Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

Ayiti, la agonía de la perla de las Antillas 24 enero 2010

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Este artículo forma parte del libro solidario “Letras regaladas para aquéllos que quieren soñar”, cuyos beneficios irán a parar íntegramente a Haití. Infórmate en Facebook y en Libro Virtual.



Ayiti, la agonía de la perla de las Antillas



Hoy no voy a escribir un relato. Podría tratar de reflejar el terror del momento del terremoto, o la angustia de las víctimas sepultadas bajo los escombros en espera de un improbable salvamento, o la desolación de los supervivientes que lo han perdido todo, o la impotencia de los equipos de rescate ante la falta de medios para salvar a los heridos… pero no creo poder acercarme ni remotamente al infierno vivido por los haitianos, no veo forma posible de plasmar con suficiente exactitud el horror de la propia realidad. La forma más honesta que se me ocurre para tratar de ayudar en esta causa, es intentar recopilar toda la información posible sobre esta catástrofe y las direcciones de la Red a donde poder dirigirse para canalizar las ayudas.

El terremoto que sacudió Haití el 12 de enero de 2010 –de 7,0 grados en la escala de Richter y con epicentro a 15 kilómetros al sudoeste de la capital y a una profundidad de 10 km.– no es ni mucho menos el primero sufrido por este pequeño país caribeño, pero sí ha sido el peor en doscientos años. En 1770, Puerto Príncipe fue devastado por otro seísmo de 7,5 grados. Y otros muchos sacudieron la isla en los siglos XVIII, XIX y XX. El último, un terremoto de 8,0 grados ocurrido en 1946 en la vecina República Dominicana, produjo un tsunami que mató a 1790 personas. Y es que la isla La Española se encuentra justo en medio de la placa tectónica del Caribe, que se desplaza continuamente hacia la placa norteamericana, a razón de 20 mm. por año. Dicha placa caribeña tiene dos ramas bajo Haití, la falla septentrional (en el norte) y la falla de Enriquillo (en el sur). Al parecer el terremoto se desencadenó sobre esta última, que había estado bajo presión durante 240 años, acumulando tanta energía potencial que finalmente liberó durante el terremoto una fuerza equivalente a la explosión de 200.000 kilos de dinamita. Y al terror del propio terremoto se suman las réplicas: hasta el momento se han registrado 44 réplicas, la mayor –de 6 grados, con epicentro situado a 60 kilómetros de la capital– se ha producido hoy, 20 de enero de 2010, causando el derrumbe de edificios ya afectados en el terremoto anterior. Y por desgracia no será la última.

Aunque casi todas las imágenes de devastación que hemos visto en los noticiarios son de la capital, el terremoto y sus réplicas han afectado a casi todo el país, en especial a los veinte municipios del departamento de Oeste (en especial, Carrefour, Grand-Goâve, Gressier, Léogane, Petit-Goâve y Puerto Príncipe) y a los diez del departamento de Sureste (sobre todo su capital, Jacmel).

Archivo:2010 Haiti earthquake USAID intensity map 2.svg

(Mapa de intensidad del terremoto. Imagen aparecida en Wikipedia)



Cualquier terremoto es terrible, pero se convierte en una tragedia si ocurre en un país sin recursos. Haití es el país más pobre de América, el 80% de su población se encuentra por debajo de la línea de pobreza, y la economía del país es básicamente de subsistencia (es decir, que viven prácticamente para alimentarse). A esto se une, lógicamente, una carencia dramática de infraestructuras, sobre todo de hospitales y servicios básicos de salud, de medios, de coordinación… La mayor parte de los hospitales de Puerto Príncipe resultaron afectados por el seísmo, además de infinidad de edificios, entre ellos viviendas, hoteles, centros comerciales, la sede de la ONU o el mismísimo Palacio Presidencial. Otra de las consecuencias del terremoto fue el colapso de las líneas telefónicas; los haitianos residentes en otros países tuvieron que recurrir a Internet para informarse sobre la situación en su patria; las redes sociales están significando un verdadero apoyo, un punto de encuentro e información para los haitianos, además de un lugar de coordinación para donativos y ayudas.

Pero, ¿cómo se ha llegado a esta dramática situación? ¿Por qué este bellísimo país caribeño, antaño colonia de Francia conocida como “la perla de las Antillas”, no disfruta de una economía amparada por la exuberante vegetación que debería procurarle su clima, de las exportaciones de productos naturales o del turismo amante de sus playas de arenas de nácar y aguas turquesa? Como explica muy bien Hortensia Fernández Medrano, la respuesta está en una palabra: codicia. Haití nació del hastío, del valor de sus antiguos pobladores, los esclavos, arrancados de su tierra y sus familias en África para ser obligados a trabajar en condiciones infrahumanas en las plantaciones de caña de azúcar. Y fue este monocultivo el causante del empobrecimiento de la tierra, obligada a producir por encima de la capacidad de reposición de los nutrientes del suelo, llevando a la desertificación a un país antes rico y fértil. Haití nació pobre. Tuvo que pagar cara la osadía de su independencia al Gobierno Francés desde el mismo momento de su nacimiento, una deuda que estuvo obligada a pagar durante un siglo. A lo largo de la historia, el resto de países desarrollados hizo aumentar esa deuda externa con sus ayudas, nunca desinteresadas. Y sin tener en cuenta jamás la inmensa deuda moral que el mundo entero tenía con Haití por haberla llevado a la desertificación con su ansia de consumo de azúcar indiferente a los recursos del país; por haber empobrecido aún más a la población con la subida del precio del arroz, que obligó a los campesinos a abandonar sus campos y hacinarse en las afueras de la capital en busca de alguna forma de subsistencia, buscando leña para cocinar sus alimentos en las montañas más cercanas, acabando de deforestar y erosionar el país; y, sobre todo, una impagable deuda por la infamia de la esclavitud. Por todo ello es necesario que la desgracia ocurrida este año sirva para cambiar el planteamiento de la política mundial, es necesaria la anulación de su deuda exterior y la revisión de políticas comerciales y económicas que han estado asfixiando el país durante décadas, impidiendo su desarrollo.

