Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

Protección especial 10 marzo 2010


Protección especial


De: Wiskott


La luz del sol convertía los colores del jardín en una postal idílica, la primavera llenaba de vida todos los espacios que habían permanecido desocupados durante el invierno; era agradable volver a ver aves atravesando el aire con sus aleteos, insectos zumbando entre las flores y los saltos de alguna que otra ardilla entre los árboles frondosos.

En un banco de piedra erosionada por los elementos, una mujer que debía rondar la treintena hablaba en voz baja, mirando de vez en cuando a su interlocutor, un joven de unos diecinueve o veinte años.

-Estuve a punto de morir cuando él era un bebé; claro, yo no podía imaginar que él…aunque hubo indicios, sí, pero no los relacioné debidamente. Tenía los pezones tan doloridos que apenas podía soportar amamantarlo, siempre sangraban cuando él se dormía tras hartarse, pero ¿cómo iba yo a imaginar que mi hijo fuese una criatura de esa clase? Incluso mi marido bromeaba cuando lo veía dormido en su cuna, con los labios manchados con mi sangre: ¿Ya se ha dormido el pequeño vampiro lácteo?. Sólo que se equivocaba; no era leche lo que quería de mí, quería mi fuerza vital; para desarrollarse, necesitaba mi sangre. Así que hice caso omiso de los consejos de la pediatra y hablé con mi marido. Cuando se lo expliqué me abrazó y dijo que él se encargaría de protegerme, que encontraría un lugar donde yo pudiese estar a salvo; tardó un poco pero consiguió meterme en este centro de protección. El problema es que yo soy una de ellos también; el pequeño debió concederme esa maldición a través de su saliva; intento no atacar a nadie y de momento voy pasando con pequeñas cantidades mensuales que provienen de mí misma…

El joven la interrumpió:

-¿Quieres decir que te provocas heridas para…

-Oh, no… las mujeres tenemos… ciertos recursos naturales… ya sabes…

-Me temo que no- contestó el joven; un desconcierto sincero cruzaba su rostro.

-¡Oh, perdona, Qüert! Olvidaba que no perteneces a este mundo! Te ruego que me disculpes; a veces me centro tanto en mí misma…

-No, por favor, no hay nada que disculpar, en serio; si mi sangre no fuese ácida te daría suficiente como para que no tuvieses que preocuparte en un año, yo no la necesito; el problema es que hasta que no entienda por completo cómo funciona vuestra especie no me dejarán volver a casa, así que cuando has hecho ese comentario me he dado cuenta de lo poco que sé sobre vosotros.

Apoyó los codos en las rodillas y hundió la cabeza, enredando el cabello entre los dedos.

-Echas de menos tu hogar, ¿eh?

-Sí. Mucho. Allí las cosas son más sencillas.

-Por favor, cuéntame otra vez tu historia.

-Preferiría que me explicases algo acerca de esos recursos naturales primero; es importante para mí, ¿sabes?

-Pues, verás…Aquí, la reproducción de la especie, depende de que dos individuos de sexos opuestos mantengan contacto físico. De la relación carnal, llevada a cabo de forma natural, en principio, puede surgir o no un nuevo individuo. Esta sería la explicación más sencilla a tu pregunta, aunque es bastante más complicado que eso.

-¿Relación carnal?

-Sí. Relación carnal, sexual, coito….

Qwert parecía más y más sorprendido con cada palabra de la vampiresa.

-Ya veo- dijo esta.- No tienes ni idea de qué te estoy hablando.

-Lo siento-murmuró él.- Allá de donde vengo sólo quedan algunos de los nuestros en estado físico. El resto pueden comunicarse por contacto mental pero no cuentan a efectos físicos en nuestra agrupación.

-¿No os reproducís?

-Ese es el problema: hace tanto tiempo que se prohibió esa práctica, debido a la carencia creciente de recursos imprescindibles para la supervivencia, que la reproducción cayó en el olvido; no puedo volver hasta que descubra cómo llevarle el don de la multiplicación al grupo.

-Pero entonces no deberían haber dejado que vinieses solo. ¿Cómo vas a descubrirlo sin una pareja de tu especie para practicar?

Qwert la miró con espanto.

-¿Qué quieres decir?

-Bueno, había pensado que, como tu aspecto físico es tan parecido al nuestro…

-¿Quieres decir que debo mantener contacto físico con alguien de mi especie para…?

-Creo que sí; no estoy segura.

-Entonces tal vez debería iniciar una secuencia de ensayos aquí, con alguien de vuestra especie, para valorar la posibilidad de éxito.

Ella lo miró; entreabriendo la boca y rozándose el cuello con las yemas de los dedos, sin atreverse a expresar su deseo de ser su voluptuoso conejillo de Indias.

Pero no tuvo tiempo para excitarse más con la idea de prestar su cuerpo al experimento; él se había levantado y corría ya hacia el edificio privado de los miembros de seguridad.

Desencantada, la vampiresa permaneció allí, intentando recobrar una dignidad que sólo ella sabía que acababa de perder.

Pasado un rato en el que el sol decidió ocultarse tras un sauce, se oyeron gritos y carreras.

La vampiresa se levantó y caminó lo justo para poder distinguir las palabras:

-¡Jodido maricón chalado! Pues, ¿no ha intentado bajarme los pantalones mientras buscaba la merienda en la mochila? Os habéis olvidado otra vez de darles la medicación, ¿o qué?


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