Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

Chispi 22 septiembre 2009

Chispi


De: Carmen Vera



En un lugar lejano de lo que conocemos como civilización, perdido entre las montañas, existía un poblado, al cual llamaban Chiposo. Era muy pequeño pero sus habitantes eran felices.

Una vez al mes pasaba cerca de allí un tren, los niños se subían al campanario para verlo descender entre las montañas.

Un día nuestro amigo Marti decidió acercarse al lugar donde pasaba para verlo mejor y recogiendo sus pocas pertenencias en un autillo emprendió su viaje.

Por el camino iba cantando una canción:

– Caminito, caminito, que me acercas a mi destino, no seas malo conmigo…

Ya se habían pasado dos días desde que abandono su casa y apenas le quedaba comida, estaba muy cansado, el camino se abrió y apareció un manto verde ante sus ojos, decidió descansar un rato.

Al poco tiempo de quedarse dormido, soñaba con su mama, delante del fuego preparando algún delicioso manjar, justamente cuando lo iba a saborear algo turbo su sueño, despertándolo, miro a su alrededor y vio un cachorrillo de lobo a sus pies. Siguió mirando en busca de sus padres, pero no estaban.

El cachorrillo con carita triste se acerco y cuando lo tuvo cerca, le susurro en un lamento:

– Llévame contigo, me he marchado de casa para ver mundo. Pero estoy muy triste por andar solo. ¿A donde te diriges?.

Marti, fijo sus ojos en aquellos que le observaban lastimeros y sintiendo simpatía por el cachorro le dijo:

– Voy a las colinas, a ver una maquina negra, que los mayores de mi poblado llaman tren.

– ¿Una maquina negra?

– Sí, dicen que sirve para viajar y ver muchas cosas. ¿Quieres venir conmigo?

– Si -contesto feliz cachorrillo.

Y poniéndose de pie empezaron a caminar por el sendero, cachorrillo se perdía por los prados para aparecer un poco más adelante.
Al cabo de un rato desapareció por unos matorrales al ver que no volvía Marti empezó a llamarle:

-Cachorrillo, ¿donde estas?. Cachorrillo, Cachorrillo… – como respuesta el eco de su propia voz lo contestaba- Cachorrillo, vuelve.

Al volver un recodo del camino, allí estaba cachorrillo, corrió hacia él y lo abrazo.

– Cachorrillo, me asustaste.

– No te preocupes por mi. Soy joven y como Mama dice, alocado.

– Bueno entonces no me preocuparé. A propósito mi nombre es Marti, ¿tú como te llamas?.

– Nosotros los lobos no tenemos nombres.

– Pues de alguna manera te tengo que llamar, no puedo estar gritando continuamente cachorrillo, es muy largo.
A ver déjame pensar. ¡Ya se!, te llamaré Chispi, como eres tan travieso te pega mucho.

– Chispi, Chispi – repetía cachorrillo- De acuerdo, me gusta, a partir de ahora me llamaré Chispi.

Y siguieron caminando.

Al cabo de dos días más llegaron a su destino. Decidieron asentarse en una loma cercana a esperar la llegada del tren.

– Chispi, ven aquí, mira estas tablas del suelo. ¿Que raro para que serán? -Marti nunca había visto algo así y mucho menos en medio de un monte, no podía saber lo que era.

– Si es extraño -corroboro Chispi- Pero, ¿para que es eso que hay encima?.

– Seguro que está relacionado con el tren. -afirmo más animado Marti- Cuando lo veamos sabremos exactamente que es.

Volvieron a la loma y mientras esperaban se dedicaron a inspeccionar el terreno.

Ya no les quedaba nada de comida y no sabían cuanto tenían que esperar.

– Marti, tengo una idea, mama me enseño algunas plantas comestibles, vamos a ver si hay alguna por aquí.

– De acuerdo, Chispi, así no nos moriremos de hambre.

Y así es como aprendió Marti a sobrevivir de lo que la naturaleza les ofrecía.

Ya llevaban allí nueve días cuando de pronto, Chispi empezó a gritar:

– Marti, Marti, mira, mira. Sale humo de la montaña y se mueve. – Empezó a olisquear – es un olor raro, no es fuego.

Marti se acerco lentamente y miro en la dirección que le indicaban.

– ¡Es cierto!. – exclamo.

De entre las montañas apareció una nube de humo grisáceo que parecía acercarse, se miraron y echaron a correr hacia las vías, no se acercaron mucho les asustaba un poco lo desconocido. Y poquito a poco empezaron a distinguir en el horizonte una inmensa máquina negra.

– ¡Es el tren!, ¡es el tren! – gritaba Marti.

Para sus ojos era algo nunca visto. Cuando llego hasta ellos ambos estaban mudos del asombro, era mayor de lo que esperaban. El maquinista al verlos hizo sonar el silbato en forma de saludo. Los dos se sobresaltaron y abrazaron asustados, pero no podían quitar la vista, entonces empezaron a llegar los vagones y los viajeros les saludaban con la mano.
– Mira Chispi, va gente dentro.

Y como apareció se perdió entre la nada.

Ellos se miraron y cuando estuvieron repuestos de su asombro, Marti dijo:

– Chispi, tu has escapado de casa para ver mundo. Y yo he viajado hasta aquí para ver el tren. ¿Qué te parecería si seguimos este sendero haber donde nos lleva? – pregunto dudoso de la respuesta de su interlocutor- Según los ancianos con los que he hablado, el tren se detiene en algo llamado estación.

– Me parece bien. -contesto Chispi- Y a lo mejor podemos montarnos en él, como las personas que hemos visto.

Y así fue como nuestros amigos, Marti y Chispi, empezaron la aventura de conocer mundo. Pero eso lo contaremos en otro momento.


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One Response to “Chispi”

  1. catigomez Says:

    Un cuento encantador, Carmen. ¡Bienvenida! 😀


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