También la periodista Nancy Roc lo expresa con suma sensatez en Fride: “La crisis del medio ambiente en Haití es muy grave: deforestación, erosión de los suelos, escasez de agua, insalubridad urbana, pérdida de la biodiversidad, aumento del número de chabolas y explosión demográfica constituyen factores que agravan la vulnerabilidad del pueblo haitiano. La situación está en el límite. La falta de energía y electricidad, el uso del carbón, además de la falta de políticas públicas indica que el medio ambiente no constituye claramente una prioridad del gobierno.”.

El empobrecimiento del país no ha sido su único infierno. Los sucesivos gobiernos, bien dictatoriales o bien apáticos y negligentes, han explotado a sus ciudadanos, los han enfrentado unos a otros, han sembrado la violencia y el caos y han impedido el desarrollo y el crecimiento de Haití. Bajo la superficie, la política intervencionista de Estados Unidos ha supuesto el cáncer que impedía sanar el país.

El turismo podía haber supuesto un pulmón para su economía, pero la falta de inversión en las infraestructuras, la dejadez en la organización a nivel estatal y el limitado circuito habilitado para los visitantes, han hecho que el efecto de estos ingresos sea meramente anecdótico.

¿Por qué el terremoto ha producido efectos tan devastadores? En el momento del terremoto, las ciudades de Haití (en especial su capital, Puerto Príncipe) se encontraban hacinadas, con multitud de viviendas de construcción casera sin cimientos apropiados, o con edificios de construcción levantados sin ningún tipo de control para ganar dinero rápido. A miles de personas se les vino el mundo encima el 12 de enero de 2010, sin ningún remedio. Otros miles de ellos permanecieron bajo los escombros sin ayuda inmediata posible, pues no existían ni los medios ni la coordinación necesaria para llevarlos a cabo. Y otros miles más murieron en los hospitales improvisados, ante la desesperación y la impotencia de los sanitarios que no disponían de material para atender a los heridos. Ahora quedan el hambre, la desnutrición, las enfermedades. La desesperación de aquellos que no encuentran a sus familiares. La capital y otras muchas ciudades arrasadas, sin medios económicos ni humanos para volver a levantarlas. Sin recursos, sin fondos, sin presupuestos. Un futuro desesperanzador…

Por eso toda ayuda, por pequeña que sea, es vital; pero debe hacerse con inteligencia, siempre asegurándose de estar colaborando con una auténtica ONG o, al menos, informándose de adónde exactamente va a parar nuestro donativo. Es muy útil la información de la página web Ayuda Haití (http://www.ayudahaití.es). Según manifestaciones de la Coordinadora ONG para el Desarrollo-España, es preferible el donativo económico que aquél que se pretende hacer en especie (comida, mantas) o en forma de voluntariado humano, pues los bienes donados pueden no ser adecuados para la situación del país además de suponer un gasto logístico adicional (almacenamiento, trámites de aduana, etc.) y los voluntarios, pese a su admirable disposición, pueden no estar preparados física y moralmente para afrontar las circunstancias a las que deberán enfrentarse.

También podemos ayudar colaborando con los muchos eventos que se están organizando en apoyo de esta causa (conciertos, exposiciones, libros solidarios como éste…), o enviando SMS. En este último caso, aunque es cierto que las ONG no recibirán la ayuda de forma inmediata, pues las operadoras telefónicas abonan los donativos entre 30 a 90 días tras la recaudación, si es cierto que servirán para mantener un flujo de ayuda posterior a los primeros días, en que la ayuda es masiva. Porque es cierto que el mundo entero se está movilizando para ayudar a Haití, pero también es necesario que todos seamos conscientes de que esta ayuda no debe cesar una vez termine el interés de los informativos por la noticia. La Coordinadora ONGD-Españaagradece las numerosas muestras de apoyo de la ciudadanía española durante los primeros días tras el terremoto de Haití. Sin embargo, también debe seguir apelando a su solidaridad y a la responsabilidad del gobierno con las víctimas puesto que la situación en el país, lejos de mejorar, empeora con el paso de los días. Según las autoridades haitianas ya son más de 100.000 los muertos, aunque podrían ser muchos más, y las ONGD que trabajan en la zona apenas dan abasto para intentar mitigar algunas necesidades básicas de los millones de afectados. Haití es un país literalmente devastado y su reconstrucción no se llevará a cabo en los pocos días que los medios de comunicación mantengan su interés informativo.”.

Y es vital que todas esas ayudas humanitarias tengan un flujo activo una vez lleguen a Haití, que se facilite su almacenamiento y su distribución por todos los puntos que las ONGs ya están habilitando por todo el país. Pero no está siendo así, por el momento. El ejército de Estados Unidos está controlando los accesos al país: sus buques de guerra controlan las aguas y sus tropas tomaron literalmente el aeropuerto de Puerto Príncipe, obligando a los periodistas extranjeros a abandonarlo e impidiendo la llegada de los vuelos con ayuda humanitaria, aunque ya se ha habilitado una pista para el aterrizaje. Según una información de Kaos en la Red.net “la falta de coordinación hace que en el puerto aéreo se acumulen los suministros enviados desde diversos países y centenares de pobladores acuden al sitio en busca de trabajo o alimentos para sí mismos y sus familiares sobrevivientes.”. Esto no puede seguir sucediendo, la comunidad mundial debe actuar. “Se trata de ayudar a Haití, no de ocuparlo”, sentenció recientemente el ministro de Cooperación de Francia, Alain Joyandet, al presentar una protesta formal ante el gobierno de Estados Unidos a través de la embajada en París.

