Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

Allí Donde Nacen Los Sueños · Capítulo 7 27 septiembre 2012

Filed under: Últimos post — marcoasantanas @ 22:53

La Esfera

Como una blanca muñequita de papel desplazándose velos sobre una cartulina negra, corre una niña asustada por una superficie inexistente de una realidad inconclusa, en un punto indeterminado de la fría oscuridad.
En su cabecita, aun resuenan los ecos de las últimas palabras que intercambió con su madre:

“– ¡Corre pequeña, corre y no mires atrás! – ¡Pero yo quiero estar contigo! – ¡NO! ¡MI CIELO, NO! ¡AHORA CORRE!…”

Sin aliento, cae de rodillas, respirando aceleradamente mientras mira a su alrededor en busca de alguna señal que le sirva de referencia para huir de estas tinieblas. Desafortunadamente no halla nada. Desalentada, se tumba en el frío y oscuro suelo, tarareando una melodía que aprendió de su madre y fantaseando, como solo los niños saben hacer, con la compañía de su progenitora en un universo de risas y afecto más allá de este reino desolador.

En un momento dado, ve por el rabillo del ojo, un destello diminuto, casi imperceptible, desvanecerse en la distancia. Receptiva, gira la cara y clava la mirada en la densa oscuridad. Espera unos tensos segundos y ¡voilá!, el destello vuelve a aparecer. Sin titubear, se pone en pie, y sin apartar la vista del objetivo, reanuda su carrera, rumbo a su encuentro.

Incombustible, acelera su marcha desbordando ilusión e ingenuidad ante la expectativa de libertad que esta le brinda. No obstante, al menguar notablemente la proximidad entre ambas, la citada posibilidad se evapora. Revelándole, que el origen de dicho destello, no es otra cosa, que una enorme esfera cristalina que levita suspendida en las tinieblas.

Decepcionada, se derrumba, llorando amargamente por todo lo acontecido. – ¡MAMÁ! ¡MAMÁ! – Grita desahogando el cúmulo de tensión que la carcome por dentro.

– ¿Que sucede criatura? ¿Te has perdido? – Pregunta una voz femenina dulce y melodiosa, procedente del interior de la esfera. La niña, quedándose inmóvil como si así no pudiesen verla, cesa su llanto al instante. – No te asustes, no voy a hacerte daño. – Aclara la voz. – ¿Quién eres?… – Interroga la pequeña. – Soy una prisionera, la semilla que dio origen a este lugar, el núcleo del Nexus, la Reina Madre de las especies que han brotado en él. – responde la voz sin hacer pausas. – ¡Cuantas cosas…! – Murmura la niña con asombro y añade: – Yo tuve una mamá, pero un hombre malo la mato… – Lo lamento. – Apura la voz, interrumpiendo como si estuviera al corriente de ello y prosigue: – ¿Por eso vagas sola por mí reino? – ¡Sí!… – Responde la niña desconcertada. – Yo también estoy sola – Confiesa la voz – Pero eres una mamá y las mamás tienen hijos. – Deduce la niña en voz alta con suspicacia, a la vez que intenta, en vano, averiguar quien se esconde en el interior de la esfera. – Sí, así es, pero yo no puedo concebir hijos del modo en que quisiera y eso me hace sentir muy sola. – Se reprocha la voz con profunda tristeza… – No estés triste, eres buena y dulce, si quieres puedes ser mi mamá. – Concluye la pequeña conmovida, dejando de tantear a su interlocutora – ¡Ja, ja, ja…! – Ríe la voz antes de declarar satisfecha: – Tu inocencia es una delicia, para mí sería todo un honor tenerte como hija. ¡Ven! entra conmigo en la esfera. – Ante el entusiasmo de la invitación la pequeña duda, y frunciendo el ceño pregunta: – ¿No me harás daño, verdad? – No, no te lo haré. – Le asegura la voz con simpatía – ¡Vale! – Acepta la niña como si tal cosa y agrega: – Deja que te vea antes de entrar. – De acuerdo… – Dice la voz mientras la esfera se enciende como una bombilla, exhibiendo en su interior, a una mujer desnuda de una belleza sin parangón. La cual, sentada en posición de loto, despliega, para mayor lucimiento, dos enormes y coloridas alas con forma de hojas de parra.

Sin dejar de observar a la niña, con unos hermosos ojos rasgados de pupilas color rojo encendido, le pregunta con ternura: – ¿Te gusta el aspecto de esta Reina Madre?… – Y la pequeña le responde encantada – ¡Sí! ¡Eres muy bonita, me gusta mucho tu melena verde, y tu piel blanca, es como el color de la luz! – Ja, ja, ja… – Vuelve a reír, la Reina, mostrando unos enormes y afilados colmillos – No sabía que la luz tuviera color. – Comenta a su nueva hija – ¡Pues ahora lo sabes! – Sentencia la pequeña orgullosa de si misma: – ¡Creo que tienes mucho que aprender! ¡Pero no te preocupes, he disidido quedarme contigo, ahora no estarás sola, yo cuidaré de ti! – Continúa la pequeña haciendo que las risas de la Reina se eleven y retumben en lo alto como si se hallaran bajo una bóveda – Es usted muy gentil señorita y le estoy muy agradecida por ello. – Le corresponde la Reina alagada. – ¡Lo sé! – Finaliza la niña, metida en su papel de infanta, antes de preguntar: – ¿Cómo entro en la esfera?… – Pues, entrando… ¡Dame la manita! – Responde la Reina extendiendo el brazo hacia ella. Encogiéndose de hombros, la niña, atraviesa la pared de la esfera con su corto y tierno brazo, como si esta no existiera, y estrecha su manita regordeta con la pálida mano de dedos afilados de la Reina, la cual, tira de ella con suavidad, ayudándola a entrar.

Una vez dentro, su entorno cambia. Ni por asomo resulta ser lo que esperaba. Sentada en el regazo de la Reina, lo observa todo sin perder el más mínimo detalle. Lo que creía que sería un espacio esférico, reducido y claustrofóbico, se muestra ante ella como una enorme y esplendorosa sala circular. Formada por doce portales góticos, de cuyos arcos brota una sustancia líquida que desciende por los mismos a modo de cascada de agua cristalina. Divididos entre si, por unas gruesas columnas corintias que se elevan suntuosas, desdibujándose, por momentos, en un ligero vaho aromático omnipresente en la estancia, y sosteniendo sobre sus relucientes ábacos, una gigantesca cúpula románica completamente cubierta de coloridos frescos de una belleza celestial.

– ¿Quiénes son? – Pregunta la niña con la mirada clavada en ellos. – Melíferas, cientos de ellas, felices en su entorno natural, desempeñando funciones propias de sus vidas cotidianas. Ecos de un pasado glorioso hoy perdido en la alborada de los tiempos. – Responde la reina con la mirada ausente. – ¿Y esas fuentes que nos rodean? – Continúa la niña sin perder la espontaneidad. – Son los doce portales del Nexus. Tú, pequeña mía, has entrado por ese, el portal de la Oscuridad. – Le cuenta la Reina señalando un portal en el que la sustancia líquida brota turbia. – La chiquilla, maravillada, sin cerrar sus enormes ojos verdes ni para parpadear, susurra. – Si ese es el portal de entrada ¿cual será el de salida? – y la Reina le aclara arrullándola entre sus brazos: – ¿Que te hace pensar que hay una salida?…

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El lector de la terraza. Capítulo 3. Perdona pero yo doy tres. 22 septiembre 2012

Filed under: Últimos post — Roberto Morcillo Moreno @ 1:04

Lo llame para decirle que no me daba tiempo a llegar y me dijo que si me venia mejor que viniese él a casa. Por supuesto le dije que si, por que los humanos somos como los animales salvajes, nos sentimos mejor en nuestro hábitat.

