Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

El profeta loco 13 enero 2010

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El Profeta loco.

-Jajajaja!!!- una risa trastornada, llena de demencia y de sonoridad inhumana irrumpió repentinamente en la oscuridad muerta.
-jajajaja!!!- la risa continuaba, frenética, febril, enfermiza; como una locura, como una hecatombe de sacrificios y de muerte. Por donde pasaba, unos gritos de horror y de desolación repondían al pavor vaporoso que invadía todo el lugar.

De pronto, una voz -si se le puede llamar voz a eso que oí- profirió un anuncio que me llenó de terror y desconcierto -yo soy Abdul Zaann el Profeta! El más grande de toda su estirpe y el que alcanzará el don de la inmortalidad…! Yo..!- repentinamente un gruñido visceral y sardónico salió de la garganta de ese ser. Sus gritos cesaron, su locura se apaciguó. Pero solo fue un instante… pues en un arrebato de cólera sus gritos volvieron a estremecerme.
Quién demonios eres tu?!- escupió con fingida sorpresa.
Y entonces mis ojos contemplaron algo que nunca he podido olvidar. Esa detestable imagen, impuramente anormal… Era un ser impío, antinatural, una falacia de la realidad. Su imagen, lejos de inspirarme estupefacción, me recordaba perversamente a algún monstruo horroroso de las profundidades estigias de mi mente.

-Yo, soy tú. Mírame bien! No me reconoces?- pronunció el nuevo ser, con un sonido gutural.
La respuesta que vino a continuación y que me heló la sangre, solo fue el principio de un holocausto caníbal más allá de toda imaginación. La primera bestia profirió un aullido tan terrorífico que perdí la cabeza. Mi cuerpo se estremeció y perdí el control. Quizá no lleguéis a entender lo que os contaré, o no me creáis, pero os juro que es la pura verdad. Y no fue por lo que vi u oí lo que hace que mis noches estén plagadas de pesadillas extravagantes, sinó por lo que “sentí”…:

No podría decir si era de un perro, de un lobo o de un coyote; quizá una mezcla de todos ellos. Pero el aullido que vomitó la primera bestia me transmitió perversamente lo innominable de su procedencia. La bestia respondió al segundo ser, al cual estaba mirando fijamente:
-Bastaaaaardo…! Tu no eres yo, yo soy único! Yo soy Abdul Zaann, quién ha vuelto de la tierra de los Dioses, quién ha viajado por infinitas latitudes prohibidas y ha vuelto para contarlo…! Yo… yo he visto a los Dioses, regocijarse de su poder… y me he reido de ellos! He hollado en las inmensidades cenicientas, y he visto colores y luces que ningún mortal jamás imaginará! Y pronto me convertiré en un Dios!
Y en ese preciso instante, cuando terminó de esputar esas blasfemias innombrables, se avalanzó como un demonio pesadillesco sobre el otro ser. La muerte goteante hizo acto de presencia, untando de rojo y carmesí los brazos asquerosamente retorcidos de la primera bestia. Ésta rió insensatamente mientras de todos lados llegaban, como atraídos por el líquido del mismo Hades, una ingente cantidad de criaturas amorfas, de contornos grotescos y cuerpos deformados.
Sus ojos, habían enloquecido. Rojos como el ocaso huían de sus concavidades, delirando en serpenteantes giros espasmódicos. Entonces empezó a proferir ciertos gruñidos y un conjunto indefinible de sonidos acompasados. Abdul Zaann, el Profeta, el Único, saltó frenéticamente sobre ese torrente de aullantes sombras torrenciales de una demencia roja y viscosa. Devoró la carne, los huesos y los jugos abominables y caleidoscópicos en medio del pandemonio nebuloso. Y entonces en medio de sombras burlescas pude ver, como su cuerpo ensangrentado, caía lánguidamente en el eterno vacío del estéril averno.

Cuando recobré la cordura, me encontraba en la cama de un hospital. Me dijeron que había tenido un accidente en un parque temático y que había perdido mucha sangre por culpa de un corte con un cristal de la “sala de los espejos deformadores”. Entonces me acordé de Abdul Zaann y de todas sus palabras, y me di cuenta, aterrado, de que no habían sido esos diablos peludos, deformes y blanquecinos los que habían asesinado al loco profeta. Quién había acabado con su vida había sido él mismo, reflejado en la locura de decenas de espejos de silencioso secreto.

Jaume Moreso i Mallofré


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El soldadito de plomo

Filed under: Amigos autores — jaumetdw @ 21:41

El Soldadito de Plomo
(Canción de la Hada Iria)


Oh…! Oh, oh…!

Cuán terrible es la desdicha del ser
desprovisto de corazón para sentir…!

Cuán terrible es la desdicha del ser
desprovisto de alma para amar…!

Oh…! Oh, oh…!

Esta historia, cual epopeico lance
e más terrible infortuno desenlace
canta las hazañas de tan insólito
héroe que en mi cuer un hito

marcó como la luz marca el zenit
de la más brillante estrella fénix
de nuestra celeste bóveda jalbegante
de rosas, morados, ¡y un turquesa elegante!

Pan de trastrigo era aquél ser
¡de lo más exquisito que uno puede ver…!
quizá de frío metal estaba hecho por fuera
mas su interior ¡el cálido botete era…!

Bravo guerrero que contra todo mal
luchó con valentía ¡e vigor inmortal…!
consiguió más con una sola cama
que todo un ejercito en su aclamada fama.

