Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

La maniobra de Neferneferuatón 19 enero 2010


La maniobra de Neferneferuatón


De: Jaume Moreso i Mallofré



El porte de ese Rey era magnífico, como los anteriores grandes Reyes. Su andar inspiraba fuerza, ímpetu y entereza. Su cuerpo, divinidad, absoluta divinidad, el favor de los dioses. Y la máscara dorada de su rostro, la perfección a la que tan sólo unos pocos pueden aspirar.

Sus pasos le condujeron a través de un arco ostentosamente labrado hacia una terraza circular que daba directamente a la plaza central de Amarna. Bebiendo y comiendo todo tipo de manjares exquisitos, se encontraban los grandes Sacerdotes de la capital del reino.

La multitud estaba abajo, expectante, aguardando la llegada de su Rey.

Al fin Amenjotep V se presentó ante la multitud y ante los sacerdotes, y el gran disco dorado arrojó toda su luz encima de su cuerpo, realzando con centelleos dorados toda su figura.

Acompañado de gritos y plegarias también llegó un anuncio, nacido de lo más hondo de unas cuerdas vocales muy diferentes a las del Rey -¡Ciudadanos!- anunció despectivamente esa voz sepulcral -¡arrodillaos ante la presencia de Amenjotep V, Rey de Amarna, Rey de Egipto!-.

Todo el mundo calló, el planeta se detuvo, hasta los astros parecían estar observantes.

De pronto la voz divina brotó de la boca de Amenjotep V, y sus labios condujeron notas de cadencias indescriptibles -Hay un lugar en el mundo…- siguió una pausa calmada, serena, casi apacible -dónde se amontona toda la mierda, dónde se acumula toda la carroña…- proseguía con un tono calmado, aunque sus palabras eran de lo más blasfemo y peligroso -es un pozo infernal de maldad y ese pozo se llama Tebas…- y entonces terminó de hablar, y se hizo un silencio abismal, cósmico, cómo si todo el universo estuviera intentando comprender esas palabras.

Los sacerdotes pararon de comer, se atragantaron con su gula. Miraron con sus ojos de serpiente al Rey y sus semblantes se tornaron desafiantes y severos.

-No son mis palabras- estalló de nuevo su voz, serena y musical -yo no sería capaz de elucubrar tal mensaje, tan sólo una gran Reina pudo hacerlo. Sí, gentil y fiel pueblo, una Reina, la Reina Nefertiti…- se detuvo. Tragó saliva. Paseó su mirada atenta y profunda por toda la plaza adoquinada, observando a cada una de las gentes; y entonces prosiguió -este año, cómo ya muchos sabéis, la salida de Sirio se retrasará un día, y ese día será mañana, el día en que el orto Helíaco de nuestra más preciada estrella se sincronice y llene nuestras tierras de vida y fertilidad.- volvió a pararse, observando con sus ojos de halcón a los ciudadanos allí a bajo congregados.
Volvió a tragar saliva y prosiguió -Mañana será un día muy importante, un día que realmente marcará la siguiente etapa del pueblo egipcio. Y un día semejante, no se merece que unos falsos gobernantes como éstos de aquí- señaló con el dedo a los Altos Sacerdotes -sigan usurpando y robando el poder del pueblo-.

Los sacerdotes se alzaron repentinamente, y gritaron palabras amenazantes al Rey de Amarna, acompañadas por un estallido general que inundó el cielo. Brotó por doquier, anegando las casas más bajas, las más altas torres, y todos los palacios de la ciudad. La sorpresa y la perplejidad se propagaron con rapidez y, de pronto, todo el pueblo se encontraba discutiendo, cuchicheando y preguntándose que habría querido decir su rey.

-Voy a contaros una historia, fiel pueblo- reanudó de nuevo su discurso entre gritos de cólera de los Altos Sacerdotes. Pero su voz era mucho más potente que todas las suyas juntas, y sobresalía con autoridad -esta historia os revelará la verdad y desenmascarará las mentiras que largo tiempo os han sometido en una esclavitud fantasmal para servir a falsos dioses, ¡para servir a dinastías que no eran más divinas que cualquiera de vosotros!- gritó finalmente haciendo un gesto ofensivo con su mano contra los Altos Sacerdotes.

>> Esta historia es la historia de la Reina Nefertiti y del Rey Ajenatón. Ellos descubrieron en Tebas la maldad, la indecible y repugnante perversidad de los falsos líderes de Egipto. Fue por eso que trasladaron la capital aquí, a Amarna, y construyeron esta bendita ciudad. Trabajaron y lucharon duro para sanar Tebas. Y entonces descubrieron la verdad, y la gran manipulación de los sacerdotes.

