Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

La Cueva Del Lobo 30 noviembre 2017

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Boris Oliva Rojas

 

La Cueva Del Lobo

Por primera vez en toda su historia, desde que sus habitantes se aventuraron a las estrellas, el planeta Tierra había decidido establecer relaciones diplomáticas con otro mundo.

En el centro del poder gobernante del planeta Korex, el embajador polipotenciado de La Tierra intercambiaba opiniones y puntos de vista con su similar korexiano.

-Es un hecho realmente memorable que las rutas de navegación de las naves exploradoras de ambos mundos hayan coincidido; celebró Rantar, Primer Ministro  del Consejo Korexiano.

-El encuentro de ambos planetas abre expectativas inimaginables y que nos beneficiarán mutuamente, señor ministro; agregó el embajador Rinardi del planeta Tierra.

-Sobre todo teniendo en cuenta que ambos planetas se hallan en  extremos opuestos de la galaxia; opinó Rantar.

-Comparto su entusiasmo señor ministro; asintió el diplomático terrícola.      -Utilizando los portales hiperespaciales pronto podremos establecer un intercambio comercial mutuamente fructífero.

-Así lo espero señor embajador; aceptó el Ministro Rantar.

-No imaginábamos que otra civilización hubiese desarrollado la capacidad para viajes hiperespaciales; comentó Vandor, jefe del alto mando militar korexiano.

-La verdad es que recién estamos dando los primeros pasos; explicó Rinardi. -Aún estamos muy lejos de la capacidad alcanzada por vuestra civilización.

-Tal vez eso se pueda solucionar con los acuerdos de intercambio cultural y comercial que nos atañen señor embajador; opinó Rantar.

-Estoy muy entusiasmado al respecto señor ministro; asintió Rinardi.

-¿Qué opina Vandor?; preguntó Rantar al militar, cuando el embajador terrícola se hubo retirado.

-Ni siquiera nuestros niños son tan inocentes e ingenuos; observó Vandor.

-Por lo que me ha comentado el embajador Rinardi, el planeta Tierra es muy rico en una gran cantidad de recursos naturales y biodiversidad; indicó Rantar.

-Nunca está de más contar con una reserva extra; opinó maliciosamente Vandor.

-Aunque quede al otro extremo de la galaxia; agregó el gobernante korexiano.

-Ya todo está preparado señor ministro; informó el  militar.

-Entonces procedamos; autorizó Rantar.

En medio de la noche un destacamento armado irrumpió en las dependencias ocupadas por el embajador Rinardi. El secretario y a la vez guardaespaldas del diplomático terrícola intentó repeler el ataque con una pistola que llevaba oculta, pero fue acribillado sin ninguna misericordia.

A rastras Rinardi fue conducido ante Rantar y Vandor, como un vulgar delincuente, sin tener en ninguna consideración su alto rango.

-¿Qué significa esto señor ministro?; exigió saber Rinardi. -Estos soldados han asesinado a mi asistente y me han apresado.

-Terminemos con esta farsa señor embajador; dijo Vandor. -Su civilización no tiene nada que ofrecer a la nuestra. Si hemos sido amables con usted es solo por el interés que los recursos naturales de su planeta ha despertado en nosotros.

-Como usted generosamente nos entregó las coordenadas exactas del planeta Tierra, ya no tiene ningún valor para nuestro gobierno; agregó hipócritamente el Ministro Rantar.

-Mi gobierno no permitirá semejante afrenta; gruño el humillado diplomático de La Tierra. -Tenga por seguro que…. El embajador Rinardi fue callado de golpe por un fulminante disparo en la cabeza.

La vida en La Tierra seguía su rutina de siempre, ajena a la amenaza que se cernía sobre ella, desde más allá de las estrellas. Una rutina a la que todos se habían acostumbrado durante siglos de devenir en un mundo estructurado.

Más que miedo, fue desconcierto lo que provocó que dos cruceros de combate korexianos ingresaran al sistema solar con intenciones hostiles. Sin embargo, la  sorpresa inicial dio paso a millones de años de evolución de instintos guerreros que albergaban en sus genes los terrícolas.

Todas las defensas orbitales fueron apuntadas contra las naves enemigas; descargando la furia de su poder contra ellas; sin embargo, los korexianos eran guerreros natos y no se detenían ante nada cuando entraban en combate.

Saliendo de las profundidades del cosmos una nave nodriza terrícola se unió al combate contra los invasores. La suerte estaba sellada y la contienda solo podía tener un ganador. Las detonaciones y disparos hacían temblar todo el sistema solar, pero la lucha era desigual.

Las defensas planetarias terminaron por ceder. No obstante las naves defensoras no retrocedían.

Finalmente todo terminó; un vencedor y un perdedor era el resultado de la batalla en el espacio.

A la deriva, sin energía, la nave nodriza terrestre era remolcada por los cruceros korexianos. Como un trofeo de combate dedicado a sus gobernantes, la nave terrícola corría la misma suerte que otras tantas naves de otros tantos mundos caídos.

-Los cruceros que destruyeron las defensas de La Tierra están arribando y traen como trofeo una nave terrícola; informó Vandor al consejo korexiano.

-Excelente, que preparen la invasión final; ordenó Rantar.

En eso una violenta detonación estremeció entero el edificio del gobierno.

-¿Qué está ocurriendo?; preguntó alarmado  uno de los consejeros.

-Señor, nuestras propias naves nos están atacando; informó corriendo un soldado.

-Esto es obra de los terrícolas; concluyó Vandor. -Que neutralicen esas naves inmediatamente.

-Imposible señor, son cruceros de asalto; indicó el soldado.

Los disparos de ambas naves no discriminaban ningún blanco en particular, no respetando ni a civiles.

-Señor  la ciudad está bajo ataque; informó Vandor. -Deben evacuar inmediatamente el gobierno.

-¿Cómo es esto posible?; preguntó incrédulo Rantar.

-Los terrícolas deben haberse apoderado de nuestras naves y nos atacan en forma traicionera; opinó Vandor.

-Derriben inmediatamente esas naves; ordenó Rantar, totalmente fuera de sí por la furia.

La destrucción causada por el alevoso ataque era aterradora; la gente huía despavorida en las calles tratando de escapar de los disparos y de los edificios que caían. La cantidad de muertos causados por el bombardeo era difícil de precisar.

Ambas naves, que ya se hallaban en la atmosfera, comenzaron a balancearse al perder su sustentación antigravitatoria, para finalmente terminar cayendo al ser anulados sus motores y armas vía control remoto.

El alivio de los korexianos se esfumó en un santiamén cuando las compuertas de los cruceros se abrieron. Con horror los ciudadanos vieron descender a sus compatriotas, o lo que quedaba de ellos, con implantes mecánicos que les daban más una apariencia de máquinas programadas para matar sin compasión a quien se pusiese en su camino. Junto a ellos decenas de bestias biomecánicas se desplegaron por doquier, llevando la muerte en sus armas y mandíbulas de metal.

El pánico se apoderó de todo el mundo; si bien los soldados biomecánicos avanzaban sin ninguna prisa, confiando en la certeza de sus disparos, los “perros” daban caza rápidamente a todo quien tratase de escapar, mostrando la fiereza y poder de sus mordedura que todo lo rompía.

En la órbita del planeta la nave terrícola encendió todas sus luces y se estabilizó, apoyando con sus armas la carnicería que provocaban en la superficie las tropas de asalto.

-La nave terrícola está totalmente operativa; observó Rantar con el rostro cubierto de sudor. -Todo era una trampa y caímos en ella.

-Desde ella controlan a esos monstruos; observó Vandor. -Debe ser destruida cueste lo que cueste.

Varias naves despegaron para atacara a la traicionera nave terrícola; sin embargo, algunas ni siquiera lograban elevarse de sus rampas, alcanzadas por los disparos de la nave atacante. Las que pudieron salir de la atmósfera descargaron sin piedad sus armas sobre la nave terrícola, pero sus defensas eran fuertes y sus armas devastadoras.

La estación de combate de defensa planetaria de Korex activó su impresionante arsenal de proyectiles balísticos, mientras disparaba varias ráfagas de energía contra la nave terrícola.

Parte del casco de la nave nodriza fue golpeado directamente por uno de esos rayos; inmediatamente todas las armas fueron apuntadas contra ese punto vulnerable.

Una gran bola resplandeciente iluminó todo el firmamento, al estallar los motores cuánticos cuando el proyectil la alcanzó. La estación espacial desapareció de la órbita korexiana, golpeada por un proyectil salido de la nada.

El hiperespacio se abrió dejando salir a otra nave nodriza similar a la anterior, escoltada por tres destructores estelares.

Los monitores y pantallas de todo el planeta mostraron una única imagen. Un alto oficial con la bandera del planeta Tierra a su espalda les habló con una voz carente de rasgos emocionales.

-Korexianos, les habla el Almirante Petersen de la Flota Imperial Terrestre; se presentó el oficial terrícola. -Antes de continuar con esta inútil batalla, por favor dirijan su atención al quinto planeta de su sistema solar. Las pantallas mostraron una panorámica en tiempo real del sistema planetario korexiano.

Desde uno de los destructores terrícolas un gigantesco proyectil surcó el espacio a una vertiginosa velocidad hacia el quinto planeta. Una bola de fuego cubrió todo ese mundo, al tiempo que su superficie se fracturaba por todas partes, dejando escapar el líquido contenido de su núcleo, para terminar finalmente estallando en cientos de pedazos que se dispersaron por el espacio.

-¡Criminales!; gritó el Ministro Rantar. -Había dos millones de habitantes en ese planeta.

-Nunca debieron atacar el planeta Tierra; respondió el Almirante Petersen.

-¡Desgraciados!; rugió Vandor.

-Ahora les ordeno que se rindan inmediata e incondicionalmente ante el Imperio Terrestre; mandó el terrícola.

-Eso nunca; respondió Vandor, dominado por la rabia y la impotencia.

-Todas nuestras armas están apuntando al núcleo de Korex; agregó Petersen.

-Ustedes también morirían en la explosión; rebatió Rantar.

-Nuestra tecnología es mucho más avanzada que la de ustedes, podríamos saltar fácilmente al hiperespacio antes de la detonación; respondió el terrícola. -¿Se atreven a averiguarlo?

-No sería capaz de asesinar a miles de millones de inocentes; trató de razonar el  Ministro Rantar.

-¿Qué me lo impide?; respondió triunfante Petersen.

-Está bien, nos rendimos; aceptó el abatido mandatario. -Pero por favor le ruego que perdone a la población civil.

-Se lo prometo señor ministro; respondió el oficial terrícola. -Una cosa más, inhabiliten inmediatamente todas sus armas y naves de combate y destruyan enseguida todas sus bases militares.

La pantalla se apagó, dejando a todos sumidos en un silencioso sepulcral. El orgulloso gobierno del planeta Korex se había dejado llevar por la apariencia bonachona e inocente del embajador del planeta Tierra; sin embargo, en la confianza está el peligro y ahora se enfrentaban a una inminente aniquilación.

-No podemos hacer eso; objetó Vandor. -Quedaríamos totalmente indefensos ante los terrícolas.

-Ya lo estamos; observó cabizbajo Rantar. -Que destruyan todas las armas y bases militares; ordenó el gobernante. -Esa es la única forma de salvar a nuestro pueblo.

Rantar se había tenido que tragar su propio orgullo, pensando en el bien mayor de salvar la vida de los inocentes, que nada tenían que ver con las decisiones buenas o malas de sus gobernantes.

-El desarme se ha cumplido señor almirante; avisó Rantar. -Nos rendimos, pero por favor respete la vida de los civiles.

-Se lo prometo señor ministro; contestó Petersen, desde el puente de mando del destructor insignia, cortando en seguida la comunicación.

-Comuníquenme con las naves nodrizas; ordenó el oficial a un soldado.

-Aquí el Almirante Petersen. Despliéguense inmediatamente por todo el planeta y erradiquen toda forma de vida inteligente; ordenó a las naves invasoras. -Procedan según el protocolo acostumbrado.

Cientos de aviones terrícolas despegaron de las naves nodrizas, comenzando un devastador bombardeo en todas las ciudades de Korex. Unidades terrestres comenzaron a recorrer las calles para hacer más patente la ocupación. Los soldados biomecánicos se dispersaron buscando sobrevivientes y los perros fueron liberados, llevando la desesperación, el terror y la muerte entre sus quijadas.

Otro mundo había caído bajo la bota de hierro del Imperio Terrestre. Los korexianos aprendieron de la peor forma posible que nunca hay que entrar a la cueva de un lobo a molestar a sus habitantes; y eso fue precisamente lo que hicieron sus gobernantes. Fueron a desafiar a los lobos de la galaxia directamente a su madriguera y eso los condenó al olvido, junto a tantos otros mundos olvidados, desde que los terrícolas invadieron las estrellas.

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Fantasía Oscura 29 noviembre 2017

Fantasía Oscura

La fantasía oscura es un subgénero de la ficción fantástica que puede referirse a obras literarias, cinematográficas y artísticas en general que combinan la fantasía con elementos de terror. A grandes rasgos, la expresión puede utilizarse para referirse a las obras fantásticas que exhiben una atmósfera oscura o sombría, o que transmiten una sensación de horror y espanto.

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Son obras escritas con oscuridad y tinieblas, terror, sangre, muerte y destrucción.  Se siente el poder de la magia negra y de las fuerzas que habitan  lejos y fuera de los sentidos de los  humanos. Los personajes pasan de la risa al llanto, del llanto al miedo, del miedo al terror y del terror a la muerte. Son letras  escritas con  mezcla de  la más oscura magia negra y sangre, y sazonadas con algo de deliciosa blasfemia.

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Es el medio por el cual podemos dejar volar nuestra imaginación sin límites, convirtiéndonos en los amos de la vida y la muerte. Bajo nuestra pluma o teclado todo se puede convertir en realidad. Crear mundos enteros es tan sencillo como chasquear los dedos y con la misma facilidad destruirlos si lo deseamos.

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En el mundo real podemos ser las personas más sencillas y generosas, pero cuando dejamos volar nuestras letra, nos convertimos en Dioses o Demonios todopoderosos, controlando el destino de nuestros personajes a nuestro antojo, …a veces…

Digo a veces porque, al menos en mi caso, se como empieza una historia, pero nunca cómo va a terminar. La trama se va desarrollando sola, los personajes desarrollan sus personalidades y adquieren una vida e identidad propia. Cada cuento se escribe solo, gracias a las consecuencias que provoca la  interacción de los personajes y la cascada de acontecimientos que desencadena una escena, generando hechos que ni siquiera se pueden imaginar antes de que sean plasmados sobre el papel. Es tan emocionante como estar viendo una buena película de terror, en que cada escena te saca escalofríos o exclamaciones de sorpresa y asombro, y estás tan entretenido que no quieres que ésta acabe y solo atisbas que podría tener un desenlace increíble y termines diciendo ¡guau qué película más buena!  

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Hay veces en que quedo totalmente en blanco y me hago la pregunta inquietante ¿qué voy a escribir ahora, si no se me ocurre nada?. Con el tiempo me he ido dando cuenta que no se puede tratar de forzar una idea. Las ideas surgen solas, con más facilidad cuando menos nos forzamos por lograrlo.

Cuando empecé a escribir lo hacía preocupado de si a mi lectora principal (mi hija), le gustaría a no cada cuento; pero después me di cuenta de que en realidad yo estaba escribiendo para mi. Si una historia logra emocionarme sigo escribiéndola hasta el final, pero si siento que se está volviendo demasiado lenta o me parecen aburridos los senderos que se van abriendo, simplemente la dejo archivada, esperando a que se me ocurra como modificarla. Es  por eso que, a mi parecer, el arte de escribir es un proceso dinámico, en que el escritor se vuelve parte y un observador de las aventuras, dramas y terrores de los personajes, de alguna forma compartiendo sus dudas, temores y a la vez manipulando el destino de ellos. Así el escritor puede dar rienda suelta a toda su perfidia y crueldad, y por qué no, a su sicosis, sin llegar a dañar a nadie en el  mundo real.

