Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

INTRUSOS 10 febrero 2010

Archivado en: Amigos autores — wiskot @ 12:16


INTRUSOS

-Estás muy seguro de lo que dices. ¿Te has parado a pensar que, dependiendo de a quién le expliques lo que me cuentas, acabarás con una camisa de fuerza?

-Ese no es el tema. Lo que pasa es que tú, como muchos otros, te niegas a apartarte de lo que das por hecho para no tener que cuestionarlo. Reconoce que tiene su parte de lógica.

-Solamente si me dices que es material para tu trabajo de investigación, Iris. Y aún así, seguiría siendo demasiado arriesgado.

-Vale. Olvídalo.

Se levantó y se fue.

Era imposible discutir si ya de entrada el tema era rebatido.

Pero él sabía que podía ser, ¿por qué no?

Ellos eran los únicos que alteraban el entorno en vez de adaptarse, los únicos que debían fabricar sus métodos de defensa o ataque porque no los llevaban incorporados, ellos eran los que modificaban, contaminaban, agotaban recursos que utilizaban mal y demasiado deprisa.

Ellos eran la pieza que no encajaba, la pieza que el planeta intentaba quitarse de encima a toda costa porque no la reconocía como suya, la enfermedad que estaba matando todo lo que se cruzaba en su camino.

De hecho solo eran células gigantes que se reproducían vertiginosamente, formas de vida compuestas de proteínas pero diferentes de los otros, que solo modificaban mínimamente su entorno para protegerse, sin destrozarlo.

Y él lo notaba simplemente mirando a su alrededor.

Los bosques se le antojaban gigantes agrupaciones de moho, el mar citoplasma escurriéndose del interior del sitio en que debía permanecer, salado y viscoso como clara de huevo. No reconocía aquel mundo como suyo.

Él entendía los desastres naturales como ataques a los invasores; los terremotos sólo eran las sacudidas del perro intentando deshacerse de las molestas pulgas,las frecuentes inundaciones intentos de limpiar la piel granulosa sobre la que caminaban y los vendavales suspiros de impaciencia y desesperación.

El problema era hacérselo ver a los demás.

Y lo que habían desenterrado en la zona Gris… él soñaba con eso desde hacía años; el mismo sueño ininterrumpido, noche tras noche, las mismas imágenes, grabadas en su retina.

Él sabía que fue su llegada lo que precipitó a la muerte a la especie que dominaba este mundo.

Evolución…. mentira. La evolución no cae del cielo en llamas creando oscuridad y destrucción.

Pero seguro que preferían llamarle loco a tener que investigar su hipótesis.

El problema era que el método del resto del grupo era transitar siempre por el camino principal sinmolestarse en recorrer atajos y desviaciones, pero si lo pensaran con detenimiento notarían que nada les conectaba con las otras formas de vida existentes.

No, ellos no pertenecían a ese lugar y él descubriría si podía su punto de origen inicial y el motivo por el cual se trasladaron aquí.

Se dirigió a la zona de recuperación y paseó por el límite barriendo con la mirada los pequeños grupos de trabajo en busca de Suti. No le costó mucho encontrarlo, apartado de los demás, revisaba un cilindro estrecho y alargado de color ámbar.

Se acercó y miró por encima del hombro de su amigo lo que sujetaba.

Suti giró la cabeza, sobresaltado.

-No hagas eso.-susurró.

-¿Qué?

-Acercarte con tanto sigilo. Sígueme, aquí ya no hago nada.

Apretaron el paso en dirección a las barracas donde dormían y Suti comenzó a hablar en tono conspirador.

-Creo que he encontrado algo que puede servirte.

-Bien.

No dijeron nada más hasta haber cerrado la puerta tras ellos.

Suti se sentó en un inmenso cojín y le lanzó al otro el cilindro.

-Dentro hay algo escrito.

-¿Y has esperado para que lo abra yo?- preguntó con un hilo de voz.

