realmente, pues no me había dado ninguna pista que me ayudara.

Recordando las películas policiales, y de investigación que, como tú bien sabes, siempre fueron mis favoritas junto con las de suspenso, (motivo por el cual tu me regañabas diciendo que perdía el tiempo con ellas en lugar de dedicarlo a los estudios) fue que se me ocurrió “reconstruir los hechos”; y en este caso, tal cosa consistía en fingir el uso normal del servicio como lo haría cualquier otra persona, pues no es lo habitual ir allí a buscar nada, y menos algo en especial, sino a darle el uso para lo que ha sido inventado. Pensando así, con la esperanza que de esta manera quizá viera o notara algo inusual que de otra podría pasar desapercibido, me senté en la taza, quedándome en ella unos segundos sin dejar de observar todo cuanto allí había; techo, paredes, rincones, artefactos…todo… pero nada, no vi nada.

Pero esto no me quitó confianza, ella por algo me dijo lo que me dijo, y mi plan estaba bien pensado, por lo tanto seguí con él. Simulé quitar papel para higienizarme, que sería lo siguiente a realizar normalmente, pero aunque en pocas ocasiones sucede, en ésta sí sucedió, no había papel. Solo me preocupó por quien viniera después y lo necesitara realmente, pero no por mi, pues como todo se trataba tan solo de un simulacro, no me hacía falta. De todos modos debía fingir que lo había y lo debía usar, para lo cual, me puse de pie, sin olvidarme antes, de agacharme tal cual hubiera podido usarlo. Algo tan tonto como aquello, me dio la clave.

Al agacharme pude ver que detrás de la taza estaba tirado el cartón que todos los rollos de papel en su interior tienen. Y si no fuera porque buscaba algo inesperado como era en este caso, quizá no me hubiera llamado la atención como en ese momento lo hizo, pues al verlo me quedé mirándolo y sin saber como me llevó a pensar que, si se tratara del baño de tu propia casa quizá sí alguien se tomara la molestia de quitarlo, pero en un bar era extraño, nadie lo haría y menos para reponerlo. Pero…además…no ha sido repuesto, entonces…¿quién se molestaría en quitarlo una vez que se terminó? Además, fuera quién fuera que lo quitó, ¿por qué tirarlo allí detrás y no en la papelera… o en donde sea visto y así ser repuesto…Era absurdo, sí, pero en ese momento, pensé que ya todo lo que yo estaba haciendo en ese servicio lo era, y según el orden lógico que debía seguir, era satisfacer mi curiosidad por algo encontrado por más absurdo e insignificante que pareciera (o al menos eso dicen y hacen en las pelis), entonces, estiré mi mano y lo cogí. Al poder observarlo, todo lo absurdo se desvaneció al instante, las piezas encajaron tal cual las de un mosaico. Aquel cartón había sido rellenado con su propio papel de origen, pero con la diferencia que ahora se hallaba escrito, y reconociendo sin lugar a duda la letra de mi hermana, quedaba claro que había sido ella quien lo había quitado y “dejado” “no tirado”, o mejor dicho “escondido” allí detrás, donde no fuera tan fácil de ver por cualquiera sino por quien lo buscara, y ese alguien obviamente era yo.

En él, había escrito todo lo que no pudo decirme y estaba pasando, entonces, con apremio empezaba a leerlo, cuando fui interrumpida por una señora que necesitaba entrar , razón por la que, teniéndome que retirar para dejarlo libre, lo guardé en el bolsillo de mi chaqueta y salí mostrando la mayor tranquilidad que me fue posible, la avisé a la señora, la falta de papel, que sin dudar fue a reclamar de inmediato al dueño, por lo que éste, con recelo me quedó mirando mientras me marchaba (supongo que por “buchona”), pero a pesar de ello, algo quería decirme y me retuvo… ¡No te imaginas madre qué chasco me llevé!,¡El desgraciado no había pagado nada, ni siquiera su propia consumición! Y sinceramente, no sé si fue por indignación, rabia, o promesa de venganza, que se reflejó en mi rostro y dejó ver como el mismísimo demonio se iba apoderando de mí, que cuando me dirigí a pagar, el camarero y dueño del local, aclarando aún que la cuenta era de “los tres”, ya que “el caballero”, ni siquiera fue capaz de pagar ni lo suyo ni lo de su esposa, se mostró comprensivo ante mi reacción, y diciéndome que lo tome con calma, ya que allí todos lo conocían y sabían que era un “malicioso payaso fanfarrón”, no quiso cobrarme.

