Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

Oh, gran amigo… 28 agosto 2012

Filed under: Últimos post,Participa — Bruno Peralta @ 0:54
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Estuviste ahí cuando vomité la yema y
no quedaba más que la delgada cáscara de mi piel.
Estuviste ahí cuando tomé el camino equivocado y
contigo he buscado lo que aún no he encontrado.

No me abandonaste cuando todas me miraban,
mucho menos cuando me ignoraban.
Puedo decir que nunca me has faltado,
aunque esté solo, triste o (mal) acompañado.

Has estado conmigo siempre y nunca me has dejado,
pero tu compañía tiene un precio que dejaste bien marcado.
¿Será que no somos amigos? no me importa lo que hagas,
es que yo, gran cigarro, amo la forma en que me matas.

Fuente: Oh, gran amigo

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7 agosto 2012

Filed under: Últimos post,Participa — Bruno Peralta @ 21:05

Desde hace ya veintiún días que los días son mas grises y oscuros, el tiempo corre con sosiego y el aire se respira pesado. Cuando camino siento arena en los bolsillos y piedras en los zapatos; cuando como siento  gravilla seca sin siquiera un vaso de agua para poder tragar. Tengo cada vez la cara más blanca y la barba más larga, mi cuerpo se vicia, los pantalones me quedan grandes y las remeras cubren más espacio del que deberían cubrir.

Me armé de valor y cruce el umbral de mis recuerdos. Nunca pensé que mi memoria podría traer de vuelta tan efímera experiencia. Fue tal como una dosis de heroína: vives en una nube por cinco minutos para luego caer y darte cuenta que la realidad no se compara ni con la peor de tus pesadillas.

Había olvidado el desorden que había quedado, un par de grumos amontonados en un rincón y un poco de loza esperando para ser remojada. Arriba de la mesa había una taza con un poco de té dentro de ella, era una vasija grande que correspondía perfectamente con mi mano y mi pulgar. Me causó curiosidad ver esa taza encima de la mesa, así que la tomé para ver si me traía recuerdos de los días en los que el sol brillaba más y el aire se respiraba sin culpas ni anhelos.

Cuando tomé la taza sentí la sensación más amarga y fría recorrer mi cuerpo, como una zambullida en el mar de julio. Tomar esa taza y ver los residuos dentro de ella, me recordó lo rápido que se enfrían las cosas, lo pasajero que puede resultar el dulce sabor de las recuerdos y lo diferente que se ven los mismos con otros horizontes. Sostener algo perturbadoramente helado que alguna vez estuvo caliente, me hace cuestionar si he dado los pasos correctos por el camino correcto. Ahora, no era nada más que sostener un gélido tazón con una sustancia áspera y nocturna que había marcado el fondo, con olor a angustia y a desesperanza.

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