-No exactamente. Lo haremos juntos. ¿Preparado?

Iris cabeceó de arriba a abajo.

-Bien.

Suti retiró la tapa de uno de los extremos del cilindro que Iris sostenía en las manos; un polvillo azul brillante salió del interior y quedó suspendido en el aire entre ellos.

-Está bien conservado-comentó Iris.

-Aún no lo has visto. ¿Cómo puedes saberlo?

-He visto otros y el polvo era color cobre en todos los que se corrompieron.

-Bueno. Todo tuyo.¿Crees que podrás interpretarlo?

-Sí. He estado haciendo prácticas y ejercicios de alteración de la lengua para un supuesto caso de aplicación de recursos y la máquina me ofreció las traducciones básicas que nos negaba cuando tecleábamos investigación.

-Ingenioso. Empieza, pues. ¿Necesitas material de escritura para hacerlo?

-No. Lo tengo todo aquí.- Se tocó la frente por encima de un ojo.

-Perfecto.

Iris se sentó junto al reflector de luz y comenzó a pasar lentamente el índice por las líneas del documento. La textura rugosa le acarició la yema del dedo.

Empezó a leer en silencio, moviendo los labios.

Al cabo de unos minutos levantó la cabeza y miró a Suti.

-Lo hemos encontrado.

No se atrevió a añadir nada más pero en su cerebro empezaron a girar las palabras en un tornado de nerviosismo feliz.

“Tenía razón. Yo he sido el que ha hecho el descubrimiento más importante de todo este sistema de trabajo. Tendrán que escucharme, por fin.”

Enfocó de nuevo la mirada en Suti al oír su voz.

-¿Qué dice exactamente sobre el origen de nuestro pueblo?. Suponiendo que estés seguro al cien por cien de que trata sobre nosotros.

-Lo primero de lo que habla es de una revuelta entre iguales como consecuencia de una lucha de poder entre dos clanes. Explica como uno de ellos desterró al otro tras un asesinato de crueldad insuperable. Mediante una proposición de diálogo un grupo encerró al otro en un transporte y los pusieron en secuencia de búsqueda de entorno habitable. Los desterrados despertaron de la hibernación inducida aquí. Deliberaron sobre las consecuencias de sus actos y decidieron tomar ejemplo de las diversas formas de vida que hallaron a su llegada. Todo encaja.

-Pues no logro ver cómo.

Iris se levantó con el documento en la mano y miró a Suti con una expresión entre el excepticismo y el enojo.

-Por eso estamos encontrando tantas referencias a híbridos.

-¿Qué?

-Recuerda las mujeres con cabeza de rana o hipopótamo. El hombre chacal, el hombre águila, la mujer que lleva un escorpión sobre la cabeza.

-Sigo sin entender nada, Iris.¿Dónde encajan esos híbridos en nuestro origen?

-En la culpa. Recuerda, Suti, que acabaron desterrados aquí por cometer un asesinato en el lugar al que pertenecían. Cuando despertaron aquí estaban demasiado avergonzados de ellos mismos por ello y decidieron cambiar su cultura, tomando como referencia los seres vivos que medraban en este sitio.

Alguien golpeó la puerta haciendo que saltaran al unísono.

-Iris. ¿Estás ahí dentro?

El aludido respiró aliviado.

-Sí. Estoy revisando mi trabajo de investigación.-contestó mientras abría la puerta con aire de triunfo.

-Ubis quiere verte. Será mejor que le expliques todo lo que me contaste esta mañana. Han encontrado algo que apoya tu teoría y Ubis habló conmigo sobre ti. Va en serio. No se te ocurra usar con él ese tono de voz conque me abriste la puerta o lo echarás todo a perder.

-¿Ubis ha hablado contigo de mí?

-Es lo que he dicho.

Iris se apoyó en una pared, sin poder creer el cambio en el curso de los acontecimientos.

Suti lo devolvió a la realidad con un empujón al tiempo que hablaba.