Cuando llego me saludo con dos besos a lo que yo le dije:

-perdona pero yo tengo la costumbre de que sean tres.

-¿Tres? y ¿como es eso?

-Pues tres, sin más.

Volvió a darme los besos pero cuando fue a darme el tercero en la mejilla, yo me volví y se lo di en los labios, se quedaron cerrados por unos momentos, pero enseguida empecé a notar que su boca se entreabría poco a poco. Así estuvimos un buen rato todavía con la puerta de mi casa abierta, cuando termine de darle el beso, suspiro y le dije:

-Así tengo yo la costumbre de dar los tres besos.

-Fotre, nunca me lo hubiese imaginado, pero me alegro de que así sea.

Pasamos al salón y prepare café. Mientras nos lo tomábamos le pregunte que quien era esa tal Verónica y se puso un poco nervioso. Me contó que había sido su novia desde hacia tres años, pero que sus padres todavía no sabían que lo habían dejado.

Yo me desilusione mucho de que fuese bisexual, ya que contra una mujer nunca se puede luchar, pero aun así había algo que me incitaba a seguir intentando algo con él.

Desde ese día se puede considerar que empezamos una relación.
Estuvimos varios meses sin acostarnos juntos ya que yo quería cerciorarme de que sentía algo por mí y no de que simplemente buscaba un rato de cama como habían hecho otros tantos.

Al cabo de un tiempo tuvimos nuestro primer encuentro sexual, la verdad es que yo no había planificado que fuese así. Pero llego el día de San Valentín, yo ya por aquel entonces estaba trabajando en un supermercado de reponedor. Él incluso tenia llaves de mi casa y cuando terminaba de trabajar me esperaba en casa.

Ese día llegue a casa, hacia un día malísimo, llovía a cantaros y hacia muchísimo aire. Abrí la puerta y le di al interruptor de la luz, no había luz, así que cogí el móvil y con la luz me fui alumbrando hasta los plomos, cuando llegue a ellos, vi que había una carta.
Me extrañe muchísimo, pero la abrí y solo ponía feliz San Valentín mi amor, espero que te guste. Pase de encender la luz, y me dirigí al salón, estaba todo alumbrado con velas, pero allí no estaba él, seguí caminando hasta llegar a mi habitación y allí me esperaba dentro de la cama con fresas y una botella de champán. Me lance en picado a la cama y lo bese como nunca antes lo había hecho. Entre beso y beso me dijo que tenía una sorpresa para mí, había preparado la cena.

Me pareció súper romántico, pero decidí que antes de cenar me tenia que comer el postre.
Me puse encima suya y seguí besándolo mientras bajaba por su cuello y con la punta de la lengua lo lamía bajando hasta su pecho, su ombligo y al intentar llegar mas abajo tuve que bajar la sabana quedándose al descubierto su mejor virtud. Me quede un poco boquiabierto (no vayan a pensar mal) y sin saber por que subí de golpe hasta su boca, empezamos un juego con las fresas y el champán, la verdad es que toda la cama acabo empapada, lo demás ya se lo podrán imaginar acabamos en un clímax total, cansadísimos y con un hambre que nos moríamos.

Nos levantamos yendo al aseo para lavarnos, nos vestimos y fuimos a cenar.

-Siéntate que hoy es tu día, y no quiero que hagas nada.

-Hombre eso de nada, algo ya e hecho ¿No?

-Jeje claro, que tonto eres, no me refería a eso.

-Ya lo se, sigues sin pillar las frases con retórica pilarico.

-Por cierto en una ocasión dijiste que me ibas a explicar eso de pilarico y todavía no lo as hecho.

Comencé a explicarle la expresión y le dije que era por la exnovia del novio de mi prima que era un poco tontita por no decir mucho y que se llamaba pilar y simplemente nos quedamos con la expresión de Pilarica denotando gilipollez.

Le explique que en una acampada le pedían que fuese a por la panceta y se lo pedía a otro, ya que no sabia lo que era; que no sabia abrir un bote de tomate y que cuando lo hizo lleno a todos de tomate; que ella misma compraba una bolsa de patatas y la abría, le decían que no comiese y no comía, y demás cosas con las que se pudo tronchar a reír.

Cuando acabe de explicárselo y acabamos de reírnos, fue a por la cena, había preparado tortitas mejicanas, en ese momento no me pareció nada romántico, pero conociéndolo, y sabiendo que no sabe cocinar, que hiciese eso, dijo mucho a su favor, y hizo que lo volviese a comer a besos.

En los días posteriores no salíamos de la cama, se ve que le pillamos el gustillo, pero luego poco a poco todo se fue normalizando.

A los pocos meses, se vino a vivir conmigo a casa.

Nuestra vida como pareja, paso a ser de lo más monótona posible.

Estuvimos por más de un año saliendo juntos. Yo por aquellos momentos creía que me quería con locura. Pensaba que había encontrado sentido a la palabra amor. Sentir con el cosas que nunca con nadie había sentido también ayudo a ello, sin embargo hoy día me paro a pensar y me doy cuenta que simplemente era que yo estaba demasiado enamorado, no que el me había enseñado lo que es el amor.

 

 

 

 

 

 

 

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El lector de la terraza. Capitulo 2: Primer encuentro.

Filed under: Últimos post — Roberto Morcillo Moreno @ 0:29

Pasaron varios días en los que estuve anímicamente bastante mal, pero un día volvió a sonar el móvil, y era él, el lector de la terraza. Descolgué:

-Si, dígame

-Perdona ¿con quien hablo? es que tengo este numero marcado en mi móvil como que e llamado y no se ahora mismo quien eres

-¿puede ser que cogieses el numero de un periódico? (me puse nervioso al hacerle la pregunta, y note que su respiración se agitaba)

-La verdad es que no lo creo, (estaba el más nervioso que yo)

-¿Estuviste el lunes en la terraza del bar (HI(O’S?

-Si, ¿como sabes eso?

Bueno la conversación de ser una simple ”comprobación” para saber quien era, paso ha llevarnos mas de 2 horas hablando ,hasta que le dije que era el chico del anuncio del periódico y que había sido yo el que le había pedido el cigarro ese día ya que necesitaba acercarme a el para saber que anuncio había rodeado.

Se llevo una grata sorpresa o esa fue la sensación que a mi me dio, y me dijo de quedar en esa misma terraza el viernes a las 15:30 que era la hora en la que el descansaba en el trabajo para comer.

Estábamos a jueves, después de cenar me dedique un buen rato a darme un buen baño con espuma para relajarme. Estuve todo el rato pensando en como seria nuestro ”primer encuentro”. Termine de darme el baño a eso de las 23:20, salí de la bañera, me seque y me afeite para estar listo para el día siguiente.

Me fui a la cama cuando era poco mas de la una de la madrugada, apague la luz y me dedique a intentar dormir. No lo conseguía, encendí la lamparita y mire el despertador, eran ya las 5 de la mañana y aun no había pegado ojo, los nervios me estaban matando.

