Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

El capricho del tirano 21 octubre 2011

Archivado en: Últimos post — Tio Antonio @ 15:28



Cuentan las leyendas, que en la región de Kartia gobernó una vez un joven y caprichoso tirano, que había heredado el reino de su padre. Era el rey Kinarin II.

-Bueno, mi querido consejero, a ver lo que el destino me trae. La muerte de mi padre ha sido un golpe inesperado. Espero que Nando me conceda la sabiduría necesaria para gobernar con el mismo acierto que mi progenitor.

-Así lo esperamos todos vuestros súbditos, majestad. No pocos se preguntan cuándo les anunciaréis un compromiso formal, así como la gran alegría de un heredero al trono. Exclamó Banda, el consejero.

Kinarin, se quedó pensativo.

-Sí, ese es un asunto que hay que resolver pronto. En realidad, mis concubinas me tienen contento, pero decís verdad. Hay que legalizar mi situación personal.

-Permitidme que os diga, que existen al menos, 3 candidatas. La hija del rey Kantak, la baronesa Minda, y la hija del conde Munio. Espero de un momento a otro, más peticiones de otros reinos.

Entonces, el rey, preguntó:

-¿Y no os ha mandado ninguna solicitud Tanthos Khan, el gran Khan de los hundos?

Al oir eso, Banda, se estremeció.

-Veréis, majestad. Cuanto más alejados estemos de Tanthos Khan, mejor que mejor. Ese bárbaro es capaz de aprovechar cualquier excusa para saquear nuestras ciudades.

-Lo comprendo, pero decidme ¿No hay en el sur una pequeña población de mujeres rubias, con ojos achinados como los hundos?

-Sí, desde luego. Son las descendientes de aquella guarnición de mercenarios hundos, que se amotinó, y tanto daño causó a la población civil. Menos mal que vuestro padre, tras derrotarlos, los ajustició. De eso hace ya más de treinta y cinco años.

Una vez más, el pensativo rey, se puso a hacer sus cálculos, y a hablar como consigo mismo.

-Qué lástima, unas mujeres como esas, son de una belleza sin igual y escasean en mi reino…¿No podría tener algunas en mi harén? Sin embargo, las que quedan ya son mujeres maduras, y en su mayoría casadas. Eso solo traería problemas. Pero… ¿Y si comprara esclavas a los hundos? ¡No! ¿Qué digo? Los hundos son morenos. Lo que hace falta es una mujer que descienda de un padre hundo y una mujer de Kartia. Bueno, habrá que tener paciencia. Aún soy joven, pero si me espero, quizás cuando tenga 40 años, pueda disponer de un buen harén de rubias con ojos rasgados. De mientras, me consolaré con las mujeres que tengo.

El rey no dijo más, pero dejó muy preocupado a su consejero, que se lo comunicó a su amigo el bufón. Ambos se conocían de hacía años. Mahol, el viejo bufón, compartía los temores del también viejo consejero.

-Conozco bien a ese joven rey caprichoso desde que era niño. Su padre se lo concedía todo, y por eso es tan egoísta. Vamos a tener problemas, ya lo verás.

Un día, Kinarin, llamó a Tod su comandante militar.

-Quiero hacerte un encargo. Contrata a 400 mercenarios hundos, y llévatelos a Mandia. Serán una guarnición permanente en esa región.

Tod no dijo nada. Contratar mercenarios era algo muy normal, además de evitar a los ciudadanos el ejercicio de las armas. Los que sí se estremecieron, fueron el consejero, y el bufón. Este último, creyó que era el momento adecuado de hablar.

-¡Majestaddddd! ¡Majestaddd! ¿Váis a hacer una fiesta en el sur? Los hundos son muy comilones, majestad. No les engordéis tanto o reventarán.

El rey, sonrió. No entendió la indirecta de su bufón…o no quiso entenderla. El consejero, solo pudo esperar, resignado, a que no pasara nada malo.

Cuatro meses después, y pese a haber contraido matrimonio con la baronesa Minda, el rey siguió interesado en su harén. Por lo tanto, llamó a Tod, para que lo tuviera informado de las relaciones de los mercenarios con la población civil.

-Majestad, tal vez no haya sido buena idea mandarlos allí. Solo ha habido 4 matrimonios. Además, en el sur, aún los recuerdan con horror. La población no quiere ni verlos. Ahora no son 400, sino 384. Dieciséis de ellos han desertado.

