Relatos sorprendentes

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Allí Donde Nacen Los Sueños · Capítulo 2 26 junio 2012

Filed under: Últimos post — marcoasantanas @ 12:34

La Criatura Oscura

Oscuridad, voces lejanas, zumbido de insectos, calor en mis labios y un flash cegador me catapulta al reino de la vida. Abro los ojos de par en par y me incorporo como si tuviera un resorte. Aturdido, me llevo la mano a la cien mientras pienso:  ¡Uf! ¡Que pesadilla!

Tardo unos segundos en estabilizarme, alzo la mirada aleatoriamente incapaz de enfocar nada, deteniéndola, certero, en un par de pupilas de un color rojo encendido que me observan penetrantes.

Retrocedo en un acto reflejo, frente a la imagen nítida de una extraña criatura que se halla arrodillada ante mí, con un impactante y exuberante paisaje de fondo.

¿Quién eres? – balbuceo sin obtener respuesta.

Inalterable, aparta, con una intimidadora mano de dedos afilados, su larga y lacia melena verde, dejando al descubierto, un semblante negro, en el que difícilmente se distinguen los rasgos.

¿Hablas mi idioma? – Pregunto, en un nuevo intento de entablar comunicación.

Sonríe mostrando unos dientes blancos como el marfil, en los que destacan, un par de colmillos largos afilados como cuchillas. Sin saber ha que atenerme, y con la extraña certeza de haberla visto con anterioridad, continúo en mi empeño de limar asperezas.

¿Me has besado? ¿Por qué lo has hecho?

Sus pupilas centellean, y sin perder la sonrisa, responde con un timbre de voz metálico: – ¿No te ha gustado?

Ahora soy yo el que no responde. Ensimismado, la estudio de pies a cabeza, hasta que un rubor inesperado se enciende en sus mejillas, delatando, la incomodidad que ha suscitado en ella mi extraño comportamiento. Avergonzado, desvío la mirada preguntando con una repentina aspereza en la garganta: – ¿Qué eres?

Aderezando su sonrisa con un toque de picardía, acerca sus labios a los míos hasta casi rozarlos, y susurra: – Soy lo que tú quieras que sea. – Alejándose al instante con una sonora risa burlona y dejando en el ambiente un embriagador aroma a flores silvestres. Abatido por el exceso de acontecimientos insólitos vividos hasta el momento, guardo cautela. No percibo hostilidad hacia mi en esa criatura, no obstante, todo en ella indica que es un depredador en potencia. Se me ocurre pensar, que quizá, solo esté jugando conmigo antes de degollarme.

Como si pudiera leer mis pensamientos, detiene su risa en seco, me observa compasiva, y prosigue, titubeando antes de apoyar su mano en la mía: – No soy una amenaza para ti. Si es eso lo que te preocupa. – Es evidente que capta mi miedo, sin embargo, no saca partido de ello. – No, no es eso… – Apuro a decir simulando indiferencia. – Estoy desorientado ¿Dónde me encuentro? – Interrogo, por una parte, para ganar tiempo, y por otra, por hacerme una composición de lugar.

– Te hallas en el Nexus. Fuente primigenia de toda forma de vida. Aquí confluyen todas las almas que abandonan su mortaja. Es un lugar de transito o perdición según la semilla que portes en tu núcleo. 

– Me cuesta entender lo que me cuenta. Una insoportable migraña me taladra el cerebro desde que recuperé la conciencia. -¡No consigo recordar nada! – Protesto atolondradamente.

 No recuerdas nada, porque no tienes nada que recordar. Cuando mueres, tus recuerdos mueren contigo, y al revivir, naces limpio, vació de todo vestigio de tu vida anterior. – Me explica con calma.

¡¿Estoy muerto?! – Grito asustado. – Quizá si o quizá no, es difícil saberlo. – Añade ella. – ¡¿Pero que clase de razonamiento es ese?! ¡O estoy muerto, o no lo estoy! ¡No hay término medio! – Respondo algo alterado.

La criatura guarda silencio, baja la mirada y su sonrisa se desvanece. Con los parpados caídos, como si no pudiera aguantar mi mirada, alza la barbilla en un intento de recuperar su posición de ventaja en este “tête à tête” delirante y me pregunta: – ¿Qué te hace creer que no deseo ayudarte?