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Alguien dijo una vez que con esto podría atraer malas energías hacia mi, otra persona fue más allá y dijo que me iría al Infierno. Si me fuera al Infierno, supongo que me apoderaría de su trono y desde ahí seguiría escribiendo por toda la eternidad atrapando las almas de cada lector entre mis letras.

BRUJO NEGRO

P.D.: Los aficionados a escribir relatos de este género podríamos ponernos en contacto.

Atte.: El Brujo Negro

 

 

 

Cuentos en PDF descargables gratis 28 noviembre 2017

Filed under: Últimos post — Boris Oliva Rojas @ 11:33

Cuentos en PDF descargables gratis                                                                                                                                                                                                                                                                      Hola a todos los amantes de la lectura aficionada. Si les han

gustado alguno de mis cuentos, pueden descargarlos de mi sitio Tinieblas Macabras; sólo les pido a cambio que dejen algún comentario al respecto y un me gusta.                                                                                                                     Saludos del Brujo Negro

 

La Modelo 27 noviembre 2017

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Boris Oliva Rojas

 

 

La Modelo

-Esta es la dirección; dijo para sí misma la joven.

Era una suerte que recién egresada hace un mes de la escuela de modelos, la hayan llamado para el casting para el comercial de una nueva línea de lencería de una afamada marca. Vestida con su mejor tenida y portando un archivador lleno de fotografías suyas, tocó el timbre del despacho ubicado en el cuarto piso de un antiguo edificio del centro. Sin ascensor y con largos pasillos mal iluminados, no tenía ningún letrero ni logotipo en su puerta. Supuso que, como le habían contado, las agencias que hacían los casting no tenían oficinas fijas y en cambio arrendaban una cuando la necesitaban.

Una recepcionista de mediana edad le abrió la puerta con una sonrisa.

-Hola, me citaron a un casting a las once; dijo la joven a la mujer.

-Pasa, llegaste temprano, eres la primera; la invitó la mujer. -Todavía no llega nadie.

-A quién madruga Dios le ayuda; respondió la joven citando el viejo refrán.

-Así es, tienes razón; asintió la mujer. -Mientras, por favor llena esta ficha con tus datos personales.

Las murallas estaban decoradas sin mucho estilo con varias fotografías en blanco y negro. Estaba la recepción más unas cuantas puertas cerradas. La oficina parecía ser muy grande, a juzgar por la separación de las puertas del pasillo.

Ninguna otra modelo llegaba, lo que llenaba de esperanzas a la joven. Cerca de las once y veinte, una mujer de unos cuarenta años, acompañada de un hombre llegó casi corriendo.

-Hola, disculpa el atraso, es que se alargó una reunión con el cliente. -Vaya, ¿no ha llegado nadie más?; preguntó a la recepcionista.

-Solo esta señorita; respondió ella.

-Bueno, déjame revisar tu ficha y te llamo enseguida para que nos conozcamos mejor; dijo la mujer, que parecía ser la encargada de la selección.

Después de algunos minutos de tensa espera la mujer hizo pasar a la joven a su oficina.

-Veo que recién egresaste de la escuela de modelaje; dijo la mujer.

-Sí, hace un mes; contestó algo nerviosa la joven.

-Por lo visto no tienes mayor experiencia; comentó el hombre, con una máquina fotográfica colgando del cuello.

-Bueno, la verdad es que no; respondió inquieta la joven. -Salvo mi práctica.

-¿Tienes fotos?; preguntó la mujer.

-Sí, claro; respondió la joven pasándole su portafolio.

-Mmm; opinó el hombre. -Parece que le agradas a la cámara.

-Gracias; contestó la joven a lo que parecía un alago.

-Sin embargo me gustaría ver fotos frescas. ¡Desnúdate!; ordenó la mujer.

-¿Perdón, cómo dijo?; preguntó confundida la joven.

-Que te desnudes; repitió la mujer. -Recuerda que esta es una campaña para una línea de ropa interior.

-Sí, claro; respondió la joven, que se sentía como una tonta y la novata que era.

-Quédate con brassier y braga solamente; pidió el hombre.

-¡Magnífica!; exclamó la mujer. -Permíteme la cámara a mí; pidió al fotógrafo.

-¡Estupenda!; dijo ella mirando a través del lente fotográfico. -Tu piel parece porcelana y capta muy bien la luz y la sombra. Tu figura parece haber sido esculpida a mano; decía la mujer, captando cada ángulo del cuerpo de la joven, que lucía una radiante sonrisa, ahora al sentirse tan elogiada.

-Puedes vestirte; ordenó la mujer, pasando la cámara a su compañero.

-A mí me parece bien; dijo él mirando de arriba abajo a la chica. -Pero necesitamos entrevistar a más postulantes.

-Creo que no; opinó la mujer. -Querida, tú y yo podemos hacer grandes negocios si te interesa.

-¿Quiere decir que tengo el trabajo?; preguntó ella mientras se abotonaba sin apuro su blusa.

-Claro que sí, pero tendrás que firmar un contrato exclusivo, por al menos un año con nuestra agencia de modelos; contestó la mujer. -¿Qué dices, te interesa?

-¡Sí!, por supuesto; respondió emocionada la joven.

-Señorita, por favor traiga un contrato de trabajo por un año a nombre de la joven que está con nosotros; ordenó a la recepcionista.

A los pocos minutos el hombre, que había ido a la otra habitación, volvió con dos sobres.

-Aquí tienes una copia de las fotografías que te sacamos, otra es nuestra; dijo entregándole uno de los sobres a la modelo.

Tras revisar el contrato de cinco hojas, la joven aceptó la pluma fuente que le tendió la mujer. Por un tonto descuido, al recibirla se pinchó un dedo con su punta; una roja gota de sangre cayó sobre el papel ensuciando el contrato.

-¡Oh, disculpe!, manché el contrato; dijo afligida la muchacha.

-Descuida, firma tranquila, vamos a suponer que este pacto se selló con sangre; bromeó la mujer.

La joven sonrió nerviosa y estampó su firma al final del contrato por triplicado.

-Entonces, nos vemos mañana mismo a las nueve; dijo la mujer recibiendo la copia del documento manchada con sangre. -Y no es necesario que vengas vestida de manera formal.

La joven estuvo todo el día revisando el catálogo de la ropa interior que debería modelar. Las prendas eran tan lindas que sacaban varias expresiones de exclamación de ella.

Al otro día estaba media hora antes en la oficina de la agencia de modelos, practicando en el espejo del baño distintas expresiones.

Cinco minutos antes de la hora acordada la mujer llegó sola a la oficina.

-Hola querida. Mi fotógrafo tuvo que llevar a su mujer de urgencia al médico, creo que se rompió una pierna; explicó ella. -Pero yo saco fotografías muy buenas también.

-¿Te parece si empezamos con este conjunto?; preguntó a la joven mostrándole un brassier y bragas de encaje negro.

-Sí claro; aceptó la modelo.

La ropa interior realzaba toda la belleza y juventud de la muchacha, la cual fue capturada en cada fotografía hábilmente tomada por la mujer.

-¡Eres magnífica!; la alabó ella. -Juntas vamos a arrasar el mercado de la moda.

-¿En serio lo cree?; preguntó la joven.

-Claro que sí, llevo años en esto y tú eres una delicia para los ojos; opinó la mujer sin dejar de apretar el obturador de la cámara.

-Aun no es seguro, pero una prestigiosa marca europea me encargó que hiciera un catálogo de alta costura. -¿Te interesaría?; peguntó la mujer.

-¿Es en serio?; preguntó emocionada la joven modelo. -Si yo no tengo experiencia.

-Tienes un porte y desplante muy distinguido y natural; contestó la mujer.    -La  experiencia se gana paso a paso.

-Pues claro que me interesa; respondió la joven.

Después de varias horas de incesantes fotografías, la modelo se sentía muy cansada, pero muy contenta y emocionada.

-Bueno querida, es suficiente por hoy; terminó la mujer. -Ve a descansar y nos vemos mañana a las nueve.

Cuando la joven se hubo vestido y se disponía a marcharse la mujer la detuvo.

-Espera, falta el pago por esta sesión; dijo ella pasándole un cheque.

-Tiene que haber un error; observó la joven. -Esto es demasiado.

-Tú vales mucho más; aclaró la mujer. -Juntas vamos a ganar mucho dinero.

La joven modelo estaba impresionada y emocionada a más no poder; en sus manos tenía un cheque con más del doble de dinero ganado en un mes el último verano y por trabajar solo unas cuantas horas.

Tras darse una larga ducha se sentó frente a su tocador a peinarse y ponerse crema facial. -Vaya, ¿qué tenemos aquí?; dijo tomando un cabello y sacándolo. -¡Una cana!

-Parece que realmente agota este trabajo; opinó mirando su rostro un poco cansado. -Nada que una siesta y una crema no puedan arreglar.

Al otro día la jefa ya había llegado y tenía todo preparado para una sesión de fotografía tipo glamour, con un sillón rojo, una mesa de centro y cortinas de gasa.

Era todo como un juego, así es que las horas pasaron volando para la modelo; si no hubiese sido por el dolor articular y muscular que empezó a molestarla, no se habría dado cuenta del cansancio.

Tras una ducha tibia y un vaso de leche con un relajante muscular se durmió plácidamente. Una máscara facial en rostro y párpados debería borrar las ojeras que le habían aparecido.

Al otro día la mujer llegó justo a las nueve y la hizo pasar a la oficina.

-Mandé las primeras fotos al cliente y están fascinados; explicó la mujer.      -Están tan encantados contigo que quieren que seas su modelo y rostro oficial de campaña este año. ¿Qué te parece?

-¡Es increíble!, no sé qué decir; exclamó la joven.

-Di que sí y hagámonos famosas; dijo la mujer con una sonrisa. -Pero bueno, trabajemos. ¿Sabes sacar fotografías?

-Solo con cámaras automáticas; respondió la modelo.

-Hoy vas a aprender a sacar fotografías profesionales; dijo la mujer mientras desabrochaba su blusa y se quitaba la falda. -Yo  seré tu modelo.

A pesar de sus cuarenta y tantos años, la mujer se veía bien, claro que se notaba en la textura de su piel y en la firmeza de sus músculos su edad; al fin y al cabo los años pasan y no pasan en balde.

La joven se sentía incómoda con la cámara, le costaba enfocar y usar la luz en forma manual.

-Solo deja de pensar en la cámara como una herramienta; aconsejó la mujer. -Vela  como una extensión de tu mente y tus ojos.

La mujer posaba muy bien; debía haber sido modelo cuando joven.

A pesar de todo, la modelo se sentía muy cansada cuando llegó a casa. Su piel se sentía levemente menos tersa y encontró otras canas en su cabello.

Durante la semana siguiente las sesiones fueron muy cansadoras, pero eran las últimas. El día viernes la jefa le entregó un grueso catálogo del cliente.

-Tu primer trofeo; dijo la mujer sonriendo. -Ahora nos vamos a celebrar  y en la tarde siguen tus clases de fotografía.

De vuelta del restaurante y después de varios tragos, la jefa comenzó a posar, mientras la muchacha la fotografiaba. Su piel a través de la lente se veía tersa y lozana, muy distinta de la anterior sesión; sus músculos estaban firmes y tonificados. Podía ser tal vez por el alcohol ingerido, pero la jefa se veía veinte años más joven.

-No quisiera ser indiscreta; dijo la joven. -¿Pero estás aplicándote algún tratamiento rejuvenecedor?

-La verdad es que sí; respondió la mujer.

-Lo que es yo, me siento cansada y dolorida, como si tuviera más de cincuenta años; se quejó la muchacha.

-Debe ser el exceso de trabajo; opinó la mujer. -Esta vida agota y no es solo brillo, luces y ropa bonita como piensa la gente.

Después del baño la joven, como todas las tardes se sentó frente  a su tocador; sin embargo, esta vez casi no se reconoció. Su pelo estaba lleno de canas, sus ojos rodeados por un par de ojeras se veían cansados y coronando su demacrado rostro, cuatro líneas cruzaban su frente y su piel se notaba marchita. Esto tal vez era normal por el cansancio y las largas sesiones; sin embarga, lo que más le molestaba  era el dolor punzante que sentía en sus manos y rodillas.

Para distraerse la joven modelo tomó el manual de la cámara fotográfica que le había obsequiado su jefa. Debió alejarlo bastante de sus ojos para poder leerlo. La máquina le estaba dando un poco de problemas, porque de pronto se encendió sola y no podía apagarla; en algún lado debía tener un interruptor, pero no daba con él. Por lo visto, sin proponérselo tendría grabado un video de ella esa tarde, hasta que se apagó sola.

Finalmente cansada, la muchacha se fue a la cama. En el velador la cámara se encendió nuevamente sola y filmó a la joven mientras dormía. Al otro día se levantó con mucho dolor en los huesos y fue a ver a un médico. Éste, después de revisar los resultados de los exámenes, a ella misma y la ficha con sus datos, habló despacio.

-¿Su edad es veinte años señorita?; preguntó el facultativo.

-Diecinueve, aun no cumplo veinte; corrigió la joven.

-Bien, los exámenes indican que entre otros problemas, usted está sufriendo descalcificación general, así como desgaste e inflamación en sus articulaciones. Los resultados indican que usted padece osteoporosis y artritis reumatoide; explicó el médico.-¿Algún antecedente en su familia o algún pariente cercano la sufre?

-Ninguno; respondió la muchacha.

-Ayer no pude leer bien; comentó al doctor.

-Me parece que es presbicia; dijo el médico.

-Pero doctor, eso da después de los cuarenta años y yo no tengo ni veinte; contestó ella.

-De hecho su edad biológica, en este momento, es de cerca de sesenta y cinco años.

-Pero eso es imposible doctor; alegó la joven. -¿Está diciéndome que de la noche a la mañana me volví vieja?

-En casos muy extraños eso puede ocurrir; contestó el médico. -¿Ha estado expuesta a algún tipoi de radiación últimamente?; preguntó el facultativo.

-No que yo sepa; contestó la muchacha mientras gruesas lágrimas corrían por su rostro.

Agotada la abatida joven se fue a su casa y se tendió a descansar en su cama. Cansada se durmió y soñó con pasarelas y sesiones de fotografías; después de unas horas de un sueño reparador se levantó y preparó su comida.

Los medicamentos para el dolor que le dio el médico algo le ayudaban a soportarlos, pero se sentía sin fuerzas ni ánimo.

-¡Vaya que dura la batería de la cámara!; exclamó al ver encendida la máquina fotográfica.

Se volvió a dormir y apenas pudo levantarse al despertar; sus piernas estaban débiles y sus músculos se sentían y veían flácidos. Sin tener a nadie más  a quién recurrir, decidió llamar a su jefa.

-Hola, estoy enferma, por favor ven; la llamó con voz temblorosa.

A la media hora la mujer tocaba el timbre y la demacrada y adolorida joven le salió a abrir.

-¿Hola, qué tienes?; preguntó a la muchacha.

-No lo sé, el doctor dice que estoy envejeciendo muy rápido y sin motivos aparentes; explicó la joven. -Me duelen los huesos, estoy muy débil y me cuesta ver.

-Debe ser solo cansancio y una gripe; opinó la mujer. -Yo te veo igual de joven.

-¿En serio?; preguntó la muchacha.

-Pero claro; asintió la mujer. -No hay que creerle a los doctores.

-Supongo que tienes razón; aceptó la joven.

-Vamos, te ayudo a acostarte y te preparo una taza de té; ofreció la mujer.

Con cuidado arropó a la muchacha en la cama. Sus ojos se posaron en la cámara fotográfica que estaba en el velador y la tomó en sus manos con una sonrisa. Picaronamente la mujer le sacó una fotografía.

-Pronto nos reiremos de esta foto; dijo a la joven.

-Tómate este té, el líquido caliente te va a hacer sentir bien; le pasó la taza a la joven.