Al ver que me iba a ser imposible pegar ojo, me levante y fui hacia la cocina, encendí la luz y me asome por la ventana, no se veía ni un alma en la calle. Sentí un poco de hambre, no sabia que prepararme así que me decidí por prepararme un buen tazón de leche con copos de trigo azucarados. Sin mas fui hacia el armario y saque el paquete de copos, cogí un vaso y una cuchara y me fui para el salón.

Deje las cosas encima de la mesita que hay al lado suyo, cogí el mando del televisor y lo encendí. Estuve un rato viendo la tele sin saber que es lo que veía, estaba en las nubes. Decidí prepararme el tentempié y me di cuenta que se me había olvidado la leche. Me alce del sofá y me dirigí directamente a la nevera sin encender siquiera la luz. En ese mismo momento empecé a escuchar una musiquita que me era muy familiar pero que desde la cocina no podía saber cual era. Cogí la leche y fui hacia el salón, de camino me di cuenta que esa melodía era la de mi teléfono así que deje el cartón de leche de golpe en la mesa y fui corriendo a mi habitación a por el móvil. Cuando llegue ya habían colgado, tenia dos llamadas perdidas, me dispuse a ver quien había sido. Había sido él, el lector de la terraza. ¿Que querría a tan altas horas de la madrugada? me pregunte a mi mismo.

Sin mas me decidí a llamarlo, y en ese mismo momento me percate que ni siquiera sabíamos nuestros nombres. ¿Que le diría al descolgar el teléfono?, los nervios volvieron a apoderarse de mi. Estuve bastante rato dudando si llamarlo o no, y de repente la melodía de mi móvil me saco de mi propia duda, volvía a llamarme. Dude en cogérselo unos segundos y sin saber por que descolgué sin decir nada.

A los pocos segundos, que a mi me parecieron una eternidad, de estar al teléfono sin decir nada, escuche su voz que me decía:

-¿Hola? ¿Estas ahí?

-Si si dime.

-No nada solo era para hablar contigo.

-¿Y eso? ¡¿No me digas que mañana no puedes quedar?!

-No, no es eso, si que puedo, pero…me preguntaba si podríamos vernos ahora…

-¿Ahora?, (me pareció muy extraño que quisiese verme pasadas las cinco de la madrugada y empecé a pensar en que era un psicópata o algo así, yo es que tengo la mente un poco sucia)

-Si es que llevo toda la noche sin poder dormir pensando en lo de mañana y…

En ese mismo momento no le deje terminar la frase y le dije:

– Yo también llevo toda la noche sin dormir, si quieres te invito a un buen tazón de leche con copos de trigo azucarados, es lo mejor que conozco para quedarte a gusto y dormir como un bebe.

-Pero… ¿Y donde podemos ir a estas horas a tomarnos eso?

-Ahí que pilarico eres, pues ¿Donde va a ser?…a mi casa, no pillas las frases con retórica ¿Eh?

-¿Pilarico..?, eso ¿Que quiere decir?

-Nada cosas mías, luego te explico, entonces que ¿Te vienes a mi casa o no?

-Si claro en diez minutos estoy allí.

Y sin mas colgó, sin siquiera haberme preguntado donde vivía, no tardo ni veinte segundo en volver a llamar, descolgué y sin dejarle decirme nada conteste:

-Colonia Santa Isabel, bloque ocho, portal b, primero derecha.Es eso lo que querías ¿No?

-Si, es que se me había olvidado, por cierto ¿Como te llamas?, que siquiera sabemos como nos llamamos. –

Ya, en eso mismo estaba yo pensando hace un rato, yo me llamo Roberto y ¿Tu?

-Zeus, encantado de nuevo, aunque creo que es nuestra presentación oficial.

-Si jejej, igualmente, bueno aquí te espero, si no sabes cual es el timbre o no encuentras la dirección me llamas y paso a buscarte donde estés ¿OK?

-OK, venga ahora nos vemos cielo.

-Venga hasta ahora.

Colgué y me quede pensando…¿¿Cielo?? ¿¿Me ha llamado cielo?? Me quede un poco rallado, no se, no esperaba que un chico sin siquiera conocerme me llamase cielo, me sonaba mal.

Me dispuse a recoger un poco la casa que andaba patas pa’ rriba y a coger un cuenco y una cuchara para mi invitado.

Pasaban los minutos como si fuesen horas, se me estaba haciendo la espera eterna, mire mi reloj eran las seis de la mañana. Cogí mi móvil para ver a que hora había sido la última llamada. Llevaba casi media hora esperando, así que decidí llamarlo para saber que es lo que le quedaba y para asegurarme que no se había echado atrás en el último momento.

-¿Roberto? ¿Eres tú?

-Si soy yo, ¿Quien va a ser…? ¿Por donde vas?

-Estoy en la rotonda del centro comercial que hay enfrente de tu barrio, es que me acabo de caer con la moto. Se me ha ido al pillar un charco…

-Pero… ¿Estas bien?

-Si si, solo me duele un poco una rodilla que me la e lijado entera…

-Pero estas ahí solo o ¿A parado alguien o algo?

-Estoy solo intentando arrancar la moto.

-En dos minutos estoy ahí ¿OK? no te muevas de ahí (estaba un poco asustado, me había dicho que no era nada pero su voz denotaba lo contrario)

-Vale, hasta ahora…

Colgué el teléfono, me lo metí en el bolsillo del pijama, me encendí un cigarro, cogí las llaves y así mismo en pijama y con zapatillas de estar por casa cerré la puerta y baje las escaleras que conducían a la calle. Cuando abrí la puerta del portal una gota apago mi cigarro, es lo ultimo que me faltaba, con lo nervioso que estaba y encima sin poder fumar.

Fui corriendo hasta el puente que conduce de mi barrio a la rotonda, cuando apenas salí del puente lo vi intentando arrancar la moto. Se le veía guapísimo todo mojado, no parecía tener nada así que me relaje un poco.

Seguí andando hasta llegar a su lado y le volví a preguntar que si estaba bien. Me dijo que si pero que la moto no arrancaba.

Sin más la cogí y empecé a arrastrarla diciéndole:

-Venga vamos que en casa miro a ver si tengo algo para la herida.

-Gracias por haber venido a ayudarme.

-¿Tu lo hubieses hecho si me hubiese pasado a mi?

-Si, supongo que si.

-Pues entonces no tienes que dármelas, con eso me conformo.

Se hizo un silencio mientras caminábamos hacia mi casa arrastrando la moto, que por cierto pesaba una barbaridad, era un scooter de estas grandes como las de los policías.

Llegamos a la puerta de mi casa y aparcamos la moto, entramos en el portal de mi casa y empezamos a subir las escaleras.

-Bonito pijama-me dijo.

-Si es que un tontito se acaba de piñar con la moto y me e asustado tanto que e salido corriendo sin pararme a cambiarme de ropa ni nada.

-jejeje-se rió-gracias de nuevo.

-Ya te e dicho que no me las tienes que dar eso si, me debes una por haberme pillado en pijama, ahora cuando lleguemos te pones uno mío. No voy a estar yo solo ridículo.

-OK OK eso esta hecho

Llegamos a la puerta ya sin aliento los dos, tuve incluso que apoyarme en la pared un rato antes de abrir la puerta.

Entramos y le indique donde estaba el salón y le dije que se sentase en el sofá que yo mientras iba a buscar algo para curarle la herida. Fui al baño, abrí el romi y cogí el bote de alcohol y unos algodones, lo cerré y fui al salón.

