Relatos sorprendentes

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2011, el peor año de mi puta existencia. Capítulo 1. El comienzo. 6 marzo 2012

Filed under: Últimos post — andresinsiesta @ 12:51

Capítulo 1. El comienzo.

Nuestro cerebro a veces es un cabrón, se ríe de nosotros, nos toma el pelo de mala manera, y el tío no tiene límite, no dice “bueno, aquí ya me voy a cortar un poco, que no quiero hacer sangre”, qué va. Un ejemplo de su maldad son los “sueños crueles”. Tu novia de nueve años (no que vaya a hacer la comunión, si no que llevas nueve años con ella) un día te deja. Sufres, lo pasas fatal, no duermes bla bla bla… pasados un par de días el sueño te vence y consigues sobar un par de horas. Ese día sueñas que unos monos gigantes han invadido la tierra o algo por el estilo, nada que tenga que ver con lo que te atormenta por el día. Pero tu cerebro es un dañino de la hostia, es malo, espera unos días más, para que sea mucho más doloroso. Espera a esos días en los que empiezas a asimilar lo que ha pasado, en los que tus pensamientos ya vuelven a ser un poco más variados, espera a que seas capaz de pensar en algo durante 2 ó 3 minutos sin volver a lo de siempre. Y esa noche te acuestas y coges el coma profundo en dos minutos y es entonces cuando el hijoputa se pone manos a la obra y te prepara el sueño más currado y menos Buñuel de vuestra puta vida en el que Ella te pide que volváis, que te quiere muchísimo y se arrepiente de todo lo que ha dicho, que no puede vivir sin ti. Y tú te lo crees, y hace que dure ¡horas!, te pasas la noche en esa nube, tragándote absolutamente todo, sintiendo como tu corazón se vuelve a inflar con una energía ansiada. Y en el mejor momento despiertas. Y estiras los brazos como queriéndote agarrar a esa realidad que se va. Por un segundo quieres creer que lo que realmente estás soñando es que un día te has despertado y estás solo, en casa de tus padres. Pero no, enseguida vuelves a la realidad y vuelven las ganas de llorar. Y encima te tienes que levantar.

Pero ahí no queda la cosa. El cabrón no tiene límites como ya he dicho, esto es solo un aperitivo. La noche siguiente es peor. Te hace soñar otra vez que volvéis a estar juntos, pero ahora estáis en la cama, ella desnuda, y más buenorra de lo que recordabas (no escatima en puñaladas el mariconazo) y hacéis el amor. Y otra vez te despiertas, y te da más rabia que la anterior, es así, no me voy a hacer el romántico a estas alturas. Pero aún queda la tercera, la que se guarda para el día en que decides que quieres estar otra con otra chica, que un mundo de posibilidades se ha abierto ante ti, como te dijo tu cuñada, que hay muchos peces en el mar, que vas a ser un vividor follador. Esa noche te acuestas y sueñas que conoces a una chica maravillosa, que no sabes cómo pero has ligado, y ha sido fácil, aunque te coloca un poco más adelante en el tiempo para saltarse esa parte difícil de explicar, que seguramente resultaría poco realista y te haría sospechar, como hacen los guionistas de medio pelo en las malas películas. Tu vida vuelve a tener sentido, ves la luz al final del túnel, todo lo que ha pasado ya no importa, lo pasé mal, pero ha merecido la pena, voy a volver a ser feliz. Puto cerebro Freddy Krueger.

Pero aquí estamos, aguantando el tirón, esperando a que acabe un año de mierda en el que me ha pasado todo lo malo. Los últimos de mi vida los puedo considerar tiempos felices. No me considero una persona exigente y menos aún ambiciosa. Desde bien joven solo he querido tener un trabajo decente y una profesión que me gustara, que me dejara tiempo libre (que no fuera muy esclava, algunos me llaman vago) y que me diera el dinero suficiente para vivir modestamente (como decía un personaje de la peli Erin Brockovich). Y durante un tiempo conseguí esa meta. Vale que el trabajo estaba muy inestable, por la crisis y tal, el futuro era incierto, y también tenía mis peleas con Ella, pero durante nueve años siempre había sido así, nunca habíamos estado más de dos días sin vernos pero tampoco habíamos estado más de tres sin enfadarnos, ni más de 24 horas sin dirigirnos la palabra. Pero yo había llegado a un pacto con el techo de mi habitación por el que no le iba a pedir nunca nada más de lo que tenía, es más, podía aguantar cualquier cosa mala que me pasara, hasta las muertes. Solo pedía que de mis seres más cercanos, familia y amigos, no muriera nadie antes de haberse ido todos los miembros de su generación anterior. Pero los techos son traidores, lo tengo comprobado, y aún entonces lo sospechaba, y pensé que como los genios de lámpara maravillosa burlones podría jugar con el enunciado de mi deseo y hacer que un día muriera la última de mis abuelas y al día siguiente mi padre. No ha sido así, de momento, pero me ha hecho darme cuenta de que no solo la muerte de alguien cercano puede producir un dolor extremo. No sé si todo esto es aleatorio, o si las cosas malas que nos pasan son buenas a la larga, y al final resulte que me ha hecho un favor, posiblemente nunca lo sepamos, pero ¿qué más da en realidad?.

