Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

El faro 3 marzo 2010


El faro


De: Griselda Gamarra



Perdida en medio de la nada, sin tiempo ni lugar exacto, tan solo rodeada por la calma de las aguas, se sostenía a flote la pequeña embarcación que me transportaba, desde la cual solo podía ver la sutil línea donde el cielo y el mar se juntan.

Yo, serena, recostada en el bulto que comprendía todo mi pequeño equipaje, permanecía observando hora tras hora el habitual transcurrir de los días, y así embelesada, miraba la salida del sol, su diario recorrido, y su caída, con la cual tiñéndolo todo al pasar de cálidos colores entre rosa y naranjas, terminaba ocultándose para dar paso a la oscura noche con su mágico toque de claridad lunar.

Algo me llevó a la decisión de partir, y fue el hallarme sometida a tanta presión y confusión en el lugar donde vivía, que no dejándome otra alternativa que la de huir como solución, así lo hice, me alejé dejando todo atrás para poder vivir cosas nuevas y olvidar, empezar de cero poniendo mi mente a funcionar al máximo para recopilar nuevos datos e información, experiencias y conocimientos, así tal cual hubiera vuelto a nacer, sin saber ni conocer nada… absolutamente nada… y sobre todo, nada que altere mis emociones y sentimientos, mis creencias y mis valores, todo aquello a lo que convencida me aferraba…

Una de esas noches solitarias en las que iba a la deriva, sin esperarlo pude distinguir a lo lejos algo diferente que llamando mi atención me detuve a observarlo, era una pequeña y débil luz que a lo lejos, con un titilar prolongado y desde un mismo sitio, parecía querer alumbrar diferentes zonas a su alrededor. Yo, tan solo la complicidad de la luna, seguí con la mirada el brillante camino que ésta con su luz dibujaba abriéndose paso en el ondulatorio movimiento de las aguas, el que de pronto era truncado bruscamente por una gran sombra oscura e inmóvil, que emergiendo de las aguas se elevaba impidiendo ver más allá de ella, dejaba ver, sin embargo, el incesante y lento centellear de tan curiosa luz, en la cual fijé mi mirada y tras su giratorio iluminar, sin darme cuenta, me quedé dormida sin dejar que me alteren las incógnitas que pudieran surgir.

Mi sueño fue interrumpido sorpresivamente con el encallar de mi pequeño barco al tocar tierra para mí totalmente desconocida. Estaba en una playa desierta en la cual se erguía una gran estructura rocosa, tan alta que desde donde estaba, no podía ver su fin. Sin hacerme pregunta alguna ante aquel mágico despertar, dejé bien amarrado el bote, y descalza me bajé pudiendo sentir la arena, que si bien al principio estaba fría y húmeda, poco a poco al echarme a andar, el sol la fue secando y tornándola más cálida.

Con mi equipaje al hombro fui sin rumbo ni idea alguna de lo que podía encontrar, pero por tan solo el impulso de la curiosidad, no dudé en echarme atrás. El trayecto se hizo un tanto monótono, nada más arena había entre el agua y aquella gran montaña, pero tan solo me dispuse a dejarme llevar, sin hacerme preguntas sin respuestas ni conclusiones apresuradas, y así pasé un largo rato sin ver otra cosa que no sea arena muy blanca bajo mis pies, a un lado el agua, y al otro montaña…

A pesar de tanto andar, me llevé una gran sorpresa cuando inesperadamente me encontré nuevamente ante mi bote, allí, en el mismo lugar donde le había dejado amarrado. Me detuve a pensar dándome cuenta que tan solo tenía dos opciones; reír ante la confusión provocada por tan ridícula situación, u ofuscarme inútilmente por ello como en otro momento lo hubiera hecho, lo cual no estando dispuesta a hacerlo y así decidí optar por la primera, la cual me resultó más gratificante.