-Ale ya estoy aquí, a ver que es lo que te as hecho.

Se levanto el pantalón y pude ver que no era una simple heridita –

Madre mía, y ¿Dices que esto no es nada? ¿Quieres que te lleve a urgencias?

-No no, no te preocupes, ¿En que manos voy a estar mejor que en las tuyas…?

Conforme dijo esto me puse colorado como un tomate y el sonrió pícaramente. Me puse manos a la obra y le eche un buen chorro de alcohol en la herida mientras le limpiaba con algodón. Empezó a quejarse como si fuese una niña pequeña y me dijo que si tenia agua oxigenada a lo que yo me reí como un descosido y fui a por ella.

Volví, termine de curársela y le puse una gasa.

Me dirigí hacia mi habitación, cogí un pijama y una toalla y volví al salón.

-Ale aquí tienes el pijama.

-Ah, pero ¿Que iba en serio?jeejej

-Jeje, si claro. Que va, pero…no te vas a quedar así todo empapado ¿No?

-Si si, seguro que es por eso jeje

-Aiss, se me ha olvidado coger otro para mí que voy también empapado, ahora vuelvo.

Volví a dirigirme a mi habitación a coger un pijama seco para mí, cuando volví, estaba allí simplemente con un bóxer puesto secándose el pelo. No pude evitar el fijarme en su cuerpo tan bien definido.

Se percato de que lo estaba mirando, y me dijo:

-Que, ¿Tu no te ibas a cambiar?

-Mm, si si perdona.

-Que te perdone ¿Por que? hoy se ve que es el día de las disculpas y las gracias.

-No por nada.

La verdad es que no me apetecía cambiarme allí mismo en el salón, pero a la vez me daba vergüenza irme al baño a cambiarme como si tuviese algo que ocultar, así que sin mas me despoje de mi ropa intentando estar el mayor tiempo posible de espaldas a él, sobre todo para no mirarle.

De repente note como se acercaba a mí y con una ternura especial posaba sobre mis hombros la toalla que momentos antes yo le había dado mientras me decía:

-Toma todavía esta un poco seca, sécate con esta tú también.

Me dispuse a secarme y me puse el pijama, me di la vuelta y allí estaba él, con mi pijama, que le sentaba como hecho a medida.

-Que mono estas con mi pijama-bromee.

-¿Tu crees?-dijo el con segundas, a lo que yo no conteste.

-Bueno siéntate que ahora mismo te preparo lo que te prometí.

Se sentó en un sofá, yo me senté en el otro y le prepare la leche.

-Aquí tienes.

Me cogió el tazón de la mano y note como temblaba al rozarme.

-¿Por que te as sentado tan lejos de mi?no muerdo.

-Ya me imagino que no muerdes, pero es que siempre me siento aquí.

-Entonces si me siento yo a tu lado no te apartaras ¿No?

Se levanto y se sentó a mi lado, entre nosotros no cabía ni un alfiler, note su respiración agitada.

Así estuvimos por un buen rato hablando de muchos temas y a la vez de ninguno.

Me contó que trabajaba en una tienda de telefonía móvil que quedaba cerca de la peluquería donde yo días antes trabajaba; que era de hogueras, había sido fundador de la hoguera Dámaso Alonso hacia ya 10 años.Yo también era de hogueras, pero el era de las de Alicante y yo de las de San Vicente que la verdad son muy similares pero a la vez se viven de una forma muy distinta. Me alegre de saber que por lo menos teníamos algo en común.

Me pregunto por mi trabajo a lo que yo le dije que al día siguiente de haberlo visto por primera vez me habían echado de la peluquería, así que en ese momento andaba en paro.

Directamente sin apenas conocernos me dijo que si necesitaba ayuda económica que ahí lo tenia.Le dije que gracias pero que no era plan de que un chico que acababa de conocerme me prestase dinero y que además tenia varios meses de paro.La verdad es que me pareció muy bueno por su parte que se ofreciese de esa manera a ayudarme.

Sonó su teléfono, era su padre, eran ya las 8 de la mañana y lo llamaba preguntándole que donde estaba y que donde había pasado la noche, a lo que el contesto que en casa de Verónica.

Cuando colgó me dijo que se tenia que ir a trabajar que se le había hecho muy tarde, nos despedimos con un simple luego nos vemos, ya que habíamos decidido quedar para seguir conociéndonos en el bar (HI(O’S. Cerré la puerta y decidí acostarme un rato no sin antes ponerme el despertador.

Recordé que la moto no le arrancaba y me levante de la cama para asomarme por la ventana, pero ya se había ido.

Estuve un buen rato en la cama comiéndome la cabeza pensando en quien seria Verónica, no quise darle más importancia, pero me resulto raro que no le dijese que en casa de un amigo en vez de una amiga.

Finalmente me quede dormido y a eso de las doce y media sonó el despertador, me levante encendí el calentador y me pegue una ducha rápida.Me hice algo ligero para comer, me lave los dientes y me senté un rato a ver la televisión, me quede traspuesto y cuando abrí los ojos eran las tres y veintitrés.

 

 

 

 

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Allí Donde Nacen Los Sueños · Capítulo 6 21 septiembre 2012

Filed under: Últimos post — marcoasantanas @ 23:08

El Experimento

Damian Beta 0.1, ataviado con un kimono blanco como única vestimenta, observa la mega acrópolis Centauro desde una de las diáfanas y enormes ventanas del edificio más alto de la ciudad. Desde dicha posición se entretiene viendo pulular a cientos de figuras diminutas por las vías peatonales de la urbe y no puede evitar preguntarse cómo seria vivir ahí abajo, inmerso en ese bullicioso hormiguero de entidades ajetreadas en sus quehaceres cotidianos.

– ¿Qué aspecto tendrán? ¿Serán como yo? – Se pregunta intrigado. – “No, no son como tú” – Le responde una cariñosa voz en su cabeza. – ¡¿Madre?! ¡¿Has vuelto?! – “No, aun sigo en la incursión espacial. Me desconcierta tu apremio para que retorne, sabes de sobra que siempre estoy contigo.” – Espiritualmente sí, pero físicamente no, añoro estrecharte entre mis brazos. – “Eres una criatura extraña. No negaré que experimento agrado al oír tus palabra, sin embargo, ese apego a mi parte física hace que te repela.” – ¿Por qué? ¿Tú no sientes deseos de estar junto a mí? – “No, ¿Por qué habría de sentirlo?” – Tus palabras me hieren – Termina diciendo Damian, dejando escapar un profundo suspiro.