Así como tampoco debemos seguir permitiendo que las entidades bancarias sigan cobrando comisiones por los donativos ingresados por los ciudadanos; para despertar sus conciencias dormidas todos deberíamos firmar el llamamiento realizado por 20 minutos.es por la devolución de las comisiones bancarias cobradas en donaciones solidarias (http://www.petitiononline.com/comis20m/petition.html).

Para que las ayudas no sean meramente un acontecimiento mediático, también sería conveniente apoyar aquellos grupos y organizaciones que piensan en el futuro del país, con planes de reconstrucción de sus ciudades (como Architecture for Humanity), de reforestación (como Haiti Green Project) o de agricultura sostenible (como The Lambi Fund). Sea como sea, que la ayuda no se quede en buenos propósitos y en una forma de lavar nuestras conciencias, sino que fundamente un verdadero cambio político y social para Ayiti. Cualquier desgracia ocurrida en cualquier parte del mundo nos afecta a todos, porque todos formamos parte de la comunidad mundial. No olvidemos que las fronteras no son más que líneas trazadas en un papel, que todos nosotros somos ciudadanos del mundo. Y que nuestra fuerza está en la solidaridad.

Catalina Gómez Parrado

21 de enero de 2010

Documentación y lugares de interés:

Wikipedia: “Terremoto de Haití de 2010”: http://es.wikipedia.org/wiki/Terremoto_de_Haití_de_2010

Hortensia Fernández Medrano: “Nuestra deuda con Haití”: http://www.kaosenlared.net/noticia/nuestra-deuda-con-haiti

Nancy Roc: “Haití: De «Perla de las Antillas» a la desolación”: http://www.fride.org/publicacion/493/haiti-de-perla-de-las-antillas-a-la-desolacion

Ayuda Haití: http://www.ayudahaiti.es/

Coordinadora ONG para el Desarrollo-España: http://www.coordinadoraongd.org/index.php/contenido/especial_terremoto_en_haiti

Kaos en la Red.net: “Ejército de EE.UU. desaloja periodistas de aeropuerto de Haití bajo amenaza de arresto”: http://www.kaosenlared.net/noticia/ejercito-ee-uu-desaloja-periodistas-aeropuerto-haiti-bajo-amenaza-arre

20 minutos.es: “Campaña para pedir a bancos y cajas que devuelvan las comisiones de los donativos”: http://www.20minutos.es/noticia/610573/0/bancos/comisiones/haiti/

Por la devolución de las comisiones bancarias cobradas en donaciones solidarias: http://www.petitiononline.com/comis20m/petition.html

Planet Green: “Haití: Ayuda inmediata y donaciones por un futuro más verde”: http://blogs.tudiscovery.com/descubre-el-verde/2010/01/hait%C3%AD-ayuda-inmediata-y-donaciones-para-un-futuro-m%C3%A1s-verde.html

Architecture for Humanity: http://www.architectureforhumanity.org/updates/2010-01-13-haiti-quake-appeal-long-term-reconstruction

Haiti Green Project: http://www.haitigreenproject.org/

The Lambi Fund of Haiti: http://www.lambifund.org/aboutus.shtml

Diccionarios español-criollo haitiano (creole):

Scribd: Dictionary haitian creole-spanish-english: http://www.scribd.com/doc/3256649/dictionaryhaitian-creole- spanish-english

Haitiano para hispanohablantes (Básico):
http://fieldsupport.dliflc.edu/products/haitian/hc-qb/Haitian_Spanish_basic.pdf

Página de Wikipedia sobre Haití en criollo haitiano (creole): http://ht.wikipedia.org/wiki/Ayiti

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La gran contratación

Filed under: Participa — catld @ 19:55


El equipo de béisbol de la ciudad se encuentra en los últimos lugares de su grupo, correspondiente a la liga de béisbol del país.

Antes de comenzar la temporada se había creado mucha expectación con respecto a este equipo: la directiva había contratado buenos jugadores extranjeros, había anunciado muchas promociones para el público durante toda la temporada, había hecho algunas importantes mejoras a su estadio. Los medios de comunicación (televisión y prensa) de la ciudad se habían unido a estas expectativas promocionándolas, haciendo todo tipo de reportajes aludidas al equipo: haciendo entrevistas a todos los jugadores, sobre todo a los más importantes; haciendo reportajes desde el estadio para mostrarle al público las mejoras que se habían realizado; mostrando en sus programas episodios pasados históricos de jugadores realizando grandes jugadas, para que las recordara el público y los motivara a asistir al estadio para apoyar al equipo.

Ante todo eso, la gente reaccionó de inmediato y asistió al estadio con mucha ilusión y dispuestos a poner de su parte, con su apoyo, para que su equipo fuera el mejor de la liga, logrando lo más ambicionado por todos: el campeonato.

El primer juego de su equipo en la temporada en su estadio fue espectacular: el público asistió ilusionado y animoso atiborrando todas las localidades del estadio; el campo de juego lucía impecable, iluminado por las luces del estadio, que habían sido remplazadas por otras más modernas y eficientes; se realizaron todas las ceremonias protocolarias correspondientes con una programación, colorido y eficiencia extraordinarios; se arrojaron al despejado y oscuro cielo fuegos pirotécnicos espectaculares, pintándolo casi por completo con luces de todos colores, convirtiéndose todo ese instante en una auténtica postal que apareció en los diarios al día siguiente. Pudo haber sido una noche perfecta, pero el equipo local perdió por cinco carreras de diferencia.

Al principio pensaron que todo sería cuestión de tiempo, esperando a que los nuevos jugadores se adaptaran al equipo y a la ciudad. Sin embargo no fue así: se lesionaron algunos jugadores importantes y los que los suplieron no daban los resultados esperados; entre otras cosas, que por ahí se comentaron y que daban oportunidad a toda clase de rumores malos que pudieron afectar en el accionar del equipo.

