Relatos sorprendentes

El rincón de los contadores de historias…

Día del baño 4 septiembre 2009

Filed under: Amigos autores — Tio Antonio @ 19:40


Ese era un día como otro cualquiera, y Pancho, el travieso perro de la familia López, correteaba a sus http://3.bp.blogspot.com/_B3zqLQT4SFA/R4kpqXSS5II/AAAAAAAAAW8/Taz_8pgnMm0/s320/perros+0024+-+perro+corriendo.jpganchas por el campo.

Qué buena vida se pegaba; todo el día correteando, jugando con los hijos del matrimonio, gastándole bromas a Tigris, el gato, ladrándole a los coches y asustando al cartero.

Pero ¡Ay! Cuando más confiado estás, es cuando suelen ocurrir esos desagradables sucesos que te rompen el día.

Mientras perseguía a Tigris, tropezó con un bidón de aceite, derramándolo por el suelo y llenándose las patas. Pero eso no detuvo su alocada carrera, de hecho era una anécdota más en su abultado currículum de gamberro. No pensó así Manoli, la señora de la casa, que lo presenció.

-¡Mira lo que has hecho asqueroso perro. Ahora por tu culpa tendré que limpiar todo el suelo de la cocina!

Pancho se detuvo asustado, y se escondió en un rincón ¡Vaya! La señora se ha puesto hecha una fiera. Mal asunto, eso no es bueno.

Tras un largo rato dale que te pego con la fregona, terminó. Pancho no estaba tranquilo, conocía bien a su dueña. No sería nada extraño que lo castigase sin comer, o algo parecido. Esta entró en la sala de estar, donde estaban su marido y sus hijos, viendo la tele.

-¡Estoy harta de ese perro! Cada día hace alguna travesura. La semana pasada rompió la maceta esa tan bonita, hoy ha tirado el aceite ¿Qué hacemos con el?

Eduardo, el marido que estaba presenciando el fútbol, no tenía muchas ganas de complicarse la vida, y se limitó a decirle:

-Eh…bueno, el pobre se aburre. Es normal que se porte así, todavía es un cachorrito. Cuando crezca se portará mejor, y será un buen perro guardián. Ya lo verás.

-¡Si tú lo dices! Pero si algo no le consiento a esa alfombra con patas, es que me ensucie la casa, y lleva las patas pringosas de aceite. Dale un baño que falta le hace.

Al oir eso, se le pusieron los pelos de punta, lo mismo que las orejas ¡Un baño! ¡Horror, temor, pavor! No le gustaban los baños. Además, pronto sería de noche y hacía frío. Decididamente ¡No! Nada de baños, se negaba a colaborar.

Lo primero que hizo Pancho, fue ir a toda pastilla al cuarto de las herramientas y sacar la manguera. La escondió debajo del coche. Si tenía que soportar un baño, al menos que fuera de día.

El astuto Tigris, se había subido a una de las ventanas, y lo vió todo. Sonrió maliciosamente. Esa era la http://jovialiste.files.wordpress.com/2009/05/gato-malo.jpg?w=224&h=168ocasión que esperaba para vengarse de ese pesado perro.

En cuanto a su dueño, Eduardo, de nada le valieron sus protestas, diciendo que lo dejara para mañana, ya que después de todo, el perro dormía fuera, en su caseta. Su esposa fue tajante.

-Mañana se te va a olvidar, y cuando nos acordemos, habrá puesto todo el suelo lleno de aceite, y los niños pueden tropezar y lastimarse. Así que ya sabes, dúchalo ahora.

¡Los niños! ¡Siempre los niños! Pensó Pancho ¿Porqué las mujeres cuando quieren que les hagan caso sus maridos meten a sus hijos por medio? Y ese calzonazos de Eduardo ¿Porqué no da a valer su hombría y se queda viendo el partido sin hacerle caso?

Este se levantó. “Cuanto antes empiezo, antes termino”, pensó. En consecuencia se puso a buscar la manguera, sin éxito. Viendo los apuros de su marido para encontrarla, su esposa le preguntó.

-¿Qué, aparece o no?

-Pués no. Qué raro, creía que estaba aquí.

-Tu siempre tan desordenado. Anda, mira bien.

Entonces se escuchó un maullido, era Tigris que se había puesto debajo del coche. Al oirlo, Manoli miró, y vió la manguera escondida.