Pese a tal gesto, yo no pude evitar mostrarle que tal escusa, para mí no justificaba su conducta, pues si bien como dijo, a él le favorecía el tenerle como cliente, era a costa de quién sabe cuántas chicas que ese hipócrita por allí llevaba, a lo que, dándome una buena razón que tuve que aceptar, di por zanjado el tema, pues era cierto que ni él ni nadie podía hacer algo si el comportamiento mantenido en público era correcto, lógicamente que nadie puede enfrentarse a alguien tan solo por “conocer sus intenciones”, diferente sería si se produjera una discusión, agresión o maltrato, pero no era así, quienes le veían, e incluso él mismo, solo veían al fulano con una joven pasándolo bien, ¿qué iban hacer?, ¿acercarse y decirle que se retirara porque sabían que era un …?, ¿y a ella decirle que lo dejara porque el…? ¡No!, imposible, nada de esto podía ser, nada, era ridículo; así que, dándole la razón le pedí disculpas y me retiré.

Aquel hombre las aceptó y recordándome que ya tenía yo bastante para preocuparme con mi propia hermana, me aconsejó que no debiera ahora hacerlo por las demás, pero sin embargo y sobre todo, resaltó la recomendación de que “tenga mucho cuidado”.

Una vez fuera de aquel lugar, dejé todo lo sucedido a un lado junto con mis nervios y temores , y hasta mi rabia abandoné, solo me apresuré a leer aquel papel poniendo toda mi concentración en ello, papel escrito tan de apuro que casi eran garabatos los que en él había. La oscuridad de la noche más aún me dificultaba para ver bien, pero no me podía permitir esperar a llegar hasta casa, así que, llegando a la plaza más cercana que de camino me quedaba, me senté bajo la blanca luz de una farola, y comencé a leerla sin poder parar de hacerlo hasta el final, con una desbordante ansiedad.

Comenzaba haciéndome recordar a Alicia. ¿Te acuerdas de la chica que te hablé al principio? Pues la gente no se equivocaba en sus sospechas, todo fue una gran mentira, y para peor muy triste, pues él le contó a Sara, sobre la supuesta luna de miel, afirmó que ese viaje lo realizaron porque Alicia estaba embarazada y él le obligó a someterse a un aborto involuntariamente, le amenazó con que si no se lo hacía “nadie sabría nunca más nada de ella”, así como también igual “la haría desaparecer”, si al volver se lo contaba a alguien.

Ella aterrorizada aceptó hacerlo, y fue por eso que a partir de allí, casi nunca se le veía tan a menudo hasta el día que nos enteramos que toda la familia se había mudado sin ni siquiera despedirse, y claro, mucho menos sin decir para donde.

Hasta aquí fue todo lo que Sara puso que recordara, luego solo agregó que aunque la historia “se repitiera”, esta vez no saldría con la suya, pues ella…”

De pronto Eloisa interrumpió bruscamente su carta, creyó haber escuchado ruidos provenientes de la habitación en la que dormía el niño, y sin pensarlo dos veces fue hasta allí pudiendo comprobar que se había despertado y estaba entreteniendo con sus pies y manos en movimiento mientras emitía graciosos sonidos que solo él podía entender:

-¡Huy, angelito mío! – Le dice acercándose sonrientemente hacia la cama mientras se fija la hora que era – ¡Pero mira la hora que es!, perdona tesoro, es que cuando me pongo a contarle cosas a tu abuela es peor que si la tuviera a mi lado, no puedo parar…