Un silencio incomodo nace entre los dos. Suspiro pasándome la mano por la cabeza. Observo su desnudes, su delgadez, su mediana estatura y me percato de la feminidad de sus formas. Desde un principio, vislumbraba que la criatura podía ser hembra, pero su torso plana, sin vestigios de poseer pechos, me hacia dudar. Incluso llegué a pensar, que quizá, solo fuera una niña, pero las definidas curvas de su cuerpo echaban por tierra dicha teoría. El hecho, es que, al margen de su aspecto sobrenatural, he de constatar, que es una criatura hermosa y, aparentemente, parece preocupada por mí. Dicho razonamiento, me hace sentir mal por haber reaccionado de un modo tan poco cortés. Así que, tomo aire, admito mi falta y rompo el hielo con una disculpa: – Lo siento, no he podido evitar sentir pánico, la idea de estar muerto no es precisamente reconfortante. – Su rostro se ilumina como si nada hubiese pasado, haciéndome entender que acepta mis disculpas, lo cual, me anima a seguir afianzando nuestro entendimiento: – ¿Cómo te llamas? – Le pregunto sonriendo afable. – ¡Ébano! – Declara con orgullo. Al oír su nombre, no puedo evitar pensar que con una piel tan negra como la suya el nombre le viene como anillo al dedo. Esta impresión es interrumpida por un fluir de imágenes confusas en mi mente. Posibles ecos de una vida anterior o simples residuos de recuerdos inhibidos. Me dejo llevar por ellos y exclamo entusiasmado: – ¡Estas en mi mente! ¡El recuerdo se muestra turbio como un sueño diluido al alba, pero me consta que eres tú! En él, me besas antes de alzar el vuelo con unas curiosas alas… No sé que significa, pero intuyo que puedes ayudarme a entenderlo.

Ella vuelve a reír. – No hay mucho que entender. – Comenta, mientras brotan de sus omoplatos unas ramificaciones que se distribuyen en un entramado perfecto. Sobre el cual, se despliegan y afianzan un conjunto de membranas que dan lugar a dos enorme alas, similares, en forma y color, a dos gigantescas hojas de parra.

Me quedo perplejo: – ¡Tú no puedes existir! – Exclamo –¿Por qué no? – Replica ella con el ceño fruncido. – ¡Porque eres producto de mi imaginación! – Sentencio convencido. – Soy algo más que eso. – Masculla molesta.

– ¡Debo estar soñando! ¡Creía haber despertado de la pesadilla pero sigo atrapado en ella! ¡¿Qué me está pasando?! – Me lamento en voz alta.

No te atormentes. Las cosas pasan por algún motivo. Ahora estas aquí y eso debería bastarte. Soy consiente de que no sirve de consuelo, pero has de admitir, que el simple hecho de existir ayuda a adquirir cierta seguridad. La conciencia es una herramienta poderosa si haces buen uso de ella. A fin de cuentas, que otra cosa te queda. Ya habrá tiempo de plantearse otras cuestiones. Dime, ¿Qué recuerdas?…

A pesar de no estar en uno de mis mejores momentos, advierto, que el espíritu de la contradicción anida en sus palabras. Por otro lado, su timbre de voz, ha ido dejado de ser metálico, progresivamente, a medida que se ha ido desinhibiendo. Sorprendiéndome, gratamente, con una refrescante tonalidad femenina que aporta cierto toque de normalidad a esta alucinación.

– No sé… Recuerdo la oscuridad que me trajo aquí, antes de eso, nada.

 ¿Estas seguro? Eso no es del todo cierto. Te has acordado de mí. Si no tienes memoria ¿Cómo puedes recordarme? – Calla, me analiza, y luego, con una chispa de tristeza en los ojos, prosigue:  –  Es posible que recuerdes más de lo que crees. Tiempo al tiempo. La mente posee engranajes complejos. No conviene forzarlos. Por lo pronto, si quieres seguir vivo, te sugiero que salgas de los Campos lo antes posible. Las Recolectoras no tardarán en llegar. Si sigues las corrientes de aire que genera la Gran Cúpula te será fácil encontrar la salida.

Sus palabras me alarman. – ¡No te entiendo! ¿Vas a dejarme? ¿Por qué te vas? – Pregunto con el corazón en un puño. – ¡No me estas escuchando! – Me reprocha ella. – ¡Es que no vas a ayudarme! – Pregunto con desesperación, sin entender porque me siento tan vulnerable. – ¡Ya te he ayudado! – Responde clavándome la mirada. – ¿Qué quieres decir? – Insisto – ¡Yo te saqué de las entrañas de la oscuridad! – Termina aclarando, desviando la mirada con gesto incomodo.

El corazón me da un vuelco, y con un hilo de voz acierto a decir: – No fue un mal sueño…

La criatura se pone en pie, y por razones obvias, si quedaba en mi alguna duda sobre su sexo, desaparece al instante. Se da la vuelta y camina unos pasos bamboleando sus caderas. Se detiene, se gira para mirarme por última vez, y asintiendo con la cabeza, recalca, ante mi incredulidad: – Sí, todo fue real. – Y aun sabiendo, que a estas alturas debería haberlo asumido, no salgo de mi asombro. ¡Es todo tan inverosímil! ¡No puede estar pasando!

– ¡No olvides que no debes quedarte en los Campos! – Me recuerda antes de alzar el vuelo con sus curiosas alas de aspecto vegetal. Dejándome atrás, sentado en un mullido lecho de musgo dorado, con la mirada fija en su graciosa figura disminuyendo en la distancia, y una sensación de abandono difícil de ignorar.

Resignado, la veo fundirse en un perfecto horizonte de tonos violáceos, y acto seguido, me desplomo, despaldas, sobre el lecho natural por puro agotamiento, sin oponer la más mínima resistencia al sopor que lo acompaña.

Oscuridad, solo veo oscuridad…

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