Quizá no tesoros, ni rubíes ni plantino;
ni joyas ni placeres carnales ni el lino más fino…
¡y qué mas daba! Él consiguió lo que más amaba,
el amor y la paz; ¡la libertad de la esclava!

Oh…! Oh, oh…!

Cuán terrible es la desdicha del ser
desprovisto de corazón para sentir…!

Cuán terrible es la desdicha del ser
desprovisto de alma para amar…!

Oh…! Oh, oh…!

Pues un día enamórese de una doncella
pura como el agua, ¡como una rosa bella!
mas sus inocentes sentimientos pudieron
ni siquiera expresarse yuso la dulce timidez.

Mas las perspicacia no faltaba en la doncella
e sin ninguna dificultad, ¡se dio cuenta ella!
agarráronse de las manos, y a la Luna llena
a visitar fueron en el umbral de la ventana siena.

Y así pasaron las noches,
cantando al son de la Luna
¡Lara-la, lirín liró! ¡Lara-la, lirín liró!

Hasta que un día la caja se abrió
e un dedo impío al soldadito señaló
¡oh no! Era el demonio, ¡el farsante!
¡El que no tiene sombra ni semblante!

Mas el soldadito de plomo no se asustó
¡ni cuando el demonio artero le azuzó!
pues bravo como el agua era nuestro soldado
¡e jamás en su vida de nada se había asustado…!

Cogiose su espada de plomo y al trapisondista
venció con una proeza que ¡cantaba a la vista!
la mano de su amada cogió
e a la plateada luz de la Luna cantó…

¡Lara-la, lirín liró! ¡Lara-la, lirín liró!

¡Lara-la, lirín liró! ¡Lara-la, lirín liró!

Pero,

Oh…! Oh, oh…!

Cuán terrible es la desdicha del ser
desprovisto de corazón para sentir…!

Cuán terrible es la desdicha del ser
desprovisto de alma para amar…!

Oh…! Oh, oh…!

La más inmunda bajeza a cernirse volvió
a la espalda del heroe que jamás se imaginó
que la maldad tuviera forma humana, e humana
fuera la mismísima maldad, ¡material  e mundana!

La mano humana llególes de su umbral, privándoles
de la felicidad, del cariño, ¡de la nobleza…!
e le separó del regazo de su amor e lo tiró, al barro
a los lodazales mugrientos del callejón ¡guarro…!

El pobre soldado lo perdió todo, mas en su corazón
remanire la esperanza que lo guiara el monzón,
de nuevo al puerto del amor de su amada
y por los mares intempestivos ¡le guiara su espada…!

Largos fueron los años que el pobre soldado vagó
por los océanos hasta que un pez curioso se lo tragó
y en las entrañas de ese ser aún más ¡lloró y lloró!
“¿es qué mis sentimientos no importan?” gritó,

¿por qué son tan malvados esos seres que llaman humanos?
¡lirí, liró!
¿por qué…? ¿a caso no tenemos corazón las figuritas de plomo?

¡Ohhhhhhh…! ¡lirí, liró!

Cuán terrible es la desdicha del ser humano
desprovisto de corazón para sentir…!

Cuán terrible es la desdicha del ser humano
desprovisto de alma para amar…!

¡Ohhhhhhh…! ¡lirí, liró!

E luego las sombras se lo llevaron y perdido
entre las tinieblas donde toda la luz se había ido
escuchó una voz fablar, ¡con distinguido sonido…!
Era ella, ¡su doncella! Desde el baül ¡inhibido…!

¡Ohhhhhhh…! ¡lirí, liró!

Su doncella le llamaba e ¡él llegaría hasta ella…!
luchó durante incontables edades con la mella
marcada en la hoja de su espada, ¡que nunca se quebrantaba!
e de pronto, otra voz llegó a sus oídos, esta vez, ¡humana…!

¡Oh no! ¡lirí, liró! ¡Cuánta maldad! ¡lirí, liró! ¡Humana, de verdad…!

En el frío metal de las cuchillas e los hornos se encontró
de nuevo en el seno del horror, donde él nació.
La desesperación anegada a su cuello le quería matar
¡mas de nuevo la voz de su doncella escuchó fablar…!

Cató a su alrededor, ¿y cual fue su sorpresa?
Era la misma casa donde vivió, sin duda ¡era esa!
¡Desdicho sea el destino, que a esa casa lo llevó por primera vez!
¡Afortunada sea la casualidad, que lo devolvió ahí, en la barriga de un pez!

Actuó rápido e con premura, e après de los peldaños del infierno
con su dama se reencontró, e la guarió al borde de la desolación del averno,
huyeron los dos, bajo la juguetona e burlona luz de la Luna
más los ratoniles dedos de ese niño infernal trajeron de nuevo… ¡la bruna!
La infamia a la rematacina les empujó
e la judiada lengua de fuego relamió
sus cuerpos y sus almas de amor preñadas
volviéronse grises en esas cenicientas humaredas…

A los ojos del humano ratonesco, de mejillas sonrosadas;
del monstruo de pelos encrespados y asesino de hadas;
el plomo de sus cuerpos se fundió, en la hoguera invernal
y de sus cuerpos, ¡un corazón se dibujó de la luz inmortal!

¡Oh no! ¡lirí, liró! ¡Cuánta maldad! ¡lirí, liró! ¡Humana, de verdad…!

Oh…! Oh, oh…!