-Sí, es verdad. Llévalos más al norte, a Panga. Allí la población los apreciará más.

Tod, no dijo nada, pero parecía confuso. No entendía las extrañas decisiones del rey. En un momento de confianza se lo comentó al consejero, quién le contó las intenciones del soberano. Eso hizo que Tod se decepcionara, aún más. El era un militar profesional y no le gustaba que los líos de faldas tuvieran peso en las decisiones militares.

Sin embargo, seis meses después, las noticias fueron buenas. Los mercenarios hundos se llevaban bien con la población, pero solo había 16 compromisos matrimoniales.

-Contrata más mercenarios, y llévalos allí. Consígueme otros 400.

Nada que decir. Fueron contratados, y llevados. En la población, empezaban a correr los rumores sobre las intenciones del rey.

Cinco meses después, estalló un motín. No solo se amotinaron los casi 800 mercenarios, sino también una parte de la población; unos 2.000 ciudadanos.

-Sí, majestad. Se llevaban muy bien con la población….Demasiado bien. Ahora son una banda de ladrones muy numerosa, que está empezando a saquear la región.

Al oir aquello, el rey tuvo una siniestra idea. Ese motín le interesaba más.

-Bien, Tod. Persigue a los ciudadanos traidores, pero no te acerques a los mercenarios hundos a menos de 20 kilómetros de ellos, sin una orden mía.

Las intenciones del rey eran evidentes. Quería que esos mercenarios infieles, violaran a las mujeres que encontraran a su paso. Eso facilitaría enormemente sus proyectos. Tod se lo imaginó, y se puso a protestar. Dijo que era necesario acabar con todos de una vez. El rey amenazó con cortarle la cabeza si volvía a discutir sus órdenes.

Durante 8 meses, estuvieron los rebeldes asolando la región con un lento ejército pisándoles los talones, sin llegar a alcanzarlos. El rey no tenía prisa. Su ejército, de 40.000 guerreros ¿No iba a ser suficiente contra ellos, si se les iba demasiado las manos? Además, estaban bien pagados. No había temor a un motín. Pero su ejército, aparentemente ineficaz, era el “hazmerreir” de todo el país, y cuando eso sucede, la lógica y el destino se ponen en marcha con resultados, normalmente indeseables.

Una mañana, muy temprano, en la región sur, se levantaron muy asustados. Un ensordecedor trotar de caballos, los despertó. Al principio, creyeron que eran los mercenarios amotinados. Peor aún. Era Thantos Khan en persona, con un ejército mucho mayor. Un sonriente y burlón  mensajero, le habló al alcalde, en nombre de su líder.

-Salud, alcalde. Mi jefe, Thantos Khan, ha tenido noticia por medio de los mercaderes, de los proyectos de vuestro rey. Y le parece una estupenda idea. Pero 800 mercenarios, no son suficientes. Así que se ha traido a todo su ejército. Ya veréis que contento se va a quedar el rey, con la cantidad de pequeñas rubitas, con sus maravillosos ojitos ovalados, que le vamos a regalar…Y de camino, nos cobraremos el viaje. Pués un ejército como el nuestro, de 80.000 guerreros, también necesita comer, y hay que pagarle las molestias por venir.

Dicho esto, todos los guerreros, se echaron a reir. La invasión, acababa de comenzar. Estaban muy confiados y con la moral muy alta. Tal era la fama de ineficaces del ejército real.

Durante 8 años, los hundos saquearon la región, y sometieron a sus habitantes, a unas duras y terribles pruebas. No solo saquearon e incendiaron la región, sino que violaron a las mujeres, y a muchas de ellas les transmitieron varias enfermedades.

En cuanto al rey, fue asesinado por sus propios generales.

Tras la invasión, los hundos se retiraron a sus tierras, ya sea porque les obligó una epidemia que estalló, o porque ya tenían suficiente botín.

Tras un respiro de 2 años, en el que no dio tiempo a reconstruir la región saqueada, volvieron los hundos otra vez. En ésta ocasión, por 7 años. Retirándose igualmente, pero ésta vez con numerosas bajas. El nuevo rey, Zanko, sobrino de Kinarin II, se hizo cargo del trono.

Dos años después, unas 1.000 mujeres, fueron obligadas a ir a la capital. Venían de Jasit, una región al oeste, que apenas había sido tocada por los hundos. Tenían, entre 18 y 23 años. Los guardias, las hicieron sentarse en la plaza mayor. El rey les iba a hablar.