Ante esto, la directiva tomó decisiones importantes y contundentes: despidió al manager trayendo a otro; despidiendo jugadores trayendo a otros de iguales cualidades, pero con mayor experiencia, y otras contrataciones de algunas áreas de esta institución.

Sin embargo el equipo seguía igual. Parecía el fracaso perfecto para toda la institución; pero, de entre todas las contrataciones, hubo una que empezó a dar resultado. El equipo seguía igual, perdiendo, pero el público, que dejó de asistir al estadio debido a los malos resultados, poco a poco fue volviendo sólo para verlo a “él”. Los medios de comunicación enfocaban su atención en este personaje: entrevistándolo, haciéndole reportajes y programas, mostrándolo en revistas… ¡Volvía la ilusión y la alegría al estadio!

Hoy es el último juego del equipo en su estadio; los jugadores van llegando al mismo. La gente se aglomera desde temprano. El tráfico en los alrededores del estadio es caótico, es impresionante la cantidad de elementos de tránsito controlando ese caos.

−¡Creo que ahora sí se va llenar el estadio!− expresaba emocionado una persona que se encontraba formada en las inmediaciones de una kilométrica fila que tenía como punto de inicio una de las entradas del estadio.

Llegó la hora. Los jugadores se encuentran pávidos ante aquel impresionante escenario colorido y repleto de gente. En las casetas de ambos equipos se escuchan todo tipo de comentarios y expresiones aludidas a ese “fenómeno social.”

El equipo local salta a la cancha. En el interior del vestidor local alguien comenta nervioso:

−¿Estamos todos?… No vino Chuy, ¿verdad?… Ya me lo temía… ¡Güero, tú lo vas a suplir!

−¿Yo! ¡No, yo no! ¡Se me hace que la voy a regar gacho!.

−Anda, anda, que no va pasar nada, que al cabo ya sé que te mueres por suplirlo… Bueno, ya prepárense y salgan al campo.

Se queda un momento solo, comienza a sudar y sus manos a temblar un poco, respira por unos segundos profundamente al momento que se decía: “Esto es lo que querías, ¿no?; pues ahora no hay vuelta atrás”. Se incorpora y camina por el pasillo rumbo al campo de juego. Mientras lo hace, las miradas de sus compañeros jugadores muestran sonrisas de alegría y, una que otra, de envidia; se oye que retumba en el pasillo el eco de la voz de la multitud que aclama su presencia gritando su nombre. Al final del pasillo, ya para salir al campo de juego, toma su última y profunda bocanada de aire al momento que se pone la cabeza de la botarga, representando así a la mascota del equipo.

Carlos A. Díaz García


 

La Canción Secreta

Filed under: Participa — catld @ 19:52



Me encontraba encerrado en mi recámara viendo en un televisor un documental muy interesante. Una música a todo volumen interrumpió mi concentración, provocándome un sentimiento mezclado de ira y desilusión. Sabía quien era la persona que lo había creado, y que la estaba disfrutando intensamente. Apagué el televisor, me recosté en la cama, y poniéndome mi antebrazo izquierdo sobre mis ojos, me dispuse a invocar con desesperación algún remanente de sueño que no había aprovechado durante la noche anterior. Lo único que logré fue aguzar mi atención en esa música que emanaba del estéreo ubicado en el recibidor de la casa. Estaba sintonizado en un popular programa de radio, en el que anunciaban dos títulos de canciones antes de reproducirlas. No alcancé a oír el título de la primera, pero sí el de la segunda, que me hizo esbozar una sonrisa por lo que a continuación sucedería… Una exclamación gloriosa sobresalió de aquel “antro” en que se había transformado la casa. Durante unos breves comerciales se abrió la puerta de mi recámara, al tiempo que una voz dulce me hizo reaccionar: “Buelo, me das para comprar unas papitas”. Sin descomponer mi figura metí la mano a uno de mis bolsillos, y saqué un manojo de monedas; escogí una de diez pesos, la cual me arrebató sin completar la extensión de mi brazo. −A ver si llego antes de que toquen mi canción favorita, dijo desesperada mi nieta antes de cerrar la puerta.

Comenzó a reproducirse la primera canción. Mi instinto me hizo ponerle total atención. Un ritmo lento tropical comenzó a armonizar mis sentidos; la incursión de una voz femenina hizo que mi rostro reflejara un gesto reconfortante; a la quinta frase, hizo que palmoteara despacito la cama. De pronto, el ritmo cambió drásticamente volviéndose más aprisa; la voz de la mujer, así como la letra, tomaron un ritmo divinamente contrastante, al volverse muy dramática. Un ruido de monedas que se impactaron contra el piso, me hizo volver en mí. Aparecía sentado en el borde de la cama. Sin haber recogido todas las monedas traté de dirigir mi atención nuevamente hacia aquella fascinante canción, pero ya había terminado. Y justo cuando comenzaba a escucharse la segunda canción, la puerta de la entrada se abrió intempestivamente, entrando mi nieta desenfrenada: lanzando la bolsa de papitas sin ver a donde, desprendiéndose de sus sandalias para disponerse a bailar cómodamente su canción favorita que reproducen ene veces durante el día. Traté de preguntarle acerca de la primera canción, pero me desanimó hacerlo: la niña estaba en total trance musical. Me dispuse a esperar a que terminara su glorioso momento, admirándola. Al sentir que la miraba no se cohibió ni mucho menos, todo lo contrario: comenzó a imitar movimientos sensuales, que su inocente y temprana conciencia creyó que serían “inocentemente” bien vistas por las demás personas. Y a la voz de “¡qué movimientos son esos, niña!” logré que la conciencia inocente de mi nieta concluyera con éxito su primera clase de sexualidad que le impartió su abuelo.

