Relatos sorprendentes

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ALMA 12 marzo 2012

Filed under: Últimos post — Jaume Moreso i Mallofré @ 10:39

ALMA – Jaume Moreso Mallofré

 

Todo empezó con la forja de las grandes espadas. Seis fueron las que nacieron en los fuegos de la Montaña Crepitante; y Seis fueron las que se entregaron a los Seis líderes de las razas gobernantes del mundo de Asor. Los gritos de triunfo estallaron en el aire cuando los Seis paladines alzaron sus espadas en dirección al cielo.

La celebración y el efecto de la victoria inundaron sus corazones, y ese jolgorio les volvió ciegos.

Pues todos ellos fueron engañados…

En secreto, en los abismos negros de la Montaña Crepitante, una Séptima Espada fue forjada, con toda la malicia y la infamia de la perversión más extrema. Una Espada con voluntad propia, una Espada con vida propia, una Espada con Alma.

Una a una, las demás espadas fueron quebradas con el poder de “Alma”, sembrando a su alrededor el desconcierto y la confusión. Las Legiones del Caos fueron llamadas a la guerra y un maremágnum de batallas horrorosas asoló los pueblos y ciudades de nuestro mundo.

Poco a poco los ejércitos nobles que defendían la libertad, fueron cayendo a la Sombra, y el poder oscuro de Murkar el Impostor, quién empuñaba a Alma, se desparramó por gran parte del mundo.

Y así, durante décadas interminables de guerra y de muerte, el caos arrolló el mundo.

Para Vigo, un chico de doce años, todo empezó el día en que su ciudad natal fue arrasada por un ejército de criaturas abisales. Aunque sólo era un niño, y no podía entender el mal ignoto que se derramaba ante él, su espíritu era fuerte, y consiguió mantenerse rígido en los dominios de la cordura.
Entonces, oyó el grito atroz que provenía de una criatura, cuya masa y figura, producían el trastorno a la sensatez humana, y el desmayo a cualquier observador. Pero él se mantuvo despierto y atento, frenéticamente atento a ese cuerpo abominable asido a una espada titánica que desprendía colores e imágenes enloquecedoras a su alrededor.

Y mientras las llamas del horror se impregnaban en su cara, mientras la destrucción se reflejaba en sus irislandias, mientras los cuerpos despedazados y mutilados de su gente se imprimían en su pupila, él, ahí escondido entre las rocas¸ juró venganza. Juró que perseguiría a cada uno de esos seres y los destrozaría hasta llegar a su líder, para aplastarlo con todo el peso del odio.

Entonces el niño murió. Pero el monstruo nació en su interior.

Se dice, que la primera persona que lo encontró, desfalleció de pena al ver el extremo sufrimiento acumulado en su rostro. Durante varios meses, Vigo no pronunció palabra alguna, y los caballeros de Valamis que se hicieron cargo de él, aseguran que no habían visto tanto dolor y tanto odio acumulado en mucho tiempo ha.

Pero Vigo supo canalizar todo ese odio y todo ese dolor en el arte del combate. Supo canalizarlo todo a través de la espada. Con tan solo dieciocho años se alistó a filas para combatir en la guerra. Muchas fueron las hazañas que se contaron de él luchando contra las hordas del caos, y rápidamente, imparable, iba escalando peldaños dentro del ejército de Valamis.

A los veinte años fue nombrado general de la cuarta división de caballeros Valamienses e inició y dirigió numerosas incursiones a las tierras del caos. Por entonces, Vigo ya se había convertido en uno de los espadachines más famosos del mundo; y sus destrezas y habilidades eran alabadas hasta en las tierras más lejanas.
Uno a uno, sus adversarios iban cayendo, y él sólo pensaba en consumir su venganza, en asesinar a ese monstruo abominable que destruyó su vida.

Esta ansia de venganza se tornó en obsesión, y Vigo tan solo vivía para combatir, para derramar sangre, para esgrimir con mortal maestría su gigantesco mandoble.

Pasaron los años, y en la vida de Vigo sólo había muerte. Se entrenaba día y noche, y en las batallas luchaba como un verdadero monstruo. La gente empezó a temerle y hasta sus camaradas se alejaban de él. Se dice que quién veía a Vigo combatir, nunca más volvía a hablar.

A los treinta años su cara se había surcado de arrugas, y su frente marchita, sembrada de cicatrices, demostraba la perversión del monstruo en el que se había convertido. En su mente sólo había cabida para pensamientos de matanza y de destrucción; y sus habilidades habían llegado ya, al extremo más alto.

Así que para él ya había llegado la hora de partir.