Luego de ésto, si bien no me arrepentía de haber caminado tanto en vano, sí me sentía algo cansada y hambrienta, entonces, observando que solo al pie de aquella majestuosa elevación había algo de sombra, allí me senté, abrí una lata de comida en conserva y acompañándola de largos tragos de agua me dispuse a comer disfrutando de toda aquella quietud tan silenciosa como tranquilizadora que había a mi alrededor. Una vez satisfecho mi apetito, coloqué el bulto de mi equipaje bajo mi cabeza, y así cómodamente apoyada en él y aliviada de tanto calor por el constante pasar de una refrescante brisa, me dormí.

Había anochecido cuando desperté; y tomándome así por sorpresa la oscuridad reinante que me envolvía me hizo sentir una sensación extraña, aquella negrura no me agradó tanto como todo hasta entonces, ni siquiera estaba aquella luz brillante de la luna que me hacía compañía, quizá la montaña la mantuviera oculta. No teniendo idea alguna cuanto tiempo había pasado, en un primer momento me quedé inmóvil hasta que sentí mi mente más clara, luego recogí todo para refugiarme en mi embarcación, la cual, aún siendo pequeña y descubierta, me ofrecía algo más de seguridad, y una vez en ella, pude notar que aquella primera brisa, fue adquiriendo cada vez más fuerza llegando así a transformarse en viento, cuyo frío soplido hizo que mi bote comenzara a balancearse de forma creciente.

Me cubrí con cuanto tenía y en aquel incesante vaivén, por primera vez desde mi decidida partida, experimenté sensaciones imposibles de evitar; miedo e inseguridad. Si bien sabía que estaba en la orilla y que aún el mar algo hubiera crecido, también sabía que no había mayor peligro, o por lo menos así quería creerlo. Por lo tanto, una vez bien arropada y pese a mi sentir sin fundamentos, me dispuse a conciliar el sueño haciendo caso omiso a todo y así intentar terminar aquel extraño día.

Estaba en ello cuando descubrí que aquella centelleante luz que antes había logrado ver de lejos desde el mar, ahora, se mostraba nuevamente pero más cerca de mí, pude darme cuenta que era aquella montaña la que le sostenía allá en lo alto, la misma bajo la cual minutos antes me refugié para descansar. Una vez redescubierta, quedé atrapada en su observación por segunda vez, y mirándola fijo pude distinguir la diferencia entre el titilar y un suave parpadear, el que originando un haz luminoso, giraba alumbrándolo todo a su alrededor.

Aunque desorientada en el tiempo, pude suponer que habrían pasado muchas horas ya que mi cuerpo me lo hizo notar despertando en él un gran apetito, entonces, cogí lo primero que encontré en mi equipaje, y así, bocado tras bocado, trago tras trago, lo estaba saciando cuando sin darme cuenta, una gran masa de niebla húmeda y fría impedía ya ver la parte más alta de la elevación y también la luz que en ella se apoyaba. Temiendo la posibilidad de que pudiera seguir bajando hasta llegar a mí, me mantuve a la espera allí cobijada, pero me equivoqué, lo que llegó hasta mí fueron pequeñas gotas de llovizna que no tardando en pasar a ser lluvia, apenas me dio tiempo para extender el plástico con el que habitualmente cubro el bote, pero ahora conmigo dentro. Ya no había luz que ver, ni viento que sentir; solo el caer del agua sobre el provisorio techo plástico en el que, de forma ensordecedora y monótona, a cualquiera le hubiera dormido como a mí.

El agua de la noche y el sol del nuevo día, provocaron un calor húmedo y pesado que me despertó sofocada queriendo salir de allí rápidamente. Quitar el plástico que me cubría no fue difícil ya que extrañamente alguna de las ataduras estaban sueltas, seguro había sido el viento, no me pareció importante, por lo que continué con la faena y una vez libre disfruté al respirar profundo, ver de nuevo el mar azul y tranquilo, la montaña sin sombras ni luces, y sentir bajo mis pies la húmeda arena sobre la cual me estiré con todas mis fuerzas. Pero esta satisfacción al comenzar el día fue bruscamente interrumpida cuando vi que a ambos lados de mis pies habían estampadas dos huellas que, por su mayor tamaño y profundidad a las mías, era evidente que pertenecían a alguien de mayor tamaño y peso.