Terminando la canción, me dispuse de inmediato a preguntarle sobre la primera canción reproducida:

¿Hija, no te acuerdas el nombre de la primera canción?

No Buelo, no me acuerdo respondió exhausta y dejándose caer en un sillón, apachurrando la bolsa de papitas que había lanzado anteriormente.

¿Pero no sabes ni quién la toca, o la canta, ni nada? insistí alterado, manoteando.

No, no sé… A ver, ¿Cómo va? A ver, ¡Cántela! volvió a responder con una sonrisa burlesca.

Manifestando vergüenza, pregunté lo mismo más tranquilamente, tratando de convencerla de aguzar su memoria hasta el límite para provocar que desistiera de sus alentadores deseos.

Manipulando su actitud, con intención malévola, expresó sus insistentes deseos con suma dulzura, doblegándome por completo, emprendiendo a exhibir mis humildes dotes de cantante. Sin embargo, ante la emoción escénica que me invadía, no podía reproducir la canción. Comencé a tararear, provocando a mi ávida espectadora una expresión desconcertante… Pero, a los seis segundos, reviví la canción en mí. Fue tanto mi fervor que me atreví a bailar: coreografiando algunos pasos que lenta y torpemente realizaba y que fue lo suficiente para lograr la invitación involuntaria de mi espectadora para que pasara al imaginativo escenario a acompañarme a bailar… Detuve abruptamente el espectáculo. ¿Entonces ya te acordaste de la canción? pregunté emocionado a aquella “pinga”.

−No, ¡pero esta bien chida, Buelo! −contestó sorprendida− Pero no se preocupe, que al rato la vuelven a pasar. La van a repetir cada rato. Va ver.

Me dio un poco de consuelo su comentario, y decidimos esperar, escuchando todo el día la radio, sintonizando todos los programas existentes

………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………

Paso el tiempo y la canción no la volvimos a escuchar en ninguna otra parte. Nunca volvimos hablar al respecto. Nuestras memorias habían guardado esa canción en el baúl de los secretos.

Carlos A. Díaz García


 

El extraño caso de Sara de la Poer 22 enero 2010

Filed under: Amigos autores — jaumetdw @ 22:36



EL EXTRAÑO CASO DE SARA DE LA POER

El otro día, consultando diarios viejos de épocas ya pasadas, me encontré con un artículo sumamente curioso y extraño. Tan sólo diez líneas hablaban de ese suceso. ¡Tan poco espacio para un caso tan grave y sobrecogedor! Me pareció demasiado extraño, y quise curiosear un poco más. Busqué por otros diarios y revistas, y no encontré nada… nada de nada que contara lo más mínimo de ese asesinato múltiple tan escalofriante…

La escasa información que revelaba ese artículo era simplemente que una doncella joven, de buena casta y posición social, había enloquecido matando a plena luz del sol, y en medio de la calle, a doce transeúntes inocentes de tal demencia.

Nada más pude encontrar, y nada más pude saber de esta doncella que, debido a esta insensata causa, se convirtió en la protagonista principal de un teatro macabro y entrevisto. Por eso, me quedé ansioso por indagar en el asunto, por saber más de este comportamiento enajenado, por saber sus motivos y lo que pasó en la vida de esta doncella para transformarla en un monstruo asesino…

Si bien estos casos no son muy frecuentes, es seguro que cada uno de ellos marca un hito y deja impresa una huella de terror y de misterio en los corazones de la gente que habita y habitará el lugar donde se propició la locura. Por eso, me extrañó tanto que nada se supiera del asunto, pues su magnitud es tan ancha que, sin duda alguna, el entendimiento de la razón debe y tiene que apelar a la comprensión general de la Humanidad.

Ahora bien, cada uno de nosotros sabemos con certeza que, nunca jamás, perpetraríamos una idea semejante, aunque el subconsciente o la fantasía a este camino nos incitaran. No obstante, no es descabellada la idea de que quizá, otra persona sí que lo haría… Por eso, en mis meditaciones, sale muy a menudo esta idea, suscitándome asombro y afán de comprender cómo puede ser que una chica joven, una doncella con una vida que la mayoría de la gente deseamos, se lanzara al asesinato y la mutilación con una potente escopeta de caza.

De acuerdo, llegados a este punto debo confesar, para qué engañaros, que lo que más mueve mi afán de conocimiento es una curiosidad mórbida y enfermiza que me empuja a descifrar todos los pormenores y los detalles del asunto. Y creo que vale la pena indagar en ellos, pues cuando un tema afecta la mente con tanto vigor, siempre vale la pena dedicar un tiempo a pensarlo.

Si el lector quiere, que haga su propia meditación, saque sus propias ideas y conclusiones y, así, concluya satisfactoriamente su interés por el caso que nos ocupa. Yo, por mi lado, no estoy para nada satisfecho e invito, a los que sientan esta misma inquietud, a vagar conmigo por los quince años de la vida de esa doncella asesina.

Si aún estáis aquí, os doy la bienvenida y os notifico que mis vacilaciones han avanzado satisfactoriamente.

Bien, empecemos por el inicio, o sea, por la infancia de la desventurada doncella de rizos dorados. Supongamos, por un momento, que su familia no tenía nada de particular o de extraño. Era la típica y ordinaria familia, rica y acomodada, de la burguesía neoyorquina. Por tanto, lo especial de este asunto es de bien seguro que deberíamos buscarlo en los vericuetos más ocultos y dificultosos del alma de la doncella… podríamos llamarla… Sara.

Entonces… figurémonos de tal modo su infancia, que podamos identificarnos con ella; pues en el psiquismo humano no hay mayor herramienta de comprensión que la empatía hacia sus cónyuges o sus semblantes.