Comenzando la etapa final del día para éste, Eloisa le prepara un delicioso biberón que no demora en terminar y luego, con un tibio y divertido baño de suaves y relajantes fragancias, le viste ya con la ropa de dormir toda la noche, por lo cual dedicándole los últimos minutos que quedaban, le mima y entretiene durante un rato:

-Bueno… bueno… que guapísimo está este niño… – El que le corresponde con retorcidos movimientos y sonrisas – Yo no sé qué haré con una cosa tan bonita…¿tú qué dices?… ¡claro, no dices nada!… ¿y eso te parece bonito?…¡claro que sí!, bonito y gracioso ¿verdad?, ¿quién no se va a reír de una chiflada que quiere que hable un bebecito tan peque, peque, pequeñitito como tú?, ¿Verdad?. – Y así, riendo los dos tras un juguetón zangoloteo que le hace durante aquel “extraño pero especial monólogo”, observando su estado de ánimo, continúa haciéndole una proposición:

-Mira, como veo que no tienes muchas ganitas de ir a tu cuna, y te portas tan bien, haremos una cosa…llevaré todo lo mío de la mesa al sofá de la sala, y allí nos tiraremos los dos juntitos, ¿sí?, en el sofá, ¿sí, qué te parece? – Habiendo obtenido risas que obviamente tomó por un “sí”, lo envuelve en una manta mientras va cogiendo lo necesario para seguir escribiendo, y una vez en el sofá, se recuesta con él frente al televisor que inmediatamente atrapa la atención del niño con sus colores en continuo e “inexplicables” movimientos, y así, quedando prendado a éste, Eloisa aprovecha su distracción y quietud para continuar escribiendo:

“…luego solo agregó que aunque la historia “se repitiera”, esta vez no saldría con la suya, pues ella,… no pensaba darle el gusto de obedecerle por más miedo que tuviera.

También me pidió, que aunque pareciera absurdo, no intentara más nada, pues ya nada podía hacer por ella, hacía tiempo tenía síntomas y lo ocultaba, hasta el día que lo confirmó y decidiendo marcharse todo había quedado en sus manos. Pero por sobre todas las cosas me rogó no olvidar que si fue un error fué suyo por no escucharme.

Por último, pidió que recordara lo mucho que me quería y te lo dijera a ti también, así como que te rogara, si era posible, que le perdonaras.

Madre, al leer esto pude comprender que…que sí madre, que tal como aquella otra chica, Sara estaba embarazada, y que si bien como dijo tenía síntomas de ello, estoy segura que no era por lo único que se encontraba tan mal cuando estaba en casa, sino que también era consecuencia del pánico del que era presa y ocultaba.

Pero lo que más me preocupó desde ese momento fue, a pesar de no saber por qué ese canalla le obligaría a abortar, era la seguridad de que estaba corriendo un grave peligro, ya que a diferencia de Alicia, ella se negaba e intentaría evitar que tal cosa pasara, pues eso es lo que dijo que haría. Imaginas que teniendo esto en cuenta, el resto de peticiones las ignoré. Lo único que pensé al instante era encontrarla como fuera, y para ello me dirigí a la casa de él, no me importó ni la hora que era, tan solo pensé que quizá mañana, o tan solo unos minutos más, ya sería tarde, pues él se fue muy enfadado del bar donde nos encontramos.

A pocos metros de llegar, pude ver que él salía dando un portazo, con lo que supuse que entonces ella estaría sola. Esperé que se alejara lo suficiente, para acercarme a la puerta y timbrar, pero como no obtuve respuesta alguna, sin dudar ni un instante cogí el pomo de ésta que para mi sorpresa estaba abierta. Eso me pareció extraño, ya que de esta manera él corría el riesgo que ella se escapara, pero no me detuve a perder el tiempo en vacilaciones, el llegaría pronto, por lo que comencé a llamarla a gritos mientras recorría la casa. Sin recibir respuesta alguna a mi desesperado llamado, comencé a desesperarme temiendo que hubiera pasado lo peor; pero no desistí. Subí como endemoniada las escaleras que conducían hasta los dormitorios y entré al de ellos… ¡Ay madre! ¿Por qué le dejé marchar?…