Esto me hizo recordar al viento que culpé de desatar el plástico con el que me cubría, lo que por un instante me provocó una mala impresión, pero de inmediato, a modo de prohibición, reaccioné forzándome a tomar una actitud de coherencia optimista intentando convencerme que no había nada en aquel hallazgo que realmente indicara peligro, pues si bien era obvio que alguien había estado allí y me había visto en el bote, también dejó claro no tenía intenciones de hacerme daño, pues de haberlo querido lo hubiera podido hacer. De manera qué, basándome en esto, si bien había alguien más en aquel lugar, al igual que yo no lo sabía hasta entonces, y ahora, quizás podría estar oculto tan asustado, o al menos desconcertado como yo; y eso si no eran varios, pero en cualquiera de los casos… ¿por qué no estaba o estaban allí?… ¿ o será que vendrán de un momento a otro?, aunque sea como sea lo que no comprendí fue el por qué no despertarme y limitarse a verme y así dejarme, pero por más vueltas que le diera y viéndome sola con mis deducciones, me conformé con pensar que alguien estaría por allí, y solo o no, tendrá más preguntas que yo, pues a fin de cuentas, era la única intrusa de aquel lugar.

De todas maneras, sin intención de molestar o pedir favor alguno, sino por el contrario, sintiéndome agraciada de poder cumplir lo deseado al emprender la loca carrera con el fin de conocer y aprender, buscar, y hallar respuestas útiles en lo nuevo, lo desconocido, tal como me lo había propuesto, para lo cual solo se me ocurrió seguir aquellas huellas de quien conociendo el lugar, me llevarían por un camino que no sería circular e inútil como el que había realizado antes sola y recién llegada.

Así emprendí la marcha sin saber a dónde iría a parar, aunque pronto lo supe, pues las huellas me llevaron por la arena a unos pocos metros de donde me hallaba y luego desaparecieron al pie de la montaña, donde después de observar con atención a mi alrededor y viendo que la única opción que me quedaba era subir por ella, aunque con dificultad, así lo hice.

El calor se hacía insoportable, la sed no me daba tregua y el agua se me agotaba. Busqué una señal que me indicara por donde seguir, pero tan solo estaba rodeada de gran cantidad de rocas donde apenas podía descansar cuando encontraba alguna que por su forma me lo permitiese. Sólo tenía algo concreto, debía seguir subiendo. Comenzó a caer la tarde y con ella vino el aire fresco, así también grises sombras a medida que avanzaba la noche, y ello me dificultaba cada vez más la visión. Accidentalmente tropecé cayendo sobre una piedra de gran superficie sobre la cual me quedé tendida esperando que pasara el dolor provocado por aquel golpe, pero vencida por el agotamiento, tendida allí, por un instante me quedé dormida, el suficiente para ser visitada nuevamente sin ni siquiera notarlo.

Al despertar, a pesar de la oscuridad, logré descubrir varias huellas a mi alrededor gracias a que por estar marcadas por agua, la luz de la luna las hacía brillar; quienes habían estado allí tenían el calzado mojado; agua, sí, pude comprobar que se trataba de agua. A diferencia de la visita anterior, esta vez quedó claro que se trataba de un grupo, el cual vino y marchó en la misma dirección, la misma que una vez descubierta, seguí hasta llegar al borde de un gran boquete cuyo interior era más oscuro que la noche misma, lo cual a pesar de mirarle con recelo, terminé decidiendo continuar y así descubrir por fin de que se trataba todo aquello.

Me interné en él y a medida que caminaba por ese negro y profundo agujero, mi vista lentamente se fue adaptando a tanta oscuridad reinante, hasta que me permitió ver que se trataba de un túnel rocoso cuya superficie era de arena totalmente mojada, y a ambos lados corrían sendos canales de agua en una misma y única dirección; la misma que yo seguí llegando hasta un lugar poblado por una especie de vegetación exótica que crecía formando colonias de un pálido color, a las que me acerqué intentando coger alguna pero fue imposible, pues con tan solo tocarlas se deshicieron en pequeños y volátiles gránulos de los cuales tan solo alguno quedó atrapado entre mis dedos. No obstante, luego de mi fracasado intento, me detuve a observar todo a mi alrededor observé que aquellos canales por donde corría el agua, se bifurcaban entre los grupos de tan extrañas plantas para unirse en uno solo y así continuar el camino que yo muy decidida seguí con él, y así, sin haber dado más de dos o quizá tres pasos, caí al vacío donde pronto me encontré rodeada de agua.

