Relatos sorprendentes

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El Nudo Windsor 26 noviembre 2010

Archivado en: Últimos post,Participa — cebolledo @ 19:38

El Nudo Windsor


Pipipipíiii

Juan Antonio apagó el despertador. Ya llevaba unos minutos despierto, como siempre. Siempre se despierta antes de que suene el despertador. Un pequeño y viejo despertador de pilas que alguien le trajo hace años de Canarias. Con la esfera blanca y la palabra QUARTZ en negro.

Retiró las sábanas, sacó las piernas y se incorporó. Como siempre, se quedó unos instantes sentado en la cama, mirando a través de la ventana. Era un día lluvioso.

Le gustaba dormir con la persiana levantada. Para ver las estrellas mientras se quedaba dormido. Cuando el cielo estaba despejado podía ver Orión desde su cama. Las estrellas cuyos nombres conocía: Rigel, Betelgeuse, Bellatrix.

Bellatrix, “la guerrera”. Siempre le recordaba a aquella chica que conoció de chaval: Beatriz. Fue casi su amor platónico ¿qué habrá sido de ella? A veces sueña que la vuelve a ver, que se encuentran por casualidad, que recuerdan “viejos tiempos”.

Se introduce en el baño con el aparato de radio. El transistor de pilas ¿cuántos años tiene? ¿treinta, cuarenta? Oye las noticias mientras se asea. Radio nacional.

Sobre la silla del dormitorio la ropa que preparó la víspera. Calcetines a juego con los zapatos. Zapatos a juego con el cinturón. Ropa interior blanca. Camisa blanca. Y la corbata.

Frente al espejo se anuda la corbata. Nudo Windsor, por el duque de Windsor. No “Wilson”, como lo llamaba su padre. Su padre le enseñó a hacer ese nudo triangular, plano, perfecto. Y él se lo enseñará a su hijo cuando llegue el día.

Todo tiene que estar perfecto: la camisa planchada, la muda limpia, el nudo Windsor. Juan Antonio desprecia a los que se hacen el nudo simple, el “for-in-jan” de los británicos. Ese nudo no tiene clase, lo hace cualquiera.

Otra cosa es el medio-Windsor o nudo español, algo más elaborado. Ya indica un poco más de preparación. De cultura. Un pase por detrás, una vuelta a la derecha, un pase por delante y ya está.

Pero nada como el nudo Windsor, el auténtico, el completo.

También Juan Antonio tuvo su época rebelde y experimental. Cuando se hacía nudos exóticos: el Platsburg o el Saint Andrew. Y se sentía diferente, esnob, intelectual.

Estira las sábanas y cierra la ventana, que había permanecido abierta mientras se aseaba en el baño. Un café soluble, con leche, en el microondas, ese es su desayuno. Y una galleta maría.

Los zapatos brillantes, impecables. “La elegancia de un hombre se mide por la limpieza de sus zapatos” recuerda.

Un día más, que irá andando a la oficina. Un día más o un día menos. Tal vez hoy pase algo. Tal vez se encuentre con Beatriz, sonríe. Y queden para tomar un café… y se casen… y tenga un hijo.

Y así pueda enseñarle a hacer el nudo Windsor.

Cebolledo

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