Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

Gritos de Titanes 4 julio 2011

Filed under: Últimos post — patriiperez @ 16:33

 Las olas, enfurecidas, se chocaban contra el barco. El cielo estaba encapotado y llovía a cántaros, junto con granizo del tamaño de puños de bebé. El sol había desaparecido hacía tiempo, como dos días. Los truenos resonaban como gritos de titanes.

Una ola, más grande que las demás se chocó contra el barco con furia. La espuma inundó la cubierta y con ella, la esperanza de David, el capitán del barco.

-¡Tranquilos, todo saldrá bien!-intentó animar-¡Conseguiremos salir de esta!

La tripulación estaba exhausta. Llevaba dos días trabajando contra el mar, y, en vez de con agua, se ahogaban en desesperación: tristeza por el terrible paraje, cansancio por el trabajo y deseperación por sobrevivir y no ahogarse entre las grises olas.

Otra gran ola azotó el barco. David no aguantaba más. Deseaba morir. Ya no podía seguir sobreviviendo de forma exhaustiva, cansada, monótona.

La ola más grande jamás vista se chocó contra el barco,, volcándolo. Él no hizo nada para evitarlo. Aquella era su oportunidad. David hizo un último esfuerzo y sacó la cabeza para ver por última vez el mundo y, entre las olas, el oxígeno se acababa, el pulso se detenía, David moría, su cuerpo vagaba en la masa de agua salada…

David despertó. Estaba en su camarote, en su cama. Lo primero que oyó fueron los truenos que resonaban como gritos de titanes.

Anuncios
 

Compañera de Eternidad

Filed under: Participa — patriiperez @ 15:09

Era una noche tormentosa, fría, oscura. El viento azotaba los árboles de aquel bosque y su pelo azabache.

Él era pálido,  piel blanca como la nieve y cabellos rizados por los hombros, como corona de fuego negro, colocado desordenadamente de forma majestuosa.

William, que así se llamaba, corría como una bestia a través del bosque, sin destino fijo, pero con solo con una razón de viaje: sangre. El hambre lo corrompía por dentro y olía a carne fresca, pero sobre todo, olía el miedo.

En un claro iluminado por la luna llena, había una joven de, poco más o menos, dieciocho años. Temblaba de frío y miedo. Estaba sola, se sentía sola, en medio de un bosque desconocido y húmedo . Oía ruidos extraños y gemidos de cansancio.

Y de repente, gritó. Gritó con todas sus fuerzas al ver dos pequeñas luces rojas, como rubíes redondos  por encima de sus ojos, a la altura de su frente. En ese momento, William se abalanzó sobre la joven y sobre su cuello. Un líquido caliente y de sabor metálico recorrió lentamente la barbilla de Will, dándole más hambre y voracidad.

El grito se acalló, y con ello, su pulso. Su corazón dejó de latir y como veneno, un temblor recoríó el cuerpo sin vida de Lucie . Will consiguió lo que quería. Ahora, Lucie era inmortal.