Afortunados sean los dos enamorados de metal,
la bailarina de plomo, y el soldadito de plomo, ¡también…!
que por fin librados de sus cuerpos mundanos han sido
e prisists encarnaçión con luz e magia ¡en dos grandes maravillas!
ahora, por siempre jamás, el soldado y la bailarina
liberados de sus prisiones de plomo, en luz e magia
¡han venido a vivir a la tierra de las hadas, las ninfas y los gnomos!

Oh…! Oh, oh…! ¡lirí, liró!

Oh…! Oh, oh…!

¡lirí… liró…!

Nota del autor:

En este cantar he utilizado palabras del castellano antiguo las cuales, seguramente, a la vista y oido de la mayoría de vosotros y vosotras no significarán nada. Por eso, anoto a continuación los significados para vuestro interés o diversión:

Jalbegante: que pinta
Pan de trastrigo: algo excelente, pan mejor que el de trigo.
Botete: un lugar ideal para los niños, para sus juegos y sus fantasías.
A la rematacina: “a ver a dónde/hasta dónde llega”
Llególes: Les alzó
Cató: Miró
Prisists encarnaçión: Se han encarnado
Fablaba: hablaba
Après: Cerca
Cama: pierna
Yuso: abajo
Remanire: Quedó
Cuer: corazón
Guarió: salvó

Jaume Moreso i Mallofré


 

Última carta desesperada

Filed under: Amigos autores — jaumetdw @ 21:37

Última carta desesperada.

Amado mío:

Escribo esta carta bajo una terrible desesperación que ha anegado hasta el último rincón de mi alma. Tú no la conoces, esta desesperación, esta fatalidad que me ha perseguido desde el día en que nací. Es el miedo que acecha, el terror con un nombre propio, pero que de cualquier identidad carece. Es el sino del horror, de la pesadilla que me ha tocado vivir y que me convierte los días en noches oscuras y vacías.

Estoy harta. Ya no puedo más. Ya no aguanto más…

Esta noche, cuando la luz de la luna asome por vez primera entre los cristales de mi ventana, habrá llegado mi fin. No me atrevo a decirte cómo será o qué ocurrirá, sólo sé que esas malditas nubes que flotan impasibles en el cielo lo anuncian, mofándose de ello, riéndose de mí.

No trataré de convencerte de nada, ni de juzgar ni de denunciar nada. Tan sólo espero, que cuando leas esta página, atropelladamente garabateada, llegues a entender porque deseo tanto el olvido o la muerte.

>> El verdadero horror empezó cuando mis padres me obligaron a casarme con un hombre rico que me sacaba el doble de edad y que no conocía de nada. Yo sólo tenía diecinueve años, era una niña, indefensa y sola, y mis palabras o deseos no significaban nada.

Era el año 1940. La Guerra Civil por fin había acabado. Fue el acontecimiento más importante y decisivo de nuestra historia, tal y cómo dijo el authentique et sincère George Orwell con su gran “Homenaje a Catalunya”. Pero después de ella no vino nada nuevo, ni hubo ninguna buena voluntad de mejorar las cosas.

Fue la dictadura su gran legado, una dictadura larga y cruel dónde las mujeres sólo cumplíamos un papel: el de la esclava para el marido. Y ése era el rol que me tocó interpretar ya desde temprana edad. Todo era una farsa, un montaje, una obra de teatro puesta en escena con vil perversión y nefastas consecuencias.

Creo que de haber podido elegir, habría elegido poder morir de rodillas o tirada sobre el sucio barro con un tiro en la cabeza. Quizá juntamente con el gran García Lorca, o al lado de cualquier otro artista injustamente odiado y despreciado por ejercer sus propias libertades o, simplemente, por ser diferente.

Pero eso no podía ser, y ojalá me hubieran asesinado de esa manera, y me hubieran liberado de vivir este tormento, este Hades de desesperación donde es un hombre, un sólo y único hombre el que lleva los cuernos y la cola del diablo.
No me asesinaron de esa manera, no… pero me han estado asesinando todos estos años, hasta hoy…

Mi vida no significa nada, nunca he tenido expectativas, ni objetivos ni nada qué hacer. Mis ilusiones -si de lo que me ha ilusionado se le puede llamar ilusión- fueron aplastadas como apestosas cucarachas bajo pesadas botas. Mis sueños -¿qué es eso, dime, qué es eso?- creo que nunca han existido, han sido una sombra de lo que quedó de mi alma después del día de mi boda.

Desde entonces, me he pasado mi vida suplicando al cielo un poco de clemencia, un poco de amor y de estima. En mis pesadillas se han mezclado fugaces rayos de luz anunciando mi príncipe azul. Pero él nunca ha llegado. Y yo lo he llamado, y he gritado. Pero la inmensidad azul me ha ignorado.

En su lugar, y a su antojo, otro hombre me desposa cada noche, me viola y me tortura bajo la fría y maldita mirada de un astro herido. La luz mortecina esconde estas agresiones, y el maquillaje hace el resto. Nunca salgo de casa, nunca salgo a la luz del sol. Yo sólo cocino, limpio, cocino, y sangro cuando me viola.

¡Maldito sea todo! ¡Maldito seas tú que no has venido! ¡Maldito sea el cielo, que ignora mi dolor! ¡Maldita sea la luna, con esa detestable giba garfiosa que atormenta mi alma! Maldito sea todo… malditas sean las nubes, que cuando oigan el ruido seco de la tierra cuando me abrace, ¡seguirán danzando impasibles en el cielo! <<

Ya no puedo más. No logro ni contener mis lágrimas.

Ya no me queda nada.