El susto por aquella sorpresa fue grande, me sentí aliviada cuando comprobé que la altura del mismo no había sido mucha, sin embargo, si bien ésta había sido una buena noticia, no lo fue la de darme cuenta que tenía la suficiente fuerza como arrastrarme con ella sin posibilidad alguna de evitarlo. Así me llevó hacia un violento remolino que tal cual me tragara, solo dejó ante mis ojos la oscuridad que aumentaba con su profundidad; y en un girar sin fin que me sacudía sin piedad, según hasta donde puedo recordar, me hizo dar de bruces al tocar fondo.

Al abrir mis ojos, aún ni siquiera estando segura cuándo ni cómo los había cerrado, me vi entre verdes pastos salpicados por floridos colores que brillantes resaltaban por un sol que me desconcertó aún más, pues estaba segura haberle dejado aún oculto para que reinara la luna. De esta manera me era imposible calcular el tiempo que había pasado desde entonces, pero sea desde donde sea que partí hasta llegar allí, donde tan raramente había sido sustituida de pronto por el sol, el tiempo transcurrido no podía ser mucho, pues no hubiera podido sobrevivir tanto tiempo sin poder respirar en el agua.

Una vez en aquel lugar, al principio creí pudiera ser un sueño, un espejismo o ilusión, pero de pronto cruzó por mi mente la idea de que quizá no era otra cosa que lo que me dejaba ver la muerte, idea que, si debía concebirla como cierta, sinceramente no me parecía en nada algo desagradable. Pero a pesar de ello, había cosas que no dejaban de darme vueltas en la cabeza que me impedían creerlo por completo y permitirme disfrutar de todo aquello tan bonito. Pronto me vi obligada a descartar la posibilidad de tratarse de un sueño o ilusión ya que no dejaba la menor duda lo real que era el agua que mantenía empapado todo mi atuendo, y la presencia de aquellos pequeños gránulos blanquecinos que se habían metido por todas partes cuando intenté tocar las exóticas plantas encontradas.

De todas maneras, a pesar de no poder encontrar explicación alguna para nada de lo que estaba viviendo, y aún recordando que estaba incumpliendo una de las primeras reglas que me había impuesto como; “no hacer preguntas ni cuestionar aquello de lo que no tenía respuesta evidente o implícita”, y, “relajada dejarme llevar tan solo por los acontecimientos que me advinieran”, decidí dar descanso a mi cabeza e impedirle seguir el esmerado esfuerzo por comprender lo que hasta entonces escapaba a mi razón, para lo cual, tan solo me dejé caer de espaldas en la refrescante hierba, que como una mullida alfombra, me invitaba a disfrutar de su suavidad y aroma.

De este modo me encontré de frente con un inconmensurable cielo tan límpido y azul claro como jamás antes había visto en parte alguna, en el cual el sol, como una esfera inmensa y dorada, si bien brindaba toda su luz, no daba el calor abrazador que comúnmente le acompaña, pero aunque también esto era extraño, no dejaba de hacerlo aún más placentero.

Cerré mis ojos para dejarme llevar por aquel idílico lugar, cuando de pronto noté que una gran sombra se interpuso ante mí, abrí de inmediato mis ojos y me vi frente a un ser que si bien podría ser un hombre, resultaba extraña, pero tampoco podía creer que se trataba de un animal. Era una criatura que no siendo bonita, tampoco llegaba a ser desagradable, y manteniéndose firme e inmóvil ante mí, dejó que le observara mientras él también lo hacía, y ambos con la misma extrañeza y desconcierto, esperábamos que el otro reaccionara ya sea con una palabra, un gesto, un movimiento o cualquier conducta que nos indicara quiénes éramos, de dónde habíamos salido, y porque o para qué estábamos allí; todos misterios que curiosamente, de forma evidente compartíamos. Por fin, cuando me dispuse a levantarme para dirigirme a él pude ver que retrocedió, entonces me detuve habiendo obtenido algo referente a él, me temía, y eso ya era algo que nos diferenciaba. Quedándome sentada le miré a los oscuros y profundos ojos un tanto ocultos por pobladas cejas negras, y de forma lenta y suave le dije que no debía temer, a lo que me respondió mirándome en silencio por un instante para luego, dándose la vuelta, emprender la marcha de regreso.

