Rutas de escape
Despertar
Una sombra vagaba errante entre las calles oscuras de la capital, el frio del invierno hacía que las calles estuviesen desiertas. Cualquiera que lo viese creería que es un fantasma, tal vez eso era, había dejado de ser humano había desterrado todo sentimiento humano para alejarse del dolor, se había vuelto un fantasma de sí mismo como un mecanismo de defensa aun inconscientemente lo había hecho. Se había encerrado en un sueño sin sentido desconectándose de la realidad solo caminaba y caminaba era todo lo que hacía. Ángel no creía en fantasmas pero si se hubiese visto en ese momento hubiese reconsiderado esa opinión. Se negaría a creer que era él, esos ojos perdidos orientados al suelo, esa figura desgarbada, esos pasos arrastrados, esa mascara con un gesto desolado que tenía por rostro fuese el suyo, simplemente él no era así.
Ángel camino aún muy aturdido, totalmente absorto había deambulado por la calles durante varias horas, cuando algo muy simple le sobresalto; había empezado a llover pero el solo lo sintió precisamente cuando ya está totalmente mojado, levanto su rostro al cielo estaba oscuro no sabía qué hora era tampoco le importaba, poco a poco las gotas que caían sobre su cara le hacían despertar de su ensoñación.
Su mente había bloqueado todo aquello en lo que se rehusaba a pensar, pero ya había pasado suficiente tiempo era hora de despertar. Poco a poco regresaba a ser él mismo, su mente regresaba a la realidad. “vamos despierta” se dijo “es hora de volver a casa, mamá va a estar preocupada y quizás ya ha llegado mi padre y… y…”
- ¡oh por dios! -murmuro con voz ronca.
La realidad lo golpeó con toda la fuerza de un tsunami, su cuerpo se estremeció, sus rodillas estaban aptas otra vez para sentir que la lluvia era realmente tormentosa. “en lima nunca ha llovido así” -pensó – “no que recuerdo al menos”. Pero eso no era lo espantoso, eso no era nada -se detuvo de repente –nada en comparación con lo que había pasado, ya no había un todo, solo quedaba nada, nada en su casa, estaba vacía, él lo sabía, ya no había más nada en absoluto esto era lo más espantoso que jamás pudo haber imaginado –se encontró caminado de nuevo – “y pensar que todo estaba bien ayer, tan solo ¿ayer? No, cuanto había pasado ¿Qué día es hoy?” No recordaba mucho, no quería recordarlo.
Pero… toda esa gente vestida de negro con gesto serio o triste que se acercaba el -lo siento tanto -decían –. “¿sentirlo? No, yo lo siento, ¡esto es odioso! Ellos solo dicen para ayudarme sé eso, pero no puedo soportar esto ¿estoy solo? Me quede solo…”
“no, nunca estas solo, no lo permitiré siempre voy a estar contigo” No lo oyó pero lo sintió “esto es raro” pensó y siguió “esto no es real no puede serlo…” sintió un escozor en los ojos. Sí, hay estaba justo lo que había esperado por tanto tiempo; sus lágrimas, le ardían los ojos y sentía un nudo doloroso en la garganta –mi mundo se ha hecho pedazos en cuestión de horas, ni siquiera sé hacia dónde me dirijo, a donde iré ya no tengo a nadie –él sabía muy en el fondo de su ser que no era cierto lo que él estaba pensando, la frustración y el dolor desgarrador de haber perdido a sus padres lo que le hacía sentirse así. Se preguntaba si había sido su culpa tal vez un castigo por algo que había hecho en su corta vida de 18 años.
Él había estado ahí en el auto de sus padres pero había sobrevivido ileso un milagro tal vez, para él era un castigo. Todo pasó muy rápido, en un momento estaban hablando y luego otro auto se atravesó. El sonido de los vidrios al romperse fue tan estridente que fue todo lo que pudo oír , recupero a medias el conocimiento solo para ver el líquido rojo derramándose a su alrededor, un grito de dolor se escapó de su garganta, sabía lo que estaba pasando, su mente no lo soporto más, se desmayó para recuperar la conciencia en cuarto de un hospital, una enfermera que parecía apenada aun sin conocerle tuvo que darle la noticia, le dijo que sus padres habían muerto, ambos habían fallecido en el momento, pero el aún estaba dormido no despertaría hasta dos días después el no derramo una sola lagrima, ni un sollozo simplemente no comprendía lo que decía la enfermera , ni a ninguna persona que le hablara de ello, no quería entenderlo. Pero ahora ya había despertado tenía que enfrentarlo de alguna manera.