Bien, tomando como partida la riqueza de su familia y su buena posición social, podemos suponer que Sara vivía rodeada de todas las comodidades que uno pueda desear. Era una muchacha consentida, que siempre conseguía lo que se le antojaba. Pero no por eso dejaba de lado las responsabilidades de su vida o se comportaba de maneras impropias. Todo lo contrario. Sara era una chica responsable, que se comportada de manera ejemplar y enorgullecía, seguramente, a su padre y madre. Sin duda alguna, hacía honor al apellido que llevaba.

Sara no tenía muchas amistades, pues se dedicaba la mayor parte del tiempo al estudio y a las labores de su hogar. Seguía al pie de la letra las órdenes de sus padres y su vida se caracterizaba por el riguroso estudio, el temple y la seriedad con las que llevaba a cabo todas sus acciones, el esfuerzo para llegar a conseguir sus metas y sus objetivos o su dedicación a las tareas del hogar y de la familia.

La doncella se hacía mayor. Pasaban los años y cada vez era mejor considerada y su estampa era reconocida en todas las familias relacionadas con los De la Poer. Pero, con la llegada de su adolescencia, también llegaron otros intereses, otras inquietudes… y otros deseos.

Sara estaba ansiosa por ver mundo. Por abrir sus alas y volar… volar a lo más alto, allí dónde ningún avión pudiera llegar. Hacer cosquillas a las nubes y verlo todo desde una nueva perspectiva, singular y sin obligaciones. Pues era esto lo que más le empezó a molestar, las obligaciones.

Estaba harta de seguir las órdenes de sus padres, de pasarse el día estudiando, limpiando la casa o haciendo la comida. Ella quería salir a jugar, a divertirse, a conocer gente, a hacer amigos y amigas… y a conocer chicos. Sobre todo eso, sobre todo conocer chicos… pues cuando llega esta edad, una chica se siente inquieta y algo en su interior revolotea y la hace vibrar. Su sangre hervía, su corazón se desbocaba, su imaginación soñaba… y soñando, quiso empezar a vivir por ella, no por sus mayores.

Creo que todo cambió entonces, cuando su interés por los hombres despertó por primera vez, inocente e incauto. Ella no entendió por qué sus padres se enfadaron tanto por sus actos y tildaron su conducta de impropia y de vergonzosa. ¡Si ella sólo quería ser feliz! ¡Seguir sus sentimientos, puros y sinceros y hacer cosas bonitas!

Y empezaron a llegar las primeras disputas, y con éstas, el corazón indomable de una mujer soñadora y rebelde estalló en medio del universo en una infinitud de nebulosas crepusculares, preñadas de sueños, de ambiciones, de deseos y de placeres.

Sus padres, conducidos por la codicia, por los materialismos y las banalidades de una época de exultante pomposidad, negaron a la joven soñadora a convertirse en mujer, y lo que es peor, a luchar por sus sueños y sus deseos.

La pobre Sara se quedó encerrada en una vida gris y monótona. Justo cuando empezaba a vislumbrar la vida dorada y bella, cuando empezaba a ver la luz del amor y de la alegría, sus padres, sus superiores, sus mayores, sus amos; encarcelaron su felicidad y la encerraron en la vida que ellos mismos creían la correcta, según sus propias ideas cerradas y cortas de miras.

¡Qué detestable! ¡Qué odioso por su parte! Una chica debe actuar y decidir lo que le dicte el corazón, ¡no lo que le dicten los demás! Sus padres actuaban pensando en el buen camino de la chica, siguiendo unas ideas y unos dictámenes aprendidos en horas oscuras, cuando cualquier cosa era suficiente. ¡Pero eso no era asaz ni benévolo para una chica llena de luz y de alegría! Sara necesitaba cumplir sus propios deseos, llevar su propia vida y empezar a actuar cómo una mujer, ¡empezar a tomar las riendas de su destino!
Pero ellos no entendían que esas maneras eran sólo las suyas, las que ellos mismos habían inventado y habían impuesto a su dorada doncella… unas maneras anticuadas y carcomidas por lo artificioso y lo inflexible.

Entonces, cuando Sara cumplió los quince años, se vio envuelta por una segunda oscuridad más triste que las mismas tinieblas nocturnas. Su vida transcurría apenada entre horas bajas que caían cómo gotas de un rocío melancólico. Se pasaba las horas mirando a través de la ventana, viendo cómo la vida exterior bullía y circulaba sin ella, sin ella… ¡sin ella! Y de pronto, todos sus instantes perdidos, todos sus huecos objetivos, todos sus gritos mudos estallaron en un abanico de grises y negros que gritaban gemidos de odio y de envidia a los demás seres vivientes de la maldita ciudad.

Su corazón se ahogó entonces, y ahogadas todas sus ilusiones y esperanzas su vanidad empezó a crecer dentro de su alma, ansiando, envidiando, deseando la vida de los demás.
Envidiaba el paso firme de los hombres de negocios que cruzaban la calle. Envidaba los paseos elegantes y dulces de las señoritas solteras que coqueteaban con los mozos más apuestos. Envidiaba los sombreros que flotaban por debajo de su ventana, coronando las cabezas pomposas de viejas impostoras que vivían una vida robada. ¡Pues ella se la robaría!

Un día, ya no pudiendo aguantar más, ya no pudiendo soportar la envidia que oprimía su corazón, escapó de las prisiones de su hogar amparada por la masa ruidosa, viva y pegajosa, de una ciudad hirviente de leprosa existencia. Se mezcló entre esta masa vital, invisible, impersonal, sin nombre, sin significado… nadie la miraría, nadie le haría caso, podría llevar a cabo su terrible plan sin que nadie se diera cuenta de sus intenciones.

Pero entonces, cuando se acercaba hacia la tienda de armas, de entre la confusa multitud y el maremágnum de pasos, le pareció oír unas pisadas muy diferentes a las demás, unas pisadas con un ritmo adecuado y particular que la seguían. Se asustó. Su mirada brincó de un lado a otro, buscando quién la acechaba. Empezó a correr, huyendo de su propia paranoia y se asomó al portal de la tienda, sintiéndose protegida entre la oscuridad de unas pilastras anchas y profundas.