Esto me tomó de sorpresa y sin pensar dejé salir de mis labios la súplica de que no lo hiciera, que no me dejara sola, lo cual sin yo saber por qué, le detuvo y se volvió hacia mí:

-¡No, por favor, no me deje sola! Me llamo Mery y le aseguro que no tengo la menor intención de hacerle daño, no debe temerme, por favor, yo…sinceramente ni siquiera sé cómo ni por qué estoy acá, es más… no sé dónde estoy… –

Al escucharme, poco a poco se fue acercando, siempre en silencio, y yo continué:

-De verdad que aunque no sepa nada, como ya le he dicho, no puedo dejar de maravillarme, pues este lugar es hermoso, jamás creí existiera, y le aseguro que sería incapaz de hacerle daño o causar algún tipo de molestia a quien aquí, como usted, viviera; es más, hasta las gracias le debería dar por dejarme conocer este pacífico y silencioso lugar, donde la soledad tan solo te hace compañía de ti mismo.-

Aquel extraño ser, aunque pese a su rareza debí reconocer que guardaba gran similitud a un humano, siguió encerrado en su silencio pero ya una vez a mi lado, no dejó de observarme, y presintiendo que esperaba algo más de mí, no se me ocurrió otra cosa que hacerlo, e intentando romper el misterio que le envolvía le pregunté:

-¿Y dígame, usted quién es? ¿Vive solo o hay alguien más con usted?-

Si bien no pude obtener una respuesta inmediata, pero en la espera de ella pude ver que tanto la expresión de su mirada, así como la corporal en general, decía mucho más que palabras, y si bien yo no lograba comprender claramente lo que pensaba o sentía, sí pude sentir con claridad que era especial, aunque sin saber por qué, pero estaba segura de ello. Era un ser magníficamente expresivo. En sus ojos y su forma de mirar se podía ver como comprendía e interpretaba no solo lo que escuchaba sino también lo que veía, y al caminar a mi alrededor haciendo cículos observándome de arriba para abajo una y otra vez, le noté un cómico y original contoneo al moverse mientras retorcía entre sí lo que eran sus brazos y pequeñas manitas que a pesar de su rareza le daba, a la vez, un toque de inexplicable ternura que surgía así sin más.

Así de esta manera, sin dejar de moverse tan curiosamente, en silencio y observándome mientras me rodeaba, sentí algo así como si de ésta manera quisiera adivinarlo todo sobre mí sin siquiera yo contarle. Estuvo sin preocuparse si yo también le observaba o no, algo que sí estaba haciendo sin temor alguno y permitiéndole a él seguir con dicha conducta durante un rato hasta que llegó un momento en el que me impacientó dicha atmósfera creada que comencé a sentir se recargaba de fuertes emociones, lo que provocó variadas y extrañas sensaciones en mí.

De pronto comencé a sentir los latidos de mi corazón como si golpeara, no solo dentro de mí, sino también desde fuera; luego, invadida y asaltada por sentimientos variados que se mezclaban entre sí agitándose en mí, tal cual yo fuera una coctelera, pude ver como de pronto ante mis ojos comenzaron a pasar una y otra vez innumerables imágenes de toda mi vida, y lo hacían de forma desordenada tanto en el tiempo como en el grado de importancia o trascendencia que pudieran para mí tener.