No podía pensar bien, luchaba férreamente por no dejar que las lágrimas cayeran de sus ojos no podía desmoronarse ahí bajo la incesante lluvia.
“No aquí, pero ¿Dónde?” Observo a su alrededor y se dio cuenta que había seguido caminado sin rumbo no sabía dónde estaba, se sentía totalmente desorientado “un momento” pensó ligeramente sorprendido al darse cuenta de donde estaba –reconoció este lugar -con la ligera luz del alumbrado pudo distinguir una figura conocida un gran árbol entre la pista y el jardín de la señora Mary en el que solía jugar hasta que su madre llegaba y le llamaba, su madre… con su cálida voz… No él solo no podía soportar ese dolor… su casa solo quedaba a algunas cuadras de este lugar.
Hay podría, podría… -sintió las llaves en su mano dentro del bolsillo –pero ¿qué haría en su casa? … solo, miro la puerta de madera detrás del enrejado de metal pintado de negro tan conocido como si fuese su propia casa, pero aun así no lo era.
Al fin tomo una decisión sin saber bien lo que hacía, subió los dos escalones y toco el timbre. Esto prometía ser lo más vergonzoso que jamás había hecho, era su única oportunidad su único consuelo, pero aun así…
La puerta se abrió justo en el momento en el que Ángel iba a emprender la huida con la comprensión de lo que iba a hacer pero ya estaba paralizado. La persona que abrió la puerta fue una muchacha de unos dieciséis años, tenía el cabello oscuro húmedo y el rostro fresco era obvio que acababa de salir de la ducha, vestía una camiseta color celeste y llevaba las zapatillas apenas atadas también evidente que se las había puesto aprisa para abrirle la puerta a Ángel , él lo notó y por un momento la vergüenza se apodero de él, el pesar de haberla molestado se evidencio en su rostro pero aun así sus demás sentimientos eras más fuertes, el dolor predominaba además del esfuerzo que hacía para que sus ojos se mantuvieran lo más secos posibles, no pudo hablar ni hablarle a los ojos, él era más alto, solo miro ausente, era todo lo que podía hacer, todo lo que había hecho hasta ese momento.
Gabriela estaba secándose el cabello mirando ausente por la ventana de su habitación en el segundo piso, pensando, recordando y tal vez sufriendo, había comenzado a llover y las figuras afuera se veían cada vez más difusas, sin embargo pudo distinguir una silueta oscura afuera de su casa.
Sin lugar a dudas, era él, lo había conocido desde siempre, habían crecido juntos y por supuesto fue una de las personas que más sintió la terrible noticia…
-¡no! Eso no es posible ¡el señor y la señora Vilca! eso… eso es horrible –Gabriela se sentía desvanecer al escuchar la noticia y no era para menos ella les había conocido desde pequeña era como si fuesen su propia familia la señora Ana Vilca era amiga de su madre ellos eran los padres de…
-¡Ángel! Dios mío Ángel –grito Gabriela, tuvo que sostenerse dela mesa que tenía al frente sus piernas se sentían muy débiles, ella se puso en el lugar –Ángel –sintió su voz ronca, un dolor desgarrador en su corazón –… él es hijo único… no tiene más familia…Ángel –murmuro Gabriela.
Ella había estado presente en el funeral pero apenas y se había podido acercar a él.
El accidente ocurrió el lunes, el martes programaron el funeral y al día siguiente los enterrarían. Ella se levantó temprano el día martes apenas y pudo dormir con la noticia que le habían dado el día anterior, tuvo que asistir muy a su pesar a la escuela. Ella solo quería hablar con él lo más antes posible, seguro que el necesitaba alguien con quien hablar. Le había llamado la noche anterior pero su celular estaba apagado, lo intento varias veces en el día pero con el mismo resultado.
Emprendió el camino a casa, casi corriendo, sin haber entendido una palabra de lo que los profesores habían dicho durante el día, al llegar a su casa, muerta de cansancio, vio la cara de su madre tan triste como la había dejado por la mañana
-hola mamá, supiste algo de Ángel –pregunto Gabriela mientras se desprendía de la mochila que llevaba en el hombro
- no cariño, estuve por ahí un rato, pero solo estaba la familia de Ángel, a él no lo vi por ningún lado.
