Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

Terror en la avenida Constitución 11 enero 2010

Filed under: Participa — catld @ 20:03



“Los Tapados” −así los llamaban los ciudadanos, porque todos los integrantes de ese grupo tenían sus rostros cubiertos por todo tipo de prendas para ello: paliacates, pasamontañas, mascaras de cualquier tipo, gafas oscuras exageradamente grandes, etcétera− habían obstruido la principal arteria vial de la ciudad: la Avenida Constitución. Jovencitas, casi niñas, con bebes en brazos; señoras con cartelones que aludían a la no intromisión del Ejercito Mexicano a sus colonias; jóvenes con aspecto pandillero cometían crímenes a los ciudadanos automovilistas y peatones: robándoles sus pertenencias de forma agresiva, dañando los vehículos y golpeando de manera atroz a las personas quienes se atrevían a impugnarles sus fechorías o hacerles un comentario negativo a lo que aludían los cartelones que portaban. Esta era su forma de protestar ante el abuso de la autoridad en los operativos de investigación que realizaban en sus colonias, así lo decían ellos a los medios de comunicación que en todo momento seguían esta problemática situación.

El grupo antimotines, así como otros grupos de las demás dependencias policíacas de la ciudad hicieron acto de presencia, volviendo toda la atención de ese grupo delictivo hacia ellos. Patadas, insultos y toda clase de objetos golpeaban los escudos de este grupo policíaco. Éstos aguantaron por unos minutos los salvajes embates de los criminales, para después decidirse a marchar hacia ellos golpeando sus macanas contra sus escudos, provocando un ruido atemorizante para todos los presentes, logrando que fueran retrocediendo poco a poco esos delincuentes, hasta disponerse a huir recelosos bajando hacia el lecho de aquel grande y emblemático Río que separa en dos esa ciudad capital del Estado, en el que sólo una cuarta parte de su gran ancho lecho fluye agua, el espacio restante fluyen todo tipo de obras: deportivas, establecimientos de comercios y pavimentos de concreto que forman las bases para espectáculos errantes. Después de unos minutos la policía tomó control total de la situación: arrestó a algunas personas, mantuvo un cerco de guardia por algunos minutos en la lateral de esta importante avenida que se encuentra en la ribera de ese gran Río y que recorre por varios kilómetros. La calma comenzó a aparecer. La policía se disponía a abrir nuevamente la avenida cuando, de pronto, en un instante incuantificable de tiempo, todos fuimos victimas por la más horrible de las inmovilizaciones: la parálisis del terror. Lo que la provocó fue un largo y ensordecedor grito de una mujer… Saliendo de esa parálisis traté de aguzar todos los sentidos nuevamente, aguzándose primero el del oído, escuchando una marcha veloz, que instintivamente mi sentido de la vista enfocó hacia la dirección de donde provenía: eran “Los Tapados” que venían corriendo hacia la policía, hacia todos nosotros nuevamente, pero esta vez sus rostros no reflejaban ira; reflejaban terror. −¡Auxilio! ¡Corran! ¡Ayúdenme!− gritos alarmantes y desgarradores despedían de sus bocas. Me paralicé de nuevo ante lo que vi. Pero antes de caer victima de este síntoma alcancé a recostarme en el auto, abarcando los asientos para el conductor y acompañante, cayendo mi cabeza y quedando apoyada en el descansa brazos de la puerta de este último, quedando mi vista restringida hacia la ventana de la puerta del conductor. Creí que todos mis sentidos habían percibido lo más desgarrador que pueden aguantar, pero no fue así. Se escuchó un rugido, que pareciera haberlo realizado un monstruo del infierno, y que hizo que aumentaran hasta el límite toda la clase de ruidos que atestaban ese atroz ambiente: ¡Éste fue el principio de lo que percibirían mis demás sentidos hasta el límite!… El rugido de aquel monstruo se hacía más estruendoso al mismo tiempo que lo modulaba de diferentes maneras. Vi velozmente que pasó la silueta de una parte de aquella bestia por la única pantalla que mi visión temblorosa tenía acceso. Oí después el más desgarrador grito de lamento; luego siguió el espeluznante sonido de carne y huesos fragmentándose. Comencé a sollozar, al momento que mi instinto espiritual me hacía decidirme a rezar, cerrando por unos momentos los ojos. Al abrirlos me quedé petrificado todo ante la imagen delante de mí: El rostro de la bestia me miraba fijamente por la ventana. El silencio de la muerte hacía su presencia; era el preludio de ser descuartizado. Un corte de cartucho de un arma irrumpió esa afonía, emitiendo la bestia su ensordecedor rugido de furia y yo el agónico grito de terror…

Un ruido motorizante hizo poco a poco despertar mi conciencia. Mi vista borrosamente comenzó a enfocar una escena. Al sintonizarla completamente, mis sentimientos ya no podían reaccionar ante aquel espeluznante panorama. Desde una perspectiva aérea, decenas de cuerpos humanos (algunos incompletos) bañados en sangre yacían en una cantidad enorme de metros cuadrados de esa importante avenida. Al desplazarse mi perspectiva, apareció, en el lecho de aquel Río, un afamado Circo Internacional, mostrándose a las afueras de éste las jaulas abiertas y desoladas donde alguna vez se encontraban las bestias carnívoras.