Esto me produjo la sensación de que mi cabeza giraba a gran velocidad con ellas, hasta que finalmente, pareciéndome de pronto que volaría por los aires, fue entonces cuando, sujetándomela entre mis manos, caí de rodillas al suelo ante aquel ser y solo pude dejar salir de mi boca preguntas sin aparentes respuestas, y súplicas inexplicables:

-¿Por qué?…¡¿Por qué?! – ‟No puedo nada comprender nunca”… Por favor… Ayúdame… Dame alguna explicación, te lo ruego… –

Y fue entonces cuando por primera vez, aquel ser me habló con voz suave pero con la seguridad qu sería escuchado, desde entonces hasta l final, sin ser interrumpido:

-No desesperes querida Mery; sí sabes quien soy, también dónde vivo y hasta el por que haz venido; y la clave tu problema… ¡ay! mi querida Mery… si hasta la clave de tu problema sabes cual es… sí señor, sí que la sabes, tú misma lo has dicho; ‟No puedo nada comprender nunca”, y ahí está, ¡ésa es!, mi tierna pero fuerte Mery; la que aprende y no quiere saber, la que mira y no quiere ver, la que escucha y solo quisiera oír… allí es dónde se esconde tu problema que dolor y confusión te da; allí también se oculta la solución y remedio para tu bienestar.

¿Y tú me preguntas quién soy? Tu que lo sabes y aún así me llamas raro, así como sabes también donde vivo, el porqué y para qué, y por desgracia para quienes conmigo están, que también sabes porque aquí permanecen.

Tan solo debes dejar caer la benda que cubre tus ojos y dar crédito a lo que oigas, y verás que en algún lugar de tu mente y alma están las respuestas que te consuelen, con las que descubrirás que tan solo haz perdido el rumbo por un momento pero sabrás reencontrarlo y por el seguir caminando.

-¿Qué quién soy, preguntas?; ¿y me llamas raro?

Pues si es así dime; ¿quién puedo ser sino el ser más extraño, que bajo variados aspectos se oculta según las circunstancias le presente la vida? El que si es débil aparenta ser fuerte; si es sensible y bueno aparenta ser frío e insensible; y si es honesto y confiado, miente y desconfía… ¿quién sino?… El único, el más poderoso que cuanto más tiene más quiere y terminando por destruirlo todo, a sí mismo y a quien más quiere si es necesario; ése. El que siendo pobre y humilde, de tanto dar, nada le queda, y de tanto soportar para ayudar finalmente se quiebra, y cayendo también consigo se lleva a quienes a su lado se encuentren termina también, llevándose con él a todos los que le quieren. Si, ése.

¿Raro?… ¡Pues claro que lo soy! Soy el ser más raro que se halla conocido jamás; soy ‟el ser humano”, el único ser en la Tierra que teniéndolo todo más fácil, se empeña en hacerlo más complejo y complicarlo, el que él y solo él, en nombre de la superación va creando su propio camino a la desaparición, volviéndose un día tan prescindible que dará igual si está o no entre máquinas y sobrevivientes.

Mery, tú lo sabes, así como también sabes dónde vivo, en el faro; y que por eso me llaman ‟el farero” aunque realmente no sea simplemente uno de tantos, puesto que no son barcos a los que guío. Ya no puedes seguir engañándote, y por eso aquí te encuentras, porque yo con la luz de mi faro hasta aquí te he atraído, a ti como a otros tantos que como tú, buscan desesperados una luz que les guíe, y para ello; ¿¡qué mejor y más segura luz que la de mi faro!? Luz que tan solo ven los que le precisan y tienen el valor de llegar hasta ella en busca de merecidas respuestas que consigo se llevan, dejando a cambio aquí conmigo, las lastimosas preguntas que por dentro les carcomieron y subyugaron día tras día durante todos los días. Los que comprenden y están dispuestos a pagar el precio del dolor, del amor, también del honor, de la lealtad, y sin olvidar jamás nunca el perdón y la comprensión. Porque ellos, al igual que tú, aquí vienen para aclarar su confusión, reencontrar el sendero que seguían; algo que se logra solo encontrándose con el alma misma. Alma que nos la machacan y quitan, y la que uno, en el afán de protegerla y conservarla, la va ocultando, cambiando, y como mejor suena para todos, ‟adaptando”. Y así sin darnos cuenta en dicho empeño vamos olvidando medidas, proporciones y desproporciones de la misma; límites de unos, de otros y de unos sobre otros; lo que todo ello nos termina llevando al completo extravío de nosotros mismos.

