Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

Sonrisa Invisible 17 marzo 2010

Sonrisa Invisible


De: Claudia Aynel





Si hubiera sabido que un baile y una canción imaginarios

iban a convertirme en la fiel seguidora de un rastro,

en alguien que espera noticias en la puerta,

en un corazón descubierto y sangrante,

no me habría sentado jamás a compartir contigo,

sonrisa invisible,

palabras de oro, calor, espuma y estrellas.

–0–

Si hubiera sabido que por el tintineo de un vaso cambiaría mis planes,

asesinaría a mis dioses,

entregaría mis sueños,

y pondría a tus pies mi vida entera,

dueño del agua y de las mañanas,

jamás te habría dejado la puerta de mi corazón abierta.

–0–

Aquí me tienes,

prisionera feliz

de una búsqueda que no acaba,

de una historia sin final,

de una mentira vergonzosa.

–0–

Te busco en cada esquina,

y prendo con dos dedos el eco de tu voz.

Mi único consuelo, señor de las horas,

es que tu también me buscas,

y me añoras.

Mi único consuelo es que, a veces,

cuando me visitas, ángel callado,

tus manos no me encuentran,

soy sólo una sombra,

y terminas lamentándote sobre mi huella silenciosa.

–0–

Amo distante,

muero por zambullirme en la esencia de tu cuerpo,

por deslizar mis manos bajo tus colores,

por conocer tu humedad escondida,

por perderme en los paisajes

de tu tierra acogedora,

desconocida,

ardiente, febril,

oscura, voraz,

gentil, serena,

risueña y cálida.

–0–

Señor del tiempo,

hoy te he enviado un mensaje;

Le he pedido a tu mano que viaje a través de los mares,

para estrechar durante unos momentos mi mano deseosa.

Si supieras, dios de mis sueños,

lo que ha sido para mí tu mano…

La luz de mis ojos cerrados.

La cavidad segura y confortable,

en la que ahora me refugio a cada rato

para añorarte, recordarte,

acariciarte,

besarte,

abrazarte…

¿Qué fue para ti mi mano, amor?

¿la promesa de una selva

poblada de flores,

sueños y luces,

húmeda y aromática…?

–0–

En qué negocio ando metida,

amigo incierto;

En él, no gano nada.

Como cualquier otro enamorado soñador,

entregado a su causa sin condiciones,

cedo terreno en cada pausa.

–0–

Sonrisa invisible,

hoy no has aparecido.

Hoy no he sabido de ti.

¿Te has marchado?

No creo…

Dijiste que querías sustituir el desierto gris de tus días

por un hueco en mi colorido y confortable diván.

Señor del agua, señor del aroma de mi cuerpo,

si no vuelvo a tener noticias tuyas,

tendré que guardar mi corazón deshecho junto a tu voz y tus cartas.

–0–

Ángel silencioso, sonrisa invisible,

rey del sueño, del tiempo y de las mañanas,

me duele el alma, me duele el cuerpo…

Me duele la vida.

Creo que Dios quiere castigarme

por haber convertido tu extraño y bello nombre en mi oración diaria.

–0–

© Claudia Aynel

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