Ay Sara, ¡qué ilusa eres! ¡¿Por qué tienes miedo?! No debes temer nada, soy yo quien te sigue… no te preocupes, entra, ¡entra! Y coge lo que necesitas para satisfacer tu odio, tu venganza ¡y la envidia que te corroe!

Y Sara no dudó. Cómo conducida por un poder perverso y satánico, la blanca doncella entró corriendo al interior de la tienda, dejando tras de sí un susurro sinuoso llevado por el viento.

Entonces dentro ella compraría la escopeta más poderosa de la que dispusieran. No habría tenido ningún problema en adquirirla, ya que en esa ciudad, con dinero se puede conseguir cualquier cosa.

Con el arma en los puños Sara se sintió poderosa, y sus ansias de venganza rugían como leones enfurecidos. Sus pasos salieron vigorosamente, como un arrollo de agua que cae salvajemente por una catarata de aguas tenebrosas.

Entonces vinieron los estruendos, y un estallido final de horror. Mientras vacilaba, seguramente no me dio tiempo a percibir el primer trueno, el que anunciaba la tormenta. Pero el segundo… el segundo seguramente que todo el mundo lo oyó… y entre la terrible barahúnda pudieron escuchar el tercero, y el cuarto, y el quinto, y el sexto… y así hasta doce despiadados estruendos escupidos por la endemoniada arma de fuego que una doncella, frágil y bella, manejaba como la misma guadaña de la Muerte.

Si yo hubiera podido presenciar esa lujuria de asesinato… ¡por el cielo! Que seguramente me hubiera quedado diabólicamente maravillado, como por un poder perverso y satírico de una diablesa rubia, blanca y brillante como un ángel. Y seguramente, esa imagen se hubiera quedado grabada en mi retina para siempre: la imagen de doce cuerpos despedazados, contorsionados como un circo… y el humo… también el humo emanando de sus cuerpos y del arma de Sara… la lluvia, roja… salpicando el asfalto, la humedad mojando los cuerpos… y una doncella, blanca y pura, rubia como el oro, con la mirada hueca, con la vista perdida en el infinito, ignorando la sangre que salpicaba sus pálidas mejillas… ignorando la escopeta que se balanceaba inquieta, pendida en sus brazos finos y delicados…

Jaume Moreso i Mallofré


 

Ex(tractos) 20 enero 2010

Filed under: Últimos post,Participa — Los Sueños de Zoe @ 19:01



El tracto entre tus labios y los mios, es un extracto de la impaciencia, que verte, me provoca.

Un extracto de lo que sentimos no podría ocupar el hueco que le quisimos asignar, en los anaqueles, junto a las copas del vino y las tazas de tu colacao matutino.

Entre tu pueblo y el mio, los campos se llenan de coles. Los árboles de mirlos mirones, las farolas sonríen luz amarilla, recorren ese espacio interpoblacional nubes blancas suaves y dispersas en un cielo, tan claro, que hace que entornemos los ojos para poder observarlo.

Un agricultor escucha Lonesome crow, en el radio-cd de última regeneración de su cosechadora mientras cosecha mermelada de fresa en sus tierras de cultivo fértiles y fronterizas. Nos mira sin demasiado interés cuando le da una chupada a su cigarrillo manufacturado.

El gorgoteo en mi estomago indica que mi tracto digestivo esta contento y suavemente susurra melodías a su manera gutural. Ya sabes que no es porque este famélico, es porque aprecio tu forma de tratarme y mi organismo tiene esta surrealista forma de hacertelo saber, con una profunda melodía intestinal.

Adolfo Gasca Pascual


 

Trucos para el editor de textos 15 enero 2010

Filed under: Últimas noticias,Información — catigomez @ 20:53
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EDITADO Y AMPLIADO:

Como habréis podido comprobar, el editor de texto tiene algunas limitaciones. La más evidente es el diminuto tamaño de la letra, un auténtico “quema-retinas”, pero también habréis comprobado que a veces los párrafos aparecen amontonados porque los espacios entre ellos apenas son evidentes. He encontrado algunos truquillos en código html, que podréis aplicar pinchando en esa pestaña (HTML) después de haber escrito vuestro relato, y añadiéndolos en el lugar correspondiente.

Por ejemplo:

-Para lograr un tamaño de letra más legible, podéis utilizar el siguiente código:

<span style=”font-size:medium;”> al principio del texto o delante de cada párrafo que queráis cambiar para una letra de tamaño mediano. Es el que yo uso para aumentar la letra de todos vuestros relatos. El código que marca el final de éste es </span>. Da mejores resultados si se utiliza delante de cada párrafo, es decir, al principio de cada frase después de un punto y aparte. En ese caso no hace falta que utilicéis en final (</span>), porque se marca automáticamente.

Si preferís una letra aún más grande, podéis probar a escribir large en vez de medium. Por ejemplo, así quedaría una línea en large:

Más grande todavía…

-Para un espacio en blanco bien visible, podéis poner <!- -br- ->, una vez por cada espacio que queráis. Así:

<!- -br- ->

<!- -br- ->

equivaldría a dos espacios en blanco.

Si queréis un espacio en blanco más exacto, podéis utilizar los siguientes códigos

(Fuente: WordPress http://wpbtips.wordpress.com/2009/06/10/formatting-text-pt-1/ ):

Encima del párrafo: <p style=”padding-top:14px;”>

Debajo del párrafo: <p style=”padding-bottom:14px;”>

Encima y debajo del párrafo: <p style=”padding-top:14px;padding-bottom:12px;”>

Sólo tenéis que variar los valores que hay delante de px para obtener un espacio más o menos grande.