¡Ay mi querida y confusa Mery!…y me preguntas si te ayudaré… ¡Claro que lo haré! Solo escucha, relájate, déjate llevar y no temas, ‟tú” no temas, no yo, ‟eres tú” la que necesita conocer respuestas y explicaciones para no temer, para que cuando una vez con ellas te hagas, sepas librarte de la carga que llevas y curar las heridas que drenan, algo que sólo tú podrás hacer por tí. –

Con estas palabras, puso sus manos una sobre otra apoyadas muy ligeramente en mi cabeza y continuó:

-Mery, ahora nada más escucha y preocúpate de tus respuestas, pues de tus preguntas, dudas y penas yo me encargaré, pues ya todas las conozco y eso basta… –

Ya en ese entonces yo no sabía que me sucedía, tan solo sentí un gran alivio como el que hacía muchísimo no había podido sentir, el mismo que me llevó a obedecer con confianza ciega quedándome tumbada sobre mis propias piernas ya dobladas y en las que me aflojé sobre mí misma rodeándome con los brazos oculté mi cabeza cansada.

Y así, sin una palabra por intentar siquiera decir, él continuó tal cual supiera que no sería interrumpido hasta el final:

-El fin de todo esto, mi querida, llegará poco después que te hayas marchado, y aunque quizás lo hagas sintiéndote confusa o incluso hasta desconforme del resultado ante todo lo vivido, tendrás la satisfacción ante tus ojos cuando sepas valorar tu osadía y esmero, la que pocos tienen para arriesgarse y así prefieren seguir viviendo en la ignorancia y la confusión, extraviados y culpando al mundo entero de ello. Quizás todo llegue hasta parecerte un sueño, pero eso será de lo que menos te deba preocupar, lo haya sido o no, habrás sacado de este viaje todo lo bueno y lo más fructífero que jamás hayas deseado para vivir feliz y en paz, tu paz, y a tu manera, una paz que no deberás confundir con la de los demás, ya que todos son diferentes y por ello desearán diferentes cosas para sentirse así.

Tu no podrás dar lo que yo te dí, ni siquiera lo intentes, solo deberás ser tu misma y tan solo, si quieres, recordar al viejo farero que un día cruzó por tu vida para mostrarte su faro y la luz que con el te guió, la que desde lejos, hallándote a solas con el mar, y en él tan perdida como en el rumbo y sentido de tu vida misma, la luz que viste hizo nacer en ti la necesidad de llegar a él, manera con la cual sin enterarte aprendiste lo que es establecer una meta, así lo harás en tu vida, así sin más ni darte cuenta; y lo mismo pasará cuando en ésta, te dispongas a enfrentar lo que se presente como dificultad para alcanzar lo que te propongas, porque claro está que toda buena meta elegida, trae consigo grandes dificultades, y aún así, al igual que superaste la de encontrarte en tan extraño lago del que debiste salir sin dudar y manteniendo la esperanza, así lo harás en tu cotidiana vida normal.

Y si es verdad que debiste pasar por lo desagradable y temeroso como en dicho lago para llegar a tener que tomar una decisión muy importante; también es verdad y lo pudiste comprobar más tarde, ello te permitió vivir lo bello y agradable; cuando te hallaste rodeada de flores, vivos y alegres colores, y pudiste experimentar hermosas sensaciones y emociones nuevas respirando otros aires y aromas que brindaba tan bonito lugar. El mismo que poco después ya pasada la sorpresa, para ti fue tan solo eso, ‟bonito”, tan solo eso, y sin embargo tras ello había algo más de lo que no te diste cuenta hasta ahora; que eso te permitió ver que si bien la vida, tan solo por lo que es y poseerla, es ‟bonita”, si no haces nada con ella, tan solo queda disminuida a una sola y tediosa palabra; “bonita”.