Así que voy a poner fin a todo esto, ahora que te he contado lo que jamás he expresado a nadie. No sé cómo lo haré, y tengo mucho miedo, pero debo hacerlo, necesito hacerlo. Necesito morir ahora… saltando a la sórdida calle de abajo, dónde probablemente mi cuerpo pase varios días destrozado y roto antes de que nadie sienta un poco de lástima por mí.

Ha llegado el momento, ya no tengo dudas.

¡¿Qué?!

¡¿Qué ha sido ese golpe?!

Oigo pasos, se acercan…

Puedo sentir un cuerpo pesado golpeando contra la puerta…

…algo forcejea con el pomo…

…no, no quiero, no quiero…

¡Dios mío! ¡Esa mano! ¡Aléjate, por favor! ¡No! ¡No…!

¡La ventana! ¡La ventana…!

Jaume Moreso i Mallofré


 

Mastín del bosque

Filed under: Amigos autores — jaumetdw @ 21:36

Mastín del bosque

No sabría deciros mi nombre, pues nunca nadie me ha puesto uno, ni tampoco lo he necesitado. Tampoco sé si nací, ni tengo conocimiento del tiempo que pasé ahí, ni de mi edad. Sólo sé, que cómo cada día, me levantaba del regazo del ser con el que vivía. Éste también se levantaba y salíamos a correr en medio de un paraje habitado por seres de pelo verde y piel marrón, sin intercambiar sonido alguno, palabra alguna; pues tampoco necesitaba hablar, ni tampoco conocía el lenguaje.

Después de correr nos acercábamos a un lugar donde fluía un líquido azulado como el cielo, pero a su vez, parcialmente transparente. Era un líquido que siempre manaba fresco y el ser que existía a mi lado, me enseñó a metérmelo en la boca y hacer que me entrara en el cuerpo. Luego supe que eso que bebía era agua, y era vital e imprescindible para mi existencia.

Jamás me pregunté qué habría más allá de ese lugar sembrado de seres de corteza marrón y de pelo verde, de criaturas que flotaban en el aire con una incansable agitación de sus extremidades membranosas o de otras que se arrastraban por el suelo, contorsionándose y tambaleándose extrañamente.

Lo único que hacía era sobrevivir, alimentarme y dormir.

Con el transcurso de las comidas fui conociendo nuevas cosas. Conocí lo que era el dolor y el sufrimiento, la angustía y luego la agonía. Más adelante conocí el significado de la muerte; y llevados por su mano, sentí el miedo y el temor; y también la pena.

Con cada nueva víctima en nuestras fauces, conocí más de cerca eso que sentía, y que ahora sé que es la misericordia. Por eso, en ese preciso momento, sentí la necesidad de hablar, de poder comunicarme con el ser que me cuidaba. Pero como no conocía las palabras, sólo pude emitir gruñidos rasposos y huecos gimoteos. También le hice gestos con mis dos extremidades delanteras; las puse en mi rostro y luego en el pecho, emitiendo un leve lloriqueo. Creo que me entendió, y yo también entendí algo: que eso que amartillaba en mi interior me anunciaba la excitación.

Con el tiempo fui aprendiendo cosas nuevas. Aprendí que yo y “el ser” éramos sumamente diferentes. Su rostro era alargado y huesudo, con las facciones remarcadas. En cambio mi rostro era mucho más redondeado y fino, con una piel muy lisa, la cual mi compañero le encantaba lamer con una lengua mucho más grande y abultada que la mía.
Su mandíbula también era mucho más prominente que la mía, y en vez de boca, un hocico se alargaba profusamente siendo coronado por una nariz chata de orificios que no paraban de olfatear con ahínco. Yo, en cambio, no tenía esa capacidad de saber tanto mediante el olfato. Sí que sabía percibir vagamente según qué cosas, y distinguía el olor que emanaban esos seres inmóbiles de pelaje verde y voluminoso que rodeaban hasta el infinito nuestro hogar; pero no llegaba, ni por asomo, a las capacidades de mi compañero peludo.
En efecto, su cuerpo estaba recubierto totalmente de pelo, y encima de sus extremidades traseras una larga y juguetona cola despuntaba siempre alerta y vigilante. Yo no tenía esta cola tan risueña, ni sus divertidas orejas coronando su cabeza; pero estos detalles que podrían parecer insignificantes en ese lugar salvaje, a mí me revelaron esa diferencia esencial que había entre nosotros dos.

Un día fuimos a trotar entre verdes pelos gigantes que brotaban del suelo y sujetaban infinitas cantidades de redonditas y esferas de multitud de colores entre un vasto e inacabable paisaje llano que se prolongaba hasta el infinito. Trotábamos alegres y hasta en algún breve instante llegué a galopar a dos patas. Esos instantes de luz y de felicidad, del más radiante y maravilloso esplendor me llenaron el cuerpo. Pero quién iba a pensar que ese momento de gloria iba a irse tan rápido para dejar paso a la confusión y al horror posterior.

Pues de pronto mi compañero se paró, y sus aullidos juguetones fueron sustituidos por un gruñido amenazador. Y ahí estaba, el objeto y el motivo de la indignación de mi acompañante perruno.

Era un ser pequeño y aparentemente frágil. Estaba en una posición muy rara, alzado hacia arriba con sólo las dos patas traseras en el suelo, y levantado con el cuerpo recto y erguido. No obstante, estando levantado no era mucho más alto que yo o mi amigo peludo.