Toda la habitación estaba revuelta tal cual un huracán hubiera pasado por allí. Era evidente que la golpeó sin piedad y ella se resistió, todo indicaba que intentó defenderse y escapar…pero… eso no fue lo peor que me encontré, lo peor fue cuando haciendo a un lado todo cuanto había en el camino hacia su cama donde estaba tendida, le vi su hermosa cara y manos cortadas provocadas obviamente por su resistencia ante el objeto afilado con el que se debió enfrenar, y en su cuello aún estaba brutalmente apretado aquel pañuelo tan bonito que nuestro padre le regaló en su décimo octavo aniversario, ¿recuerdas?…su favorito… ¡o Dios!…¡¿Cómo pudo suceder algo así?!…Todo fue tan rápido y aterrador…tan increíble y confuso, que por un momento sintiéndome derrotada me dejé caer sobre ella descontrolada en un desolador llanto, pero al caer sobre su pecho sentí la lucha de su tenue latido que me hizo reaccionar, no me había percatado que sólo habían pasado segundos. Entonces, como volviéndome el alma al cuerpo, deje de llorar y reaccioné, de inmediato solicité una ambulancia y mientras con desesperación explicaba lo sucedido, también intentaba a la vez liberar su cuello cortando aquel pañuelo con un puñal que allí yacía, quizá el mismo con el que le intentó matar y no pudo, quizá el mismo que más tarde en mis manos, le salvaría.

La asistencia médica no tardaría en llegar, pero mientras tanto, no me detuve en el intento de ayudarla, la mantuve con vida con continua reanimación, lo que me agradecieron los médicos al llegar y encontrarme en ello.

De inmediato me retiraron y continuaron su trabajo, la entubaron, la prepararon para su traslado y marchamos …no podía creer… cuánto sucedió y en tan poco tiempo, pero… mirándole me consolé…estábamos allí y juntas, aún vivía… surgió así una esperanza… Una vez en el hospital sin perder un segundo, la llevaron de inmediato a quirófano.

Fueron éstos los primeros minutos aunque insufribles, de escasa calma, y por suerte, con la inesperada compañía de Camila, la cual al percatarse de mi ausencia justificada a clases, después de ir a casa y comprobar que no estaba, junto a su madre instintivamente llamaron directo al hospital, donde le informaron lo sucedido.

Nadie me decía nada, y yo no comprendía exactamente qué estaba esperando, pero pronto lo supe…cuando un médico salió y preguntó por mí me lo dijo…habían podido salvar al niño, más a la madre la habían perdido…

Sí mamá, la perdimos…a Sara…la perdimos…

En el momento que escuchaba al médico mi mente volaba, le veía mover los labios, más no escuchaba sus palabras… Lágrimas no habían pero sí un dolor que me harían estallar los ojos… y mi pecho madre… mi pecho desgarrado de tal modo que aún no explico la ausencia de sangre, pues la sensación era exacta a la de estar desangrándome en vida.

A pesar de tener a mi amiga junto a mí, estrechándome contra ella y con palabras de consuelo, mi agobio fue tanto, la tensión, la angustia y desesperación… el miedo por lo que vendría… todo… de pronto, entré en un choque histérico del cual el mismo médico, según me dijeron, fue quien me atendió una vez que caí en brazos de Camila, quien de inmediato logró cogerme antes de caer al suelo.

Habiendo perdido el conocimiento, luego de varias horas, cuando lo recuperé estaba ingresada en aquel mismo hospital, y una vez enterado el médico que ya estaba consciente, acudió a mí de inmediato.

