Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

Andrés InSiesta 29 febrero 2012

Filed under: Participa,Página de autor — andresinsiesta @ 20:49
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Hola, me llamo Andrés y creo que para empezar debería aclarar que no me considero escritor ni tan siquiera aficionado. Yo no empecé a escribir desde pequeñito, tenía un diario pero en él solo contaba lo que me pasaba cada día, que era más bien poco. Nunca he sido capaz de inventarme una historia y terminarla. Mi profesión y mis aficiones siempre han ido por otro lado, cercanos, como el dibujo, el cine, la música… pero nunca me he llegado a sumergir en el mundo de la literatura. Lo más largo que había escrito hasta hace poco era una entrada en algún blog, algún mail gracioso a los amigos y poco más.


Pero hace un año y pico la vida empezó a darme palos a diestro y siniestro y, no sé porqué, empecé a escribirlos para desahogarme, como terapia, reflejando mi forma de hablar con la gente de la calle y buscando solo un poco de frescura en los textos, para no aburrirme cuando algún día los volviera a leer. Con el tiempo me di cuenta de que ese .rtf daba para un libro y le había cogido el gustillo a esto de teclear mis tonterías. Releí, retoqué, cambié algunos nombres por otros ficticios, adorné algunas historias, moví otras de sitio para darles más gracia, falseé y mezclé algo de ficción en mi vida para despistar en definitiva y como resultado hoy tengo un librillo ahí mirándome a la espera de que haga algo con él. Mandarlo a Editorial Planeta así de primeras me parecería pretencioso, por eso creo que el primer paso es que lo lean algunos desconocidos que me puedan decir si mejor sigo con mis dibujos o si tengo una pizca de talento para esta movida. Así que ahí va esto, a ver qué pasa.


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Y La Luz Se Hizo 24 febrero 2012

Filed under: Últimos post — marcoasantanas @ 0:44

Brotó del diáfano, limpio y blanco suelo de la imaginación. Tomo conciencia de sí misma al minuto de haber nacido. Se deleitó con el vacío que la rodeaba y sintió deseos de llenarlo. Abrió su boca y de ella surgió una bella, envolvente y delicada canción. Sorprendida, se dijo en voz alta: – ¡Sé crear canciones! 

Tan pronto terminó de hablar, brotó a su alrededor un grupo de entidades similares a ella. Aprisionándola dentro de un coro en forma de círculo perfecto e infranqueable. Y antes de que pudiera asimilar los acontecimientos, las criaturas que la rodeaban, tomaron conciencia de sí mismas, exclamando al unísono: – ¡Nosotras también! 

Del mismo modo, antes de que las entidades del coro en forma de círculo perfecto hubiesen terminado de hablar; brotaron tras ellas, otras entidades, en mayor número, aprisionándolas dentro de otro coro en forma de círculo perfecto e infranqueable. E igualmente, antes de que pudieran asimilar los acontecimientos, las criaturas que las rodeaban, tomando conciencia de sí mismas, exclamaron al unísono: – ¡Nosotras también! 

Así, uno tras otro, fueron brotando grupos de entidades en este páramo diáfano, limpio y blanco de la imaginación. Doblando su número cada nueva generación, aprisionando al grupo anterior dentro de un coro en forma de círculo perfecto e infranqueable, y entonando al unísono la reiterada exclamación “¡Nosotras también!” una vez adquirían conciencia de sí mismas. Extendiéndose hasta donde alcanzaba la vista y más allá. Como si el eco de la exclamación de la primera entidad, aportara, de algún modo, los nutrientes requeridos para hacer brotar al grupo posterior. 

Incontables veces rodeada por esa multitud inmersa en un ciclo de expansión constante, sintió debilidad, aturdimiento, miedo. Vulnerable, se vio pequeña, diminuta, insignificante ante esa aglomeración apabullante. Se arrugo, se encogió y se desplomó indefensa a los pies de esta. Encerrada en sí misma, lloró avergonzada por su atrevimiento. – ¡Esto me pasa por creer que había hecho algo único, algo especial! – y sin más, se lanzó en picado al oscuro pozo del olvido. 

Pero cuando todo parecía perdido, se percató de una presencia luminosa que se abría camino entre sus raptores en dirección a ella. Una vez esta atravesó la última barrera, se animó tímidamente a alzar la vista para verla, pero la luz que proyectaba era tan cegadora que tuvo que apartarla. La presencia luminosa se aproximó a ella, se inclinó, cogió su mano y acercando los labios a su oído, susurro con una voz celestial: – Sí, ellas también crean canciones. Pero nunca serán como las tuyas. Las de ellas, son fruto de una extraña admiración por tu ingenio. Una peligrosa devoción, en la que se intuye una suplantación inconfesada de tu persona. Copias mediocres incapaces de definir un estilo propio, y sin embargo, seguidoras incondicionales de tu doctrina.  Porque tú creas tendencia, y ellas se nutren de ella. No lo dudes. Eres un ser único, excepcional, y en consecuencia, todo lo que proviene de ti también lo es. Ahora levanta. Es hora de brillar. 