Apesadumbrado se tumba en un amplio sofá de cuero blanco y formas curvas. – ¿Cuándo me podré marchar, Madre? – “Ya lo hemos hablado cientos de veces, no te puedes marchar.” – ¿Pero no lo comprendo? Deseo salir de aquí. Quiero bajar a esas calles. Unirme a esas personas. Reír, ser feliz con ellas. – “Eres un soñador Damian, eso no va a pasar, de hecho, si supieran que estás aquí, te matarían.” – ¿Tan horrible soy? – “¡Ja, ja, ja,…! No eres horrible, eres diferente…”

Tras él se abre una puerta automática hexagonal a modo de recogida de abanico, y acto seguido, entra una mujer de elegante figura, piel pálida y mirada gélida, enfundada en un ceñido batín blanco. – No te cansas de hablar solo – Le comenta con desden a Damian. – ¿Por qué me odias tanto Sara? – Le pregunta él incorporándose y quedándose cómodamente sentado en el sofá. – Porque eres una aberración. Tú no deberías existir. Si por mí fuera ya estarías muerto. – Gracias Sara, a mi también me agrada verte. – Añade Damian con ironía. – No seas necio, agradece el hecho de que me digne a pasar por aquí a traerte tu dosis diaria de licor de vida. – ¡Licor de vida! Vaya una forma de disfrazar un mejunje intragable. – ¡Desagradecido! ¡Ese mejunje, como tú lo llamas, es el mayor hallazgo de la ciencia de nuestro siglo! ¡Quién podía imaginar en los pasados milenios que un censillo compendio de nutrientes básicos aportarían los complementos necesarios para brindar longevidad y juventud a toda una generación!… – Si, si, lo sé, no me repitas otra vez esa cantinela de la generación elegida… – Interrumpe Damian deseando que le vuelva a dejar solo. – “Se paciente, solo hace su trabajo, no conviene alterar al personal” – Le amonesta tiernamente Madre con un susurro. Este, aprovechando la circunstancia le pregunta a Sara: – ¿Has oído esa voz? – ¿Qué voz? Yo no he oído nada. ¿Te burlas de mí? – No me hagas caso, quizá el estar encerrado aquí me esté volviendo loco. – Los ojos de Sara parpadean, y por unos segundos, un vestigio de compasión parece anidar en su mirada, no obstante, sin dar muestras de ello, deposita el recipiente con el licor de vida en una superficie circular que levita junto al sofá y se retira con el ligero sonido de su calzado acolchado sin volverse a despedirse.

– “Veo que empiezas a mostrar inteligencia.” – Alude Madre. – ¿A caso dudabas de ella? ¿Cómo es que yo puedo oírte y ella no? – Interroga Damian – “Porque al nacer te implanté un microchip en el cerebro” – Sorprendido con dicha revelación, preguntar con la voz ahogada: – ¿Qué soy yo para ti? – “Un experimento… ¡Debo dejarte!… ¡Han saltado las alarmas y…!”

Repentinamente, la voz de Madre desaparece. Quedando solo un silencio asfixiante, acompasado por el acelerado palpitar de su corazón. – ¡MADRE! ¡MADRE! ¡¿SIGUES AHÍ?! – Grita asustado sin obtener respuesta. Un zumbido electrónico capta su atención y dirige la mirada, velos, hacia una pequeña esfera de cristal oscuro, en una de las esquinas del techo de la sala. Extiende el brazo, coge el recipiente con el licor de vida y lo lanza con fuerza, estrellándolo, certero, contra la esfera, mientras grita: – ¡DEJA DE ESPIARME!

Derrotado, se deja caer nuevamente sobre el mullido sofá. Una lágrima solitaria escapa de uno de sus ojos y recorre lentamente su mejilla antes de precipitarse al vacío. Con la mirada perdida, murmura: – Te equivocas, no soy un experimento, soy una persona. – Luego, se sumerge en su reino de fantasías. Único consuelo en esta confortable prisión, a la cual, ignora como llegó.

Transcurridas unas horas, unas voces alteradas, al otro lado de la puerta hexagonal, truncan su sosiego haciendo que se levante del sofá alarmado. La citada puerta se abre, he irrumpen en la sala un grupo de mujeres encapuchadas, ataviadas con sotanas blancas y seguidas por la, hasta la fecha, inmutable Sara, notablemente alterada con los hechos.

La comitiva, presidida por una mujer especialmente hermosa, luciendo una lustrosa y dorada cruz barroca sobre el pecho, con una llamativa gema roja en forma de corazón incrustada en su centro, se detiene en seco ante la inesperada apariencia física de Damian.
– ¿De donde habéis sacado este engendro? – Comenta la llamativa cabecilla con una insultante expresión de repudio en su cara.
– No tenéis derecho a estar aquí. Estáis violando la intimidad de Madre. – Advierte Sara con moderación, conteniendo su malestar y evitando mirar a los ojos de la representante de la inesperada visita. La cual, le sermonea exaltada: – ¡¿La intimidad de Madre?! ¡¿Pero que blasfemia es esa?! ¡Hablas de ella como si fuera una entidad física! ¡¿He de recodarte que Madre es una fuerza espiritual que vela por el bienestar de nuestra fructífera comunidad?! ¡¿Insinúas que puedes oír su voz?! ¡¿Acaso eres tú la última persona con la que estableció contacto?!
– No… – Contesta Sara, con un tono casi inaudible, notablemente intimidada.
La prepotente portavoz, regodeándose con la situación, se dirige hacia Damian sin titubear y deteniéndose a una distancia prudencial, comenta a sus subordinadas, mirándole de arriba abajo con desprecio: – Estáis seguras de que la última manifestación de Madre proviene de este lugar. – Sin duda alguna Ntra. Sra. Santa. – Le responde una de ellas.

Damian, que hasta el momento no se había pronunciado, pregunta: – ¿Quiénes sois?… – ¡Madre Santa! ¡La abominación habla! – Exclama escandalizada la Sra. Santa mientras sus seguidoras retroceden asustadas.
– “Son las Harimaguadas, las elegidas por la entidad Madre para transmitirnos sus designios. Por favor, no las provoques.” – Le susurra Sara, tras posicionarse discretamente a su lado.
– ¡Que no vuelva a hablar! ¡No sé que está pasando aquí, pero pienso llegar al fondo del asunto! ¡Sedad a la bestia y precintad la fachada hasta nueva orden! – Sentencia fuera de sí la Sra. Santa. Y antes de que Damian pueda replicar, siente un latigazo en el cuello, se lleva la mono instintivamente al punto de dolor y extrae un pequeño dardo azul antes de perder el sentido.

Sumido en la oscuridad, cae a un pozo sin fondo, y en el descenso sin fin, alguien le abraza por la espalda deteniendo su caída. – ¡Hola! ¿Estás bien? – Murmura una voz femenina en su oído. – Ah, eres tú. La chica oscura de alas verdes. – Sí, no sufras, pronto te sacaré de ahí – Claro, bello sueño, lo que tu digas.

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Allí Donde Nacen Los Sueños · Capítulo 5