Pero debería empezar por el principio, y un año empieza en Nochevieja, la noche más especial del año. Esa noche que queremos que sea perfecta, que todo salga a pedir de boca, en la que nos ponemos como Jesús Vázquez para acabar Ortega Cano. Bueno, yo de lo primero paso bastante, pero a muchos se les va. Es curioso verles ahí todo angustiados y angustiadas sobretodo angustiadas y a las pocas horas con todo el pedal en la puerta de la churrería, la típica llorona sentada en un portal, con los pies descalzos y la cabeza entre las rodillas y sus amigos alrededor que ya podían cantarla “No será nada grave, no será nada grave” como Shinchan. La noche más corta del año porque entre pitos y matasuegras saliste de casa a las dos y media, guapa. Chocolate, el sustituto de mojar el churro. En fin, que pedimos demasiado a esa noche, y cuando esperas mucho de algo el batacazo es mayor, y es una noche, un simple periodo de tiempo, y los periodos de tiempo no hacen milagros, al menos los cortos, los más largos ya lo comprobaré.

Y a las 6 ó las 7 de la mañana el efecto Massiel se va pasando y es cuando empiezas a pensar en lo divino y lo humano, en qué estás haciendo con tu vida, la bajona madre, que lo que no has hecho antes de los treinta no lo vas a hacer nunca, recuerdas lo que hiciste en las 15 nocheviejas anteriores, en todas desde la primera que saliste, un ratito, hasta las 4, que a tus 17 era lo más tarde que habías estado despierto en tu vida, quitando algún viaje a urgencias por haber bebido demasiado Kas Manzana en el cumple de tu primo. Era tan tarde que te daba hasta vergüenza estar por ahí y querías irte a casa. Recuerdas que estuviste en un antro que hoy no existe, eres un puto viejo, como precisamente el que os acompañaba a ti y a tus amigos en aquel garito que si no fuera por vosotros estaría vacío ¿por qué tenía abierto aquella mujer? ¡qué importa ya!.

Y una vez repasado el pasado, viendo que el presente ya no tiene interés y que es tan breve que ni siquiera existe, miramos hacia el futuro, y vemos que la Navidad ha pasado volando, que en 5 días vienen los Reyes y otra vez a la rutina de siempre, que viene el frío y que no hay una fiesta hasta dentro de tres largos meses… y ahí ya es cuando te quieres morir. Y este año va a ser aún peor.

Y luego llega el día 1 de enero, el día más triste del año, da depresión salir a la calle y ver la ciudad desierta. Todo el mundo está durmiendo la mona. Y si eres como yo que no me gusta mucho dormir, que aunque me haya metido en la cama a las 10.00 a.m. a las 12.00 a.m. estoy como un búho imbécil… pues te pasas el primer día del año más aburrido que el copón bendito.

Pero bueno, este 1 de Enero fue diferente, entretenidillo, por lo menos a partir de las 7 de la tarde.

 

Andrés InSiesta

Safe Creative #1203051248936

 

One Response to “2011, el peor año de mi puta existencia. Capítulo 1. El comienzo.”

  1. Cadavid Says:

    Me gustó tu relato, Andrés, sigue escribiendo que lo haces muy bien, ahora me voy a dormir que están siendo las doce de la noche, mi hora favorita para meterme entre las dos…. sábanas, no pienses mal, que con una me basta; pero te prometo que otro día leeré el segundo capítulo. Estoy estudiando escribir yo también algo en este blog, quizá algún día puedas tú también leer las tonterías que yo escribo. Un saludo.


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