La infusión pasaba agradable por su garganta, produciéndole un leve sopor; sus ojos comenzaron a cerrarse y finalmente se durmió. La mujer puso nuevamente la cámara fotográfica en el velador y dejó a la muchacha durmiendo, para luego marcharse.

Cuando la joven despertó estaba confundida, ya que no sabía cuánto tiempo había dormido. El somnífero que la mujer puso en el té la había tenido sumida por varios días en un profundo sueño. Al intentar levantarse sus piernas fueron incapaces de sostenerla; como pudo logró sentarse en la silla del tocador. Ojala que no hubiese logrado hacerlo.

Sentada frente a ella, una anciana la miraba con ojos lánguidos; una anciana a la que nunca antes había visto, pero a la que reconoció inmediatamente. Sus temblorosas manos se acercaron despacio para tocar su arrugado y marchito rostro y su pelo blanco.

Se preguntaba por qué le estaba pasando esto. Si su frágil memoria no la engañaba, todo comenzó cuando empezó a trabajar en la agencia de modelos. Miró su velador y vio la cámara fotográfica encendida; siempre encendida, sin que su batería se agote nunca. Apoyándose en la mesita del tocador llegó hasta él y tomó la máquina. Sentada en el borde de la cama vio asombrada las fotografías que la cámara había tomado en forma automática. Una a una mostraba la secuencia en que, en el curso de pocas semanas, había pasado de una joven veinteañera a una anciana de noventa años.

Con lentitud se vistió, no porque lo quisiera, sino porque cada movimiento era terriblemente doloroso. Recordó que en el closet tenía un bastón que había comprado para un disfraz y que ahora de verdad sería su apoyo.

Pidió un taxi por teléfono y se dirigió a la oficina de la agencia de modelos. Los peldaños de las escaleras del viejo edificio parecían interminables. Agotada llegó hasta el cuarto piso y arrastrando los pies despacio llegó hasta la puerta sin nombres donde estaba aquella agencia donde todo empezó o mejor dicho donde todo terminó.

Después de un rato la recepcionista abrió la puerta.

-¿En qué le puedo ayudar señora?; preguntó amablemente sin reconocerla.

-Necesito hablar con la jefa; dijo la anciana. -Es sobre una de sus modelos que está muy enferma.

-Sí, claro, pase por favor; aceptó la secretaria.

Desde la oficina se escuchaban voces y risas, incluida la de alguien muy joven. Lo más rápido que sus cansadas piernas le permitieron se dirigió hacia allá.

La jefa de la agencia de modelos se veía bella y radiante, luciendo la apariencia de una muchacha de no más de veinte años.

-¿Qué me has hecho maldita?; se lanzó la anciana sobre la mujer. La adolescente que junto a su madre acompañaba a la dueña de la agencia, alcanzó a afirmarla cuando se le cayó el bastón y perdió el equilibrio.

-¡Abuela!; exclamó sorprendida la mujer. -¿Qué haces aquí?, ¿dónde está tu enfermera? La voy a despedir por descuidarte y dejarte sola.

-Por favor disculpen, es que mi abuelita no ha estado muy bien últimamente; dijo con cara de pena.

-No te preocupes; contestó la madre de la muchachita. -Hay que tener paciencia con las personas mayores.

-Es cierto; respondió la joven. -Pero volvamos a lo nuestro. ¿Ya firmaste el contrato?; preguntó a la jovencita, que no tenía más de quince años.

-Sí, aquí está firmado; dijo la niña emocionada pasándole los papeles manchados con una gota de sangre.

-¡No!; fue lo único que dijo la anciana antes de que la mujer la acompañara tiernamente hasta la salida, pero una vez allí la sacara de un empujón.

Al otro día, tirado en la calle encontraron el cadáver de una anciana de edad muy avanzada que había fallecido durante la noche. Las únicas identificaciones que llevaba consigo pertenecían a una joven de veinte años. Tal vez había robado la billetera o la había encontrado; podría haber sido también de alguna nieta; ¿quién podría saberlo? Era una anciana más de tantos indigentes que mueren anualmente en las calles de la ciudad.

Un forense de buen corazón se apiadaría de ella y le querría dar una identidad. Ni siquiera se podía imaginar la sorpresa que se llevaría al revisar sus huellas digitales.

 

Tétrada Oscura – Capítulo N° 5 – La Caída de Los Arcángeles 26 noviembre 2017

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Boris Oliva Rojas

 

 

Tétrada Oscura

Capítulo N° 5

La Caída de Los Arcágeles

Un tenue resplandor verde inundó la dormida casa, se introdujo en el cuarto de los niños y comenzó a crecer y volverse más brillante. Isabel se quedó un rato contemplando a sus hijos y después de algunos minutos se dirigió con pasos suaves que no producían ruido sobre el piso de madera, hacia la habitación que compartía con su marido, quien dormía plácidamente.

Todo estaba tal y como lo dejó aquella noche en que todo comenzó. ¿Cuánto tiempo había pasado?; la verdad es que eso no tenía ninguna importancia. Ella simplemente había regresado al instante preciso en que los dejó dormidos en un sueño profundo, de tal forma que para su familia no había pasado ni un minuto.

Isabel experimentó una sensación extraña, nunca antes sentida por ella, al verlos así dormidos. Si lo deseaba, despertarían y el tiempo reanudaría su marcha normal para ellos. Los veía casi con curiosidad, como quien trata de imaginar la efímera existencia de un insecto, que vive toda su vida en un solo día. Ahora ella existía en una escala de tiempo totalmente distinta y que le permitía viajar de un instante a otro, sin que eso le afectara siquiera. Podía despertarlos y reanudar su vida junto a ellos, pero ella los percibía como si fuesen un fugaz pestañeo y el tiempo se los habría quitado antes de que pudiese percatarse.

Por un instante Isabel sintió un poco de nostalgia; una leve sensación de incomodidad que no alcanzó a ser llamada pena.

Tranquilamente, sin que ningún sonido la acompañase, se dirigió a la cocina. Ante un gesto de su mano el vidrio roto por la flecha disparada contra ella por un elfo claro, quedó completamente intacto y la cocina en orden.

Tras meditarlo un rato finalmente se decidió. Sus emociones hacia su familia habían cambiado completamente; su mente se había vuelto calculadora y los veía solo como ilusiones que pronto desaparecerían. Pero sabía; estaba convencida que era mejor que ellos continuaran con su vida normal. Extendiendo sus manos, como cuando se está entregando algo, cerró sus ojos y concentró su consciencia en un punto de luz verde que fue creciendo lentamente y a cobrar la silueta difusa de una mujer. Parada frente a ella, con satisfacción se vio reflejada a sí misma.

Su gemela así creada poseía todos sus recuerdos y emociones, así como toda su personalidad en general. Lo mejor de todo es que ella envejecería a un ritmo normal para los humanos y la familia podría continuar con una vida común y corriente.

Un suave destello verde iluminó la cocina y la elfa oscura se esfumó en medio de la noche, tan silenciosa como había llegado.

Isabel, porque lo más justo era llamarla como tal ya que era una imagen perfecta e ideal de ella, se sirvió un gran vaso de leche fría y se dirigió a su habitación; una vez en la cama abrazó tiernamente a su marido y se durmió dulcemente.

El tiempo seguía su curso normal, así como normal era la vida que seguiría esta familia. Sin sobresaltos ni nada fuera de lo común; excepto, tal vez, por la visita unas cuantas veces de un fantasma verde que se deslizaba por las habitaciones en alguna noche en los años venideros.

¿Cuántos años llevaban juntos?; diez, tal vez quince años. Resultaba tan difícil recordar períodos tan cortos de tiempo que Mireya miraba en forma distante a su esposo e hijos, sin poder sentir ninguna emoción por esos seres tan sutiles como la llama de una vela o como un suspiro.

La fusión con la esmeralda sagrada la había cambiado tanto como a sus tres compañeras. Su antigua longevidad ahora parecía una ilusión junto a su actual inmortalidad, que le confería su capacidad de moverse fuera del tiempo. Su comprensión de la realidad también había evolucionado a un nivel que cualquier genio envidiaría; y era esa misma condición la que ahora le indicaba lo que debía hacer.

En medio del subterráneo salón donde por años llevó a cabo sus hechizos, la bruja alzó sus brazos y en medio de un destello de luz verde otra Mireya, idéntica en recuerdos y sentimientos, así como en el cuerpo y personalidad la observaba con una tierna sonrisa en los labios.

-Cuídalos y que sean felices; pidió Mireya a su gemela.

-Pierde cuidado, recuerda que ahora yo soy tu y ellos son mi familia; respondió la otra Mireya.

-Confío en ti, tanto como en mí misma; respondió la original.

-¿Puedo hacerte una pregunta?; consultó la réplica de Mireya.

-Sí, por supuesto; respondió la bruja.

-¿Yo soy bruja también?; quiso saber ella.

-¿Deseas serlo?; preguntó Mireya.

-¿Si no lo hubieses sido tú, esto no estaría pasando verdad?; preguntó la otra.

-No, nada de esto estaría ocurriendo; respondió Mireya. -Sería una mujer normal, con una familia normal.

-Aunque la tuya es una vida muy emocionante, la otra parece tranquila y agradable, sin monstruos, asesinos, ni demonios; meditó la nueva Mireya.

-Así es, lo que le falta a una lo tiene la otra; respondió la bruja. -¿Bueno, ya decidiste?

-Sí ya sé qué clase de vida quiero; concluyó la réplica. -Quiero ser  madre, esposa y profesional, como una humana común y corriente; envejecer y también morir cuando llegue mi hora.

-Haz elegido con sabiduría; respondió Mireya a su copia, tomándola de las manos, mientras un resplandor verde la envolvía. -Ve con ellos y que sean felices; dijo la bruja mientras lentamente se disipaba.

Con paso liviano, como si despertara de un sueño reparador, Mireya subió las escaleras de piedra que conducían hacia la casa. Al cerrar la puerta a su espalda, ésta desapareció y un reloj mural ocupó su lugar. Sellado para siempre el sótano de  la bruja quedó olvidado como si nunca hubiese existido. Aunque conocía la casa a la perfección, la nueva Mireya la recorrió por primera vez, tocando cada objeto y cada pared que llamaba su atención. Frente a las piezas de los niños ella sonrió y los besó y arropó. Junto a la cama matrimonial, soltó su cabello y despertó a su marido con varios besos en el cuello; mañana era sábado y no tenía turno en el hospital, así es que podía desvelarse esa noche.

Francine se escurrió como un fantasma por toda la mansión de la familia para la que trabajaba. Huérfana desde niña, solo buenos recuerdos tenía de quienes la acogieron casi como a una hija. Como agradecimiento solicitó ser la doncella de la hija de sus patrones. Aunque el tiempo nada significaba para dicha familia, ya que al igual que ella eran vampiros, habían quedado fuera del límite de su realidad y ya no le bastaba con esa existencia tan simple y apacible.

Sin más tomó una hoja de papel y escribió una emotiva carta donde agradecía todo lo que habían hecho por ella, pero que deseaba iniciar una nueva vida a partir de cero. Pedía, por favor, que le permitieran ir y les manifestaba su eterna gratitud. La existencia de la Tétrada Oscura era un secreto y no quería arriesgarse a ser descubierta por toda una nación de vampiros con capacidades telepáticas, al igual que ella. Y por otro lado, aun con lo poderosos que eran los vampiros, en su condición actual los veía débiles y vulnerables y a pesar de los años, décadas y siglos pasados junto a esa familia, no sentía pena al separarse de ellos; su mente fría y calculadora le indicaba que eso era lo correcto y natural.

Cristina no se cuestionaba en lo más mínimo respecto al paso que estaba a punto de dar. Había llegado a la conclusión lógica de que debía alejarse definitivamente de su familia. Desde siempre había elegido el camino de ser una loba solitaria, lo que haría un poco más fácil la separación. La joven se adentró en el bosque hasta llegar a un claro bañado por la luna; tras una honda inhalación de aire Cristina separó un poco sus labios y entonó un largo aullido. Cuatro voces más le respondieron y los cinco elevaron sus voces a la luna llena.

Ya estaba hecho, Cristina se había despedido definitivamente de su manada, dejando atrás la vida a la que renunció para vivir con los humanos y la vida que eligió junto a ellos.

 

-¿Primera vez en Tierra del Fuego?; preguntó el guía a la pareja de turistas.

-Sí, queremos disfrutar el paisaje del fin del mundo; contestó la mujer con un marcado acento norteamericano.

-¿Están totalmente seguros de querer acampar aquí?; preguntó el guía, pensando en lo inhóspito que podía ser el clima ahí.

-Oh, sí, estamos acostumbrados a este tipo de climas; contestó el hombre mostrándole una fotografía de ellos acampando en una montaña nevada.

-Ya veo; aceptó el guía. -Está bien, que se diviertan; volveré a buscarlos en una semana más.

-Adiós; se despidió la mujer con una mano cuando la camioneta se alejaba.

-¿Qué te parece?; preguntó el hombre.

-Se ve todo normal; respondió ella. -Aparentemente aquí no pasó nada. Sin embargo, viendo más allá de la ilusión, es evidente que hubo una batalla tremenda, en la que se combatió usando grandes cantidades de energía.

-Energía que solo puede ser generada y controlada por ángeles; observó él.

-Eso es lo que pienso; opinó ella. -Sin embargo, necesitamos pruebas.

El páramo agreste y devastado lucía aun las cicatrices sufridas en la batalla librada entre los seguidores del proscrito Athatriel y la Tétrada Oscura; ya nunca nada más nacería en ese suelo muerto, quemado por fuegos nunca vistos por los humanos.

-Y aquí encontré una; indicó él pasando su mano sobre una zona del suelo que se veía completamente cristalizada y lisa.

-Esto solo lo pudo haber hecho el golpe de una espada flamífera.

-Entonces es verdad; opinó ella. -Los rumores de que los ángeles de Athatriel fueron asesinados son ciertos.

-Eso explicaría por qué no se ha tenido ninguna noticia de actividades de ellos o de sus seguidores; pensó él.

-¿Pero quién podría ser capaz de matar a doscientos ángeles?; preguntó ella.

-Solamente alguien inmensamente poderoso; opinó él.

-Esa cantidad de poder debería ser muy difícil de ocultar; comentó ella.

-Y sin embargo, no logro detectarla; observó él.

-Quién sea que hizo esto, parece que tiene la capacidad de ocultar su poder; meditó ella.

El hombre se agachó a ver algo en el suelo. -Creo que encontré algo, pero casi no se nota.

-¿Qué es?; preguntó la mujer agachándose también.

-Aquí se abrió un portal de fuego; observó él.

-Eso es propio de los ángeles caídos; comentó ella. -¿Dónde se abrió de salida?

El hombre cerró los ojos y se quedó inmóvil durante varios minutos, casi sin respirar ni moverse.

-¡No lo encuentro!; comentó él. -No se abrió en ningún lugar del planeta.

-¿Entonces?; preguntó ella. -A alguna parte tiene que haber llegado.

La mujer se quedó estática, como si un rayo la hubiese atravesado.

-¿Sentiste eso?; preguntó ella. -Fue como si un pequeño sol hubiese estallado.

La energía liberada por Isabel y Mireya al crear a sus gemelas no pasó desapercibida por los dos ángeles.

-Pero ya no hay nada; observó el hombre. -Fue algo muy fugaz.

-De igual forma investiguemos; indicó ella extendiendo sus doradas alas y elevándose a una velocidad incalculable, seguida de él.

Aunque fue algo que duró un instante solamente, la cantidad de energía liberada era inusual y debía ser investigado el hecho.

Isabel estaba sentada tranquilamente en el banco de una plaza meditando sobre lo que acababa de hacer, cuando vio una pareja que caminaba hacia ella; al principio no le dio importancia, pero cuando se plantaron frente suyo intuyó la amenaza que implicaban y se puso rápidamente de pie.

-¿Les puedo ayudar en algo?; preguntó Isabel para cortar la tensión.

-Es ella; dijo el hombre haciendo aparecer inesperadamente una espada de fuego en su mano derecha.

