Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

Me perteneces 6 agosto 2009

Filed under: Amigos autores — rarevalo @ 19:32



Siempre te he querido. Esa es la verdad. Desde el primer momento que te vi, cuando entonces eras tan joven y yo tan vieja. Todavía recuerdo aquel día como si lo tuviera grabado a fuego en mi memoria. No sonreías y tenías una expresión triste, pues tenías que despedir a uno de tus amigos, y yo, desde ese asiento reservado, observaba cada centímetro de tu rostro, de tu cabello, de tu cuerpo… todo tú.

¡Cómo no iba a quedarme embelesada contigo! Era algo casi imposible. Tan joven, tan apuesto, tan gentil… y desde aquel día te estuve siguiendo a todas horas. Allá donde ibas; a tus fiestas, a tus trabajos, a tu casa. Te seguí sin que tú quisieras percatarte de mi presencia, y contemplé tus éxitos y fracasos desde el otro lado de la barrera, donde debía permanecer hasta que llegase mi momento.

Para mí era una desdicha no tenerte y muchos días los pasaba imaginándote a mi lado, viéndome del mismo modo en el que yo te veía, y deseándome como yo te deseaba. Era mi único consuelo, era mi única forma de poder sobrevivir en este día a día en el que tú no estabas, y soñaba con ese momento en el que al fin fueras mío, que me pertenecieras. Pero… tú no me querías. Eso lo he sabido siempre… y la verdad, no me importa. Estoy acostumbrada a que la gente no me quiera. No lo digo por decir, ni tan siquiera por cumplir.

Han sido largos años los que he pasado repudiada por todos y con el tiempo me he hecho fuerte. Por eso no me importó que te casases con otra, que tuvieras hijos con ella y que éstos te dieran nietos. De verdad, no me importaba, porque sabía que al final todo eso se desvanecería y sería conmigo con quien estarías. Estaba escrito en el destino, desde el primer día que nos cruzamos… y los dos lo sabíamos.

Distinto fue ver cómo todos ellos eran mucho más importantes que yo. Eso sí que me dolía más. Ver ya no sólo cómo amabas a tu esposa por encima de mí, o a tus hijos o a tus nietos… Sino ver cómo querías hasta a los simples desconocidos. Todos eran más importantes que yo, ¡Yo que he estado a tu lado desde el primer momento! Eso fue muy duro. Yo no te pedía que me quisieras, pero al menos que me tuvieras en cuenta. Y no. Tú actuabas como si yo no existiera. ¡Me negabas! Y eso me entristecía.

Ahora todo ha cambiado. Ya eres viejo, tu rostro se ha arrugado y el poco pelo que peinas es cano. Muchos de los que te acompañaban ya te han abandonado y ahora estás solo. Por eso te vuelves a mí con la esperanza de que te reciba… pero ¿sabes qué? Que te perdono. Perdono todas las veces que me has negado, perdono todo el afecto que no me has dado. Porque para mí no eres ese anciano enfermo que se postra en la cama, sino el mismo joven apuesto que vi hace años, y lo cierto es que cada día que transcurre me siento más feliz, más dichosa, porque siento cómo dejas que entre en ti, que fluya por tus venas.

Hoy es el mejor día de todos los que marca el calendario. Hoy es el día de mi recompensa, de obtener mi premio de tantos anhelos aplazados, porque por fin llegué a tu corazón para poder sentirlo, para poder acariciarlo y aferrarme a él hasta detenerlo, porque desde hoy en adelante… ahora ya sí… me perteneces para siempre.


Roberto Arévalo Márquez


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