Abandonó todo con lo que había vivido y se encaminó hacia las tierras de la Sombra, donde la criatura Murkar aguardaba en los abismos negros.
Pero no se fue solo. Kujat, un leal caballero de la orden de Tamisis, le acompañó para así ser su fiel escudero.

Durante largos días caminaron a través de las andurriales latitudes de una tierra donde no podía existir la vida. La Sombra se espesaba a medida que se iban acercando a la Montaña Crepitante y las horas cada vez eran más oscuras.
Kujat presenció terribles batallas contra los guerreros del caos, portadores de plagas y de pandemias; y se estremeció ante las matanzas que Vigo iba sembrando por los yermos muertos de las latitudes cenicientas.

Hasta que un día, casi agotadas todas sus provisiones, Kujat y Vigo llegaron al pie de la montaña oscura, que les recibió con un estruendo ensordecedor y una violenta hecatombe de explosiones volcánicas. Y allí arriba, entre el fuego y la oscuridad, se encontraba erguido ese horror, la abominación de los confines oscuros.

Cuando Vigo le vio, lanzó un grito de desafío y de rabia tan espantoso que pareció que la línea del horizonte se tambaleara, y que la tierra temblara. Kujat, con el cuerpo invadido por un pavor dantesco, tan solo pudo observar como Vigo subía vertiginoso la ladera, y se perdía en las tinieblas materiales de unas alturas de abismo.

La bestia le esperaba al otro lado, preparada para librar el mayor duelo de ese tiempo. Entonces Vigo apareció cortando la oscuridad, y se abalanzó como un monstruo de pesadilla sobre el horror estigio de ese reino infernal.

El estallido demencial que se produjo hizo retroceder al guerrero. Entonces se dio cuenta del verdadero poder de esa espada maldita que empuñaba la bestia Murkar, y por segunda vez, su imagen volvió a penetrar en su retina.

Ni la fantasía más retorcida y enfermiza podría llegar a transmitir la indecible repugnancia que propagaba esa espada. Ese detestable olor, tan aborrecible y asqueroso como su misma imagen, marearon con un hálito nauseabundo al vengativo… De su empuñadura surgía una ingente cantidad de tentáculos con vida propia que invadían todo el brazo de Murkar; y ese ojo, ese ojo enorme que se retorcía en medio del filo de la espada, no dejaba de observarle con perversa felonía.

El choque de espadas volvió a inundar los abismos negros, y por unos instantes que parecieron eternos, el monstruo se enfrentó con todas sus energías a esa bestia que era el eje de su obsesión y el significado de su vida.

De pronto, un grito espeluznante retumbó por todos los ecos estériles de la inmensidad muerta, y la espada se desprendió del cuerpo de la bestia, que cayó destrozada al suelo, desparramando por toda la pendiente una inimaginable perversión de líquidos.

Vigo soltó también su espada, y se tambaleó.

La venganza se había consumado al fin.

Entonces fue cuando Kujat llegó a la cima, y sus ojos contemplaron lo que iba a suceder:

Vigo se tambaleó de nuevo, y cayó en el suelo, cubriéndose el pecho con un brazo. La sangre le borboteaba de las numerosas heridas, y su muerte parecía inmediata. Pero entonces oyó una voz en su cabeza, una voz envenenada que le prometía el poder y la gloria. Una voz que le mareaba y le llenaba la mente de una mordaz ponzoña.
Gritó preso del pánico, sin poder controlar su cuerpo; pero con un gran esfuerzo consiguió abrir los ojos, y entonces se horrorizó hasta un extremo insospechado al descubrirse empuñando esa maldita espada.
El Ojo no dejaba de mirarle y le envenenaba con su maldito tacto. Las tinieblas se espesaban a su alrededor y el caos volvía a nacer en su cuerpo. Entonces entendió que él era su nuevo huésped, y que estaba cayendo en las Sombras, para convertirse en su eterno esclavo.

Kujat no llegó a gritar, Alma se adelantó al pobre caballero.

 

2 Responses to “ALMA”

  1. Crítica de Daniel Hernández Escritor: Cierra este apartado el relato breve Alma. La trama, a mitad de camino entre El señor de los anillos y el videojuego Soul Edge, nos relata como una espada con vida propia se adueña de las almas de sus poseedores, convirtiéndoles en meros sirvientes. El anillo tolkiano tiene aquí un magnífico sustituto, y aunque el relato puede dar para toda una saga, su brevedad y ritmo lo convierten en toda una delicatessen.

  2. Crítica de Iván Ángeles Company Escritor: Alma da por cerrado el breve ciclo fantástico con un homenaje al Señor de los Anillos dotado de un final especialmente soberbio.


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