Rápidamente, sin perder ni un segundo, la elfa extendió una de sus manos y un puñal de fuego voló hasta el corazón del hombre, consumiéndolo en llamas.

No esperando semejante hecho, la mujer desplegó sus alas, pero antes de que lograse elevarse, Isabel la sujetó de ellas y con un certero golpe de la espada flamífera que acababa de encender, se las cercenó en medio de los gritos de dolor de la mujer. Sin ninguna compasión la elfa arrojó al ángel al suelo y acercó amenazadoramente la hoja de fuego a su cuello.

-¿Quién eres y qué pretendías?; preguntó Isabel con los ojos llenos de fuego.

-Nos mandaron a investigar la muerte de los ángeles seguidores de Athatriel; respondió la mujer con la voz entrecortada por el dolor.

-¿Quién los envió?; interrogó la elfa.

-Contesta; ordenó Isabel acercando aún más la espada al cuello del ángel.  -O lo preguntaré en forma más convincente.

-Fuimos enviados por uno de los arcángeles; respondió la mujer.

Isabel bajó su espada y meditó ante lo que acababa de averiguar. Sin hacer ruido la mujer se puso de pie mientras la elfa le daba la espalda y en su mano se materializó una incandescente espada flamífera. Rápidamente Isabel se volvió y descargo un golpe en el cuello de la mujer, quien fue consumida inmediatamente por llamas que surgieron de su propio cuerpo.

Tras observar como el fuego terminaba de quemar al ángel, en medio de una gran llamarada la elfa desapareció del lugar.

-Coordinador, reúna a la Tétrada Oscura enseguida; ordenó Isabel al momento de materializarse en medio del centro de operaciones del Anticristo, mientras se dirigía a la oficina de éste.

-Como ordene señora; respondió el hombre.

-¿Ethiel, pasa algo malo?; preguntó el demonio.

-No lo sé; respondió la elfa.

Al poco rato Mireya, Francine y Cristina entraban también al despacho.

-Hace un rato tuve contacto con dos ángeles enviados por los arcángeles, a investigar la muerte de los seguidores de Athatriel.

-¿Estás completamente segura de ello?; preguntó Francine.

-Lo confesaron con una espada flamífera en el cuello; respondió la elfa.

-¿Dijeron cuál de los arcángeles los envió?; preguntó Damián.

-Negativo; fue la escueta respuesta de Ethiel, quien mantenía su forma humana.

-¿Dónde están los ángeles?; preguntó Mireya. -Me gustaría poder interrogarlos.

-Eso no va a ser posible; contestó la elfa. -Tuve que matarlos en defensa propia.

-¡Lástima!, habría sido bueno obtener más información; opinó Damián. -Hay que estar atentos a todo, ya que las cosas se pueden complicar si intervienen los arcángeles.

-No me preocupan mayormente ellos; comentó Cristina. -En nuestro entrenamiento demostraron no ser rivales para nosotras.

-Aun así; insistió el demonio. -Una simulación es muy distinta a un combate real.

-Aunque así sea, sus barreras protectoras no los pueden defender de nuestros ataques; agregó Cristina.

-Sin embargo, son los ángeles guerreros más poderosos; las previno Damián.

-Es mejor que estemos preparadas para cualquier cosa; intervino Francine. -Pero no nos adelantemos a los hechos y esperemos que las cosas se den primero.

-Coordinador, comience rastreo y seguimiento de toda actividad de ángeles ocurrida en el tiempo real; ordenó Mireya.

-Enseguida señora; obedeció el aludido.

A los pocos minutos el coordinador de operaciones ingresó al despacho principal, con la información solicitada.

-Nuestro monitoreo indica que desde la eliminación de los ángeles de Athatriel, ha habido un aumento inusual, pero esperable de las actividades de los ángeles; informó el ejecutivo.

-Era de suponer que la muerte de doscientos ángeles no pasaría inadvertida; comentó Damián.

-No tuvimos alternativa; opinó Cristina. -Ellos nos atacaron y tuvimos que defendernos.

-Eso no lo discuto; dijo Damián. -A lo que me refiero es que la energía utilizada para ello, por su intensidad y magnitud, era fácil de detectar; por otro lado, también resultará sospechosa la desaparición de los dos ángeles en manos de Ethiel.

-¡Yo solo me defendí!; contestó ella molesta.

-Estoy seguro de ello; la calmó el demonio. -Lo que pasa es que nunca antes había sido asesinado un ángel.

El arcángel se paseaba preocupado debido a que uno de los equipos enviados a investigar la muerte de los ángeles no se había reportado como se les había ordenado. Si fue un error de ellos, los reprendería en forma apropiada; mientras tanto enviaría a otra pareja al último lugar informado siguiendo una pista.

Una pareja paseando tomados de la mano no llamaba la atención de ninguna de las pocas personas que aun andaban en el parque disfrutando de la noche.  Lentamente ambos dirigieron sus pasos hacia un banco cercano.

-Hasta aquí llega la pista; dijo la mujer.

El hombre se inclinó para abrochar sus zapatos, mientras tocaba el suelo con sus dedos.

-Aquí hay un golpe con espada flamífera; dijo él en voz baja.

-Ahí y ahí murieron los dos ángeles desaparecidos; indicó la mujer con sus manos. -Pero no parece haber signos de combate.

-Creo que no hubo ninguno; opinó él. -Esto parece más una ejecución.

-¿Pero quién podría tener el poder necesario para hacerlo?; preguntó ella.

-Informemos inmediatamente nuestro descubrimiento; decidió el ángel.

Lo escuchado por el arcángel solo confirmaba lo que ya sospechaba. El hecho de que se hubiese usado espadas flamíferas para matar a los ángeles implicaba solo una cosa; ángeles caídos estaban detrás de esto. Sin embargo, no había ningún indicio de actividad de los seguidores de Lucifer al respecto, excepto por la reunión de las cuatro mujeres que se hacían llamar la Tétrada Oscura, cuando el mundo estuvo a punto de ser destruido, claro que en ese entonces Lucifer informó de ello y recibió autorización para actuar. Tal vez quedaba la posibilidad de que sin que él lo supiese, las mujeres hubiesen descubierto la forma de aumentar sus poderes hasta ser capaces incluso de matar ángeles. De ser ese el caso, era probable que ni el mismísimo Lucifer se atreviese a enfrentarlas ahora y se hubiese desentendido de ellas, al igual como solía hacerlo con sus otras creaciones. No importando cuál era la causa, era necesario destruir a la Tétrada Oscura antes de que se volviese totalmente incontrolable.

El arcángel sabía que sería necesario desplegar un gran contingente de ángeles guerreros, incluso se podría requerir la intervención de los otros arcángeles. Personalmente deseaba que no fuese así, ya que la guerra era algo que prefería evitar si era posible, a diferencia del arcángel Miguel que parecía vibrar con ella e incluso disfrutarla.

El hecho de que la Tétrada Oscura hubiese desaparecido literalmente de la superficie del Planeta Tierra, aumentaba sus sospechas de que esas cuatro mujeres eran las responsables de la muerte de doscientos ángeles y posiblemente también de sus enviados.

La asistente de Damián entró con una expresión de preocupación en el rostro.

-Señor, perdón que lo interrumpa, pero ha llegado un comunicado por parte de los arcángeles; informó la secretaria  a su jefe.

-¿De qué se trata?; preguntó El Anticristo.

-Los arcángeles solicitan que se entregue inmediatamente a la Tétrada Oscura para que respondan por la muerte de los ángeles de Athatriel y de dos ángeles mensajeros; dijo ella un poco asustada de lo que estaba comunicando.

-Contésteles que se ha perdido todo rastro de la Tétrada Oscura desde que intentaron sellar la fisura entre planos; ordenó Cristina. -Dígales que no se han puesto en contacto desde entonces y que se desconoce su paradero; se sospecha que probablemente no lograron sobrevivir a la misión. Indíqueles que debido a lo particularmente grave de la situación y las amplias repercusiones que para ambos bandos puede haber si sus sospechas son correctas, pueden contar con nuestro apoyo. Atentamente El Anticristo Damián…

La secretaria miró con cara de pregunta a su jefe.

-Obedezca; respondió él.

La ropa que llevaba recién puesta Cristina fue reemplazada por su armadura, de igual forma que en sus compañeras.

-Fue un placer conocerlo jefe; dijo Ethiel, obsequiándole su puñal de elfa oscura.

-Cuando todo esto termine volveremos, señor; agregó Mireya.

-Mantenga encendida la flama del licor; dijo Cristina. -Se me antojará una copa cuando regrese.

-Hasta pronto; fue la simple despedida de Francine.

-Hasta pronto chicas; respondió Damián. -No dejen que esos bonachones las asesinen. Recuerden que poseen la esencia de Lucifer.

En una extensa planicie deshabitada las cuatro mujeres aparecieron de la nada luciendo como cuatro columnas de negro carbón. Una densa niebla oscura manaba del cuerpo de todas ellas y se elevaba, al igual que el fuego que nacía de sus ojos. La Tétrada Oscura pronto sería detectada por los arcángeles y eso era precisamente lo que ellas deseaban.

-¡Salgan de su escondite cobardes!; gritó Mireya haciendo temblar la tierra con su voz.

-Su amo no los protegerá para siempre de nosotras; agregó Cristina.

-Vámonos de aquí; dijo Francine. -Estos débiles y patéticos inútiles están tiritando de miedo.

Lo que ellas pretendían provocar ocurrió cuando el cielo se rajó, dejando pasar a cientos de ángeles guerreros. Cuando ya estaban lo suficientemente cerca descargaron una devastadora lluvia de fuego sobre las cuatro mujeres; cuando el viento y el infierno se disiparon, inalterables permanecían ellas. Ethiel elevó sus brazos y millones de gotas de fuego cayeron sobre las legiones de ángeles, perforando sus alas y sus cuerpos, incendiándolos y vaporizándolos en el aire.

-¿Y estos son los ejércitos celestiales?; preguntó despectiva Cristina.

Era claro que esa estrategia estaba destinada al fracaso; a la Tétrada Oscura no se le podía atacar de frente, ya que al hacerlo se exponían a una masacre inevitable.

Varias legiones de ángeles armados con sus espadas flamíferas, zumbando ansiosas de encontrar un objetivo se materializaron a la espalda de la Tétrada.

Con un aullido que hizo temblar cielo y tierra Cristina liberó a la bestia dormida. Como una exhalación, la licántropa clavó sus garras incandescentes en el pecho del ángel que tenía más cercano, consumiéndolo en llamas que el viento avivó. Aprovechando la ocasión, otro ángel descargó su ardiente espada sobre Cristina, pero con su mano libre atrapó el brazo de éste, corriendo igual suerte que el anterior.

Las garras de Francine brillaban en sus manos y sus ojos despedían fuego, en un gran salto giró en el aire y encendió su espada. La vampiresa no tardó en verse rodeada por decenas de ángeles que la amenazaban con sus luminosas espadas. A pesar de lo apremiante de la situación la adrenalina se había convertido en energía pura gracias al poder de la esmeralda sagrada. Respirando hondo Francine giró rápidamente transformando su cuerpo en un torbellino de fuego que se desplazó vertiginosamente entre las filas enemigas, convirtiendo en cenizas a cientos de ángeles.

El arcángel se veía preocupado; tan solo tres de las cuatro mujeres habían entrado en combate y varias legiones bajo su mando habían perecido.

El báculo de Mireya escupía chorros de fuego que quemaban a los ángeles como si se trataran de hojas arrojadas a una hoguera.

Una cegadora ola de fuego llenó el campo de batalla; el arcángel sostenía con fuerza su espada mientras lanzaba un ataque definitivo contra la Tétrada Oscura.

-Esta abominación termina aquí y ahora; pensaba el arcángel mientras continuaba su ataque.

Al cabo de unos minutos de una cataclísmica descarga de energía de su espada, finalmente él bajó su arma. Nada en toda su eterna vida lo había preparado para lo que tenía frente a sus ojos. Si no hubiese sido por sus increíbles reflejos y su velocidad como el pensamiento, no habría podido esquivar a tiempo el formidable rayo que surgió cuando el fuego de las cuatro espadas de las mujeres se unió en uno solo. Sin inmutarse ellas continuaron con ese ataque mientras él volaba veloz para alejarse. Un imperceptible movimiento de ellas puso el disparo por delante de él; el guerrero alado no pudo evitar chocar de frente con el infernal golpe, que en medio de un cegador resplandor lo hizo arder como un pequeño sol. Francine, abriendo en cruz sus brazos absorbió en sí toda la energía del caído arcángel. 

Nunca antes un ángel de esa categoría había muerto y eso no lo tolerarían los otros seis.

Inmediatamente la respuesta no se hizo esperar y el azul del firmamento se abrió en un cegador destello de mil soles. Cinco arcángeles vestidos con  resplandecientes armaduras aparecieron seguidos de miles de ángeles guerreros, todos portando terribles espadas de fuego.

-Esto se va a complicar un poco; opinó Mireya.

-¿Eso crees?; preguntó Cristina lanzando un largo aullido.

De pronto decenas de aullidos llegaron en respuesta, seguidos de una inmensa jauría de lobos de luz que atacaron a las legiones de ángeles, que inútilmente intentaron defenderse; una lluvia de cenizas fue lo único que quedó de ellos. Sin perder tiempo los arcángeles descargaron todo su poder sobre las mujeres, las que se lanzaron violentamente sobre ellos, golpeando sus espadas en una encarnizada batalla. Cada golpe desencadenaba una lluvia de fuego, acompañada de cegadora luz.

Francine tuvo la mala suerte de verse enfrentada a dos arcángeles, lo que la ponía en evidente desventaja y peligro. Sin darle mayor importancia a eso, ella peleaba con dos espadas flamíferas en sus manos. Sin embargo, ambos arcángeles eran muy rápidos y uno atrajo toda su atención; oportunidad que aprovechó el otro para dejar caer la hoja de su espada en la espalda de la vampiresa. De no haber sido por la oportuna maniobra con que una espada detuvo el golpe del arcángel, Francine habría sido consumida por su fuego. Enlazando la espada que llevaba en su mano derecha con la del ángel, clavó la otra en su pecho. Las cenizas procedentes del calcinado cuerpo del otro arcángel se unieron a las otras. Una sonrisa ocupó el rostro de la vampiresa al ver la figura vestida con armadura roja que pegaba su espalda a la de ella.

-No esperaba verlo aquí maestro; dijo la vampiresa a su maestro.

-¿Pensabas que me perdería la diversión?; preguntó Telal.

Cuatro rayos se unieron en uno solo rompiendo en pedazos la barrera protectora del cuarto arcángel que caía bajo la Tétrada Oscura. Los dos sobrevivientes sabían que no podrían retirarse del campo de batalla, aunque eso significase que pasase lo que nunca había pasado.

Los arcángeles se juntaron y una intensa luz los envolvió a ambos.

-¡Cúbranse!; gritó Telal cuando brotó el chorro de fuego que les pegó de lleno a los cinco.

Si no hubiese sido por las poderosas barreras de la Tétrada y la armadura del demonio, se habrían convertido en humo que el viento se habría llevado.

Dos piedras incandescentes cayeron del cielo a ambos lados de los arcángeles que se habían posado en tierra, impidiendo que se movieran de su posición. Las cuatro mujeres bajaron sus espadas y extendieron ambos brazos hacia ellos; una negra y densa niebla emanó de sus cuerpos y sus ojos despidieron llamas cuando descargaron ocho chorros de fuego que coincidieron en un único punto que se convirtió en un rayo que perforó sin resistencia la coraza de energía que protegía a los arcángeles, tocando finalmente sus cuerpos e iluminándolos cegadores; con placer Francine abrió sus manos y recibió en ellas la luz en la que se habían convertido los ángeles hasta que se disipó aumentando el brillo de sus ojos.

-No puedo creer que hemos matado a seis de los arcángeles; opinó Mireya. -No fue tan difícil.

-No te confíes hechicera; recomendó Telal. -Aún falta el más poderoso, el arcángel Miguel, pero ese es mío. Tengo un asunto pendiente con él.