No vino solo, al entrar en mi habitación le vi trayendo entre sus brazos un abrigado envoltorio del cual se lograba ver un par de tiernas manitas que, según me dijo al intentar entregármelo estirando sus brazos que le sostenían, buscaban el calor que solo la “familia” le podía dar. Al principio vacilé, luego, cuando Camila me dio un suave apretón en la manos que entrelazadas teníamos, como gesto de súplica, piedad o consideración, hizo que mi reacción fuera, soltándome lentamente de ella, aunque con cierto temblor, me incorporé con las manos abiertas hasta el médico que aún esperaba que cogiera al niño, y una vez que lo alcancé y acerqué hacia mí, le descubrí el rostro ligeramente protegido por aquello que le abrigaba y le vi… y me vio… ¡era hermoso madre!, sí, hermoso, sano y parecido a ella, pero…¿qué haría yo con aquel niño? Sabía quién era, de quien era, pero… ¿qué le diría?, ¿cómo lo criaría?, ni siquiera alguna vez me lo había imaginado con un niño propio… y ahora, de un momento a otro… mío o no, lo debía hacer tal como si lo fuera.

Tanto Camila como el médico se mantuvieron en silencio tan solo observándome y a la expectativa de mi reacción, pero en un momento dado, fue aquel médico el que pudo ver en mí, la mezcla de confusión entre dolor, culpa y remordimiento que me acosaba, y eso fue lo que le llevó a sentarse a mi lado mirándome a los ojos dulcemente como queriendo llegar a lo más profundo de mis sentimientos para su comprensión, y así poder ayudarme. Me pidió que le pusiera al tanto desde el principio y una vez que lo hice, tanto él como Camila, para la cual también acababa de enterarse de todo lo que había sucedido, y que estaba sola en aquel lugar, tan lejos de mi casa y mi familia, se comprometieron a ayudarme en lo que hiciera falta. Para empezar, pondrían en marcha la búsqueda del responsable que había cometido tal atrocidad con Sara, para lo cual yo debía colaborar tranquilizándome y esforzándome en recordar hasta el más mínimo detalle y así poder dar a la policía la mayor cantidad de información posible.

Luego, el médico, por su parte, prometió ayudarme a resolver lo que se haría con el niño, tema que, si bien yo aún no había tenido el coraje suficiente para decir algo al respecto, él, pronto pudo intuir que no deseaba postergarlo más, pues con tan solo ver que yo no dejaba de mirar a aquella tierna criatura, y llorando le arrullaba contra mi pecho, comprendió que estaba ante una evidente contradicción de alguien que se encontraba atrapado y sin salida, alguien que sin darse cuenta se hallaba quizá, a la espera de que otro decidiera por él, lo que realmente quería.

Nos mantuvimos en silencio por un instante, luego él comenzó diciéndome que podía entender lo que me pasaba, que era normal y no debía sentirme mal por no recibir alegremente a ese niño al que sin embargo le quería, y para ayudarme a razonar y así yo poder aclarar mis sentimientos, me explicó que era lógico que por lo que su venida al mundo produjo, trajera consigo dolor y pena, pero que en contrapartida a eso, debía recordar que no fue de él la decisión sino de su propia madre, mi hermana, Sara.

Al decir esto, Camila aportó su opinión resaltando que, según lo recién contado por mí, ella lo había resuelto a sabiendas de las consecuencias que ello podría traer.

Después de escucharlos a ambos, noté como entre los dos, lograron realmente conmoverme, analicé lentamente todo lo que decían, palabra por palabra, todas quedaban resonando en mi mente trayéndome hermosos recuerdos, vivencias y sobre todo las largas horas de conversaciones con Sara cuando hablábamos acerca de nuestro futuro; en qué trabajaríamos, cómo sería nuestro marido, nuestros hijos, nuestro hogar y la vida dentro y fuera de él… no sé… fue como si de pronto, al bajar la mirada y ver ese rostro tan tierno descansando placenteramente en mis brazos…fue como… fue como volver a estar con ella…