-Si queréis un tamaño de letra aún más grande y en negrita, podéis utilizar los códigos <h1> y </h1>. Es el que yo uso para los títulos de vuestras obras. Se utiliza delante y detrás del título, así:

<h1>Título de la obra</h1>

Título de la obra

Podéis probar también con otro número (h2 o h3, por ejemplo) para cambiar de tamaño. También podéis utilizar la pestaña desplegable que aparece en VISUAL (Párrafo), pero a mí me da mejores resultados el código html.

Y eso es todo, por el momento. Seguiré investigando más trucos para ir mejorando el aspecto de nuestros relatos, que también es importante. Creo que es fundamental todo lo que sirva para lograr que al visitante le resulte agradable la lectura, para que se sienta cómodo con nosotros y desee volver. ¿A que sí? Me gustaría que probaseis los trucos, que jugaseis con ellos para ver qué resultado os dan; y si alguien conoce más trucos, o tiene algún problema concreto con el editor de textos, sería estupendo que lo comentase aquí para que todos podamos aprender algo nuevo. Pero cuidado, porque en WordPress no se permiten todos los códigos html, por motivos de seguridad. En estas páginas podréis consultar sus condiciones (¡suerte que existe el traductor de Google para los que no hablamos inglés!):


http://en.support.wordpress.com/code/


http://www.w3schools.com/tags/default.asp


 

El profeta loco 13 enero 2010

Filed under: Amigos autores — jaumetdw @ 21:43


El Profeta loco.

-Jajajaja!!!- una risa trastornada, llena de demencia y de sonoridad inhumana irrumpió repentinamente en la oscuridad muerta.
-jajajaja!!!- la risa continuaba, frenética, febril, enfermiza; como una locura, como una hecatombe de sacrificios y de muerte. Por donde pasaba, unos gritos de horror y de desolación repondían al pavor vaporoso que invadía todo el lugar.

De pronto, una voz -si se le puede llamar voz a eso que oí- profirió un anuncio que me llenó de terror y desconcierto -yo soy Abdul Zaann el Profeta! El más grande de toda su estirpe y el que alcanzará el don de la inmortalidad…! Yo..!- repentinamente un gruñido visceral y sardónico salió de la garganta de ese ser. Sus gritos cesaron, su locura se apaciguó. Pero solo fue un instante… pues en un arrebato de cólera sus gritos volvieron a estremecerme.
Quién demonios eres tu?!- escupió con fingida sorpresa.
Y entonces mis ojos contemplaron algo que nunca he podido olvidar. Esa detestable imagen, impuramente anormal… Era un ser impío, antinatural, una falacia de la realidad. Su imagen, lejos de inspirarme estupefacción, me recordaba perversamente a algún monstruo horroroso de las profundidades estigias de mi mente.

-Yo, soy tú. Mírame bien! No me reconoces?- pronunció el nuevo ser, con un sonido gutural.
La respuesta que vino a continuación y que me heló la sangre, solo fue el principio de un holocausto caníbal más allá de toda imaginación. La primera bestia profirió un aullido tan terrorífico que perdí la cabeza. Mi cuerpo se estremeció y perdí el control. Quizá no lleguéis a entender lo que os contaré, o no me creáis, pero os juro que es la pura verdad. Y no fue por lo que vi u oí lo que hace que mis noches estén plagadas de pesadillas extravagantes, sinó por lo que “sentí”…:

No podría decir si era de un perro, de un lobo o de un coyote; quizá una mezcla de todos ellos. Pero el aullido que vomitó la primera bestia me transmitió perversamente lo innominable de su procedencia. La bestia respondió al segundo ser, al cual estaba mirando fijamente:
-Bastaaaaardo…! Tu no eres yo, yo soy único! Yo soy Abdul Zaann, quién ha vuelto de la tierra de los Dioses, quién ha viajado por infinitas latitudes prohibidas y ha vuelto para contarlo…! Yo… yo he visto a los Dioses, regocijarse de su poder… y me he reido de ellos! He hollado en las inmensidades cenicientas, y he visto colores y luces que ningún mortal jamás imaginará! Y pronto me convertiré en un Dios!
Y en ese preciso instante, cuando terminó de esputar esas blasfemias innombrables, se avalanzó como un demonio pesadillesco sobre el otro ser. La muerte goteante hizo acto de presencia, untando de rojo y carmesí los brazos asquerosamente retorcidos de la primera bestia. Ésta rió insensatamente mientras de todos lados llegaban, como atraídos por el líquido del mismo Hades, una ingente cantidad de criaturas amorfas, de contornos grotescos y cuerpos deformados.
Sus ojos, habían enloquecido. Rojos como el ocaso huían de sus concavidades, delirando en serpenteantes giros espasmódicos. Entonces empezó a proferir ciertos gruñidos y un conjunto indefinible de sonidos acompasados. Abdul Zaann, el Profeta, el Único, saltó frenéticamente sobre ese torrente de aullantes sombras torrenciales de una demencia roja y viscosa. Devoró la carne, los huesos y los jugos abominables y caleidoscópicos en medio del pandemonio nebuloso. Y entonces en medio de sombras burlescas pude ver, como su cuerpo ensangrentado, caía lánguidamente en el eterno vacío del estéril averno.

Cuando recobré la cordura, me encontraba en la cama de un hospital. Me dijeron que había tenido un accidente en un parque temático y que había perdido mucha sangre por culpa de un corte con un cristal de la “sala de los espejos deformadores”. Entonces me acordé de Abdul Zaann y de todas sus palabras, y me di cuenta, aterrado, de que no habían sido esos diablos peludos, deformes y blanquecinos los que habían asesinado al loco profeta. Quién había acabado con su vida había sido él mismo, reflejado en la locura de decenas de espejos de silencioso secreto.

Jaume Moreso i Mallofré