Pero si haces un esfuerzo y vuelves al punto en que necesitaste huir, podrás notar que fue cuando el tedio te abrumó haciéndote sentir lejana la vida a la que considerabas bonita, para empezar a verla cada vez más gris, fría, injusta y llena de defectos que le fueron quitando su anterior belleza, ante lo cual en un intento de detener aquello, culpando al mundo entero, quisiste enfrentarlo, y siendo ésto imposible, sentiste que éste te obligó a salir de él; primero viviéndola con una desconforme indiferencia y luego subiéndote a tu bote y así dejarla atrás, pudiendo empezar otra, sin saber ni importarte dónde, cómo ni cuándo.

Fue en ese mismo momento, extraviada, en el que te hallé, y tan solo ver como respondías anciosamente al ofrecimiento de una vida bien deseada, pudiendo ver la necesidad y la esperanza que en tí quedaba, fue que con mi faro te brindé mi ayuda. Buscabas iniciar una nueva vida, cuando otros solo piensan en terminar con ella sin más.

Pude ver en tí la sabiduría innata de lo que es vivir, vivir bien, y vivir mal, y habiendo intentado las tres maneras, te lanzaste en busca de descubrir una cuarta sin siquiera saber si la hubiera. Te regocijó encontrar vida en un lugar que ni siquiera sabías dónde estaba ni cómo habías llegado a él, tan solo ver un ser viviente fue motivo para ser objetivo e inicio de una nueva vida a seguir, ten por seguro mi querida, que pocas personas como tú quedan, pero por serlo se les cuida, ahora te irás tranquila, sin temores ni osadías, tan solo a vivir tu vida donde está pero como tú desees vivirla; ve tranquila, pues desde aquí te veré yo, y por las noches verás tú, de mi faro su lento brillar.-

Con estas palabras de aquel ‟farero”, al cual, real o no, jamás olvidaré, que me perdí por completo el viaje de regreso, o al menos no fui consciente de ello, pues extrañamente fui asaltada por el grito del jefe en la tienda de telas donde trabajaba duro para costearme el primer año de alta costura. Estaba muy irritado ante una aparente indesición mía:

-¡Oye! ¡¿Me traes o no lo que te he pedido?!

-¿Qué, cómo dice?…Perdón, señor… ¿qué me pidió?

-¡¿Cómo?! ¿Pero tú estás tonta o me tomas el pelo? ¡Estoy esperando me traigas el rollo de tela italiana que hay detrás! ¡¿Lo recuerdas ahora?!

Sentí una corriente que pasó por todo mi cuerpo al ver como me trataba y se burlaba de mí aquel hombre. De pronto me encontré pensando si le llevaba o no la tela; luego se me ocurrió llevársela pero decirle que ya no trabajaría para él, que dedicaría más tiempo a mi preparación de alta costura con la que soñaba y trabajaría con la Sra. Sofía. Ella precisaba quien le ayudara en la casa, era vecina mía, muy agradable y me daba flexibilidad en el horario, aunque claro, la paga sería inferior, pero…

-¡Oye tú! ¡O me traes ya mismo la tela o…

-¿O qué? Le dije muy firme acercándome a él con la tela y un mechero que prendía y apagaba sarcásticamente, algo extrañísimo enmí hasta entonces.-

-¡Ho no! ¿Qué haces? No se te ocurra, ¿sabes lo que vale esa tela?

-Claro que sí, lo que Ud. me dará en metálico para por lo menos vivir un mes entero sin aprietos y así poder marcharme tranquila sin hacerle daño alguno… ¿Lo comprendió? ¡Pues muévase! – Al ver a aquel hombre aterrado pero dócil a mi rigurosa petición me sorprendió tanto como la gracia que me dio; pues no sé cómo pero era la primera vez que pretendía me respetaran y lo había logrado; fue algo muy importante para mí.

Luego de llegar a un acuerdo con mi jefe, marché a mi casa junto a la playa, y una vez en ella, ya al anochecer, dirigí mi vista hacia el mar desde el ventanal de mi dormitorio, y pude ver; aquí cerca mi bote…y allá lejos… su faro, lo que provocándome una hermosa sensación de paz con el mundo y conmigo misma, pude percibir que todo sería diferente; que a partir de ese momento, pudiendo comprender a los demás y a mí en el transcurso de la vida, ésta, la mía en especial, tendría un motivo, un rumbo que seguir…

-. FIN.-

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