De inmediato sentí la inmensa necesidad de apretarlo contra mi con un fervor afectivo que me invadió por completo ahogándolo de amor y lágrimas llenas de gratitud, lo que el doctor, observándome junto a Camila, ambos sonrientes y secándome aquellas lágrimas, me preguntaron a qué se debían. Yo, con apenas con un hilo tebleque de vos intenté explicarlo; había logrado ver las cosas diferentes, no podía pasar de alto la decisión de Sara, ella sabía lo que podía pasar y aún así… y más aún, sabiendo que estaba yo… era obvio que… ¡Oh Dios!, madre, me di cuenta que ella estuvo dispuesta a dar su vida por él y ahora, si ese niño no fuera feliz… y ¡estando yo!, seguramente como ella lo había previsto, ¿te das cuenta?, ¡su sacrificio sería totalmente en vano! Comprendí de inmediato que si ella hubiera podido pedirme un último deseo, sería que me encargara de su pequeño, y por supuesto, que te diera a ti, lo único que de este viaje con orgullo defendió a muerte, tu primer nieto; y lo hizo más allá de lo que digan, de lo que piensen, sin importarle nada ni nadie, pues si debía marchar de este mundo, segura lo hizo de haber cumplido con lo más importante que se ha de tener en cuenta al concebir un hijo; “que sea fruto del amor”, y nada más eso, a nosotras nos debe bastar para hacer todo y mucho más de lo que ella hubiera querido hacer o darle.

Cuando expliqué esto al médico, sin dudar me dio su bendición diciéndome que era exactamente lo que debía entender del mensaje que Sara había dejado en todo lo sucedido. Mensaje que, si bien no había podido expresarlo o decirlo, de alguna manera estaba allí, tan claro como el agua; luego, cuando ya se disponía a retirarse aconsejándome que descansara, sus últimas palabras antes de cerrar tras él la puerta, con una sonrisa de satisfacción fueron: “has decidido correctamente, es lo que debes hacer, no lo dudes nunca, por más difícil que a veces parezca.

De esta manera, sin esperarlo, un gran alivió sentí en todo mi cuerpo inundándome de una enorme satisfacción y bienestar, pude ver aquella puerta que esperaba se abriera ante mí, por fin lo había hecho, y por ella entró la claridad total a mis pensamientos, los cuales, con Camila a mi lado que hasta entonces había permanecido en silencio, intentó detenerlos invitándome a descansar como lo había aconsejado aquel buen hombre, y dándome la mano, con los ojos cristalizados conteniendo lágrimas de emoción, no solo dio la razón a todo lo escuchado, sino que completó mi tranquilidad al asegurarme que así fuera difícil o no, ella estaría siempre conmigo, para lo que fuera y cuando fuera.

No te puedes imaginar madre como me sentí, pues después de tanto tiempo vivir con el peso de aquella soledad aterradora, ahora parecía volar en una nube de algodón, y tal sensación me permitió entonces acompañar en tan acogedor sueño al niño, que en la serenidad de mis brazos ya se había dormido.

A partir de entonces toda mi vida cambió, pero no creas jamás que dejé de pensar en ti y mucho menos en enterarte de todo, pero necesité para ello sentirme con fuerza y coraje para enfrentarme ante ti, queridísima madre, reviviéndolo todo con tanto dolor que si bien te lo he ocultado en un principio, fue con la esperanza día tras día, de que todo terminaría sin importantes consecuencias.

Pero me equivoqué, sí, desgraciadamente así fue; y aunque ya nada podrá cambiar lo sucedido, ahora, con la serenidad que va devolviendo el tiempo con su inevitable y mágico pasar, con el cual permite tomar distancia y aminorar el dolor, me siento no solo en la obligación sino también en la necesidad de contártelo todo, pero si algo más tendrás que comprender, es que no supe cómo hacerlo de otro modo que no fuera por medio de esta carta, pues el ir y verte, sé que por ahora no podría, pues a pesar que dentro de mí una parte grita desesperadamente que ojala ya mismo estuviéramos juntas, que estuvieras conmigo, hay otra que me contiene porque creo que tú, como yo o más que yo, necesitarás tiempo para asumirlo todo, para reaccionar con libertad y vivir tu propio duelo, hasta que éste termine, sin importar el tiempo que lleve, porque madre, si algo he aprendido y tanto tú como yo hemos de hacer, es seguir adelante, pues mientras hay vida, siempre hay mucho por hacer, y eso es justamente lo que dejó Sara, una vida, una hermosa y tierna vida por la que velar.