-¿A qué se refiere señor?; preguntó Cristina.

-¿Alguna vez han visto una representación hecha por los humanos del arcángel Miguel empuñando una lanza, con un demonio bajo su bota, humillado como una rata?; preguntó Telal.

-Sí, alguna vez vi una; respondió Francine.

-Pues, yo era ese demonio; respondió Telal. -Y ahora me toca a mí la revancha;  hoy él caerá bajo mi espada, aunque me cueste la vida lograrlo.

-¿Pondría en riesgo esta misión solo por una venganza personal?; preguntó Ethiel.

-Estratégicamente es inaceptable; recapacitó el demonio.

-Al diablo con lo correcto; cortó Ethiel. -El arcángel Miguel es suyo.

-Pero sus legiones son nuestras; agregó Francine mostrando sus colmillos.

Un extraño silencio llenó el ambiente, como el que precede al trueno antes de la tormenta. De pronto ese silencio fue roto por un extraño sonido que retumbaba como una gran bocina de barco, que venía de todos lados.

-Siempre tan ególatra, que le gusta avisar estruendosamente cuando llega; comentó Telal.

Un brillo intenso iluminó el cielo como un segundo sol y cientos de ángeles con armaduras y espadas aparecieron, dividiéndose en dos formaciones perfectamente ordenadas. Un nuevo brillo más intenso, aunque el anterior iluminó todo el firmamento; cuando el fulgor desapareció, en medio de los dos flancos de ángeles flotaba el último y más poderoso de los arcángeles, con sus alas brillantes como metal desplegadas en toda su extensión. Una deslumbrante armadura cubría su cuerpo que parecía ser gigantesco y en su mano derecha sostenía una gran lanza de fuego, mientras que una espada flamífera colgaba de su cintura.

-¿Está seguro que quiere enfrentarlo usted?; preguntó Mireya al demonio.   -Se ve muy poderoso.

-He esperado toda una eternidad para esta oportunidad; respondió Telal.     -Aunque me cueste la vida.

-Muy bien, es todo suyo maestro; aceptó la bruja.

 

-¡Este combate es nuestro Miguel!; gritó Telal al arcángel.

-Según parece no estás en posición de exigir nada traidor…, arcángel renegado; respondió Miguel con una voz de trueno que hizo temblar el suelo.

-¿Fue un arcángel?; preguntó Ethiel.

-Sí, pero yo aprendí a pensar por mí mismo; respondió el demonio. -No soy un títere de su amo.

-Ríndete ahora y solo cortaré tus alas; ofreció el arcángel.

-Eres muy valiente cubriéndote con tus vasallos; respondió Telal. -¿Qué tal si les ordenas que no intervengan?

-Tienes una lengua muy hábil demonio; respondió Miguel sin caer en el truco. -¿Cuán hábil es tu brazo?

Uno de los ángeles rompió la formación y Mireya lanzó su báculo al aire. Una brillante burbuja envolvió a todos los ángeles que estaban a la derecha del arcángel, mientras Ethiel sopló sobre su mano y otra burbuja de iguales características atrapó a los ángeles que se encontraban a la izquierda de Miguel.

-Muy bien, solo tú y yo; dijo Miguel desplegando sus alas y encendiendo su impresionante lanza flamífera.

-Tétrada no intervengan más. Es una orden; gritó Telal al elevarse.

Varios ángeles dispararon con sus espadas y manos tratando de romper desde adentro la burbuja que los aprisionaba; sin embargo, para su sorpresa, toda esa energía rebotó por todos lados, convirtiendo la esfera en una bola de plasma incandescente que los desintegró a todos en forma casi instantánea.

-Lástima y pensar que se podrían haber salvado; dijo Francine extendiendo una de sus manos y dejando que toda esa energía fluyera por ella llenando todo su ser.

-Haz absorbido mucha energía; observó Mireya en voz baja. -¿Cómo te sientes?

-Magníficamente bien; contestó la vampiresa. -Creo que podría destruir el Sol de un solo golpe si lo deseara.

-Mejor ni se te ocurra intentarlo; sugirió Cristina. -Acabarías con el sistema solar.

-Es solo una forma de decir; aclaró Francine. -Si lo rompiera no podría volver a broncear mi hermoso cuerpo.

-Por favor no me distraigan, no quiero perderme ningún detalle de este combate; las calló la elfa oscura.

Las puntas de las lanzas de ambos arcángeles chocaban con grandes destellos de luz y gotas de fuego caían como lluvia que todo lo quemaba.

Las alas cubiertas de metal reflejaban el sol en cada movimiento, haciendo difícil verles bien a simple vista.

A esta altura del combate no se podía saber quién sería el vencedor, pues ninguno superaba en fuerza y habilidad al otro. Telal sin embargo, había planeado muchas veces este encuentro en su mente y repasado cada detalle del primer enfrentamiento con Miguel, en el que había sido humillado como una sabandija.

Un golpe, una estocada, cada uno no lograba tocar a su rival, a diferencia de sus armas que despedían fuego con cada contacto. Las alas de ambos batían el aire provocando fuertes ventiscas que en ocasiones alcanzaban niveles huracanados.

La Tétrada Oscura observaba atenta, registrando en su mente calculadora cada movimiento percibido por sus superdotados sentidos.

Las lanzas se engancharon, Telal giró la suya rápidamente tres veces y agitó sus alas, quedando más elevado que Miguel; la lanza del arcángel se soltó de sus manos y cayó produciendo un silbido igual al de una bomba al caer, originando un gran cráter al golpear el suelo. Casi en el mismo movimiento el demonio clavó su lanza en una de las alas de Miguel, haciendo que éste perdiera su equilibrio y cayera violentamente en picada; no obstante sus reflejos eran rápidos y logró a tiempo frenar el descenso y aterrizar de pie.

Como un rayo Telal aterrizó junto al arcángel, listo para combatir en tierra. Ambos arcángeles encendieron al mismo tiempo sus espadas flamíferas y en un titánico cruce de golpes las enlazaron en una danza mortal. Cada golpe brillaba con el resplandor de diez soles. El calor desprendido era abrazador y sin embargo, ninguno de los dos daba muestras de agotamiento, a pesar de la tremenda potencia de los impactos y del tiempo que llevaban luchando.

Un afortunado movimiento de Miguel le permitió acertar un golpe en el brazo izquierdo de Telal, provocándole un gran corte que el demonio ignoró por completo. En lugar de debilitarlo, la herida parecía inyectarle más energía y fuerza, haciendo retroceder a su adversario por la violencia que había cobrado su ataque.

Desde la mano izquierda de Telal surgió un cegador destello que hizo que Miguel cerrara sus ojos una fracción de segundos, tiempo que el demonio aprovechó para saltar y ponerse a la espalda del arcángel.

 El primer golpe amputó la mano derecha de Miguel, extinguiendo inmediatamente su espada. Una fuerte patada en la espalda lo hizo caer de rodillas al suelo. Triunfante Telal puso una bota en su pecho, mientras con la otra pisaba la mano izquierda del abatido arcángel.

-He esperado toda una eternidad por este momento; dijo el demonio dejando que la hoja de fuego de su espada separara la cabeza del cuerpo de su enemigo. La cantidad de energía liberada fue la equivalente a una bomba nuclear al estallar.

Triunfante Telal guardó su espada y caminó airoso y orgulloso hacia sus discípulas, que habían sido testigos de la batalla más formidable de toda la eternidad.

La muerte de todos los arcángeles y la destrucción de los ejércitos celestiales, así como la confirmación de la Tétrada Oscura como la fuerza suprema, había roto el equilibrio de poder; lo que permitiría a los ángeles caídos replantear su posición en el nuevo orden establecido.

Con el correr de los siglos nuevas leyendas y nuevas religiones nacerían en torno a la figura de las cuatro mujeres que se elevaron más allá del cielo y del infierno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

25 noviembre 2017

Filed under: Últimos post,Participa — Tiptree @ 19:30

Hola a todos, espero que puedan lees y disfrutar de este pequeño avance de una historia que sigo escribiendo, gracias de antemano por terminarla de leer, no soy un escritor profesional ni mucho menos, ni siquiera amateur, así que espero comprendan mi poca habilidad al redactar, pero aun así adoro hacerlo.

Mas allá del atardecer.

Si debiera elegir por donde iniciar a contar supongo que elegiría uno de los mejores momentos en mi vida, seria sencillo para cualquiera elegir uno, pero no para mí, desde que tengo la capacidad de recordar jamás he pasado por algo lindo o bueno, basta decir que mis padres no me quisieron al nacer, pues desde bebé he estado en orfanatos, a veces me imaginaba como era mi madre, si era igual que yo, si mi cabello rojo era por ella, o quizás por mi padre, de quien saque los ojos verdes o las mejillas rosadas, a veces me imaginaba que mis padres de verdad querían tener una hija y que todo esto solo era un mal sueño del que despertaría pronto y me pondría a llorar en los brazos de mi madre mientras me decía que todo había pasado, por supuesto eso jamás paso.

Cuando cumplí ocho años la mayoría de los niños con los que había estado en el orfanato ya habían sido adoptados por alguien, por alguna razón las familias que venían jamás me miraban ni un solo momento, en ese entonces creía que debía parecer un monstruo extraño y horrible que nadie quería cerca y por eso ni siquiera me miraban, año tras año pasaba en la ventana de aquel lugar viendo como niños iban y venían, cumplí por fin catorce años, asistía al instituto y me explicaron que al terminar de estudiar es decir a los dieciséis años el orfanato no se podría seguir haciendo cargo de mí, por lo que tendría que ser problema de alguien más, pero, ¿de quién?, estoy completamente sola en este mundo, solamente sería problema mío.

Los dos años pasaron tan rápido que aún recuerdo mi primer día en el instituto y lo que desayune esa mañana, en fin, dieciséis años cumplidos y la que hasta ahora había sido mi casa ya no lo seria nunca más, esa tarde muchas cosas pasaron por mi mente, ¿A dónde iré?,  ¿Quién se preocupara por mí?, ¿A quién le hago falta?, ¿Alguien se preguntara si aún estoy viva?, ese día, subí al techo a pensar y ver como el día terminaba con ese color rojo tan hermoso, me preguntaba si mi cabello parecía el atardecer, me pare justo en el borde sin nada en la mente, estoy lista pensé, a nadie le interesara, después de todo siempre he estado sola, ¿dolerá?,  ¿será rápido?, ¿me daré cuenta de algo?, todas esas preguntas me cruzaban por la mente mientras mi cuerpo recorría las ventanas del tercer piso, al llegar a las ventanas del segundo piso sentí que el tiempo se detuvo y caía tan lento que podía ver reflejado en las ventanas como mi cabello volaba por el aire, podía ver como las lágrimas que brotaban de mis ojos quedaban suspendidas en el aire por segundos para convertirse en una inexistente gota en el aire, cada vez estaba más cerca del frio suelo, al pasar por las ventanas del primer piso cerré mis ojos lo más fuerte que pude y estire mis brazos al cielo intentando llegar a las nubes tan altas, en un segundo sentí todo mi cuerpo frio, no podía mover ni un solo dedo, sentía mojados mis oídos, todo se comenzó a poner tan rojo como el atardecer, no me dolía nada, tenía sueño, comencé a cerrar mis ojos dispuesta a dormir, en ese instante todo se esfumo, solo quería descansar.

Entonces desperté, abrí mis ojos de par en par, estaba en un lugar en el que  jamás había estado, el sol de la mañana entraba por una ventana junto a la cama en la que estaba recostada, una cama que jamás había visto, llevaba puesto un vestido teñido de un color azul hermoso, vestido que jamás había visto en mi vida, entonces recordé que había saltado del techo del instituto, las escenas de eso llegaron a mi memoria como la luz llega a una bombilla y de un momento a otro enciende su luz, revise mi cuerpo, no tenía roto nada, no me dolía nada, entonces pensé, estoy muerta, este debe ser el cielo, es por eso que mi cuerpo no tiene herida alguna, sin embargo ¿porque estoy sola?, si este es el cielo ¿en dónde están mis padres?, ¿Por qué incluso aquí sigo sola?, las lágrimas surgieron solas de mis ojos y entonces, la puerta de la habitación se abrió lentamente, por ella pasaba lentamente un hombre al que jamás había visto en mi vida, viste un traje negro muy elegante, su cabello es tan negro que en la oscuridad de la esquina en donde no da el sol no se distingue dónde empieza la oscuridad y donde termina su cabello, es muy alto, jamás había visto a alguien tan alto, se acercó a la cama y con una voz suave y gentil pregunto si podía acercarse, no podía ni contestar, me quede sin voz y solo asentí con la cabeza, se acerco a los pies de la cama, se sentó en ella y me miró fijamente, justo cuando algo iba a salir de mis labios el pregunto -¿Por qué siendo tan hermosa, alguien como tu decidió terminar con su vida de una forma tan rápida?-, ¿yo?, ¿hermosa?, pensé, toda mi vida creí que era verdaderamente fea, un monstruo deforme y horrible pues nadie se había fijado en mi ni una sola vez, quería decirle eso pero por alguna razón de mi boca no salía palabra alguna, de nuevo volvió a hablarme, -supongo que no importa, tus motivos debes haber tenido, no comprendo por qué los humanos toman ese tipo de decisiones, por cierto, mi nombre es Elías, te traje aquí después de ver como saltaste de ese edificio, estaba intrigado porque lo hiciste, pero tampoco necesitas decírmelo, aunque lo que si me interesaría saber es tu nombre, ¿Podrías decírmelo?- pasaron unos segundos de silencio, por fin pude sacar un sonido de mi boca, -Tanya…- mi voz no había cambiado para nada, tan baja que nadie podía escucharla con claridad, entonces se levantó de la cama y busco en sus bolsillos, saco un reloj, miro la hora y salió de la habitación, no sabía qué hacer, ni en donde estaba, solo estaba segura de que quería saber ¿Por qué alguien se había fijado en mi por primera vez? , ¿Quién era él?, ¿Cómo estoy viva?, ¿En dónde estoy?,  me levante de la cama, descalza salí de la habitación y cruce un pequeño pasillo hasta una habitación que parecía el recibidor, cruce a la derecha y estaba el comedor seguido de la cocina, era una casa pequeña pero estaba tan hermosa que aun las palabras no me alcanzan para describirla, en la cocina estaba el, Elías, parado frente a un horno, volteo hacia mí y dijo –Que bueno que puedes levantarte, iba a llevarte a la habitación un poco de pan recién echo pero ya que estas aquí, toma asiento Tanya, debes tener hambre- jamás alguien me había llamado por mi nombre  y me había ofrecido comer algo preparado especialmente para mí, no puedo evitar que las lágrimas desborden de mis ojos, ¿Quién es él?, por ahora lo único que quiero es quedarme aquí y averiguarlo.

 

Tétrada Oscura – Capítulo N° 4 – El Despertar 24 noviembre 2017

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Boris Oliva Rojas

 

 

Tétrada Oscura

Capítulo N° 4

El Despertar

El sol entraba por la ventana dándole un tono apacible a la rústica cabaña. Francine abrió lentamente los ojos, como si recién hubiese salido de un sueño; Isabel aun dormía plácidamente en el sillón; Mireya abrió la puerta y se unió a Cristina que afuera contemplaba el paisaje, mientras una benévola brisa agitaba su cabello.

-¿Qué ha pasado?; preguntó la bruja a su amiga.

-No lo sé. Hace poco desperté y vi que estábamos en esta cabaña de campo; contó Cristina. -Lo  último que recuerdo fue una terrible batalla en la que pasaron cosas muy extrañas.

Francine contempló a Isabel y se preguntó cómo habían llegado ahí. Las voces que llegaban del exterior terminaron por despertar a la elfa, quien luego de estirarse un poco finalmente abrió sus ojos, para contemplar sorprendida la cabaña donde despertó.

-¿Dónde estamos?; preguntó Isabel a Francine, quien acomodaba su cabello.

-Parece el campo; respondió la joven.

Isabel se encaminó hacia la puerta y se reunió con sus compañeras.

