Juego de colores en somnolienta nube,
violeta por fuera, rosa por dentro,
fruta volátil que sabe a reloj inmóvil,
a deseo consentido y a deber ignorado,
fruta que viaja como un coco en la corriente
navegando sobre el eco de una voz.
Quiero exhibir esa voz
en público homenaje,
mostrando los restos de un día:
mañana sin tiempo con destello de plata,
alegría por la tierra conocida y encontrada,
cascabel en el pecho, con sonido de selva y agua,
rincón de negra lluvia
que cubre con sus gotas
un desnudo y aterciopelado sol…
Homenaje a la fruta lustrosa
en mi recién inaugurado museo de palabras:
homenaje al poeta que deshace leyes y leyendas
curando con auténticas mentiras las inciertas verdades.
Homenaje a aquel que, cierto día, mostró
ganas de quedarse, ganas de volver…
Y ahora el oscuro deseo llena mi blanco vacío,
la voz oscura, lustrosa, me marca el ritmo
y aquí estoy,
trenzando palabras
con ese sueño oscuro y volátil del día de ayer.
© Claudia Aynel, Abril 2011


























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