Este, asomado desde la ventana de un edificio cercano, las miraba con tristeza.

-Majestad ¿No vais a hablarles? Le preguntó Gana, el nuevo consejero.

El rey no dijo nada. Desde su ventana, seguía mirándolas a escondidas. Un poco más lejos, hacia atrás, se veía una enorme nube de polvo.

-Majestad ¿Queréis que les hable yo en vuestro nombre?

-No. Yo soy el rey. Yo debo hablarles. Solo estoy haciendo un poco de tiempo, dijo señalando a la nube de polvo.

Cuando la nube estuvo más cerca, el rey se asomó. Por fin, habló:

-¡Ciudadanas! Me alegro mucho de veros. Supongo que no os han dicho, el motivo de vuestra estancia aquí. Yo os lo diré. Pero no lo haré, sin derramar lágrimas en los ojos, y sin sentir, como si me arrancaran parte de mi corazón. Veréis. Todas sabéis, de la enorme y terrible guerra, que hemos sufrido por la invasión de los hundos, y por culpa de los caprichos de mi difunto tío, quién con sus errores, hizo que nuestros enemigos, nos tomaran por débiles. En consecuencia, y para desgracia nuestra, el sueño de mi tío, se ha hecho realidad. En verdad, no es un sueño, sino una pesadilla. La región de Panga, está lleno de ellos. Y no es que yo sea racista ni mucho menos. No. Ellos, se consideran descendientes de los invasores hundos. Por ello, se resisten a pagar impuestos, y a reconocerme como soberano ¿Qué opciones tengo? Dos: O la guerra, o repoblar la región. Sin embargo, la guerra ha sido muy dura, y gran parte de la población, ha sido aniquilada ¿Qué me queda pués? La repoblación. Para eso es, para lo que cuento con vosotras.

Hubo un enorme y siniestro silencio, solo roto por un tintineo metálico, procedente de la nube de polvo. Las mujeres observaban con ansiedad y temor. Se temían que el futuro no les traería nada bueno.

En cuanto la nube se disipó, un simple vistazo, hizo que las mujeres, gritaran de desesperación. El enojado rey, también estaba enfadado.

-¡Maldita sea! ¿Porqué no les habéis quitado las cadenas?

-Disculpad señor, pero es que son presidiarios y bandidos. Temimos, que se escaparan por el camino.

-¡Ya, claro! ¿Os habéis fijado la mala impresión que les ha causado a esa pobres casaderas?

El triste, Gana, contestó:

-Lo sé, lo sé. Creedme que no hemos tenido más remedio. Los hombres leales, apenas bastan para servir en el ejército. Por ello, no nos ha quedado más remedio que sacar a esa gentuza de las cárceles, y traerlos para repoblar.

-¿Cuántos son?

-Unos 500. Les hemos concedido tierras y dinero, a cambio de que se casen y repueblen la región devastada. Van a tener que esforzarse mucho.

-¡Maldita sea! ¿Es que no había suficientes viudas…rameras, o esclavas en mi reino?

-Sí, majestad, pero ellos se negaban a venir, si no era con mujeres casaderas. A ellas, no les dijimos nada, por razones muy evidentes.

Era un espectáculo lamentable. Las mujeres, rompían a llorar, ruidosamente, mientras que los carceleros, muy a su pesar, quitaban las cadenas a esos hombres duros, cuyas miradas ya costaban soportar. Ellas, al verlos, se pudieron imaginar la clase de vida que les iban a dar esos malolientes y rudos hombres, acostumbrados a solucionar sus problemas con la violencia.

Semejante gentuza, apenas podían ocultar sus sonrisas de satisfacción. Ellos, lo peor del reino, escogiendo a las más preciadas bellezas para hacerlas sus esposas.

Una vez escogidas, se acercaron a una mesa. El escribiente, tomó nota del “felíz matrimonio” que marchaba a una región en busca de una nueva vida. Luego les entregó, una bolsa con cierta cantidad de dinero, y les hizo firmar. Mediante esa firma, juraban su lealtad al rey y se comprometían a cuidar su reino.

Las mujeres, que no fueron escogidas, miraban con temor y alivio, a sus compañeras. Estas, con una triste mirada, se despedían de ellas, en un silencioso adiós.

Entonces, ellos, sonrientes, y alegres, agarrados a las manos de sus esposas, a las que casi llevaban a rastras, emprendieron el camino hacia la región de Panga

                                                                             FIN

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