-Tuve un sueño muy extraño; comentó Isabel a Mireya y Cristina.

-No fue ningún sueño; la corrigió Francine. -Miren sus ojos.

Efectivamente Isabel pudo comprobar cómo tanto en los ojos de Cristina, como de Mireya y Francine, intensas llamas danzaban en ellos.

-¡Sus ojos son de fuego!; exclamó la elfa.

-Al igual que los tuyos; le indicó Francine.

Las cuatro mujeres se quedaron contemplando como hipnotizadas el fuego que acompañaba su mirada. Resultaba obvio que no habían soñado y que algo muy desacostumbrado había ocurrido.

Del suelo surgió una gran llama y de ella un hombre.

-¡Damián!; exclamó Cristina.

-Me alegro mucho de que ya se encuentren mejor; respondió él abrazando a las cuatro mujeres.

-¿Qué ha pasado y dónde estamos?; preguntó Mireya.

-Conversemos adentro en forma más cómoda; sugirió el demonio invitándolas a pasar a la casa.

-¿Qué nos pasó?; preguntó Isabel.

-¿Qué es lo último que recuerdan?; quiso saber Damián.

-Habíamos encontrado la esmeralda y nos transportamos a la Patagonia; respondió Cristina.-Luego  fuimos atacadas.

-Eran cientos contra nosotras cuatro y nos defendimos en forma desesperada; agregó Francine.

-De alguna forma logramos derrotarlos; continuó Mireya. -Entonces un gran resplandor cubrió todo.

-Eran ángeles caídos que nos atacaron; siguió Isabel contando lo que recordaba. -Luego todo se vuelve muy confuso. Recuerdo mucho fuego que se movía en el aire.

-Espadas flamíferas; comentó Damián. -Ustedes mataron a los doscientos ángeles de Athatriel.

-¿Pero cómo es eso posible?; preguntó Mireya.

-¿Por qué en nuestros ojos hay fuego?; quiso saber Isabel un poco asustada.

Después de un rato de silencio y pasearse pensativo Damián trató de explicarles a las muchachas lo que estaba pasando.

-Por algún motivo la energía de la esmeralda armonizó con la de ustedes. Cuando ésta se rompió, ustedes absorbieron la radiación que se liberó, la cual atrajo lo fragmentos de ella, como si sus cuerpos fueran una especie de imán. Los cristales de la esmeralda se fusionaron con sus organismos, generando un aumento en sus poderes naturales; explicó el demonio.

-¿Pero por qué el fuego en los ojos?; insistió Isabel.

-Siendo mi padre el dueño de la esmeralda, como ángel portador de la luz y el fuego de la sabiduría, la joya posee o mejor dicho almacenó su esencia y como ahora la gema está dentro de ustedes, de cierta forma la reflejan; continuó Damián.

-¿Cómo es que pudimos aniquilar a doscientos ángeles con tanta facilidad?; preguntó Mireya.

-Como Lucifer es el ángel más poderoso, parte de sus poderes fueron transferidos a su joya símbolo y de ella a ustedes.

-¿Y qué significa esto?; preguntó Cristina haciendo aparecer una espada flamífera en su mano.

-La espada flamífera es el arma principal de un ángel; explicó Damián.  -Como ustedes ahora poseen la energía de un ángel, era de esperar que pudieran generarlas y controlarlas; concluyó el demonio.

-Tengo miedo; dijo Francine sentada en el suelo con las manos abrazando sus piernas. -Yo absorbí completamente a algunos ángeles con mi cuerpo.

-La energía de la esmeralda dentro de ustedes ha incrementado y modificado sus poderes y habilidades naturales. De alguna forma tú ahora te alimentas de energía vital en vez de sangre; solo una pequeña modificación.

-¿Pequeña, a esto llama pequeña?; gritó la vampiresa empuñando una espada de fuego.

-¡Cálmate Francine!, por favor, no quiero hacerte daño; dijo Cristina poniéndose entre Damián y ella, con otra espada de iguales características.

-Todas estamos asustadas por lo que está pasando; intervino Mireya. -Pero no debemos olvidar que somos amigas y lo que le pasa a una le está pasando a las otras también.

-¿Recuerdas lo que sentiste cuando te volviste vampiresa?; preguntó Damián a Francine, bajando la espada de Cristina.

-Recuerdo que me sentí muy poderosa, pero muy confundida a la vez, tenía miedo porque no sabía que pasaría después conmigo; contó Francine, recordando desde el fondo de su memoria.

-¿Y cómo lograste vencer ese miedo?; siguió preguntando el demonio.

-La vampiresa que me convirtió se quedó a mi lado, me enseñó a alimentarme y me mostró lo que yo era capaz de hacer. Siempre ha sido un gran apoyo para mí y le estaré eternamente agradecida porque nunca me ha dejado sola; concluyó Francine muy emocionada.

-De igual forma yo nunca te dejaré sola y te apoyaré en todo este proceso de adaptación. Lo mismo que a todas ustedes; dijo Damián bajando y apagando las espadas de Cristina y Francine.

-¿Qué va a pasar ahora con nosotras?; preguntó Isabel.

-Aquí van a aprender a conocer y a controlar su nueva naturaleza y los nuevos poderes que implica; respondió Damián.

-¿Dónde es “aquí”, exactamente?; quiso saber Mireya.

-Creamos este lugar en un plano fuera del tiempo y del espacio normal, para que puedan meditar y entrenarse en sus nuevas habilidades; respondió el demonio.

-¿Estamos prisioneras?; preguntó Isabel.

-Claro que no; respondió Damián. -Es solo que mientras no aprendan a dominar toda la energía que generan sus cuerpos, es mejor que permanezcan aquí, o podrían destruir todo cuanto existe.

-O sea que estamos prisioneras; concluyó Mireya.

-¿Ha pasado mucho tiempo desde que llegamos?; preguntó Isabel.

-Aquí el tiempo carece de todo significado; explicó Damián. -Al salir de aquí, pueden hacerlo en cualquier período de tiempo o lugar que deseen.

-¿Y cuándo comienza nuestro entrenamiento?; preguntó resignada Cristina.

-¡Ahora mismo!; dijo una estruendosa voz en medio de una llamarada.

-¿Y quién es este?; preguntó Isabel.

-Soy Telal y seré su instructor en esta nueva etapa de su existencia; contestó el recién llegado demonio.

-No parece gran cosa; comentó la elfa mirándolo de arriba a abajo en forma despectiva.

Un fuerte resplandor iluminó toda la cabaña.

-¿Ahora me mostrarás respeto pequeña elfa?; dijo el ángel luciendo unas poderosas alas de fuego y vistiendo una impenetrable armadura roja, mientras con una mano sostenía por el cuello a Isabel y la levantaba a varios centímetros del suelo, mientras en la otra blandía una espada flamíferas que apuntaba hacia las otras mujeres.

-Mejor muestra respeto a tu maestro; ordenó Damián a Isabel.

-Está bien me equivoqué, es impresionante; aceptó la elfa.

-¡Así está mejor!; contestó Telal soltando a Isabel, cuyo cuello  mostraba  la marca de sus dedos.

-Veamos si realmente son tan buenas como dicen; comentó Telal.

Decenas de elfos claros comenzaron a descargar sus flechas contra la cabaña.

-¡Nos atacan!; gritó Mireya.

-Elfa sal a pelear; ordenó el demonio.

-Pero si va sola la matarán; opinó Cristina.

-Si la matan entonces quieres decir que no es digna de la esmeralda sagrada; comentó Damián.

Abriendo un poco la puerta Ethiel disparó contra cada blanco que su vista fijaba, pero la cantidad de atacantes era demasiado alta y sus venablos insuficientes.  Inesperadamente, de un empujón en la espalda, Telal arrojó a Ethiel fuera de la cabaña. Cientos de flechas volaron directamente hasta ella, amenazando con aniquilarla inevitablemente. Un proyectil en su pierna la hizo caer al suelo; Cristina desesperada se transformó en la bestia con la intensión de ayudar a su amiga.

-¡Déjala sola!; le ordenó Telal.

-¡La matarán!; objetó Francine.

-Puede ser, o puede ser que no; comentó Damián, quién permanecía sereno como si nada pasara. -Miren.

Las flechas caían al suelo antes de tocar el cuerpo de Ethiel, detenidas por una barrera invisible, a pesar de que ninguna de las cuatro amigas llevaba las sortijas entregadas por el señor de los ángeles caídos. Sus ojos literalmente despedían  fuego y con un total desprecio al dolor, la elfa oscura rompió la flecha clavada en su pierna. Poniéndose lentamente de pie en su mano derecha se materializó una brillante espada de llameante hoja. Presa de una gran furia Ethiel corrió contra el grupo de atacantes, mientras las flechas sin cesar rebotaban en su escudo. Sin detener su carrera con su mano izquierda hizo flotar decenas de pequeños guijarros que cayeron como una lluvia de explosivos sobre la masa de elfos claros.  Los enemigos sobrevivientes rodearon con sus afiladas espadas a la mujer, lanzándose en una formación de hojas cortantes que la mutilarían totalmente si llegasen a tocarla. Con rápidos movimientos de su espada Ethiel rompió varias hojas de las armas contrarias, para después consumir la vida de los elfos claros que tocaba con el mortífero fuego de la espada. Con solo dos enemigos vivos al frente, Ethiel hizo desaparecer su arma para enfrentarlos a mano limpia.

-¿Pero qué hace?; preguntó Mireya.

Con un suave movimiento de sus dedos, las espadas de los elfos claros se soltaron de sus manos y quedaron flotando en el aire, para ante un gesto de la elfa, cortar la cabeza de sus propios dueños.

-¡Es impresionante!; exclamó Francine cuando Ethiel volvía cojeando hasta la cabaña.

-¡Lo lograste!; la felicitó Mireya.

-Tu desempeño fue realmente patético; la reprendió Telal. -Si la flecha hubiese dado en un órgano vital, ahora estarías muerta. Demoraste demasiado en activar tu barrera.

-Es muy fácil decirlo si lo protege una armadura; opinó Cristina.

Con una dura mirada de fuego el demonio salió de la cabaña haciendo desaparecer su escarlata armadura y quedando cubierto solo por un delgado traje de tela; sin decir ni una palabra Damián le disparó a quemarropa en forma traicionera por la espalda. El fuego mágico y devastador de la espada flamífera rebotó en una resplandeciente barrera que cubrió al desprevenido demonio. Las cuatro mujeres observaban lo ocurrido con la boca abierta.

-Sus respuestas tienen que ser casi reflejas; les dijo Telal volviéndose hacia ellas con una maligna sonrisa en los labios. -Sobre todo  la generación del escudo.

-Creo que tenemos mucho que aprender; aceptó Ethiel.

-Así es, pero tenemos toda la eternidad para ello; contestó el demonio.

-Muy bien, empecemos el entrenamiento en combate; dijo entusiasmada Cristina.

-¿Combate?, ¿estás bromeando?; preguntó en forma burlona el demonio.   -Primero aprenderán a defenderse con sus nuevas barreras, luego pasaremos a otras etapas.

-Obedezcan a Telal en todo lo que les diga; ordenó Damián. -Él es uno de los mejores guerreros infernales.

-Así será Señor; respondió Mireya.

-¿Ethiel?; preguntó el demonio.

-Está bien; aceptó resignada la rebelde elfa.

-¿Cuándo volverá Señor?; preguntó Cristina a Damián.

-Cuando ustedes tengan algo bueno que mostrarme; respondió él.

De igual forma que como había llegado, Damián abandonó el campo de entrenamiento de la Tétrada Oscura, no sin antes hacerle una advertencia a Telal.

-Gánate su confianza y no las presiones tanto como para que se enfurezcan contigo. Las vi asesinar fácilmente a doscientos ángeles caídos; advirtió el demonio.

-No se preocupe Señor, no le fallaré; respondió Telal. -Y si muero, quiere decir que soy indigno de la confianza de su padre.

De una mesa el demonio tomó una manzana y se la arrojó a Mireya, quién la atrapó en el aire.

-¿Hechicera, puedes explicarnos lo que acabas de hacer?; preguntó Telal.

-¿Yo?, nada; respondió Mireya. -¿Ahh, se refiere a la manzana?

-Sí, explícalo; le pidió el demonio.

-Solo la atrapé en el aire; respondió ella.

-¿Lo pensaste o fue un acto reflejo?; continuó él.

-No lo pensé, fue un movimiento reflejo; aclaró ella.

-De igual forma deben poder activar sus barreras protectoras; explicó el demonio. -Debe ser un acto totalmente reflejo, porque si lo piensan antes de hacerlo pueden recibir un ataque mortal antes de poder defenderse.

Las cuatro mujeres miraban atentas al demonio, prestando atención a cada una de sus palabras. Inesperadamente Francine se volvió rápidamente hacia atrás, asestando un rápido zarpazo con sus garras al cuello de un enorme simio que estuvo a punto de ensartar un gran puñal en su espalda.

-A eso me refería precisamente; comentó Telal. -Sus reacciones deben ser reflejas como la de la vampiresa, en este caso. ¿Entendieron?

-Eso no es tan fácil de lograr; opinó Mireya.

-Entonces es mejor que nos pongamos a trabajar pronto; respondió el demonio. -Vamos afuera.

-Tomen esto; dijo Telal pasándole una antiparras a cada una.

-¿Y esto?; preguntó Francine.

-No quiero que queden tuertas por ser muy lentas, antes de terminar su entrenamiento; agregó él.

-Pero…; Cristina no alcanzó a terminar de hablar cuando una tupida lluvia de guijarros comenzó a golpearla.

-Auch, esto duele; reclamó Mireya.

-No lo haría si hubiesen puesto sus escudos; las reprendió Telal. -Y les advierto que en cualquier momento serán atacadas sin aviso.

-Necesito un bosque oscuro para poder meditar; comentó Ethiel. -Debo conectarme con mi naturaleza y con el entorno.

-Lo mismo yo; agregó Cristina.

-Las cuatro lo harán a solas; respondió el demonio. -La Tétrada Oscura y cada una por separado, es poderosa cuando sus instintos y reflejos controlan sus acciones; es probable que la fusión con la esmeralda las haya aletargado momentáneamente. Vayan y regresen cuando estén listas.

Las sombras que se mueven y los murmullos de los árboles era lo que la elfa oscura necesitaba para sentirse viva. Cerró los ojos y abrió los brazos, dejando que los espíritus del bosque entraran en ella. Sentía que su ser estaba desequilibrado, de igual forma como cuando empezó a vivir como Isabel; sin embargo, aprendió a centrar ambas partes con la ayuda de la noche del bosque, igual a como volvía a hacerlo en esta oportunidad. El aire entró revitalizante en sus pulmones, llenándola de la paz que tanto necesitaba; su respiración se emparejó con la respiración del bosque. Con sus ojos cerrados Ethiel pudo ver el verde resplandor de la esmeralda sagrada en su interior, interfiriendo con el normal flujo de energía entre el bosque y ella. Poco a poco los latidos de su corazón comenzaron a disminuir y su respiración a relajarse. Suaves sarcillos envolvieron la cintura de ella y la elevaron del suelo; delicadas hojas acariciaron su rostro trayéndole la calma que sentía cuando su madre la arrullaba para dormir.

La luz que venía del bosque y la que emanaba de la esmeralda comenzaron a latir juntas hasta igualar su ritmo y unificarse en un solo pulso. La verde luz de la gema creció lentamente, llenando todo el ser de la elfa oscura. Suavemente, como si se tratase de una delicada y frágil escultura, las lianas depositaron con cuidado el cuerpo de Ethiel que dormía plácidamente. Luego de un rato ella se levantó y con una mirada de paz caminó lentamente hacia la cabaña. La joven elfa oscura esa noche había nacido nuevamente, convertida en más de lo que era al principio de su vida; más de lo que cualquier elfo antes lo fue.