-Si no te das prisa todavía mandará alguien a buscarte. Ve.

Iris lo miró.

-¿Vienes?

-No es a mí a quien llama. Ya hablaremos más tarde. Suerte.

-Si no te importa a mí si me gustaría estar presente.

-De acuerdo, Orus. Pero que conste -los miró a ambos- que si alguien tiene realmente derecho a estar en esa conversación es Suti, no tú.

-Me doy por aludido.

-No seas rencoroso, Iris- contestó Suti-. Sabes de sobras que incluso a mí me costó plantearme esa cuestión desde tu punto de vista.

-Tienes razón. Lo siento, Orus. Vamos.

Ubis permanecía sentado en su cojín mientras daba las órdenes finales.

Sabía que Iris no tardaría en llegar pero no le preocupaba, hasta que él no lo ordenase no podría acceder a la sala y ya estaba todo preparado de todas formas.

No era la primera vez que interpretaba esa pequeña función y no sería la última, estaba seguro de ello.

Lo que le molestaba era el trajín que comportaba la escenificación de su interés por el supuesto “descubrimiento” de Iris y el posterior trabajo de limpieza.

Un observador casual lo hubiese descrito como un viejo cocodrilo al acecho. Su persona era el único elemento carente de belleza en la estancia que ocupaba, como si se hubiese rodeado de cosas hermosas para acentuar más la fealdad rayana en la repugnancia de su rostro.

Ante las puertas de la sala Iris apretó el brazo de Orus.

-¿Cómo es?

-Oh. Como una serpiente.

Iris lo miró en silencio tratando de interpretar bien el tono de Orus.

Como de costumbre Orus interpretó mal su falta de respuesta.

-Venga, sabes que todos lo llamáis así en las barracas. No te hagas el tonto conmigo.

Dos hombres lanza arrastraban un pesado objeto compuesto de metal dorado y diversos colores lacados delante de Ubis.

-Ahí- dijo este.

Los lanza dejaron de empujar.

-Podéis marcharos.-Su voz era arrugada y rasposa como la tierra de las excavaciones situadas al este.

Las puertas se abrieron sin previo aviso e Iris se encontró delante del recinto más grande que hubiera visto jamás en toda la zona del pueblo.

Orus lo empujó disimuladamente y de forma automática encaminó sus pies al encuentro del anciano al que todos temían.

A medio camino se detuvo ante un objeto de tonos dorado y multicolor con una tapa plateada que reflejaba la luz del atardecer.

-Puedes acercarte a observarlo- graznó Ubis.

Iris extendió la mano y tocó aquella superficie resbaladiza.

-¿Qué es?- preguntó.

-Un regalo.

Se miraron.

-En reconocimiento a la labor a la que te has dedicado con tanta obstinación.

Iris sonrió. Era la primera vez que interpretaba mal algo que se le decía.

-¿Qué es?- preguntó de nuevo.

-Es la respuesta a todas tus preguntas. Solo tienes que entrar.

Como si reaccionase a las palabras de Ubis la tapa se deslizó mostrando un hueco del tamaño y forma exactos al cuerpo de Iris, forrado en un suave terciopelo de color granate. Iris se descalzó e introdujo un pie dentro, una sensación mullida se adaptó a él; metió el otro pie y se estiró de espaldas en el interior, el terciopelo se adaptó a la totalidad de su cuerpo ejerciendo primero una presión muy leve que fue aumentando a medida que la tapa se movía, tapando de nuevo el objeto.

Al cabo de unos instantes un líquido granate y espeso mostró un sinfín de puntos en los laterales del sarcófago que empezaron a convertirse en gruesas líneas que chorreaban a cámara lenta hacia el suelo. Los gritos de Iris sólo ensordecieron sus propios oídos mientras en el silencio de la sala la voz de Ubis ordenaba a los hombres lanza que recogiesen las sandalias que esperaban manchadas en el suelo y empezasen a limpiar.

Wiskott


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