-um… yo… -Gabriela no pudo ordenar bien sus ideas “¿dónde se habrá metido? Parece que se lo trago la tierra, no soy insensible es solo que ya me estoy desesperando” meditaba Gabriela.
-el funeral será en su casa a las siete –indico su madre.
-iré a buscar Ángel –dijo un poco impaciente.
- no está ahí hija, una señora, que dijo ser su tía me dijo que él iba llegar recién para el funeral, dijo algo así como que tenía que hacer unos trámites.
-¿y Janet, su otra tía?
-tampoco la vi –
- iré a cambiarme, ya veré que hago luego –murmuro Gabriela y subió rápidamente las escaleras al segundo piso
Una vez en su cuarto se sentía tan triste, decepcionada… -pobre Ángel –no se dejaba de repetir, se deshizo de su uniforme se puso unos Jeans y un polo azul de manga larga, se desato la cola de caballo y sacudió su cabello mirando por la ventana esperando verlo caminando al frente de la calle, como siempre, serio en apariencia, luego cruzar la calle y lanzar una piedrecilla a su ventana antes de darse cuenta que ella ya estaba ahí. Solía pasar por ahí después de ir a la academia solo para saludar antes de ir a su casa, lo hacia todos los días hasta ahora, pero no venía desde ayer.
Cerro los ojos y respiro con dificultad, -Ángel… -murmuro una vez más, con un nudo en la garganta.
A las siete de la noche ella ya estaba cambiada, vestida con blusa, pantalones y zapatos negro –ese era el color que más detestaba pero no había nada que pudiese hacer. Por primera vez en mucho tiempo ella se quitó el broche rojo de su cabello y lo dejó sobre el tocador junto al espejo, bajo a toda prisa una vez abajo se encontró con el espejo del recibidor frente a ella y vio su propio reflejo, un rostro que no reconoció uno muy triste y sin color se dio cuenta. En ese momento corrió de nuevo arriba, entro apresuradamente a su cuarto, tomó el broche y salió corriendo otra vez “no voy dejarlo jamás”, lo puso en su bolsillo.
En el funeral apenas lo vio, siempre estaba rodeado de gente, tenía una mirada que ella no había esperado, parecía un ¿zombi? O algo bastante parecido. Su rostro carecía de expresión su postura era indiferente, no hablaba solo asentía en respuesta a las personas que se le acercaban a darle el pésame. Ella por alguna razón no tubo valor para hablar, cuando al fin pudo hacerlo él no pareció verla, eso era confuso ella nunca lo había visto así.
-lo siento tanto, Ángel -dijo tratando de que todo lo que sentía se transmitiese a él, así había sido siempre se comprendían al máximo… Pero hoy el solo asintió y siguió caminando, eso la había desconcertado.
Al día siguiente en el entierro él, que prometía ser el día más triste su vida, vio a su madre llorar, Gabriela también lloro, pero él estaba igual sin ninguna emoción, no derramo ninguna lagrima, imperturbable solo miraba a la nada, no podía reconocerlo, ese, ese no era Ángel. El también había muerto en el accidente, aquella persona con su apariencia era un cascaron sin contenido…
Pero el Ángel que ahora estaba de pie frente a ella a él si lo reconocía a pesar de estar muy diferente a como siempre le había visto, estaba serio, su semblante mostraba mucho dolor tanto que hizo que Gabriela se estremeciera -el no podía con esto, no se lo merecía -
-Ángel… -murmuro ella una vez más.
El en ese momento la miro a ella. No, no era una casualidad que sus pasos sin rumbo le dirigieran hasta la casa de Gabriela, en el fondo él sabía que ahí era a donde debía ir.
-puedo pasar -pregunto Ángel, pero al darse cuenta De que estaba empapado, quiso retractarse avergonzado, pero Gabriela contesto de inmediato aun dándose cuenta de su ropa mojada.
-claro, entra -
-pero… -
-no importa ven, mi mamá no está en casa, subamos a mi cuarto -ella adivino en lo que estaba pensando él.
-¿tus hermanas?
-no hay nadie en casa, ya sabes a estas horas nunca hay nadie -Gabriela se esforzaba para parecer lo más normal posible el no necesitaba que alguien lo compadeciera y ella no lo iba a hacer, trato de sacar su mejor sonrisa para darle ánimos…



























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