Filed under: Últimos post — marcoasantanas @ 22:34

La Pesadilla

Eva, grita reiteradas veces, dolida por su pérdida, pero no consigue apaciguar la angustia que devora su alma. Sin percatarse de que ya no es arrastrada por la misteriosa entidad, llora sin consuelo, hecha un ovillo sobre un frío suelo negro azabache. El absoluto silencio reinante solo es roto por su gimoteo. Tomando conciencia de ello, calla. Se recompone poniéndose en píe, sin que el nudo que oprime su pecho afloje un palmo. Mira a su alrededor, pero no ve mas que oscuridad. No sabe expresarlo, pero se siente distinta, ligera, ingrávida. Incomoda se mira y ruborizada exclama: – ¡Estoy desnuda!…
– “¡Silencio!” – Oye en su cabeza. Se gira buscando con la mirada en todas las direcciones, hasta localizar una figura humanoide, igualmente desnuda, con una piel lechosa reluciendo, tal cual faro, en medio de tanta oscuridad. Esta, de espaldas, se inclina con cautela como si estuviese observando furtivamente tras una esquina. Así lo piensa Eva, pero al segundo lo descarta por absurdo. – Aquí no hay nada, solo oscuridad. – Cavila dando unos pasos dispuesta a aproximarse. Pero la entidad, a pesar de no tener oídos, intuye su movimiento girando veloz su cara hacia ella con cierto recelo. Mirándola, con unas turbadoras luces rojas, que emulando a unas pupilas, flotan suspendidas en las huecas y oscuras cuencas de sus ojos, a modo de luciérnagas danzando a la par en la boca de sendos orificios.
Eva, queda petrificada, no se atreve a mover un músculo mientras el rostro plano de la criatura, ausente de rasgos faciales, salvo los ojos ya citados, se dirige hacia ella. Luego, atraído por algo que reclama su atención con mayor apremio, recupera su postura de mimo callejero, caracterizando a un mirón tras una esquina, indiferente a su presencia.
– “¡Pero qué demonios…! – Masculla armándose de valor mientras se aventura decidida a acercarse. Con la fortuna, de que en este segundo intento la susodicha no se inmuta, permitiéndole acercarse hasta casi tocarla.
Poniéndose de puntillas, hecha un vistazo por encima de su hombro, mientras le pregunta: – ¿Qué miras?… – Pero no responde, inalterable en su incomprensible conducta.
Con reparo, apoya sus manos en el hombro desnudo de la misma para no perder el equilibrio, apartándolas sobre la marcha como si hubiera tocado una bombilla encendida. Sin embargo, no experimentó quemazón al tacto, sino una especie de vahído, algo así como un tirón al interior de la materia que le da forma.
– “¡No vuelvas ha hacerlo!” – Le amonesta sin volverse a mirarla.
Cohibida, asiente con la cabeza y prueba a inclinarse igual que él, asomándose, esta vez, por el lateral de su brazo derecho.
En principio no ve nada, pero al rato, se materializa una imagen, una ventana a otro lugar. Dentro de ella, un individuo enfundado en un traje de neopreno negro, se esmera en afilar un reluciente juego de cuchillos de carnicero. – Esto no me gusta. – Advierte, retrocediendo por temor a ser vista – ¿Por qué estamos aquí? – interroga con un susurro a la criatura. – “Tú rescate me ha debilitado, necesito alimento” – Le responde sin perder de vista al individuo de la proyección.
Inquieta con el giro que están tomando los acontecimientos, continúa indagando con cautela: – ¡¿Alimento?! ¿Qué clase de alimento? ¡No tienes boca!…
– “¿Boca?… No necesito esa desagradable apertura en la cara. Yo me alimento de lo que ves ahí.” – Le responde señalando con el dedo a la proyección.
– No te entiendo. – Continua Eva con un hilo de voz.
– “Me nutro de la luz que proyectan los durmientes en la oscuridad. Eso que vosotros llamáis sueños. Localizo las brechas que se crean en el velo del Nexus, absorbo toda la luz que estos me puedan dar y continúo mi camino. Nada fuera de lo normal. ¡Ahora deja de hacer preguntas, necesito concentración!”
– ¡Uf! ¡Pues si que me ha salido antipático el caballero andante! – Se comenta con ironía mientras se sienta sobre sus rodillas con los brazos cruzados, intentando cumplir con lo que le pide.
Amodorrada por el aburrimiento, deja escapar un bostezo en lo que vuelve a asomarse por el lateral de la entidad movida por la curiosidad. En un vistazo rápido, se percata de la existencia de unas jaulas de hierro de mediana estatura tras el individuo que afila cuchillos. Estas acaparan al instante toda su atención, la sensación de aburrimiento se esfuma y su mirada se agudiza esforzándose en descubrir lo que se mueve en su interior. En esto, una pequeña mano infantil se deja ver por uno de los barrotes de la tenebrosa prisión. Eva se sobresalta, por su cabeza pasan infinidad de ideas, a cual más terrible, y sentencia con un palpitar de corazón que le golpea dolorosamente el pecho: – ¡Tenemos que hacer algo! – El ser, se vuelve repentinamente hacia ella, agarrándole el brazo con violencia y le grita – “¡No vas a intervenir! ¡Es mi alimento! ¡Lo necesito! ¡Sin el, no podré salir de esta oscuridad!” – Pero ella, sin escucharle, le replica: – ¡Va ha matarlos! ¡Hay que detenerlo! – El ser, zarandeándola un poco, insiste: – ¡Lo que ves, no es real! ¡Solo es un sueño!…
En esto, el llanto histérico de un niño les interrumpe. Ambos, miran al acecino, que en ese preciso instante está sacando a una de sus víctimas de la jaula. Eva, aprovechando la distracción del ser albino, se zafa de su zarpa y corre como una exhalación al rescate del pequeño.
– “¡NO!” – Grita con contundencia el ser en su cabeza. Ella se tambalea dolorida, como si le hubiese dado un mazazo en la sesera, pero en un acto de valentía sin parangón, transforma en fuerza su dolor, se estabiliza y arremete en una durísima embestida contra el desprevenido sádico.
Este, suelta al niño cayendo aparatosamente contra una pared y perdiendo el conocimiento con el impacto. Eva, sin desperdiciar un segundo, abre las jaulas y va lanzando, uno por uno, a los niños al otro lado de la brecha. Cuando se hace cargo del último, este, pillándola desprevenida, la abraza con fuerza diciéndole: – ¡Gracias, Mamá, sabia que me encontrarías! – Sorprendida con la dulzura de dichas palabras siente que se desmorona, no obstante, reprimiendo esa emoción dedica unos segundos a observarlo. Viéndose, gratamente recompensada por el candoroso rostro de una niña pelirroja, que fulminándola con sus inmensos ojos verdes, persiste en seguir abrazándola. Conmovida, le devuelve el abrazo recordando al hijo que perdió. Dejándose seducir por la magia del momento, hasta ser bruscamente interrumpida por una enorme sombra que eclipsa la tierna escena con sus sórdidas palabras. – ¡Sorra! ¡Me has robado los juguetes! – Le amonesta un individuo alto y delgado de rostro encendido y desfigurado por la ira. Ella, cogiendo a la niña en brazos, huye saltando a modo de gacela al otro lado de la brecha. Dándose de bruces contra el frío suelo azabache, a causa, de una atenazadora mano que la agarra por el tobillo. – No vas a ir muy lejos pajarito. Nadie le roba los juguetes a San sin pagar un precio. – Le hace saber luciendo una cínica y babeante sonrisa. Eva, suelta a la niña para que pueda huir: – ¡Corre pequeña, corre y no mires a tras! – ¡Pero yo quiero estar contigo! – Le replica la niña llorando. – ¡NO! ¡MI CIELO, NO! ¡AHORA CORRE! – Grita imperativa mientras propina varias patadas seguidas en la cara de su agresor con la pierna que le queda libre. La niña corre desconsolada y se pierde en las sombras. Sintiendo que no le circula la sangre en el tobillo y que le flaquean las fuerzas, mira al ser albino reclamando ayuda. Pero este, ajeno a los hechos, se retuerce de placer, revolcándose por el suelo, con su cuerpo irradiando una hermosa luz blanca y riendo sin poder parar a carcajadas histéricas. Ante semejante panorama, Eva, se ve pedida.
Cuando vuelve a mirar al individuo del traje de neopreno, asume que es su fin. Este, recuperado de las patadas que le asestó en la cara, empuña un enorme, reluciente y afilado cuchillo dispuesto a abrirla en canal.
– ¡NOOOO…! – Grita, contrayéndose y tapándose la cara..