Sus dos patas delanteras le cubrían la boca y me fijé que le temblavan ridículamente. Sus ojos estaban fíjamente posados sobre mi compañero, pero cuando me acerqué andando normalmente a cuatro patas, su expresión aún se agravió mucho más. Sus ojos se llenaron de ese miedo que yo ya había conocido tiempo atrás y me miró con una expresión de terror mezclada con pena y con otros inescrutables instintos imposibles de descifrar.

En ese momento me asaltaron unas sensaciones imposibles de describir. Mirando a ese ser, vi tantas similitudes conmigo que me tambaleé confuso. Me di cuenta que era muy semejante a mí aunque llevara encima de su cuerpo unas pieles extrañas de diferentes colores. Entonces me fijé atentamente en su rostro desencajado por el miedo, en su pelo que le cubría la cabeza, igual que a mí; y en su postura, sobre todo en su postura a dos patas… y pensé en cómo yo también había podido levantarme a dos patas durante unos breves instantes.

Lentamente me preparé y me fui alzando, sin la intención de parecer agresivo, pero sus ojos aún se abrieron más y la criatura cayó al suelo, sentada en una posición un tanto rara. Me acerqué aún más a ella, avanzando torpemente a dos patas, con pasos vacilantes y toscos. Entonces no aguanté más el equilibrio y me abalancé de nuevo a mi postura original, cayendo de cuatro patas a escasos centímetros del rostro de la criatura.

Tan cerca de ella pude sentir el olor de su piel y me ruborizé. En ese momento se acercó gruñendo mi compañero y, de pronto, de la boca del ser salió un sonido cambiante y complejo. Al principio más fuerte y uniforme, pero se apagó lentamente en un chillido. Pero no era un chillido normal como los nuestros, me di cuenta que era algo mucho más complejo… entonces vi que de sus ojos salía un líquido transparente como aquél que bebíamos, y se deslizaba por su rostro hasta caer al suelo.

En ese momento me perdí en su rostro, en ese líquido y en ese sonrosado color de sus mejillas… mi dedo tocó su piel y sentí una descarga que jamás olvidaré… y tan sumido estaba en mi fascinación, que el estruendo ensordecedor que estalló a mi lado a duras penas me pudo sacar de mi ensoñación. Era parecido al de una tormenta, pero sólo fue una vez, y vi como el ser de rosadas mejillas gritó y el líquido de sus ojos aún emanaba con más intensidad.

Cuando me giré, el horror y el caos invadieron ávidamente mis visiones. Mi compañero se encontraba tumbado en el suelo, con su cuerpo sangrando entre espasmos y agonía. Me lancé a él, con un grito desesperado, buscando la fuente de su herida y cuando la encontré, la lamí y le chupé el mal que tenía ahí dentro.

Chupé y escupí, chupé y escupí…

Hasta que no pude más y me abrazé a él… y acaronando su rostro en el mío vi cómo su expresión de dolor moría y se extingía con él el último gruñido de sus fauces.

Grité y grité y grité…

Hasta que la misma conmoción llegó a mí, anunciada por el estruendo ensordecedor.

Cuando desperté me encontraba en un sitio muy diferente al cual había vivido siempre, llevaba pieles de extraños colores encima y la criatura de mejillas sonrosadas estaba ahí, con muchas otras criaturas parecidas a ellas, y parecidas a mí…

Con el tiempo me enseñaron muchas cosas y ahora creo saber qué soy… pero, ¿es eso seguro? ¿soy eso que dicen que soy? un… ¿un humano..?

No sé qué pensar, pues abajo, detrás de mi cintura, una prominente protuberancia peluda está empezando a asomar… y cuando la acaricio sólo recuerdo a mi compañero perruno, a mi amigo peludo que me cuidó y ahora que conozco el lenguaje, puedo decir que le amé y que jamás le olvidaré…

Jaume Moreso i Mallofré


 

La Cosecha

Filed under: Amigos autores — jaumetdw @ 21:31



LA COSECHA.

La mujer estaba sentada en el columpio, con la mirada perdida hacia el lago, que ese día resplandecía con la fantasmagórica luminosidad que le enviaba una Luna menguante y perversamente garfiosa.
De pronto, un pícaro haz de luz se le escapó al astro frío. Burlón y dionisíaco, incidió maliciosamente sobre una lacerante y ponzoñosa hoja de metal empuñada por la mujer. Ella percibió el destello blanquecino, helado y mordaz. Segura de sí misma, sabiendo que su vida había llegado al final, cerró los ojos y dejó volar su mente en fútiles cavilaciones. Levantó el cuchillo a la altura de su rostro, y el impulso de su muñeca lanzó el puñal con malvada intención hacia su garganta. Y mientras la vil hoja empezaba a sesgar la piel de su cuello, algo brilló en el horizonte, y se produjo un destello tan fuerte que obligó a la suicida a abrir los ojos. Y en ese preciso instante, cuando la sangre empezaba a derramarse por su cuello, y los gestos espasmódicos de su rostro dibujaban un gorgoteo suplicioso, sus ojos llegaron a contemplar el horror cósmico de las estrellas, el indecible e inimaginable horror del universo que estaba cayendo en el mundo. En ese último momento, cuando la vida abandonaba su endeble cuerpo y sus ojos contemplaban el caos absoluto, sintió pánico. No pudo contener las lágrimas e incluso en la muerte, siguió llorando de horror, de un horror más insondable que el abisal pozo de Demócrito, y que en los últimos momentos la poseyó, para siempre.