Siempre la luna llena la hacía sentirse segura, al igual que el sol a los humanos; esta vez no era distinto y la tranquilidad de la noche le permitía relajarse y descansar. Parada sobre una roca Cristina se quedó en silencio contemplando el plateado disco de la luna que iluminaba todo el paisaje que alcanzaba a divisar con sus dorados ojos. La luz blanca del astro bañaba por dentro a la licántropa, pero no se movía como siempre; ahora Cristina sentía una fuerte turbulencia en su interior. Cerró sus ojos y pudo ver el verde brillo de la esmeralda que recorría su cuerpo en forma caótica, llevando desorden a todos lados. Aspiró profundamente el aire fresco de la noche y vio como la luz de la luna al juntarse con la de la esmeralda se unían en un rápido remolino en el que se mezclaban ambas. Giraba y giraba rápido sin control; más despacio ahora, cada vez más lentamente el giro comenzó a volverse armónico y sereno, hasta convertirse en una suave danza de luz; una luz que la llenaba de paz interior. Con sus ojos dorados, rodeados por un brillante anillo verde, Cristina bajó del monte donde esta noche había vuelto a nacer. Ahora ya no había ninguna duda en la mente de la loba; lo comprendía todo con una sabiduría que lo abarcaba todo.

En el bosque Mireya caminaba con paso seguro, al llegar a un claro asiente con satisfacción por el lugar encontrado y extiende sus brazos; bajo su voluntad un pentagrama de fuego se formó en su centro. Este era el mejor lugar para que  la hechicera pudiese meditar. Habían pasado muchos siglos desde que Mireya formó su primer pentagrama de fuego para ponerse en armonía con las fuerzas que le daban sus poderes y ahora le producía una sensación similar a aquella vez.

Con sus ojos cerrados y sus brazos abiertos a los costados, el cuerpo de la bruja se despegó del suelo desafiando la fuerza de la gravedad. Dentro de sí pudo ver la esmeralda como un corazón latiendo en forma descoordinada. El fuego en su interior rodeaba a la joya pero no lograba tocarla. La respiración de ella se volvió tenue y serena, suave y apacible. El fuego de Mireya rozó la gema y la envolvió delicadamente, armonizando con ella su vibración; poco a poco el latido de la esmeralda se hizo monótono y lento, constante y estable. El fuego y la luz de la esmeralda se volvieron uno sol y el verde resplandor de la joya inundó todo el cuerpo de la hechicera, logrando el equilibrio que ella necesitaba.

Francine no era muy buena para los cambios, de hecho a ella le acomodaba mucho llevar una vida rutinaria, aunque de vez en cuando se salía de ella. Sin embargo, esta era una situación un tanto extrema. Reconocía que sentía miedo por no poder comprender bien lo que estaba pasando, de igual forma que sintió hace tres siglos, cuando dejó de ser humana; y de igual forma esta vez también se adaptaría. Al igual que en esa ocasión cerró sus ojos y dejó que la noche entrase en su interior. Por sus venas vio correr la roja sangre que bañaba su ser; también pudo ver la luz de la esmeralda, que no dejaba circular bien su sangre. La noche ejercía cierto influjo en ella que la relajaba y la llenaba de una sensación de paz y poder; lentamente se sentía más y más serena. Vio en su interior que una luz verde comenzaba a llenar sus venas, recorriéndola toda por dentro. Francine ahora lo entendía todo y ninguna duda ni miedo la embargaba, volviéndose una sola con la joya que brillaba en su interior.

Caminando tranquilas, pero seguras de sí mismas, las cuatro mujeres regresaron a la cabaña, donde las aguardaba Telal.

Una tupida lluvia de flechas, fuego y pequeños proyectiles las recibieron de regreso de su retiro, pero nada logró dañarlas gracias a las barreras que automáticamente aparecieron en forma refleja en torno a ellas, protegiéndolas de cualquier amenaza.

-Muy bien, lo han logrado; dijo el demonio a las mujeres. -Ahora pueden comenzar su entrenamiento.

-¿Podemos ir a desayunar primero?; preguntó Mireya. -Estuvimos toda la noche meditando.

-Vayan; autorizó el demonio.

-Me siento muy bien; comentó Isabel a sus amigas.

-Igual que yo; coincidió Cristina.

-¿Y tú Francine?; preguntó Mireya.

-El miedo ya desapareció y me siento más tranquila; opinó la vampiresa.     -¿Y tú?

-Nuevamente me siento centrada; contestó Mireya.

-Entonces ya estamos listas para comenzar nuestro entrenamiento; comentó Isabel.

-Solo déjame terminar mi café; pidió Cristina.

Mientras sostenía la taza de café, toda la cabaña se vino abajo, aplastando a las cuatro amigas bajo los escombros. Un brillante resplandor acompañó a la explosión que hizo volar todo por el aire. Con satisfacción el demonio vio a sus discípulas cubiertas por sus brillantes barreras, mientras las cuatro empuñaban poderosas espadas flamíferas.

-Las felicito, han reaccionado como se debía esperar de la Tétrada Oscura; dijo orgulloso Telal. -Pueden guardar sus espadas. Ahora que ya superaron el problema de sus defensas, ya pueden comenzar su entrenamiento en combate.

-Primero empezaremos con el uso de la espada flamífera.

-A mí me encanta pelear con espada; comentó Isabel.

-Muy bien, pero ya no quiero verte más como humana aquí; reprendió el demonio a la elfa.

-Yo ya he visto cómo se usan las espadas; mencionó Francine.

-Ver un combate es muy distinto a participar en uno; observó Telal.

-Igual yo soy muy rápida; recordó la vampiresa.

-No se trata solo de rapidez, sino de poder canalizar tu energía; corrigió el demonio. -La llama de la espada flamífera se alimenta de la propia energía de su dueño. Por otro lado, como ya lo pudieron comprobar es una de las armas más mortíferas que existe, reservada solo para ángeles y ahora para ustedes también; aclaró Telal a las cuatro inexpertas guerreras.

Cristina nunca había sentido antes en sus manos la vibración de dos espadas flamíferas chocando entre sí y Mireya nunca había usado una antes. La fuerza del golpe de Cristina hacía temblar el brazo entero de Mireya, que no parecía tener oportunidad ante la superioridad física de la licántropa, quien la tenía casi de rodillas. De pronto una negra niebla emanó del cuerpo de la hechicera y su espada comenzó a brillar con más fuerza; sosteniendo su arma con una mano, con la otra lanzó una onda de choque luminosa que hizo saltar lejos a Cristina.

La espada de la loba cambió su brillo y de ella se proyectó un intenso rayo de energía que golpeó de lleno a la bruja, chocando contra una luminosa barrera que no lo dejaba tocarla. Otro rayo salido de la espada de Mireya cortó la descarga de la espada de Cristina. La loba se hizo a un lado y casi en un pestañeo se puso frente a la bruja. Ambas espadas se golpearon varias veces, cada vez con mayor rapidez y fuerza. Los ojos de ambas mujeres eran dos hogueras en sus rostros que emanaban a cada golpe de espada.

Ethiel desde pequeña había sido entrenada en el uso de espadas, una espada flamífera no era muy distinta a cualquier otra, pensaba ella. Francine alguna vez vio a unos soldados dar una impresionante exhibición de esgrima y aun recordaba algunos de los movimientos; por otro lado, tenía la velocidad, fuerza y reflejos de los vampiros, lo que la convertía en una poderosa guerrera, según ella.

Ethiel atacó a Francine con varios golpes rápidos para hacerla retroceder y tenerla siempre en actitud defensiva, pretendiendo no dejarla tomar la iniciativa en el combate, para así cansarla finalmente. Sin embargo, la vampiresa tenía mucha fuerza y era muy rápida, con lo cual la que terminó retrocediendo en un momento fue Ethiel. Con un movimiento de su mano izquierda la elfa hizo estallar el suelo bajo Francine, haciéndola volar por el aire. Sin inmutarse ésta, desde lo alto disparó sobre la barrera de la elfa, mientras con la mano izquierda formó un torbellino de fuego que envolvió a su compañera. Golpeando ambas manos Ethiel disolvió la vorágine de llamas, disparando luego una delgada llama verde con su espada, la cual fue detenida por un rayo similar de la espada de Francine. La onda expansiva de ambas energías chocando, fue como si hubiese estallado una bomba nuclear pequeña.

-¡Suficiente!; ordenó Telal. -Detengan sus combates ahora mismo. Las cuatro amigas al mismo tiempo apagaron sus espadas de fuego y se detuvieron frente a su maestro.

-Apenas estaba entrando en calor; comentó Ethiel.

-Yo podría haber seguido peleando por siempre; pensó Mireya.

-Es entretenido; opinó Cristina.

-A mí también me gustó; dijo Francine.

-Me alegra que estén tan entusiasmadas, porque este solo es el comienzo; concluyó el demonio.

Después de descansar un poco y meditar un rato sobre las últimas enseñanzas, la Tétrada Oscura se volvió a reunir con Telal para continuar su entrenamiento en el uso de las espadas.

-¿Qué es eso?; preguntó Francine indicando cuatro estatuas que representaban ángeles con armaduras y espadas.

-Son imágenes de arcángeles y van a practicar tiro al blanco en ellas; contestó Telal.

-¿Con flechas?; preguntó Ethiel haciendo aparecer su arco en su mano.

-Claro que no, recuerden que las espadas flamíferas pueden disparar descargas de energía; corrigió el demonio.

-¿Qué gracia tiene esto?; preguntó Cristina mientras en su mano aparecía una espada y lanzaba una llama contra una de las estatuas.

-No le hizo nada; observó Mireya. -Voy a probar yo. Una densa niebla emanó del cuerpo de la bruja cuando su espada descargó su energía contra el blanco.

-Son unas niñitas; dijo Ethiel lanzando una intensa llamarada contra la estatua que tenía al frente sin lograr hacerle nada.

-Parece que son muy duras; dijo Francine con fuego en sus ojos y llamas en la hoja de su espada que volaron como un solo chorro concentrado de energía contra una de las estatuas, sin siquiera rayarla.

-Van a tener que esforzarse mucho más si quieren romper la barrera protectora de un arcángel; observó enojado Telal.

Aunque las cuatro se concentraron aumentando la intensidad de sus disparos, ninguna logró producirle daño a las estatuas.

-Están usando su fuerza normal; las reprendió el demonio. -Recuerden que ahora poseen el poder de la esmeralda sagrada. ¡Úsenlo o ríndanse!

-Parece que necesitan un estímulo especial; continuó Telal.

Cuatro poderosos chorros de fuego fueron disparados por las cuatro estatuas contra las cuatro mujeres. Sus barreras desviaron las llamas mientras sus espadas aumentaban la potencia de sus disparos.

-¡Ustedes son la Tétrada Oscura!; les gritaba Telal. -Son la fuerza demoniaca más grande que existe. No hay nada más poderoso que ustedes; las arengaba el demonio. -Demuéstrenme que Lucifer no se equivocó al elegirlas a ustedes.

Los ojos de las cuatro mujeres se llenaron de fuego y una flameante aura las rodeó. Las llamas de sus espadas se convirtieron en rayos cargados de energía que golpearon violentamente contra las barreras protectoras de los arcángeles, anulándolas totalmente. Sin nada que las protegiese de tan formidables armas, las cuatro estatuas que representaban a cuatro arcángeles se desmaterializaron en un cegador resplandor.

Telal orgulloso de su habilidad como instructor sonreía por el logro de sus discípulas.

Una formidable y gigantesca figura se hizo presente en el campo, bajo la mirada maligna del demonio.

-Destrúyanlo o las matará; ordenó Telal a las mujeres.

Sin inmutarse siquiera, dominadas por la esencia contenida en la gema sagrada, las mujeres apuntaron sus espadas contra el colosal ente. Intensos y devastadores rayos salieron de las cuatro armas, sin que ninguno lograse dañarlo; por más que aumentaba la potencia de las descargas amenazando con inflamar todo cuanto había alrededor, la criatura no se detenía.

-Las cuatro en un solo golpe; pensó Telal.

Las agudas mentes de la Tétrada Oscura percibieron el pensamiento del demonio y sin decir ni una palabra, apuntaron sus espadas a un mismo punto frente al coloso. Los rayos coincidieron formando una bola de luz que se disolvió en la forma de un impresionantemente poderoso rayo que dio de lleno en el centro del pecho de la criatura, partiéndolo en varios pedazos que se convirtieron en una lluvia incandescente de luz.

Aunque ellas no lo notaban, Telal pudo ver como las cuatro mujeres brillaban como si se hubiesen convertido en arcángeles o algo más y eso lo llenaba de satisfacción.

¡Excelente!; las felicitó el demonio. -Cada vez que combatan deben usar el increíble poder que confiere la esmeralda sagrada. Ahora ustedes son muy superiores a lo que eran antes de ser la Tétrada Oscura y deben estar conscientes y orgullosas de ello.

-Esta arma es increíble; opinó Ethiel.

-La espada es solo una manifestación del poder que existe  dentro de ustedes; explicó Telal. -Son mucho más que eso; sus poderes van mucho más allá.

-Siempre he sido muy buena peleando con mis manos; comentó Cristina.

-Igual que yo; dijo Francine sacando sus afiladas garras.

-Esa habilidad, al igual que todas las otras que poseen, se amplificaron hasta el infinito ahora que son una sola con la esmeralda; agregó el demonio. -No es el arma la que las hace poderosas, es su capacidad para trabajar en equipo en forma totalmente coordinada. Aun desarmadas sus ataques deberían ser devastadores y fulminantes, no importando el número de enemigos que enfrenten. Un ataque combinado de ustedes cuatro debe tener la capacidad de producir una destrucción masiva si así lo desean.

-Nunca me habría imaginado algo así; opinó Mireya.

-¿Cuán fuertes nos hemos vuelto?; preguntó Cristina.

-Eso debemos averiguarlo; respondió Telal.

Con un pase de la mano del demonio sobre una mesa aparecieron distintos tipos de materiales, de distinta dureza. Bajo la presión de las finas manos de las mujeres, todos los metales se torcieron y aplastaron como simple papel; con sus dedos las rocas y minerales más duros quedaron reducidos a simple polvo; el filo de los aceros más cortantes no fue capaz de atravesar sus pieles.

-¡Es realmente increíble!; exclamó sorprendida Cristina.

Un gesto más de la mano de Telal hizo que cuatro hermosas y rojas rosas aparecieran en la mesa.

-Tomen las flores; ordenó el demonio.

Una a una las cuatro mujeres intentaron tomar las delicadas flores, con igual resultado cada una de ellas. En sus dedos las suaves rosas se deshicieron bajo la presión ejercida.

-Mmm; reclamó Mireya.

-Vaya que frágiles; opinó Cristina.

-Esas son rosas comunes y corrientes; corrigió Telal. -Lo que pasa es que ustedes ahora son muy poderosas, pero no saben controlar su fuerza. La fuerza y el poder sin control no sirven de nada. Deben ser capaces de aplastar cualquier cosa con sus manos y a la vez tener la delicadeza de poder acariciar a un bebe o tomar una flor sin romperla.

-Y se supone que yo soy cirujano; opinó Mireya mirando sus manos. -Mis dedos se han vuelto torpes.

-Solo están cansadas. Tómense el día de mañana libre y vayan a pasear al campo; las autorizó el demonio.

-Hace tiempo que no voy de paseo; meditó Cristina. -Supongo que será divertido.

Al otro día, cerca de la cabaña las esperaba un prado florido, junto a un bosquecillo de árboles frutales que proporcionaban una agradable sombra y un arroyo de cristalina agua fresca, que corría en medio. Insectos y hermosas aves multicolores completaban el cuadro y llenaban el aire con sus cantos.

-Qué lindo paisaje; dijo Mireya con los brazos abiertos, dejando que la fresca brisa moviera su cabello.

-Esto es vida; opinó Ethiel apoyando su espalda en un tronco y sentándose en el suelo con los ojos cerrados.

-¡Que lindas flores!; exclamó Cristina. -Quiero una.

La joven loba se agachó a recoger una colorida flor que abría sus pétalos para ella, invitándola a tomarla. Sin embargo, al intentar cogerla, la delicada planta se rompió entre sus dedos. Cristina miró con pena la rota flor y se quedó muy pensativa.