De pronto, se hace el silencio. Eva, dejando de contener la respiración aparta las manos de su cara. Desconcertada, se mira el tobillo, hallando la mano sesgada del sádico aun agarrada a el. Sacudiendo nerviosa varias veces la pierna con brusquedad consigue apartarla y acto seguido, neurótica, se limpia el tobillo con las manos con expresión de desagrado en la cara..

Malamente se pone en pie, y al girarse, se topa de frente con el ser albino, sobresaltándose con el imprevisto. – “¡Ha sido intenso! Tenemos que repetirlo…” – comenta satisfecho, siendo bruscamente interrumpido por Eva – ¡¿Qué?! ¡Apártate de mi, monstruo! ¡Me mentiste! ¡Me dijiste que no era real! – “Bueno, aquí, en el Nexo, sueño y realidad son una misma cosa.” – Aclara, encogiéndose de hombros como si tal cosa. Al oírle decir eso, envenenada por la ira, se abalanza sobre él. Pero, envés de colisionar con su pecho, penetra en la materia que lo forma, sin que a este le de tiempo de impedirlo. Viéndose, sin más, tumbada boca abajo en un suelo cubierto de césped.

Refunfuñando, escupe algunas briznas y se incorpora contrariada, encontrándose, para colmar su irritación, ante dos de esos cargantes seres albinos, estupefactos con su llegada.

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Allí Donde Nacen Los Sueños · Capítulo 4

Filed under: Últimos post — marcoasantanas @ 22:09

La Huida

Oscuridad, abandono la oscuridad, atraído por el trinar de unas risas lejanas. Abro los ojos extraviado y exclamo: – ¡Me he dormido! – Incorporándome precipitadamente, con la desconcertante sensación de haber llegando tarde a una cita. Me pongo en pie, observando con incomodidad el color de mi piel. – “No recuerdo que fuera tan blanca” – Cavilo, moviendo la cabeza de un lado a otro. Alzo la mirada y me quedo boquiabierto con el panorama que me brindan mis ojos. Una esplendorosa y tupida plantación de dorados girasoles gigantes se extiende ante mí, en toda su amplitud. Sobrevolada, allí donde mire, por enjambres de criaturas idénticas a Ébano. Revoloteando, como abejas laboriosas recolectando néctar, saltando de un girasol a otro, orquestadas por la musicalidad de sus risas. Atónito, ante esta alucinógena visión, que sobrecoge y deleita a la vez, me desperezo varias veces, frotándome los ojos, no sea, que aun esté dormido.

Bañado por un rocío vaporoso, que desdibuja la presencia de una barrera en la distancia, y dificulta, la apreciación de unas figuras humanoides, acurrucadas en posición fetal, en cada una de las copas de los citados girasoles, me dejo acariciar por una ligera brisa. La cual, tras pasearse por mi rostro, me susurra al oído, antes de partir: – “Si sigues las corrientes de aire que genera la Gran Cúpula, te será fácil encontrar la salida”. – Llevándome la mano a la cara, para limpiar las gotas de rocío, que esta viajera fugas deposita en ella, repito en voz baja: – Las corrientes de aire… encontrar la salida…

– ¡Oh, no! ¡Tenia que haberme ido de los Campos! ¡Que desastre! ¡Por qué me habré dormido! – Me lamento, golpeándome la frente con la palma de la mano, completamente despejado y mentalmente reubicado en la fabulosa realidad en la que ahora habito.

Agobiado por el despiste, me ahogo en un mar de confusión. Al tiempo, descargo algo de tensión, desentumeciéndome el cuello en lo que miro hacia arriba. Descubriendo, fortuitamente, una insospechada bóveda semioculta por los vapores con una oscura abertura en su centro. Contrayéndose y dilatándose, al compás de las idas y venidas de las corrientes de aire, arrastra consigo la humedad condensada en la atmosfera. Haciéndola descender sobre mí como una ligera lluvia de verano, y alejándola, con la misma, rumbo a los límites del vergel. Dejando tras de si, un ligero balanceo en la superficie de musgo dorado que se haya baja mis pies.

Con el arrullo, me vienen a la mente imágenes de una mujer pelirroja de mejillas sonrosadas. Me abraza llena de felicidad, pero no consigo recordar el motivo de tanta dicha.

Nuevamente, las risas intervienen. Remplazando mi pasado sesgado por la presente proximidad de dos de las extrañas criaturas. Estas, suspendidas ante mí, me observan risueñas con su incesante batir de alas. Comentándose cosas con susurros similares a zumbidos, se tapan las bocas, con sus intimidadoras manos, antes de reanudar sus risas. Menean sus caderas al ritmo de las mismas, inmersas, en una desconcertante y frenética danza, que alerta al resto de mi presencia.

– Esto me da muy mala espina… – Me digo, retrocediendo unos pasos, que hacen, que estas, huyan despavoridas, volando en direcciones opuestas. Receptivas a mis movimientos, se detienen en pleno vuelo a una distancia prudencial. Sin perderme de vista, coordinan sus movimientos con complicidad, abren sus bocas desmesuradamente, y emiten, a la par, un desagradable y agudo grito sostenido, que penetra como agujas incisivas en mis tímpanos, haciendo que me retuerza de dolor.

Indefenso, pierdo el equilibrio, precipitándome a un inesperado vacío, que me hace comprender, al instante, que me hallaba en la copa de uno de los girasoles gigantes. Por lo que extiendo mis brazos a la desespera, con el fin, de agarrarme a lo que sea posible.

Afortunadamente, consigo aferrarme a una de sus enormes hojas. Que amortigua mi caída, plegándose, a causa de mi paso, y depositándome, sano y salvo, en un suelo irregular, cubierto por una maraña de agresivas raíces que se disputan el escoso espacio que les queda libre.

Tan pronto toco el suelo, salgo disparado como alma que lleva el diablo. Corro, sin rumbo definido, entre tallos equivalentes a troncos de árboles, con la idea fija, de alejarme lo antes posible de ese lugar. Abriéndome camino con desmaña, entre raíces, ramas y hojas secas de tamaño sobrenatural. Mientras, sobre mi cabeza, a una altura considerable, el crujir de los tallos al balancearse con la brisa y el nervioso revoloteo de las extrañas criaturas en su frenética actividad, acompañan mi huida.

Me eternizo en alcanzar la periferia de la plantación. Allí, los girasoles se dispersan, y el suelo, cubierto de hierbajos y pequeños guijarros blancos, se eleva, en pendiente ascendente, hacia una zona más verdosa, donde se aprecia con claridad el nacimiento de la cúpula.

Remonto la pendiente con cautela, encontrándome, al final de ella, una explanada cubierta de cientos de margaritas tamaño natural. Todo un descanso para los sentidos, después de tanta anormalidad. Me deleito recorriéndolas con la mirada, hasta detenerme, en una figura tumbada junto a una aglomeración de las mismas. Raudo, termino mi ascenso y voy a su encuentro.

A poca distancia de ella, me detengo en seco, comprobando, que se trata de una de esas impredecibles criaturas aladas, a las que llevo horas eludiendo. Aparentemente, parece abatida, vulnerable, no obstante, no me fío. Me aproximo, midiendo cada uno de mis movimientos, y una vez ante ella, me percato de que está de parto.

Al verme, se sobresalta, hablándome en una legua que no acierto a comprender, mientras agita sus brazos indicando que me vaya.