Los rayos de luz siguieron cayendo sobre el lago, mofándose del cuerpo inerte de lo que antes había sido una hembra humana saludable y nutritiva. Y el mundo entero, sintió el impacto cósmico, la llegada del averno y de la estéril desesperación. Y en un fugaz instante que pareció eterno debido a la ausencia de oscuridad, el planeta entero hirvió de chispeantes chorros luminosos de una energía secreta y recelosamente guardada.

La cortedad se adueñó del corazón de los humanos, y al ver la mefistofélica miríada de luces que brillaba en el cielo, por todas partes, por todo el universo; se encogieron sobre si mismos, llorando y gritando patéticamente poseídos por el horror absoluto. Sus ojos se negaban a contemplar el caos astral que se derramaba y se vertía a través de la inmensidad, pero sus voluntades son débiles y se quiebran con facilidad. Y no tardaron en hundirse en la más desesperada perdición, cayendo en el Hades de la fatalidad esteral en medio de burbujeantes y orgásmicos chapoteos de un océano universal de energía cósmica.

La tierra se resquebrajaba, se agrietaba y se rompía incesantemente, liberando unos gases mohosos que revelaban fugazmente las mismísimas entrañas del planeta. Los mares crepitaban con furia, saltando encrespados y lamiendo vertiginosamente las ciudades humanas en medio de la más terrible hecatombe sideral. Y entonces, el fondo oceánico, poseído por la salvajería de Pan, emergió fantásticamente desatando el más terrible de los pandemoniums.

Ninguna pesadilla humana podría llegar a transmitir el indecible caos infinito que rebasa cualquier tipo de imaginación. La Humanidad no era nada, no significaba nada. Su existencia había sido irrisoria; y ante el poder absoluto y caótico del cosmos, todo se hundió en la más terrible miseria. La tierra se rompió, estallando en medio de los fuegos del purgatorio. Los océanos estallaron y, evaporándose instantáneamente, sacaron a la luz regiones que durante millones de años habían estado ocultas bajo insondables profundidades de agua.

Entonces fue cuando aparecieron…

Millones de grotescas máquinas voladoras emergieron de los negros y tenebrosos lodos oceánicos, y ascendiendo cuales demonios alados a través de remotas regiones de tinieblas, cazaron uno a uno a los endebles y patéticos humanos que corrían y se contorsionaban en un ridículo intento por huir. El mundo entero se anegó de la barbarie metálica de esas máquinas. Por dónde aparecían, la vida entera dejaba de existir. El planeta mismo estaba siendo asesinado, por unas crueles y malditas ansias de destrucción.

Lo arrasaron todo a su paso y ningún humano pudo escapar de sus diabólicas garras. Los pocos seres supervivientes que consiguieron esconderse, no tardaron en quemarse vivos en los mismísimos fuegos del infierno. Mamíferos, aves, anfibios, reptiles e incluso los insectos y las bacterias… Y entonces fue cuando la quimera de fuego lo consumió todo, y el espectáculo galáctico conjuró su mejor actuación:

>>La conmoción empezó repentinamente, emitiendo con una locura desenfrenada una vibración bulliciosa que emergió desde el centro del planeta. La Naturaleza luchó contra ello, desatando las mayores fuerzas volcánicas y los más devastadores tornados en medio de una universal tormenta de rayos. Pero nuestra gran madre Gaia no tardó en sucumbir y en ser aplacada por el horror que se vertió desde las estrellas, las cuales observaban con expectación y parpadeaban al compás de las explosiones.
Lo que antes había sido un planeta lleno de vida, se había convertido en una nube polvorienta y nauseabunda que se esparció por la oscura galaxia como la ceniza soplada por el viento. Con la misma facilidad con la que un humano aplasta con sus botas a una hormiga, esos seres destruyeron todo el planeta, arrastrando todo tipo de vida hacia la locura del horror.<<

Entonces, millones de naves manchadas con la pútrida muerte negruzca, regresaron como un maldito enjambre de muerte hasta el interior de sus naves nodrizas, las cuales se encontraban en detestable formación alrededor de lo que antes había sido la Tierra.

Había miles de ellas. Colosales, imponentes, repugnantes… como gigantescos gusanos interestelares que flotan en la monótona e ininterrumpida inmensidad negra. Dentro de ellos, algo latía con vida propia. Una forma de vida detestable y cruel, destructiva y portadora de todos los horrores. Los seres se encontraban en la sala de control, observando con ojos llameantes y viles su trofeo de caza. Las bestias reían -o al menos eso es lo que parecería, si no fuese por el movimiento incansable de sus lenguas escamosas, relamiéndose unos colmillos enormes y punzantes como ganzúas- y se movían con bruscos gestos alrededor de una máquina infernal preparada para saciar el apetito de unos seres más crueles que cualquier demonio del reino de Satanás.

De pronto, uno de ellos levantó su garra y pulsó algún tipo de control. El ruido que se reverberó entonces hasta la saciedad, tiñó de roja sangre las miradas ansiosas de los seres. Dentro de la cámara que ellos observaban se encontraban los millones de humanos cazados. Algunos ya habían muerto de horror, otros habían conseguido suicidarse, aunque la inmensa mayoría continuaba viva entre los líquidos execrables de su propio cuerpo. Sus miradas enloquecidas salieron de sus órbitas cuando vieron por vez primera esas titánicas palas dentadas que se les acercaban desde todos lados con maliciosa gula. Desde arriba bajaban con horripilante parsimonia unos taladros gigantes cuyas púas superaban ámpliamente el tamaño de un humano medio.