Ajenatón trazó un plan, para devolver el poder al pueblo, y expulsar el veneno de la religión fuera de nuestras tierras. Pero lo asesinaron. Sí, fiel pueblo, lo asesinaron porque quería ser fiel a sus principios y quería decir la verdad y devolver el bienestar a vosotros, ¡al pueblo!

Pero los sacerdotes lo mataron. ¡Estos sacerdotes amarillos que nunca revelan su rostro y que nadie debe nombrar!

Nefertiti cayó en un doloroso pesar por la pérdida de su marido, y desapareció para siempre.

Y sus hijas con ella…

En su lugar fue nombrada reina la Gran Esmenjkare, y rey, Tutanjamón, el de rostro perfecto.

Asumieron el poder real, y durante intensos años trabajaron en Karnak para devolver la antigua gloria al reino de Egipto.

Pero los sacerdotes los volvieron a mirar con ojos envidiosos, y las disputas volvieron a nacer en la cuna real.

Tutanjamón murió este año pasado, marchándose muy joven de este mundo, sin hijos, y yo reemplacé su lugar, al lado de la Gran Esmenjkare.

No tardé mucho tiempo en darme cuenta de la corrupción de estos Altos Sacerdotes, y también en ver que todos lo sabían, y conocían su falsedad y su maldad, pero que nadie osaba ir en su contra.

Sólo ella, la Gran Esmenjkare los ha desafiado y ha luchado contra ellos, pues ella es honrada y pura: y su máximo deseo es obrar en pro de la verdad. Detesta por encima de todo la corrupción de los monarcas y los altos sacerdotes, la guerra, la esclavitud y el malvivir del pueblo.

Y es al pueblo lo que más ama…

Por eso, pueblo de Egipto, la Gran Esmenjkare va a hacer algo memorable para vosotros. <<

En ese instante terminó de hablar, mientras los soldados llegaban de todas partes, ascendiendo a la gran terraza, acudiendo a la llamada de los Altos Sacerdotes.

Nadie se dio cuenta de cuando apareció, ni de donde salió, pero, en un instante fugaz y vertiginoso, la Gran Reina Esmenjkare se encontraba al lado de Amenjotep V, y sus palabras resonaron por toda la ciudad como un tintineo divino de la más resplandeciente Shu o la más graciosa Tfenis.

-¡Ciudadanos, pueblo de Egipto! Vosotros sois el verdadero Egipto, la verdadera vida de nuestro reino. Pero los Altos Sacerdotes os engañan, encubren la verdad con una red de mentiras y de máscaras de falsa divinidad. Pero yo voy a poner fin a todo ello, no permitiré que se abuse nunca más de mi pueblo…- un cierto aliento de romanticismo fluctuó alrededor de sus últimas palabras. Poco a poco se llevó las dos manos sobre la máscara, y con un gesto elegante se la quitó, descubriendo su bello y maravilloso rostro.

Entonces una conmoción gradual creció y creció hasta desencadenar en un grito. La gente la aclamó, gritando su nombre: “¡Nefertiti! ¡Nefertiti!”.

-Sí, pueblo mío, soy yo- anunció ella -soy Nefertiti, vuestra reina… Pero ya no más, ya no más… He vuelto para devolveros la vida, para devolveros el poder, y que jamás ninguna monarquía ni religión os vuelva a oprimir.- y en ese momento, cuando terminó de hablar, sus amables y simpáticos ojos se transformaron repentinamente en una mirada agresiva y asesina.

Instantes después, los Altos Sacerdotes caían al suelo, uno detrás del otro, asesinados a cuchilladas por la Gran Nefertiti.

Cuando llegaron los soldados ya era tarde, todos habían muerto. Se lanzaron contra Nefertiti para apresarla, pero en ese momento Amenjotep V se sacó su máscara y gritó -mi nombre es Horemheb, general desterrado de los ejércitos egipcios en Amarna, fiel súbdito y amigo del gran Rey Ajenatón, fiel súbdito y amigo de la gran Reina Nerfertiti. ¡Miradme bien, honorables soldados, y decidme que aun sois fieles a mi causa!-.

Todos los soldados se pararon, mirándose unos a otros, sorprendidos por los vertiginosos sucesos. Pero no dudaron. Ya no. Se arrodillaron ante su general y ante su gran Reina Nefertiti, que había vuelto para devolver el poder al pueblo:

“Mañana, ciudadanos de Egipto, veréis despuntar a Sirio, refulgiendo por el este, con la fuerza y la gracia de los Grandes, y llegará un nuevo día, un nuevo día cuando por fin el pueblo egipcio…

¡será libre!.”

 

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