– Tranquila, no voy ha hacerte daño. – Me apresuro a decir – ¿Necesitas ayuda? – Insisto.

Aterrada, me mira como si hubiese profanando algún tipo de ritual. Dudo, no sé si irme o quedarme. Ella, sacando partido de mi confusión, se pone en pie e intenta agredirme con uno de sus gritos, pero no surte efecto. Está demasiado débil, lo sabe, pero admirablemente, no se rinde.

Asumiendo que no soy bien recibido, me hecho a andar, con la desagradable sensación de no estar haciendo lo correcto. – Esto no está bien, debería ayudarla, aunque no quiera. – Me digo, volviendo sobre mis pasos. Pero la criatura, lejos de agradecérmelo, se abalanza sobre mí a la velocidad del royo, sin darme tiempo a reaccionar. No hunde sus poderosas garras en mi piel por milímetros. Otra criatura de su especie, surgida de no sé donde, se interpone entre nosotros, asestándole incontables zarpazos en mitad de su inesperada embestida. Pero mi atacante, sin amedrentase, se los devuelve con saña. Enzarzándose, ambas, en una cruda y sangrienta lucha de garras y dientes. Paralizado por el miedo, no sé donde ponerme, para no ser arrollado o desmenuzado accidentalmente.

En mitad del combate, la embarazada expulsa un huevo, que rueda por el suelo y se pierde entre las flores. Reacciono, corriendo tras él, con el propósito de protegerlo. Para cuando consigo alcanzarlo, este, ya ha eclosionado, y un bebe albino, de aspecto humanoide, yace inerte sobre una alfombra de vegetación aplastada. Hago ademán de cogerlo, pero me quedo con la intención, su cuerpecito, comienza a convulsionar y a crecer, alcanzando la edad adulta en un abrir y cerrar de ojos. Retrocedo alucinado, siendo repentinamente apartado, en plena confusión, por un brusco empujón, propinado por una de las combatientes bañada en sangre. Acto seguido, esta, con la pericia del que ha hecho algo con anterioridad. Sostiene la cabeza del ser vegetativo, le da un tierno beso en la frente, y con un rápido movimiento de brazos, le rompe el cuello.

Abandonándolo, sin más, se vuelve hacia mí, y me grita: – ¡Te dije que salieras de Los Campos! ¡Así cómo voy a ayudarte! – ¡¿Ébano?!… – Pregunto sorprendido. – ¡Sígueme! – Ordena echándose a andar. Y yo, visto, lo visto, la sigo sin rechistar. Reprimiendo el impulso de comprobar si aun queda algún vestigio de vida en los desafortunados seres que yacen maltrechos a nuestros pies.

Tardamos algunas horas en llegar al nacimiento de la cúpula, tras realizar un trayecto sin contratiempos, a paso ligero y en el más absoluto de los silencios.

Parados ahora frente a su muro, que se eleva diluyéndose con los vapores acumulados en la atmosfera. Veo, maravillado, una magnifica sucesión de monumentales esculturas, esculpidas en alto relieve, a lo largo del mismo.

Ébano, alza el brazo y señala una de ellas. Paradójicamente, representa a una diosa con las piernas abiertas como si fuera a parir. Nos dirigimos hacia ella, encontrándonos, con un desconcertante y enorme portal gótico, que se erige, justo, en la entrepierna de la susodicha. Este, parece estar relleno de una atrayente sustancia liquida, que brota del centro de su arco y desciende a modo de cortina. Como una mansa cascada de agua cristalina.

Mi compañera de viaje, sin dejar de mirar el portal, comienza a hablar: – No me juzgues a la ligera… Mira nuestros reflejos en el portal… ¿Crees que siempre hemos sido así? Una criatura albina y una criatura oscura. Piensa… ¿Por qué hablo tu idioma?…

Llegué aquí del mismo modo que tú. Despertando en el corazón del reino de las Melíferas. Estas, me acogieron y educaron según sus costumbres. Llevo tanto tiempo en este lugar, que apenas recuerdo de donde vengo. Ahora, este es mi hogar… no sabría vivir de otro modo.

De forma cortante, calla. Se acerca al portal, y con uno de sus dedos, le da un ligero toque, haciendo nacer unas ondas en su superficie. Luego, se limita a observar como desaparecen al fundirse con el pétreo contorno gótico que lo enmarca.

– ¿Por qué los mataste? – Me atrevo a preguntar circunspecto.
– Solo la Reina Madre puede engendrar. – Responde despreocupada, sin dejar de jugar con el velo del portal.

Acto seguido, impredecible, se vuelve, aproximándose a mí sin dejar de mirarme con sus ojos penetrantes. Me besa en los labios, dejando, una vez más, su embriagador aroma a flores silvestres tras de sí. Y sonriendo con un guiño, me indica el portal, haciendo brotar sus alas. – Esa es la salida – Comenta, antes de volver a abandonarme.

Sin mediar palabra, me aproximo a él, hundo mi mano en sus aguas, y soy absorbido por ellas en un parpadeo.

 

Roberto Morcillo Moreno 17 septiembre 2012

Filed under: Página de autor — Roberto Morcillo Moreno @ 16:14


Hola a tod@s, blogeros y blogeras, escritores y lectores en general.
No conozco a muchas personas con la misma necesidad que la mía. La de tener que plasmar todo lo que pienso o siento para poder hacer participe a todos aquellos que lo deseen de ese rincón de mi mente, en el que la mayoría guardamos nuestros sentimientos; nuestros mas profundos miedos y sobre todo nuestros sueños.

 
Quien realmente me conoce sabe de la poca expresividad verbal que tengo a la hora de hablar de mi vida o mis sentimientos.
Menos mal que descubrí hace mucho tiempo que podía deshacerme de mis miedos y mis problemas con tan solo escribirlos. Es una practica que me ha ayudado mucho a lo largo de mi vida.

 
Gracias a este descubrimiento, descubrí mi mayor pasión, que es escribir… mirar a mi alrededor y cambiar detalles de mi vida cotidiana o de la gente que me rodea para así poder crear personajes e historias dispares.
La imaginación humana se rige por los sueños…muy pocas personas son capaces de vivir los suyos propios y de hacerlo solamente son capaces de vivir unos pocos. Los que escribimos somos capaces de vivirlos todos y tantas veces como queramos. Y ya no de vivirlos sino de hacer que los demás compartan nuestros sueños.

 
Hace un tiempo quise hacer participe de mi pasión a través de un grupo de facebook a un numero muy reducido de gente. No me sentía capacitado para lanzarme al vacío y que todo el mundo tuviese la posibilidad de conocerme a fondo.

 
Ahora y con algo mas de madurez, siento que es el momento óptimo para hacerlo. Por ello os agradezco a todos que me leáis, y sobre todo un agradecimiento mas personal y superlativo para Catalina Gómez Parrado, por hacer de un blog algo fascinante y por darme la oportunidad de formar parte de esta familia blogera.

 
De ahora en adelante iré colgando aquí a modo de post, relatos y capítulos sueltos de varios libros que llevo en danza.

 
Os dejo mi blog personal en el que encontrareis además de todo lo publicado aqui, textos de otra naturaleza.

El Blogger de Ro

Si usáis dispositivo móvil podéis entrar a partir del siguiente código BIDI.

Mis relatos y capítulos de mis libros aquí publicados.

El lector de la terraza. Capítulo 1.

 

El lector de la terraza. Capítulo 2. Primer encuentro