Y el horror llegó por fin cuando el primer grito fue arrancado de una de las gustosas gargantas de un humano macho. No tardó ni un segundo en llenarse la cámara de gritos enloquecedores y alaridos demenciales de dolor y de tormento. En inundarse toda la nave del ruido de los huesos al romperse, de los cráneos al ser triturados, de las columnas vertebrales al ser arrancadas de los cuerpos, o de las caderas al ser totalmente resquebrajadas y hechas puré. La sangré anegó toda la gigantesca sala, densificándose cada vez más, a medida que se mezclaba con la carne y los huesos triturados. Y de unos orificios gigantescos, por dónde podría pasar un camión, empezaron a salir con un movimiento vago y lánguido unos gusanos asquerosamente carnosos de un color rosado, que se enroscaban como fetos recién nacidos.

La comida estaría lista pronto.

Entonces el general Kilm-ab levantó la garra y profirió un jubiloso grito de victoria. La cosecha había sido un éxito, y ya tenían comida suficiente para proseguir su viaje.

Los motores se encendieron con vigorosa energía, los fuegos de plasma emergieron alrededor de las naves. Una nube crepuscular y preñada de millones de colores cual nebulosa jalbegante rodeó toda la expedición, y en un instante vertiginoso, todas las naves se lanzaron a la velocidad de la luz al curso de su camino, dejando tras de si, la vacía y estéril inmensidad de la muerte.

Jaume Moreso i Mallofré


 

Cierre de la campaña de Navidad, “Una Navidad, un niño, un libro”

Filed under: Últimas noticias — catigomez @ 20:46

Fuente: Libro Virtual.org


Vamos a dar ya por cerrada la campaña solidaria “Una Navidad, un niño, un libro” que hemos tenido activa durante todo el mes de diciembre pasado, porque las fechas ya dejan de acompañar y nos gustaría entregar cuanto antes todo lo recaudado a la Fundación Pequeño Deseo para que lo emplee en hacer realidad las ilusiones de los pequeños.

Personalmente me ha parecido todo un éxito, aunque habrá quien piense que se podría haber conseguido mucho más. Pero hay que tener en cuenta que se montó casi sobre la marcha, en apenas tres semanas (confección de libro incluida), que es la primera vez que hemos hecho algo así y que tanto la asociación como LibroVirtual.org son muy recientes y aún tienen que llegar a ser conocidos por mucha gente.

Quisiera daros algunos datos numéricos sobre lo que ha supuesto la campaña:

Total de fondos recaudados: 2010 euros. Como el año que comienza.
El objetivo que nos habíamos marcado al comenzar la campaña, siendo realistas y pensando en la situación económica actual, fue de 2000 euros. Y lo hemos logrado. 🙂

libros vendidos en formato impreso: 102
libros vendidos en formato digital: 117
donaciones por SMS: 50
libros personalizados (con nombre o logotipo en la portada): 73

Pero, como digo, esto no son más que números, aunque los 2010 euros son una cantidad importante para las circunstancias que hemos tenido y sobre todo porque ayudarán bastante a la labor de la Fundación Pequeño Deseo.

Lo más importante de todo ha sido la participación de todos los que han echado una mano a la hora de difundir y promover la campaña.
Ha habido quienes han colaborado simplemente compartiendo los mensajes o reenviando los correos -pero lo han hecho, es muy de agradecer- y quien ha llegado incluso a imprimir papeles con información sobre cómo contribuir y a repartirlos por todas partes.
Quien ha hecho una donación muy importante para un particular, y quien ha enviado un simple SMS.
Y quienes han aportado los relatos del libro, y quienes no han podido hacerlo por no llegar a la fecha de comienzo, pero lo han intentado.

Damos por sentado que todos los que han contribuido a esta campaña han hecho lo que han podido, estaba en su mano, tenían posibilidad o les dictaba su conciencia. Y también pensamos que quienes no han aportado nada ha sido porque no han podido, o porque ya lo hacen con otras iniciativas solidarias y humanitarias, y eso también se agradece.

En resumen, queremos dar LAS MAS SINCERAS GRACIAS a todos los que habéis ayudado a conseguir que se cumpliesen los objetivos y que la campaña se difundiera, a los que habéis hecho vuestras donaciones, a los que habéis adquirido los libros y a los autores que habéis participado en él, a las webs que han puesto los enlaces, a los medios que lo han publicado, y en general a todos los que de un modo u otro habéis estado ahí durante ese mes.

Y quisiera tener un agradecimiento especial hacia los empleados de CCM, porque sus donaciones personales y totalmente particulares han supuesto más del 60% de los fondos recaudados.

Tenemos en proyecto otra campaña solidaria para este año que comienza que, aunque muy diferente a la de Navidad, pensamos que os gustará a todos y esperamos que, cuando llegue el momento, podremos contar de nuevo con vuestro apoyo y participación. Los niños lo merecen.

¡¡¡¡ GRACIAS !!!!

 

El Vendedor de Miserias

Filed under: Amigos autores — rarevalo @ 19:27


– Por favor, colóquense en sus puestos y aguarden la señal -informó una voz por la megafonía.

Los dos hombres, que esperaban en el extremo de la sala, se miraron fijamente con el rostro afligido y el pulso tembloroso, y caminaron hasta el otro lado, donde se suspendían dos cámaras digitales y dos micrófonos en sendos atriles de madera. Se pusieron enfrente de ellos y esperaron con un débil llanto que intentaban disimular.