Solo quiero que sepas, y con esto me despediré, que hagas lo que hagas, decidas lo que decidas, para mí estará bien, lo respetaré y aceptaré sin más; pero lo único que sí espero y te lo ruego, es que intentes y logres con todas tus fuerzas, más allá de compartir o no su decisión, y más allá de sus errores, que a mi hermana le perdones, y si te ruego que lo hagas es porque… si se le puede culpar de algo… “fue de enamorarse. -De esta manera la joven Eloisa logró poner fin a tanto dolor hasta entonces guardado, con aquella carta que con tanto esfuerzo escribió. La misma que una vez ensobrada, la metió en su bolso y cuando se dirigió a coger a su sobrino, vio que éste, despierto se había mantenido en silencio, tal cual no quisiera interrumpirla para permitirle terminar aquella triste historia, la cual también a él le pertenecía.

Le arropó con mucho cuidado y lo estrechó contra sí sintiendo que éste le comprendía. También le dio las gracias por sobrevivir y estar allí, con ella, para seguir luchando junto a alguien con quien tenían algo, alguien, en común; la más brillante y bonita de las hermanas y la más valiente y generosa de las madres.

Así una vez preparados, emprendió la marcha a la estación para depositarla. Llevandoun paso rápido y nervioso sin estar segura del porqué; quizá porque el recordar todo aquello y llevarlo en su bolso de manifiesto le hizo tenerlo nuevamente a flor de piel; o quizá porque aún no había tenido noticias de aquel que era su cuñado; pero aún así sin saberlo, no dejó de ir apresurada y bajo una gran tensión, lo cual le llevó a no darse cuenta que alguien de pronto se había interpuesto en su camino y chocó torpemente contra aquella persona de tal modo que, si la misma no le hubiera sujetado por los brazos, bruscamente hubiera caído.

Ante esta situación, tan solo se limitó a disculparse sin ni siquiera mirar a la cara para hacerlo e intentó continuar su loca carrera cuando notó que quien le había sujetado, pretendía retenerla resistiéndose a soltarle, ante lo cual, asustadiza como había quedado por todo lo tan recientemente pasado, desconfiada ante cualquier cosa inesperada o fuera de lo normal, y alerta siempre por protección al niño; dio un fuerte tirón con el que logró liberarse, y tras la protesta furiosa por lo sucedido se disponía a salir corriendo cuando al escuchar la voz de aquella persona que le pedía perdón por asustarla, y explicándole que no era esa su intención ya que “sabía por lo que había pasado y con eso seguramente tendría bastante”, entrecortó el paso poco a poco hasta llegar a quedarse en el lugar, inmóvil, escuchando en su mente el repetitivo eco de aquellas palabras dichas por una voz sin duda conocida. Así de pronto, siendo presa de una extraña sensación, mezcla de una deseada alegría y miedo a una triste desilusión, notó que si bien no podía huir, tampoco se atrevía ni siquiera a dar vuelta el rostro para mirar hacia atrás y ver a quién, por alguna razón, esperaba algo de ella.

Se mantuvo quieta y en silencio durante unos segundos, sintió que quería, que necesitaba que aquella persona de alguna manera le confirmara la sospecha de una idea tan remota y difícil de creer que se había instalado en su cabeza. Era evidente que se trataba de alguien que le debía conocer y mucho, tanto como para hasta saber con exactitud qué debía decirle. Elogiosa pensó en alguien, pero no podía ser, necesitaba que le confirmara que aquello que tanto dudaba fuera posible, necesitaba “alguien”, que sin ser escuchada se aproximó y apoyando su mano en el hombro le trasmitió su inconfundible serenidad, le dijo con ternura que sí era ella, que no se había equivocado, ella era “su madre”, a la cual sin palabra alguna, pudo ver a la cara cuando le explicó que aquel médico del cual más nada supo, le había localizado, le había puesto al tanto de todo lo ocurrido, y también explicado por lo que estaba pasando su hija ahora, la misma que se deshizo en ese mismo momento de aquella carta de la cual nunca se dijo nada, puesto que su destinataria afirmó no venir por ella, sino por su valiosa hija y su precioso nieto.

– FIN –

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