-¡Ay mi gatito bonito! Ha encontrado la manguera. No busques más “Edu”. Aquí la tienes, ahora coge a Pancho y lávalo.

“Miserable chivato”, pensó el perro. “Encima ella lo llama su “gatito bonito”. Lo que faltaba”.

-¡Panchooo! ¡Ven, es hora de ducharse!

“Ni hablar, que se duche tu padre, pués no te jode”. Pensó el perro mientras corría de un lado a otro con la intención de cansar a su amo, y que éste lo diera por imposible.

-¡Ven aquí ahora mismo! Dijo el enojado marido, que veía pasar el tiempo, y temía llegar tarde para ver la segunda parte del partido.

Tigris, en lo alto del coche, se reía de los apuros del pobre perro, al que circunstancias ajenas a su voluntad, obligaban a ir limpio y aseado.

Corre que te corre, Edu, salió detras del can. Este era más rápido, y empezaba a cansarlo. Entonces recibió ayuda de sus hijos Pepe y Paco.

-Vamos papá, te ayudaremos.

“¡Vaya! ¿Y a mí quién me ayuda?” Protestó el perro para sus adentros.

Pepe y Paco, lo agarraron por las patas. Eran pequeños, y por separado Pancho era más fuerte, pero cuando estaban juntos, no. Forcejeó, aulló, protestó. Todo fue en vano. De inmediato vino el padre y los ayudó. Era una fría noche, pero para Pancho lo iba a ser más aún.

-Venga, hijos, sujetadlo mientras voy por la manguera.

Pancho, dejó de resistirse, y como imaginó, los niños se relajaron y no lo sujetaron con fuerza. Momento que aprovechó para pegar una carrera y escapar.

-”¡Edu!” ¡Que se escapa! Dijo su mujer.

“Maldita bruja, bien podría callarse, pero por suerte no le servirá de nada.”

Fue una larga persecución. Los niños, más que perseguir al perro, jugaban a adelantarle, y eso dificultaba la colaboración entre padre e hijos. Este recibió una ayuda inesperada. Tigris, se lanzó en lo alto de la carretilla, la cual se deslizó rodando, bloqueando el paso al horrorizado Pancho.

“¡Traidor, más que traidor! ¡Siempre igual! Al final es Judas el que gana. Este no iba a ser una excepción.”

Finalmente, Pancho fue cogido entre los tres. Para que no escapara, Manoli cogió un barreño, en el cual lo ducharían.

-¡Pancho, estate quieto! Va a ser peor. Deja de protestar que es por tu bien, verás que guapo vas a quedar en un momento.

“Sí, sí, muy guapo ¿Porqué no te duchas con agua fría tú, a ver si quedas también guapo, te buscas a otra mujer mejor, y te separas de ésta bruja?”.

-Venga, coged la esponja y el jabón. Cuando yo abra el grifo, frotad fuerte ¿Preparados?

“Carguen, apunten….¡Ay, ay, ay! Venga tío, dispara de una vez y acabemos pronto.”

Al abrir el grifo, salió un chorrito de agua, que fue disminuyendo de tamaño. Entonces sonó el reloj de pared del interior de la casa. Eran las 22,00 horas. Ya no se acordaban de que a esa hora, la cortaban para ahorrar.

Vaya caritas que tenían el “calzonazos” de Edu y la gruñona de su mujer. De un salto, Pancho salió del barreño, corriendo a galope tendido, y ladrando alegremente en homenaje a la libertad. Tras un rato de silencio, mirándose ¡Cómo no! Empezaron a discutir.

-”¡Edu!” ¡Tu siempre igual. Si te hubieras espabilado, ese pulgoso perro estaría limpio!

El marido, se hizo el sordo, y se sentó frente a la tele para seguir viendo el fútbol, pero su mujer, se puso delante, y le soltó un discurso del que no se enteró ni de la mitad. Se limitaba a asentir pacientemente, esperando a que se callara de una vez y se quitara de delante del televisor.

Los niños, se fueron a su cuarto a jugar, y Tigris, se subió a una ventana alta. Temía que Pancho le estuviera buscando para darle las “gracias” por su “ayuda”. Pero el can, estaba demasiado ocupado en celebrar su victoria, como para molestarse en perseguir al felino.

Antonio Pedro Grande Rey

 

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