– Hola, bienvenidos al Vendedor de Miserias -irrumpió de nuevo la voz de megafonía- En primer lugar ¿Están aquí voluntariamente? -y los dos asintieron levemente- Bien, recordemos las reglas. Los dos han entrado en esta sala para ser evaluados por todos nuestros internautas. Dispondrán de quince minutos para decirle a nuestro público por qué deben ganar. Transcurrido ese tiempo, los navegantes decidirán quién gana. El vendedor se llevará de premio cien mil euros, el perdedor se verá obligado a donar uno de sus órganos. Hoy se pone en juego el corazón. ¿Entendido? -y uno de los hombres echó varios pasos hacia atrás, arrepintiéndose de haber entrado– Recordad que sólo pueden decir la verdad. El tiempo empezará una vez se encienda la luz roja dispuesta arriba. Suerte.

Y con las miradas detenidas en la bombilla aún apagada, los dos hombres esperaron con un nudo en la garganta, el corazón latiendo a mil por hora y sintiendo como el sudor resbalaba por sus frentes. Hasta que entonces, la luz se encendió y los dos corrieron a coger sus respectivos micrófonos, y con los ojos fijos en los objetivos de sus cámaras, los hombres confesaron su vida:

– Yo necesito dinero… con urgencia. Tengo cincuenta y ocho años, me despidieron del trabajo hace tres y aún no encuentro nada. Nadie quiere contratar a un hombre tan mayor. No sé manejar las nuevas aplicaciones y en consecuencia siempre contratan a la gente joven.
– Mi mujer me abandonó hace diez años -interrumpió el otro hombre- Tengo un hijo con ella al que no veo desde entonces. Él cree que no le quiero y hace unos meses me escribió una carta horrenda para pedirme que no intentase llamarle, que no quería verme. Y todo por ella, por que le puso en mi contra desde el día que nos divorciamos.
– Estos son mis tres hijos -comentó el otro mientras se palpaba el tejano, sacaba la cartera y enseñaba una fotografía a la cámara con el pulso tembloroso -David, José y Ángela… ella es la pequeña y está enferma. Tiene el síndrome de Arnold Chiari y no puedo ayudarla. Han descubierto un nuevo tratamiento en un hospital de Bélgica, pero es muy caro.
– Caí en una fuerte depresión por culpa del abandono de mi esposa y por mi traumática separación de mi hijo. Ahora sólo tengo el apoyo de mi madre, con quien vivo, pero ya está mayor y tengo que estar muy pendiente de ella, pues hace un año le diagnosticaron Alzheimer. Sólo me tiene a mí.
– Mi mujer falleció en un accidente laboral -espetó el primer señor con los ojos llenos de lágrimas- Se le cayó un palé encima hace dos años… Trabajaba mucho para intentar subsanar el jornal que yo no metía, doblaba turnos para sacar un poco más para curar a Ángela… pero un despiste le costó la vida. Desde entonces he vivido con el subsidio que me da el gobierno y la indemnización que me dieron entonces. Pero ya no me queda nada y vivo de la caridad de la parroquia de mi barrio.
– Hace unos meses recibí un comunicado del Ayuntamiento. Me van a expropiar mi casa para construir una carretera. Di todo mi dinero a unos abogados que prometieron resolver el asunto, pero luego no han hecho nada. ¡Y encima no quisieron devolverme el dinero! Por lo que tengo que coger a mi madre y marcharme a una habitación de alquiler, pues no me llega para otra cosa con mi jornal. Apenas me llega para cubrir mis necesidades con lo que tengo que pasar de pensión a mi exmujer.
– Cuando era adolescente me enganché a la heroína -apostilló con severidad- Les robaba dinero a mis padres para poder comprar más droga y cometí diversos delitos menores. Mi madre sufrió mucho, hasta que me metió en el proyecto Hombre y pude salir.
– Cuando era más pequeño mi padre me pegaba auténticas palizas -sentenció su contrincante-Era un alcohólico empedernido que llevaba una vida frustrada y lo pagaba conmigo y mis hermanos, hasta que un día me harté y le maté. Pero mi hermano no dejó que me entregase a la policía y se confesó como el autor del crimen. Ahora está cumpliendo condena y la única visita que tiene es la mía. Estoy en deuda con él desde aquel momento.
– Me han atracado en tres ocasiones. La última vez iba con mis dos hijos mayores y a uno le clavaron una navaja… Tuvieron que operarle a vida o muerte.
– Mi padre no sólo nos pegaba, sino que también abusaba de nosotros. Me metía en una habitación oscura y me agarraba de la mano para que le masturbase… A veces llegaba a mayores y mi madre ni siquiera lo sabía, o mejor dicho, no quería saberlo.
– ¡Esta es la segunda vez que acudo a este lugar y ya he perdido un riñón!- gritó enfurecido.
– ¡No puedo abandonar a mi madre y mi hermano!
– ¡Mis hijos dependen de mí!
– Lo suplico.
– Por favor.

Y entonces la bombilla se apagó. Los quince minutos habían transcurrido y los dos permanecieron en silencio sin mirarse, con la cabeza gacha y susurrando oraciones para sus adentros mientras aguardaban el veredicto.

Al otro lado, los ordenadores empezaban a computar los votos de los internautas que estaban participando en aquel juego ilegal, decidiendo quien de ellos volvería a su casa con el premio, mientras que el otro debía quedarse ahí, a la espera de entregar lo que hoy había en juego: Su propio corazón.

Sin embargo, hubo algo con lo que no contaba la organización: Un empate… Necesitaban desempatar… ¿A quién votas tú?


Roberto Arévalo Márquez