Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

Una Luz Tenue 8 octubre 2011

Filed under: Últimos post — marcoasantanas @ 17:21

Una luz tenue, a un paso de la extinción, se desplaza en la noche. Podría ser mí luz, o tú luz, o la luz de cualquiera. Se desplaza sin rumbo, oprimida por un eterno nudo en el pecho, presa de la incertidumbre, interrogante ineludible de aquellos que han perdido el control de su destino; lamentándose, de que, en este corto espacio de tiempo que llamamos vida, nada tiene sentido.


¿De qué sirve ser luz en la oscuridad si se desconoce el camino a seguir? Nutriéndose de un sin fin de frases hechas, cargadas de optimismo y buenas intenciones (que a fin de cuentas, no son más que máscaras de diversos colores para lucir según la ocasión, a razón de cómo se presente la mañana) anhela desde lo más recóndito de su ser, huir de este reino. Parasito insaciable que se nutre de su ser, debilitándola, hasta casi hacerla desaparecer. Ojalá pudiera dar un inmenso abrazo al espíritu de la felicidad, para así, brillar con la incandescencia que tanto la caracteriza.


No lo admite abiertamente, pero necesita encontrarla a toda costa. Aun sabiendo, que para hallarla, tendría que hacer borrón y cuenta nueva. Tendría que romper con todas las decisiones que la han catapultado a la prisión emocional en la que se encuentra. Pero… ¿Cómo hacer semejante cambio sin ocasionar daños colaterales?… ¿Qué culpa tienen los demás de las decisiones que ella, voluntariamente, ha tomado?…


Toda su vida ha procurado actuar con corrección. Es una entidad de principios y no puede hacer oídos sordos al reclamo de estos. Desearía, ser lo suficientemente egoísta como para cerrar el quiosco, echarse el petate al hombro y marcharse sin pensar en las consecuencias. Pero claro, si hiciera eso, ya no seria ella, seria otra cosa, y a esta luz, que baga solitaria en la noche, le gusta saber quien es. No podría mirarse al espejo y no reconocer su reflejo. En consecuencia, cuando llueven los gritos, cuando le persiguen las acusaciones, los reproches y las amenazas. Cuando nada de lo que hace es suficiente… Desconecta. Se transporta a otro lugar. Un lugar modelado a su antojo. Un refugio donde tiene la capacidad de cambiarlo todo sólo con un pensamiento. Un universo al que sólo puede acceder su forma etérea. Y en ese refugio insonorizado, aislado del mundo, se reescribe. Se reescribe por reescribirse. Sin pretensión alguna. Sin ambición. Sin doble intención. Sólo se reescribe. Porque al reescribirse se siente mejor. Porque es una buena terapia. Le ayuda a engañarse ha sí misma. Le da sentido a lo que no lo tiene. Es la inercia que tira de ella. Arrastrándola a seguir adelante sin cuestionarse los pormenores de su eterno desencanto.


Hay días, en los que, al reescribirse, se ve con fuerzas para encarase con el portal del destino, pararse ante él, y con la determinación que ha sido capaz de reunir, incitarse a cruzarlo. No obstante, duda… ¿Sería capaz de marchar sin haber abrazado a la felicidad?… ¿Sería capaz de marchar y dejar atrás sus responsabilidades?… Así pues, cerrando sus ojos inundados de lagrimas, se da la vuelta, dispuesta a retirarse a su prisión. Pero antes de retornar, vuelve la vista atrás, y durante unos segundos, observa el portal. Pues sabe, que en él, en alguna parte, hay otra entidad luminosa en las mismas condiciones que ella, un alma gemela que la necesita tanto como la necesita ella. Y susurrando, ruega, que esa entidad sea lo suficientemente fuerte como para romper sus cadenas y venir a rescatarla de las suyas.


Suspira y se aleja despacio de las prometedoras expectativas que le sugiere el portal. Reubicándose en su periplo rutinario y carente de estimulo, sin rumbo definido en las oscuras vías de la extinción. Cumpliendo con lo que se espera de ella, en la medida, en que se ve capaz de cumplir, y aferrada a la esperanza de que una entidad semejante la aleje de ese lugar.


Curiosamente, mientras todo esto sucede, al otro lado del portal del destino, una entidad llamada, Felicidad, espera paciente, con los brazos abiertos, a que la luz tenue, que podría ser mí luz, o tú luz, o la luz de cualquiera, se decida a cruzar la delgada línea que las separa.

yrunay

 

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© Marco Antonio Santana Suárez


 

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