Embriagada por la emoción, se puso en píe reconfortada. Miró a su alrededor, deteniéndose a observar cada uno de los rostros de las entidades que la rodeaban, hasta llegar, finalmente, al rostro de la presencia luminosa, que no dejaba de observarla. Gratamente sorprendida, al comprobar que su luz ya no la cegaba, le regaló una hermosa sonrisa y la presencia luminosa le obsequio con una igual. Acto seguido, se puso a danzar de alegría, entonando su canción con toda la fuerza de su corazón, sin percatarse, de que entre más se entregaba a su obra, más luz irradiaba su ser. 

En un momento dado, su luz, eclipso el destello de la presencia luminosa que la había rescatado del oscuro pozo del olvido. Marcándose un antes y un después, entre lo  que era y lo que fue. Dejándose arrastrar por un poderoso aumento de su autoestima, sitio consolidarse la seguridad en sí misma, y  en consecuencia, aumentar la intensidad de su destello. Llegando a un punto en el que era imposible mirarla sin ser abrazado por su calor. Las entidades que la rodeaban, cegadas, se protegían usando sus brazos como escudo y apartando el rostro con los ojos fuertemente cerrados. Tal fue el nivel de energía alcanzado, que no pudo contenerlo en sí misma. Por lo cual, viéndose desbordada, se detuvo en seco y guardo silencio. Generando con este simple acto, una detonación descomunal de pura incandescencia, que vapuleo el delgado plano de esa curiosa y nítida realidad, y dio lugar a una poderosa bocanada de aire caliente; cuya onda expansiva arrasó con las entidades opresoras. Impactando de lleno contra las primeras filas de las mismas. Haciéndolas salir despedidas hacia atrás, proyectadas como misiles contra las que tenían a sus espaldas. Creando un inmenso y pirotécnico efecto domino, que se extendió hasta donde alcanzaba la vista y más allá. Como una flor colosal abriéndose esplendorosa y cegadora al firmamento. 

Del mismo modo que brotaron del diáfano, limpio y blanco suelo de la imaginación, las entidades opresoras, fueron absorbidas sin dejar rastro. El silencio, dueño y señor de ese lugar, retorno de su momentáneo destierro  volviendo a reinar con su poderosa presencia. 

Sólo dos figuras se alzaban en el lugar. Una junto a la otra, a cual más luminosa, se fundían en un intenso y afectuoso abrazo. Seguidamente, cogidas de la mano, se dispusieron a marchar, pero antes, la protagonista de nuestra historia se detuvo, y con gesto infantil, frunciendo el ceño con la cara ladeada, preguntó a la entidad que la acompañaba: – ¿Qué acaba de pasar aquí? – y esta le respondió con suma tranquilidad: – Nada, solo ha nacido una estrella. 

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© Marco Antonio Santana Suárez 

 

 

El Paladín Que No Llegó

Filed under: Últimos post — marcoasantanas @ 0:27

Sé que soy un amasijo de defectos, pero si por unos segundos pudieras ver, en su justa medida, lo que siento por ti, me verías de otro modo. 

Sé, que no cubro tus expectativas. Que mi incapacidad para intuir esos pequeños detalles que tanto anhelas rompe todos tus esquemas. Pero, si pudieras abrir las puertas de mi mente y acceder a su mundo interior, comprenderías lo mucho que significas para mí, y te sentirías enajenada por mi amor. 

Sé que no es fácil creer lo que te digo. Que las palabras son solo eso, palabras. Pero si fueras capas de entender, que en mi caso, las palabras son un reflejo palpable de las emociones que residen en mí; quizá, solo entonces, comprenderías lo que representas para mí. 

Aun así, sé que siempre va a haber algo que nos separe. Algo que nos prive de nuestra mutua atención. La vida es compleja y sus constantes bombardeos de acontecimientos imprevistos, distraen y distancian más de lo estrictamente expuesto en el guion. 

Creerme cuando te digo, que no puedo hacer nada al respecto. Que no tengo poder para detener la vida en un instante, aunque sueñe con hacerlo. Pues, que bello sería regalarte un te quiero sincero, sin el ensordecedor ruido de fondo del extraño universo que ha modelado nuestra sociedad moderna. Sin nada que lo enturbie. Sin mayor resonancia que el eco de mi voz arropada por el silencio de un mundo que se nos antoja lejano. Ajeno a la tempestad que nos azota día tras día sin descanso. 

Que más podría añadir, salvo que soy, simple y llanamente, lo que ves. Un amasijo de defectos que se esfuerza en no ser la sombra del paladín que siempre esperaste, pero que nunca llego. 

Más, déjame aclararte, sin abrigar mala intención, que es probable, que el citado paladín se haya perdido en el camino de tu búsqueda. Que no poseyera ni la fuerza, ni el empuje, requeridos para subsistir en el mudo en el que habitamos tú y yo, lejos del atractivo y tentador reino de los sueños. Y añadiría para acabar, que cabe la posibilidad, de que yo, sea el individuo facultado para acometer dicha empresa. No, no aprovecho para echarme flores, pues, no sabría decirte, a ciencia cierta, si es real lo que te digo. Sin embargo, si que puedo asegurar, sin miedo a equivocarme; que yo siempre he estado aquí, a tu lado, y él, el eterno ausente, a día de hoy, simplemente, no se ha manifestado.

Safe Creative #1201190938183

© Marco Antonio Santana Suárez