-Antes podía hacerlo, no veo motivos para no poder ahora. Tal vez no debo tratar de juntar mucho mis dedos; meditaba ella.

Otra flor rota, y otra más, y otra, y así siguió Cristina intentando coger una sin romperla. Ella era testaruda y no se rendía, hasta que por fin…

-¡Chicas!, ¡Chicas!; llegó corriendo y gritando junto a sus amigas.

-¿Qué ocurre?; preguntó Mireya.

-¿Nos atacan?; dijo Ethiel poniéndose de pie de un salto.

-¡Oh, nada de eso!; contestó la joven. -Miren, logré tomar una flor sin romperla, claro que me costó un poco; dijo mostrando un montón de rosas rotas.

¿Y solo por eso nos asustas?; la retó la elfa.

-Cristina tiene razón; opinó Mireya. -Ella logró recuperar la movilidad fina de sus manos. Nuevamente tiene control sobre sus músculos y por tanto sobre su fuerza.

-¡Eso mismo!; exclamó emocionada Cristina.

-Entonces es solo cuestión de practicar un poco; dijo Francine estirando sus brazos y bostezando. -Voy a intentarlo.

A la vampiresa le costó solo unos cuantos intentos lograr asir una flor y no hacerla pedazos en su mano.

-Vaya, a ti te resultó mucho más fácil que a mí; comentó Cristina.

-Siempre he tenido que ocultar mi verdadera fuerza; reconoció Francine.     -Los vampiros somos muchísimo más fuertes que los humanos y para poder vivir entre ellos hay que estar siempre conscientes de cada movimiento.

-Entiendo; aceptó Ethiel. -Se puede decir que siempre has tenido que cuidarte de no romper las flores humanas.

-Por así decirlo; reconoció la vampiresa.

-Supongo que será como volver a aprender a usar el instrumental quirúrgico; meditó Mireya para sí.

-Siempre se ha dicho que no hay nada que un elfo oscuro no pueda hacer; pensó Ethiel. -No veo por qué ahora tendría que ser distinto.

Mireya ya no estaba prestando atención a Ethiel, ya que se había puesto a jugar con una ramita entre sus dedos.

-Esto no se siente tan distinto a un bisturí; pensó para sí la bruja. -Tan solo tengo que soltar los músculos de las manos. El palito se molió bajo un leve movimiento de sus dedos; sin embargo, sabía que lo podría lograr.

-Vamos Mireya, tu puedes; se daba ánimo a sí misma. -¡Eso es!; exclamó contenta cuando pudo pasar un delgado palito entre todos sus dedos sin romperlo. -Ahora probaré con una flor.

Las flores eran mucho más frágiles que la madera; prueba de ello era el montón de ellas que se acumuló junto a la bruja, hasta que finalmente, después de mucho intentarlo, logró tomar una flor entre el índice y el pulgar derecho y controlar la presión para no aplastarla.

-Ahora solo faltas tú; dijo la bruja a la elfa.

-Tremendo desafío; dijo burlona Ethiel tomando una rosa por los pétalos con toda delicadeza y sin ningún esfuerzo.

-¡Mmm!, murmulló Mireya. -Con telequinesis no vale Ethiel; dijo a su amiga.

Al perder la concentración, la flor que sostenía la elfa se rompió en varios pedazos.

-Ya me parecía sospechoso; dijo Cristina cruzando sus brazos.

-Vamos, inténtalo de verdad; insistió Francine. -Sé que puedes lograrlo.

Respirando hondo Ethiel lo intentó una y otra vez y otra y otra y otra, hasta perder la cuenta. Pero ella no era de las personas que se dan por vencidas ante el fracaso y finalmente consiguió que sus manos pudieran tomar y sostener una flor sin romperla.

Una pequeña y linda avecita se posó sobre el hombro de la elfa y ella acercó su mano para cogerla como acostumbraba hacerlo. Sus tres compañeras sostuvieron la respiración, temiendo que verían escurrir los restos del pajarito entre los dedos de Ethiel. Para su sorpresa la elfa tomó con toda su mano a la avecita y la acarició con la otra sin hacerle ningún daño. Varias aves y animalitos salieron de entre los arbustos a jugar a la luz del sol, como invitando a las mujeres a que los tomaran.

Un suave conejito se acercó a Mireya y ella con recelo al principio lo acarició y luego lo levantó en el aire y lo abrazó con mucha delicadeza sin lastimarlo.

Un tierno cachorrito de lobo se aproximó a Cristina, con mano dubitativa le acarició tras las orejas y en vista de que no pasaba nada malo, le comenzó a hacer cosquillas en su pancita y finalmente lo tomó en brazos y lo meció  como si se tratase de un bebé.

Una pequeña ardilla llamó la atención de Francine y la tomó suavemente de la rama donde se alimentaba. Dócilmente el animalito dejó que la vampiresa le diese pedacitos de nueces y la acariciara.

-Creo que este ha sido mi mejor día de campo; opinó Ethiel.

-Pienso lo mismo; agregó Cristina besando al lobezno.

-Y yo; concluyó Francine, con la ardilla parada en su cabeza.

-Volvamos a la cabaña; sugirió Mireya. -Creo que ya descansamos suficiente.

En el cobertizo de la cabaña las esperaba Telal sentado en una cómoda silla mecedora.

-¿Cómo estuvo su día de descanso?; preguntó el demonio.

-Magnífico; respondió Cristina.

-Hace tiempo que no me divertía tanto de día; comentó Francine.

-Fue realmente confortable; agregó Ethiel.

-Lo disfrutamos muchísimo; dijo Mireya tomando una rosa de la mesa y poniéndola en su cabello.

-¡Excelente!; exclamó con satisfacción el demonio por el logro alcanzado por sus discípulas.

Cada día que pasaba el control sobre las espadas flamíferas aumentaba más y más y las mujeres comenzaban a aburrirse, cansadas de la rutina.

-Bueno, ya manejan bien sus espadas; reconoció el demonio. -Es tiempo de empezar a entrenar su habilidad a mano desarmada.

-Al fin, ya estaba hasta la punta de mis orejas de tanto entrenar con la espada; dijo Ethiel.

-Y vaya que son largas; mencionó Cristina.

-No tienen nada de malo; reclamó Ethiel.

-Yo no dije que tuvieran algo de malo; respondió Cristina. -Si es que no te molesta que toquen el techo.

-Cuando te agarre te voy a llenar de pulgas, quiltra; gruño la elfa corriendo tras Cristina.

-¿Son siempre así?; preguntó Telal.

-Solo cuando están aburridas; contestó Francine.

-¡Atención!; gritó autoritario el demonio.

En seco Ethiel y Cristina se detuvieron y pusieron rígidas.

-Ya que parece que tienen mucha energía nos van a demostrar como pelean sin armas; indicó Telal.

-Hasta ahora nadie ha sobrevivido a uno de mis ataques; comentó Cristina.

-Ni a los míos; agregó la elfa.

-Nuestras manos son armas mortales; rió la loba.

-Eso lo juzgaré yo; concluyó el demonio.

-Veamos si eres tan buena con tus manos como con tus palabras; desafió Telal a Cristina. -Transfórmate.

En un abrir y cerrar de ojos Cristina dejó salir al monstruo que dormía en su interior.

-Un simple cachorro lo haría mejor que tu; la despreció el demonio. -Tienes la esmeralda en ti, libérala.

Con un fuerte gruñido los ojos de la loba se llenaron de fuego y su pelaje se cubrió de llamas, en tanto que sus garras brillaban más que el disco del sol.

-Así me gusta; rió Telal. -Quiero una bestia capaz de hacer temblar a los ángeles; dijo el demonio encendiendo su aterradora espada de fuego, la  que descargó sobre la licántropa.

Con una sola mano Cristina atrapó la hoja flamífera de la espada y la rompió en medio de una lluvia de chispas. La otra garra golpeó contra la armadura de Telal, quien si no hubiese tenido su barrera activa a su máxima potencia, de seguro habría visto el final de su eterna existencia; al mismo tiempo una llamarada lo envolvió, por donde se alejó de Cristina y apareció junto a Mireya.

-¡Excelente!, eso es lo que quiero de ti; dijo satisfecho él de sí mismo por lograr esa reacción  en la licántropa, tal vez no siendo totalmente consciente de lo peligrosa de la situación.

-Mira esa estatua de arcángel; señaló Telal. -Está protegida por una barrera igual a la real. ¡Rómpela!

Como si esa hubiese sido la orden que deseaba escuchar, la loba descargó uno tras otro varios golpes con sus garras, sin lograr dañar el escudo de la estatua. Deteniéndose un momento, Cristina asestó un único golpe hacia adelante, manteniendo la presión como si estuviese empujando algo; finalmente, su mano comenzó a acercarse más a la estatua, hasta que sus garras de fuego la atravesaron y reventaron en medio de un violento estallido que despidió luz en todas direcciones.

El orgullo que sentía Telal por lo hecho por su discípula se podía leer en su oscura mirada.

-Sí, eres la bestia más poderosa; felicitó Telal a Cristina quien lanzó un aullido triunfante al aire. El viento agitaba su cabello y el sol hacía brillar su piel mojada en el sudor típico que acompañaba al paso entre mujer y bestia y entre bestia y mujer, mientras dos hogueras danzaban en las cuencas de sus ojos.

-Supera eso; ordenó el demonio a Francine.

-No puedo; respondió ella.

-¿Qué cosa?; preguntó atónita Mireya, no dando crédito a lo que oía decir a su compañera.

-No puedo; repitió la vampiresa. -Porque no hay nadie que se pueda comparar conmigo, ni acercarse a lo que yo puedo hacer.

-¡Conque esas tenemos!; exclamó Telal. -Muy bien, ten lo que deseas.

Decenas de indescriptibles y horribles criaturas rodearon a la vampiresa. En un santiamén sus ojos se volvieron hogueras y sus garras se asemejaron a cuchillos con el brillo  del metal fundido. Un remolino de fuego se elevó y Francine desapareció. Las criaturas caían decapitadas o con las entrañas abiertas, para enseguida arder en llamas.

La vampiresa se detuvo un momento y elevó sus brazos; un torbellino de fuego bajó del cielo y envolvió a varias criaturas, reduciéndolas a cenizas. Francine llevó sus manos a la cabeza y varias criaturas más gritaron de dolor y cayeron sin vida. Finalmente no quedaban más de diez rivales de ella y se puso frente a ellos, abriendo sus brazos. Las criaturas se iluminaron y sus figuras comenzaron a temblar, como la llama de una vela, hasta convertirse solo en luz que fue totalmente absorbida por el cuerpo de la vampiresa.

Telal asentía satisfecho con una sonrisa en los labios.

-¿Te divertiste?; preguntó el demonio a la vampiresa.

-Bastante; contestó Francine con la expresión más malvada que podía en su rostro.

Una sonrisa maligna se dibujaba en los labios de la Tétrada Oscura, que empezaban a tomar consciencia de lo que realmente significaba haberse fusionado con la esmeralda sagrada que contenía la esencia de Lucifer.

El fuego llenó las órbitas de los ojos de Mireya, cuando su báculo convertido en una brillante vara de fuego se materializó junto a ella y tomándolo en alto unas nubes incandescentes comenzaron a formarse en el cielo, de las cuales cayó una fuerte lluvia de fuego que convirtió el paisaje en un páramo quemado, sin ninguna muestra de vida. Luego de su mano surgió una ráfaga de viento blanco que congeló el anteriormente humeante campo quemado, estallando luego en una metralla de cristales de hielo que al caer nuevamente produjo profundas heridas en el suelo, acabando con toda forma de vida.

-Una elegante muestra de devastación; comentó Telal satisfecho.

Ethiel tomó un manojo de sus flechas y las arrojó con fuerza al aire; cientos de líneas luminosas rajaron el firmamento convirtiéndolo en fuego líquido que comenzó a caer como gotas de ácido que perforó toda la tierra. El suelo comenzó a temblar violentamente y pocos minutos después se fracturó en varios puntos distintos, por los que salió fuego y lava que avanzó cubriéndolo todo. El cielo se despejó nuevamente y un sol benevolente abrazó el páramo devastado; la tierra se cicatrizó de sus heridas y la brisa se llevó las cenizas. Pequeñas hojas crecieron por doquier y la vida volvió a nacer ahí, donde hace un momento solo había muerte. Ethiel bajó sus brazos y miró a Telal.

-Es increíble lo que has podido hacer; dijo el demonio. -Te has convertido en una fuerza de destrucción y de vida.

-¡Resulta tan fácil!; exclamó Ethiel. -Solo es cosa de dejarse llevar; la voluntad se convierte en realidad.

-Solo falta probar una cosa; meditó el demonio.  -¿Cómo son sus poderes combinados en un solo golpe?

Un golpe de las manos de Telal y todo delante de ellos se volvió opaco, como si una hoja de papel se pusiera por delante. Mireya miró con curiosidad al demonio.

-He puesto una barrera de energía diez veces más resistente que la de un arcángel; explicó Telal. -Quiero que traten de romperla.

Coordinadamente sin decir ni una palabra, las cuatro extendieron su brazo derecho. Un incandescente chorro de fuego salió de cada uno de ellos, coincidiendo los cuatro en un único punto, fusionándose en un solo rayo de incalculable energía, que golpeó la barrera creada por Telal y la atravesó como si no estuviera allí.

-¡Sorprendente!; pensó el demonio en voz baja.

¿Les molesta si aumento la resistencia a cien veces la de una barrera normal?; preguntó él.

Una sonrisa en los labios de Cristina fue la única respuesta. El golpe del rayo encontró la misma oposición que la vez anterior; absolutamente ninguna.

-Probemos una tercera vez; dijo Telal a las  mujeres.

Esta vez la barrera desprendía cierto resplandor. El rayo disparado por ellas chocó contra la pared de energía sin lograr dañarla. Una leve mirada entre las cuatro mujeres bastó para que se pusieran de acuerdo. Rodeadas de una densa niebla negra, aumentaron su esfuerzo; esta vez la barrera estalló en cientos de destellos de luz, elevando un viento huracanado que golpeó violentamente el rostro del demonio.

-¡Un millón más poderosa que la barrera de un arcángel! y la han roto con facilidad; pensó para sí.

-Estoy muy orgulloso de ustedes y complacido por sus logros; las felicitó Telal.

-No pensé que conocería a un mejor maestro que mi padre; dijo Ethiel tomándole la mano en forma de agradecimiento.

-Usted nos ha guiado en forma sabia; reconoció Mireya.

-Sus palabras me honran; respondió Telal ante sus discípulas. -Para finalizar tengo un obsequio para ustedes. Ante un gesto de la mano del demonio, las cuatro mujeres quedaron vestidas con impresionantes armaduras ligeras de color negro.

La Tétrada Oscura había terminado su entrenamiento en un lugar creado especialmente parta ellas, fuera del tiempo y del espacio.

Una gran llama surgió del suelo y de ella asomó Damián.

-Mi Señor; saludó respetuoso Telal al hijo de Lucifer.

A modo de saludo en un único movimiento coordinado, la Tétrada Oscura quedó formada frente al poderoso demonio, sin mover ni un músculo si él no lo ordenaba.

-Veo que ha cumplido a cabalidad si misión Telal; reconoció Damián. -Y no murió en el intento.

-La Tétrada Oscura se ha convertido en la fuerza más poderosa de todo cuanto existe, Señor; respondió con orgullo el demonio.

-Estamos listas para obedecer todas sus órdenes; dijo Ethiel.

-Estoy orgulloso de ustedes; respondió Damián. -Mi padre se sentirá honrado de contar con tan formidable fuerza en sus filas.

-El honor es para nosotras; respondió Mireya, con sus ojos en llamas.

-Ya pueden abandonar este lugar; indicó Damián.

-¿No teme que nos detecten?; preguntó Cristina.

-Ustedes ya no tienen nada que temer; explicó Damián. -Además  si lo desean, pueden volver totalmente indetectables sus poderes y la esencia de la esmeralda.