Carlos A. Díaz García


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La noche del Fénix

Filed under: Participa — catld @ 19:58



La Noche es majestuosa. Una Luna llena reluciente, que es obstruida por nubes viajeras que deambulan con pereza, permanece paciente sabiendo que en un momento preciso será la testigo más importante.

Dos sombras irreconocibles se proyectan en un piso de concreto, y que poco a poco comienzan a revelarse por el viento que las manipula. En una de ellas parece distinguirse un cabello exuberante, así como un pedazo de tela que sobresale de una silueta divinamente femenina; la otra, parece una masa viviente que se deforma a cada palpitar, exhibiendo horribles ramificaciones. Las dos sombras se funden en una, al unirse dos de sus segmentos que, por la armonía del movimiento, parecen ser propias de dos pares de brazos.

El viento se vuelve suave y se arremolina entre la sombra unificada, como susurrándoles.

−Ahora la noche es completamente hermosa, al verte aquí. Mira, hasta la Luna se asoma por entre las nubes, celoso de mí.

¡Te pido, por nuestro amor, que no lo hagas! ¡Te lo suplico! ¡Es una locura lo que vas hacer! ¡No quiero perderte!

¡Locura sería si no lo hiciera; perdiendo tu amor para siempre!replica tristemente, casi susurrando, la sombra de masa viviente que súbitamente se desune de ella, alejándose unos metros. De pronto emerge una cabeza humana de ésta, al momento que una ramificación monstruosa sobresale, quedando varios metros por encima de la cabeza, activando un inimaginado espectáculo. Emisiones incuantificables de luces, que provienen de cualquier tamaño de reflectores situados en lugares impensados, son dirigidas hacia el cielo nocturno, hacia toda la ciudad, hasta los lugares más recónditos.

Avionetas y helicópteros comienzan a surcar la noche. Una de estas naves se dirige directamente hacia donde se encuentran las sombras, provocando la intempestiva huida de la masa viviente. Después de unos segundos un helicóptero destruye la sombra femenina con sus reflectores, revelando un instante vivo de una hermosura divina golpeada por un profundo dolor. Un ruido latigante proveniente de un cable de acero, que se desliza desde la base del helicóptero, persigue desesperadamente a la masa viviente que se encuentra a escasos metros de un borde radiante. La cabeza humana se transforma en la de un ave… Se detiene abruptamente al llegar, descubriéndose su identidad: Una exuberante ave de inmaculada blancura esta rendida en el edificio más alto de la ciudad.

Gritos y exclamaciones ensordecedores la aturden por unos segundos, al tiempo que ajusta las pupilas de sus enormes ojos, reflejando el increíble panorama que yace en el fondo: Una explanada gigantesca, que junto con las avenidas adyacentes, se encuentran atiborradas de personas; entre la distancia que separa el público del monumental edificio se encuentra habilitado un colosal espacio de donde emana un fuego infernal de decenas de metros de diámetro, cuyas llamas se alzan una terrible cantidad de pisos. La exuberante ave se balancea hacia delante cayendo en total picada hacia su destino. Los gritos y exclamaciones aumentan hasta su límite. En rápidos lapsos de tiempo despliega completamente sus enormes y surrealistas alas… El público pávido atestigua que se fundió en el fuego… Pero después de unos segundos, sale de allí una bestia alada envuelta en llamas y emitiendo graznidos estridentes y exasperados que colisionan contra las construcciones cercanas, creando ecos espeluznantes que se distribuyen por todos los callejones de la ciudad. El público corre aterrorizado. Se detiene un momento en el aire, permaneciendo aleteando, y con su mirada demoníaca dirigida al público, arremete en picada hacia ellos, corrigiendo el rumbo en el último momento a escasos metros de sus cabezas, para después dirigirse hacia las alturas nuevamente. La ciudad es un completo caos. Circunda en dos ocasiones la gigantesca explanada para luego alejarse definitivamente volando en espiral por toda la ciudad y desapareciendo tras las montañas, permaneciendo visible sólo el helicóptero, terminando así “El Gran Espectáculo del Fénix”.

Carlos A. Díaz García